COMUNICADO DE LA COMISIÓN DIOCESANA DE PASTORAL SOCIAL – LA RIOJA

 

«”Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”.Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” ». (Mateo 25, 37-40)

La Comisión Diocesana de Pastoral Social adhiere a la exigencia de la Comisión Episcopal de Pastoral Social del pasado 30 de agosto y de otras numerosas organizaciones religiosas y sociales de la implementación de políticas urgentes frente a la emergencia alimentaria que atraviesa nuestra patria. Varios millones de hermanos y hermanas nuestros han caído no sólo bajo la línea de la pobreza, sino en la situación de no poder cubrir la canasta básica de alimentos necesaria para subsistir. Los habitantes de nuestra provincia no son una excepción.

El pasado sábado 7 de setiembre hemos estado reunidos los miembros de la comisión y hemos puesto en común nuestra experiencia de la situación que atraviesan la provincia y el país. Las preocupantes cifras que tanto el INDEC como el Observatorio Social de la UCA han hecho públicas, se han llenado de rostros y nombres que no nos permiten tolerar que el hambre de tantas hermanas y hermanos sea tratado como una variable más de las medidas de ajuste con que se pretende afrontar la crisis económica que atraviesa esta «patria bendita del pan».

Como creyentes en el Señor de la Vida, no podemos dejar de ver en cada una y cada uno de ellos el rostro del Dios que se hