MEDITACIÓN DEL PAPA FRANCISCO EN LA BENDICIÓN EXTRAORDINARIA URBI ET ORBI. 27 de marzo, 2020.

«Al atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas.

Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente.

En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos. Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús.

Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—.

Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40). Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38).

No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.

La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela y se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa.

No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo.

Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”. «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12).

Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.

Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.

Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los
antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza.

Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.

El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado.

El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad.

En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios.

Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil Señor y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque sabemos que Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7).Screenshot_20200327-145328_YouTube[1]

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Recomendaciones Pastorales ante el avance del Corona Virus y el Dengue

La Rioja, lunes 16 de marzo de 2020.

Queridas comunidades de la diócesis:
Como Padre y Pastor, luego de un fecundo diálogo con el clero diocesano, y de acuerdo con las directivas propuestas por las autoridades de gobierno, evaluamos las dos realidades que golpean duramente nuestra sociedad. En primer lugar nuestra provincia padece el flagelo del dengue que afecta a muchos de nuestros niños, jóvenes, adultos y ancianos. Por otra parte la llegada del COVID-19 (Coronavirus) a nuestro país que va avanzando en varias provincias, nos lleva a asumir esta hora de la historia con responsabilidad, invitándonos a trabajar los unos por los otros en orden al bien común. Es por eso que les hacemos llegar algunas recomendaciones para los próximos 30 días, de acuerdo a las actuales disposiciones.

Los invitamos a:
1- Mantener la calma y ejercitar la prudencia para evitar un estado de alarma colectiva.
2- Respetar estrictamente las decisiones de las autoridades gubernamentales, especialmente de salud pública y seguridad, en todas las disposiciones que nos indiquen.
3- Vivir la solidaridad como responsabilidad social, considerando que “la enfermedad del otro es también mi responsabilidad”.
4- Cooperar en la limpieza de patios, lotes baldíos y en la fumigación de diferentes espacios  para no dar lugar a la proliferación del mosquito que trasmite el dengue.
5- Favorecer el “quedarnos en casa” evitando la circulación innecesaria en la vía pública. “Es  importante que no subestimemos la acción de un virus que contagia cuando las personas se reúnen”.

En orden a la vida eclesial hemos decidido:
1- La suspensión de toda reunión pastoral (grupos de oración, Cáritas, grupos de jóvenes, movimientos eclesiales, grupos misioneros, etc.). En particular se suspende toda reunión de grupos catequesis.

2- Con respecto a las celebraciones litúrgicas, se harán sin la congregación de fieles y, de modo particular las misas del fin de semana, recomendamos sean transmitidas por algunos medios de comunicación y redes sociales. Este mismo criterio se aplicará para las celebraciones de semana Santa y
Pascua.
Por otra parte, en este período de “pausa”, los invitamos a desarrollar “nuevos modos de evangelización” que expresen toda la creatividad que el Espíritu nos inspire, en particular utilizando los medios virtuales. También valorar los momentos compartidos en familia y la posibilidad de dedicar más tiempo a la oración y reflexión.
Nuestro deseo es caminar juntos en esta hora de tantos desafíos y aprendizajes, aportando cada uno su propio talento al servicio de los demás de modo que se manifieste entre nosotros el Reino de Dios, que es
Vida y Vida en abundancia.

Invocando la protección de Nuestra Señora del Valle, San Nicolás y los beatos mártires riojanos, que nuestro Buen Dios los bendiga abundantemente.

+Dante G. Braida
Obispo de La Rioja

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CUARESMA: VIVIR LA ALEGRÍA DE LA CONVERSIÓN

Año Mariano Nacional «Con María, servidores de la esperanza»

“Conviértanse porque el Reino está cerca” (Mt 4, 17) Con estas palabras, Jesús comienza a anunciar la llegada de su Reino invitándonos a recorrer un camino de conversión que nos dispone a recibir la Vida Nueva que Él nos da como fruto de su Muerte y Resurrección. Jesús pronuncia estas palabras luego de haber transitado cuarenta días en el desierto viviendo, podríamos decir, su propia cuaresma. Fue un tiempo marcado por una gran cercanía con su Padre-Dios y, a la vez, por enfrentar una serie de tentaciones que, al vencerlas, son para nosotros una gran luz para enfrentar nuestras propias pruebas y asumir nuestro propio camino de conversión asistidos por su Palabra y su Gracia.

Conversión Personal

En la primera prueba, Jesús es tentado a resolver el hambre siguiendo el consejo del Tentador a lo que responde: “El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). De este modo nos invita a todos a vivir hoy de esa Palabra que es Dios mismo. Cada día de la cuaresma tiene textos bíblicos propios para la liturgia que son una guía segura para crecer en la escucha atenta de Dios y para un diálogo más profundo con Él sobre nuestras propias realidades buscando fortalecer este vínculo esencial de nuestra vida para que Él sea el centro. De ese modo podemos acrecentar la Amistad con Dios, amistad que llena de plenitud nuestra existencia reconociendo que en Dios está todo y que ‘solo Él basta’, como decía Santa Teresa. Desde ese vínculo podemos asumir con confianza un camino sincero de conversión personal cargando con la cruz de cada día.

Conversión en lo cotidiano

En la segunda prueba, luego de ser llevado a la parte más alta del Templo, es invitado a tirarse de allí para que Dios envíe a sus ángeles para que lo asistan, a lo que Jesús responde: “No tentarás al Señor, tu Dios” (Mt 4,7). Ahora Jesús es tentado a obrar de un modo extraordinario delante de la multitud que acudía al Templo. Es así, como Jesús nos enseña que Dios habitualmente se manifiesta en lo cotidiano de la vida, en los hechos simples y sencillos que nos tocan vivir cada día. En cada acontecimiento de la vida, en cada situación que nos toca vivir Dios se nos manifiesta para guiarnos por un camino de plenitud. Por eso, la cuaresma es un tiempo propicio para valorar nuestras responsabilidades y compromisos cotidianos, descubriendo en ellas la misión propia que tenemos en este mundo para mejorarlo a la luz del Evangelio. Dios tiene en cuenta hasta lo más pequeño que hacemos desde el Amor, hasta decirnos que “un vaso de agua dado a uno de sus pequeños no quedará sin recompensa” (Mt 10,42). Para Dios lo simple, lo cotidiano tiene mucho valor. Que ésta, sea una cuaresma donde, desde una creciente confianza en Dios, asumamos con coherencia y valentía, con espíritu evangélico, nuestros compromisos de cada día, por ejemplo, las tareas domésticas de la casa, un oficio, el estudio, la conducción de una empresa, funciones diferentes en el Estado y la sociedad. Particularmente los compromisos en la vida pastoral requieren ser asumidos con ese mismo espíritu para que solo expresen la caridad y el servicio de Jesús, el Buen Pastor, que no vino a ser servido, sino a servir y dar la vida por su rebaño. (cf Mt 20,28)

Conversión Ecológica

En la tercera prueba, el mal Espíritu lleva a Jesús a una montaña elevada y le ofrece todos los reinos de la tierra, a condición que lo adore a él. Jesús responde “Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto” (Mt 4,10). Esta es una tentación que se nos presenta de muchas maneras, por ejemplo cuando nos lleva a querer tener más y más bienes, a dominar a personas a nuestro antojo, a acomodar realidades de acuerdo a nuestro propio interés o la tentación del consumo desmedido que termina ahogándonos en la ilusión de creer que allí está la felicidad. Nuestro Planeta está ‘herido’ al querer explotarlo más de lo que puede dar o al explotar a sus habitantes sin respetar su dignidad obligándolos a vivir en condiciones de pobreza o forzándolos a la migración. Jesús nos invita a una conversión sincera reconociendo en Dios nuestro mayor bien y desde ahí, animarnos a desprendernos de lo que nos ata descubriendo que la felicidad evangélica está en compartir los bienes y talentos recibidos, y en servir. En síntesis, se trata de salir de nosotros mismos para darnos de corazón y generosamente a los demás. De este modo, la cuaresma es un tiempo de conversión que nos hace más libres y plenos. Nos dice Francisco: “La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos… Se puede necesitar poco y vivir mucho” (cf L Si 222,223)

Conversión pastoral sinodal

Este camino de cambio, tiene su dimensión personal pero también comunitaria. A principio de año los invitaba a transitar decididamente como iglesia un camino sinodal. O sea, a ‘caminar juntos’ reconociendo que cada uno tiene algo que aportar para el bien común en la vida de la Iglesia y en la construcción de la sociedad (los invito a releer el mensaje del 1° de enero). Esto implica también un despojo de un camino centrado en sí mismo o en el grupo al que pertenezco o en mi comunidad, para aceptar caminar con otros agudizando la capacidad de escucha de nuestros hermanos y hermanas valorando cada vida, cada carisma, cada talento… percibiendo, también, sus sueños y sus carencias más profundas. Se trata de un caminar unidos y juntos, de hacer realidad una iglesia ‘en salida’, más misionera, más atenta a las necesidades de quienes sufren o de quienes no encuentran el verdadero sentido de la vida. Para tender una mano oportuna y solidaria.

Alegría de la conversión

Que este tiempo de cuaresma sea para todos un tiempo de gracia. Dios no se deja ganar en generosidad, por tanto, que este sea un tiempo de volver a dejar que Dios ocupe el centro de nuestra vida asumiendo un camino de conversión y de cambio en nuestras vidas y comunidades, para recibir la alegría y el gozo del Resucitado. Que María, nuestra madre, en este año mariano, nos ayude a ser siempre dóciles al Espíritu y fieles a nuestra misión cotidiana; Que San Nicolás, en el centenario de su aureolización, nos ayude descubrir el camino de conversión y de cambio necesario para una vida santa como la de él; Que los mártires Enrique, Wenceslao, Carlos y Gabriel nos sostengan en este tiempo cuaresmal para que, como ellos, en la misión de cada día entreguemos nuestras vidas para que el Reino de Dios se manifieste más claramente, como lo vivieron ellos. Así sea.
La Rioja, 26 de febrero del 2020

+ Dante G. Braida- Obispo de La Rioja

 

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Toma de posesión de los nuevos Párrocos

Año Mariano Nacional
«Con María, servidores de la esperanza»

La Rioja, 11 de febrero del 2020
Prot: 06/2020 ca.
Ref: Informa Fecha de Toma de Posesión de los nuevos Párrocos
Diócesis de La Rioja

El Obispado de La Rioja informa las fechas de la toma de posesión de los nuevos Párrocos

  • Viernes 14 de Febrero de 2020, 20:30hs. en la Pquia. “Encarnación del Señor” asume como Párroco el Padre Nicolás Vilches. –
  • Sábado 15 de Febrero de 2020, 20:00hs. en la Pquia. “Virgen del Rosario”- Ulapes – asume como Administrador Parroquial el Padre Gonzalo María Llorente. –
  • Viernes 21 de Febrero de 2020, 20:00hs. en la Pquia. “San Pedro Apóstol” – Famatina – asume como Párroco el Padre Roberto Murall. –
  • Viernes 28 de Febrero de 2020, 20:00hs. en la Pquia. “Resurrección del Señor” asume como Párroco el Padre Jorge Pérez. –
  • Sábado 29 de Febrero de 2020, 20:00hs en la Pquia. “Ntra. Sra. del Rosario” – Tama – Asume como Administrador Parroquial el Padre Mario González. –
  • Domingo 01 de Marzo de 2020, 20:00hs en la Pquia. “Santa Rosa de Lima” – Patquía – asume como Administrador Parroquial el Padre Emmanuel Varas. –
  • Viernes 06 de Marzo de 2020, 20:30hs en la Pquia. “Divino Niño” asume como Párroco el Padre Miguel Ángel Maidana. –
  • Viernes 20 de Marzo de 2020, 20:00hs en la Pquia. “Ntra. Sra. del Carmen” – Villa Castelli- asume como Administrador Parroquial el Padre Pío Aguilar.

Acompañemos con nuestras oraciones a estos sacerdotes en esta nueva misión que asumen en la Diócesis para que, junto a sus comunidades recorran el “camino sinodal” al que nos invitó nuestro Obispo y en este Año Mariano Nacional, los encomendamos de manera especial al amor maternal de Nuestra Madre del Valle.

La Rioja, 11 de febrero del 2020

 

OBISPADO DE LA RIOJA

Curia

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Carta al Pueblo de Dios del NOA

A los hermanos presbíteros y diáconos,

A los consagrados y consagradas

A todos los laicos de nuestras comunidades

¡Paz y alegría en el Señor!

 

Recorriendo el Año Mariano Nacional los obispos del Noroeste Argentino nos hemos reunido en Santa María, Prelatura de Cafayate (Catamarca) para rezar y reflexionar juntos y abrirnos a la voz del Espíritu, quien nos conduce en nuestra misión de Pastores del Pueblo de Dios.

En el centro de nuestro trabajo estuvo la cuestión de nuestro servicio pastoral. Con los sacerdotes, hermanos y colaboradores, queremos servir al Pueblo Santo de Dios y abrirnos en disponibilidad misionera a todos los hombres y mujeres que comparten con nosotros esta querida región. s

Las necesidades aumentan y los obreros somos pocos. Necesitamos fortalecer un clima vocacional en nuestras comunidades que ayude a los jóvenes a descubrir el sentido de su existencia y a entregarse audazmente en favor de los hermanos. Pedimos a todas nuestras comunidades que incorporen a su oración la súplica por las vocaciones sacerdotales y religiosas uniéndonos al Papa que nos lo encomendó en este Año Mariano y animamos a nuestros jóvenes a vencer el temor ante la llamada del Señor: Él no quita nada y lo da todo.

Las necesidades aumentan. Nuestra región comprende once Iglesias particulares. Algunas de ellas experimentan con dolor la falta de sacerdotes y de agentes de pastoral. La prelatura de Humahuaca tiene seis parroquias sin presbítero, la diòcesis de Santiago de Estero otras tantas, Añatuya necesita cubrir cinco parroquias, Orán cuatro parroquias y Concepción de Tucumán tres. Compartimos nuestra preocupación con todos ustedes, hermanos queridos, y confiamos a la oración de cada comunidad diocesana esta necesidad. Animamos a los agentes pastorales a escuchar la llamada de los hermanos como Pablo escuchó al macedonio que lo llamaba; “Ven y ayúdanos” (Hch 16,9).

Confiamos a Nuestra Señora del Valle esta necesidad mientras agradecemos a todos ustedes el testimonio de su fe y de su compromiso de discípulos misioneros. Cordialmente,

 

Los obispos del NOA

Obispos NOA

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CAMINEMOS JUNTOS CON PASIÓN Y ESPERANZA

FIESTA DE SAN NICOLÁS
Mensaje de Mons. Dante Gustavo Braida (1° de enero de 2020)

Querida comunidad:
En este día damos gracias a Dios por el regalo de la vida y por iniciar con renovada esperanza este nuevo año. Personalmente doy gracias por este primer año transcurrido entre ustedes en el cual me he sentido muy bien recibido y he podido experimentar lo hermoso que es “caminar juntos para crecer juntos” como les había propuesto hace un año.

Del año que pasó damos gracias por el don de la beatificación de los Cuatro mártires riojanos. Wenseslao Pedernera, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Enrique Angelelli son más que nunca referentes claros para nuestras vidas e intercesores ante Dios de nuestras oraciones.

Iglesia en camino sinodal

Pero también hoy nosotros, como iglesia diocesana, estamos convocados a responder al llamado que Dios nos hace a la santidad asumiendo esta hora de la historia que nos toca vivir con todas sus posibilidades y desafíos. Y esta respuesta la tenemos que dar juntos, como Pueblo de Dios, cada uno desde su propia vocación y misión. Es por ello que, luego de reflexionar con el Consejo de Pastoral Diocesano y con el clero en las últimas jornadas y, siguiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II, hemos visto la necesidad de transitar decididamente, como Iglesia, un camino SINODAL.

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La palabra SINODAL literalmente quiere decir: CAMINAR JUNTOS. Laicos, pastores, consagrados, todo el Pueblo de Dios, llamados a caminar juntos. Para que este caminar sea fecundo y sea fuente de una vida más plena para todos será necesario cultivar algunas actitudes concretas e indispensables que tienen que ver con:
– Hacer de la Iglesia una familia que reconoce en el tiempo presente “el tiempo de Dios”, el tiempo en el que Dios se manifiesta para expresarnos su amor y llevarnos a una vida más plena.
– Propiciar espacios de diálogo y participación donde a la valentía de hablar le debe corresponder la humildad de escuchar. Una escucha atenta y recíproca donde cada uno tiene algo que aprender del otro y algo para aportar al bien común. Escucha de todos para ver juntos lo que el “Espíritu dice hoy a la Iglesia” (cf. Ap 2,7)
– Esto implica, a su vez, abrirnos a la novedad que surge de un diálogo abierto de tal modo que permita que esa novedad pueda transformarme en alguien mejor.
– Caminar juntos para discernir los signos de los tiempos y asumir juntos los desafíos que se presentan.
– Hacer de la Iglesia una familia que confía en cada uno de sus hijos e hijas, reconociendo que cada bautizado tiene un lugar propio en este caminar. Una iglesia-familia que se deja interpelar por los sueños y necesidades de aquellos con quienes se encuentra para que, a partir de allí, lleve adelante su misión evangelizadora con un espíritu decididamente misionero, en constante salida, buscando siempre llegar a los más alejados y de modo particular a quienes están en situación de vulnerabilidad.

Durante el año que iniciamos, luego de renovar los consejos diocesanos de pastoral y presbiteral, iremos profundizando juntos este Camino Sinodal usando los medios naturales como son los equipos diocesanos y los consejos pastorales parroquiales como también la realización de Asambleas y otros medios que surjan en la marcha.

Para ello será necesario que cada grupo pastoral, cada movimiento eclesial fortalezca su vida orante y el compromiso concreto con la misión. Pienso, por ejemplo, que cada grupo de catequesis o de confirmación, sea concebido también como grupo de oración y de misión.

Al camino sinodal este año lo viviremos dentro un AÑO JUBILAR MARIANO teniendo como horizonte cercano el Congreso Mariano Nacional a realizarse en la vecina diócesis de Catamarca del 24 al 26 de abril evocando los 400 años del hallazgo de la Sagrada Imagen de la Virgen del Valle en la Gruta de Choya. El lema de dicho congreso es “Con María, servidores de la Esperanza”. Unos ciento cincuenta fieles de la diócesis, representantes de distintos grupos y parroquias, participarán como congresistas y todos los que lo desean pueden hacerlo como peregrinos.

Pero para todos es una oportunidad para poner la mirada en María y su compromiso con el Reino de Dios al recibir y darnos a Jesús, el Salvador. Contemplar su disponibilidad a la voluntad de Dios aún en medio de muchas dificultades. Considerar su acompañamiento fiel a la Iglesia en la advocación de la Virgen del Valle y en tantas otras que nos manifiestan su ternura materna y la cercanía de Dios a todos sus hijos e hijas. Por este motivo tenemos aquí presente, en estos días, esta réplica de la Imagen de la Virgen del Valle venida de Catamarca.

Por otro lado también como diócesis transitaremos un año en el que celebraremos los 100 AÑOS DE LA AUREOLIZACIÓN DE SAN NICOLÁS. El día 29 de junio de 1920, la imagen de Nuestro patrono fue “coronada” por disposición del Papa Benedicto XV.
Este acontecimiento nos ayudará a poner la mirada en este Santo al cual tanto afecto le tenemos para dejarnos iluminar por su vida y ejemplo y para renovar nuestra confianza como “Patrón Tutelar”. Una comisión formada para la ocasión nos dará a conocer una serie de actividades al respecto y, además, la imagen del Santo recorrerá los dos decanatos de la zona centro, esto es todo el departamento Capital, en su zona urbana y rural, y Sanagasta (en continuidad con las visitas que ya hizo a los decanatos del interior).

Tinkunaco, un grito de esperanza

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Hemos vivido ayer y celebrado con renovada alegría el Tinkunaco. El Beato Enrique Angelelli decía que el Tinkunaco es como “un grito de esperanza, un llamado a celebrar la vida todos juntos, porque sentimos la necesidad de mayor fraternidad, de mayor justicia, de mayor igualdad como hijos de un mismo Padre que está en los cielos…”. Sí, el Tinkunaco es como “un grito de esperanza…”

Con mucho agrado he escuchado en estos últimos días a diferentes dirigentes sociales y políticos hacer referencia al Tinkunaco como una fuente inspiradora de nuestra vida ciudadana. Todos de algún modo expresaban que el Tinkunaco no sea solo una ceremonia del 31 de diciembre que evoca un hecho histórico, sino un modo de relacionarnos y de asumir los desafíos sociales y los conflictos procurando siempre que prime la escucha amplia de distintos sectores, el diálogo respetuoso y la búsqueda de soluciones superadoras.

El papa Francisco en muchas ocasiones nos propone como camino de crecimiento “la Cultura del Encuentro”. Podríamos traducirlo en riojano “la cultura del Tinkunaco”. En su mensaje para la jornada mundial de la paz de este año 2020 nos dice: “La cultura del encuentro entre hermanos y hermanas rompe con la cultura de la amenaza. Hace que cada encuentro sea una posibilidad y un don del generoso amor de Dios. Nos guía a ir más allá de los límites de nuestros estrechos horizontes, a aspirar siempre a vivir la fraternidad universal, como hijos del único Padre celestial.”
Sin dudas que vale la pena transitar este camino.

Y continuando con este mensaje de la jornada de la paz, Francisco nos presenta a la PAZ COMO CAMINO DE ESPERANZA, que requiere –dice- DIÁLOGO, RECONCILIACIÓN Y CONVERSIÓN ECOLÓGICA. Les comparto algunos párrafos que nos dan mucha luz a diversas situaciones de conflictos y tensiones que destruyen la paz de nuestro tejido social y que dañan particularmente a los más pobres.

Nos dice Francisco: “la esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables. Luego señala que el conflicto “a menudo comienza por la intolerancia a la diversidad del otro, lo que fomenta el deseo de posesión y la voluntad de dominio. Nace en el corazón del hombre por el egoísmo y la soberbia, por el odio que instiga a destruir, a encerrar al otro en una imagen negativa, a excluirlo y eliminarlo…” A su vez, “la desconfianza y el miedo aumentan la fragilidad de las relaciones y el riesgo de violencia, en un círculo vicioso que nunca puede conducir a una relación de paz…

Debemos buscar una verdadera fraternidad, que esté basada sobre nuestro origen común en Dios y ejercida en el diálogo y la confianza recíproca. El deseo de paz está profundamente inscrito en el corazón del hombre y no debemos resignarnos a nada menos que esto. (n°1)

Construir aquí en La Rioja esta verdadera fraternidad que nos brinde la necesaria paz para el desarrollo de todos requiere el compromiso de cada uno. Compromiso que se exprese más con hechos que con palabras. En este sentido agrega Francisco: “El mundo no necesita palabras vacías, sino testigos convencidos, artesanos de la paz abiertos al diálogo sin exclusión ni manipulación. De hecho, no se puede realmente alcanzar la paz a menos que haya un diálogo convencido de hombres y mujeres que busquen la verdad más allá de las ideologías y de las opiniones diferentes. La paz «debe edificarse
continuamente», es un camino que hacemos juntos buscando siempre el bien común y
comprometiéndonos a cumplir nuestra palabra y respetar las leyes. El conocimiento y la estima por los demás también pueden crecer en la escucha mutua, hasta el punto de reconocer en el enemigo el rostro de un hermano… En un Estado de derecho, la democracia puede ser un paradigma significativo de este proceso, si se basa en la justicia y en el compromiso de salvaguardar los derechos de cada uno, especialmente si es débil o marginado, en la búsqueda continua de la verdad…” (n° 2)

Agrega Francisco que la paz, requiere transitar caminos de reconciliación en la comunión fraterna: “Nos guía el pasaje del Evangelio que muestra el siguiente diálogo entre Pedro y Jesús: «“Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”» (Mt 18,21-22). Este camino de reconciliación nos llama a encontrar en lo más profundo de nuestros corazones la fuerza del perdón
y la capacidad de reconocernos como hermanos y hermanas. Aprender a vivir en el perdón aumenta nuestra capacidad de convertirnos en mujeres y hombres de paz. Lo que afirmamos de la paz en el ámbito social vale también en lo político y económico, puesto que la cuestión de la paz impregna todas las dimensiones de la vida comunitaria: nunca habrá una paz verdadera a menos que seamos capaces de construir un sistema económico más justo… (n° 3)

Cuidar la Casa Común y la Vida Humana

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Por último Francisco dice que la paz requiere un camino de conversión ecológica: “Este camino de reconciliación es también escucha y contemplación del mundo que Dios nos dio para convertirlo en nuestra casa común. De hecho, los recursos naturales, las numerosas formas de vida y la tierra misma se nos confían para ser “cultivadas y preservadas” (cf. Gn 2,15) también para las generaciones futuras… De aquí surgen, en particular, motivaciones profundas y una nueva forma de vivir en la casa común, de encontrarse unos con otros desde la propia diversidad, de celebrar y respetar la vida recibida y compartida… La conversión ecológica a la que apelamos nos lleva a tener una nueva mirada sobre la vida, considerando la generosidad del Creador que nos dio la tierra y que nos recuerda la alegre sobriedad de compartir… (n° 4)

Considerando esta realidad ambiental vemos resurgir últimamente en nuestro país proyectos extractivistas relacionados con la minería. Como otras provincias también La Rioja es propicia para este tipo de emprendimientos. Será necesario que podamos estar muy atentos y discernir qué es lo mejor para nuestro pueblo considerando el cuidado de su vida y del agua como algo primordial. Para ello es necesario tener presente la luz que nos aporta Laudato Si, una encíclica tan valorada dentro y fuera del ámbito eclesial. Allí se nos invita a todos a un compromiso en el cuidado de la Casa Común y sobre todo el cuidado de la vida humana indicando particularmente que en todo proceso de intervención en la naturaleza es necesario diálogo y transparencia de todos los actores sociales para “que pueden aportar diferentes perspectivas, soluciones y alternativas”. Y en la mesa de discusión deben tener un lugar privilegiado los habitantes locales, quienes se preguntan por lo que quieren para ellos y para sus hijos… Preguntas “que trascienden el interés económico inmediato…”(L Si 188). La licencia social es indispensable.

Así como Francisco nos alienta a cuidar la casa común, de modo particular nos exhorta a cuidar la vida humana en todas sus etapas de desarrollo, reconociéndola como tal ya en su etapa de gestación. Nos dice en la misma Laudato Si: “Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades” (n. 120).

Nuestro beato Enrique Angelelli en reiteradas ocasiones se manifestó claramente a favor de la vida en el seno materno advirtiendo sobre las consecuencias personales y sociales del aborto.

Reconocemos y comprendemos que hay veces que la vida humana es engendrada en condiciones de vulnerabilidad y precariedad, o simplemente no es deseada. A su vez estamos convencidos que la respuesta a esta realidad no puede ser la violencia a un ser indefenso. No se puede buscar la salida generando otro drama, se debe buscar una solución abrazando y acompañando a cada protagonista, a la vida humana que va creciendo y a la mujer que sufre tal situación. En este sentido se trata de proteger las dos vidas: la de la madre y la del hijo, como así también de acompañar a quienes forman parte del entorno con una actitud de atenta escucha, comprensión y oportuna solidaridad.

A su vez, no basta que como cristianos digamos que estamos a favor del derecho a la vida si no nos comprometemos a utilizar todos los medios para cuidarla y promoverla en todas las etapas. En nuestras comunidades debemos generar ayudas concretas en favor de embarazos que necesitan contención y apoyo; también para asistir a aquellos niños, adolescentes y jóvenes que, sin horizontes ni oportunidades, se ven cautivos de la mafia del narcotráfico y de la delincuencia. Asimismo asumir la realidad de quienes no tienen trabajo, o el acompañamiento de nuestros mayores y ancianos.

En este cuidado de la vida en todas sus etapas hay una insustituible responsabilidad del Estado. Pero también se tiene que destacar nuestra responsabilidad y caridad como cristianos que ha de manifestarse de tantas maneras creativas como el Espíritu nos lo indique. En primer lugar ofreciendo el calor de una comunidad-familia que de modo incondicional siempre acoge la vida, la cuida y la acompaña esté como esté, brindando los medios necesarios para promoverla.

Con pasión y esperanza

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Estamos iniciando un año de gracia, en el cual se nos abre un gran abanico de posibilidades para crecer como sociedad. Los invito a que ofrezcamos lo mejor de nosotros para que ese crecimiento sea una realidad en todos.

Teniendo en cuenta el mensaje del Papa: LA PAZ COMO CAMINO DE ESPERANZA; el lema del congreso mariano: CON MARÍA, SERVIDORES DE LA ESPERANZA; y la mirada del Beato Angelelli sobre el TINKUNACO COMO UN GRITO DE ESPERANZA, no podemos menos de empezar este año nuevo con RENOVADA ESPERANZA. Confiemos en Dios, confiemos en su presencia providente, confiemos en los hermanos con los cuales caminamos y confiemos en la misión que cada uno tiene en la sociedad para que este 2020 sea un año de gracia.

No dejemos pasar la historia sin ser parte activa en ella. Este es nuestro tiempo, esta es nuestra hora, vivámosla con pasión y esperanza. Nuestro buen Dios nunca se deja ganar en generosidad y sabe asistirnos y recompensarnos a cada paso.

Que San Nicolás, nuestro Santo obispo, nos guíe con su ejemplo y santidad particularmente en este este año del centenario de su aureolización. Que los beatos mártires Wenceslao, Carlos, Gabriel y Enrique nos impulsen a entregar nuestra vida por una sociedad mejor donde brille la cultura del Encuentro, la cultura del Tinkunaco. Que Nuestra Señora del Valle, nos acompañe en nuestro caminar cotidiano y nos ayude en el Camino Sinodal que queremos recorrer como Iglesia diocesana como servidores de la vida de nuestro pueblo. Y que el Niño Jesús Alcalde, nos conceda a cada uno y toda la comunidad la gracia que más necesitamos en esta hora de nuestra Patria y de nuestro Pueblo.

Así sea.

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NAVIDAD, AMOR Y CERCANÍA DE DIOS A TODA VIDA HUMANA

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Queridas comunidades riojanas:

Con alegría celebramos estas fiestas navideñas al inicio de este Año Mariano.
Dios nace como hombre por obra del Espíritu Santo y gracias al compromiso de María.

De este modo, siendo grande se hizo pequeño, siendo rico se hizo pobre, siendo fuerte se hizo débil. Jesús, al hacerse hombre, nace luego de un tiempo normal de gestación y viene a asumir toda nuestra naturaleza humana y a elevarla a condición de sagrada.

Su nacimiento, es una luz que hoy viene a iluminar la vida de cada persona, de cada familia y de cada comunidad. Por eso, cada vida humana tiene un valor infinito. Desde el mismo momento de ser gestada, esa vida tiene derecho a nacer, crecer y desarrollarse transitando sus diferentes etapas. Para ello, requiere ser aceptada, acogida, ayudada, amada, protegida, cuidada y promovida. Vida que, cuanto más frágil y pequeña requiere más dedicación y compromiso de quienes la rodeamos. Toda Vida Humana es Sagrada y merece ser vivida con dignidad.

El nacimiento de Jesús, nos revela a su vez, la cercanía y el amor de Dios por toda la comunidad humana. Cercanía y amor que se extienden a toda la Creación.

En este año de la beatificación de Mons. Angelelli, qué bueno es poder recordar su opción de celebrar la Noche Buena en lugares pobres y alejados. Con ese gesto concreto, nos transmite de manera especial esa cercanía y amor de Dios así como el valor de toda vida humana que nace y se abre paso desde lugares precarios, alentándonos a ser servidores de la vida y a saber estar allí, donde la vida nos reclama. Se trata de ser luz para todos.

Al celebrar la Navidad este año, los invito a volver la mirada a Jesús y a dejarnos mirar por Él. Los invito a detenernos, a tomarnos un tiempo para meditar y contemplar en silencio este misterio de la cercanía y del amor de Dios que nos trae vida y luz para seguir caminando.

Por otra parte, los invito a ser luz buscando ser nosotros expresión de ese amor y cercanía con gestos y acciones concretas para los demás:

 Los invito a ser luz mostrando una cálida cercanía hacia una mujer embarazada, alentando y contribuyendo a su bienestar en ese bello y delicado tiempo de gestación. También elevando una oración por quienes buscan la gracia de un hijo y no lo pueden concebir o por quienes están a la espera de una adopción.

 Los invito a ser luz dedicando un tiempo a visitar a alguien que esté solo o invitándolo a una comida navideña.

 Los invito a ser luz evitando el uso de pirotecnia, que tanto afecta la vida de personas con autismo, a niños y ancianos -también a los animales- utilizando los recursos que ahorramos para ayudar a alguien necesitado.

 Los invito a ser luz mirando a nuestro alrededor y dejándonos guiar por el Espíritu Santo, acercarnos a alguna realidad humana que hoy veamos frágil y necesitada de alguna mano oportuna.

Que al celebrar con alegría el Nacimiento de Jesús, la Virgen del Valle junto a San Nicolás y los Beatos Mártires Enrique, Wenceslao, Gabriel y Carlos nos ayuden a valorar y a cuidar toda vida humana.

Que el Niño Dios Alcalde nos conceda su Paz! Feliz Navidad!

La Rioja, Navidad 2019

+Dante G. Braida
Obispo de La Rioja

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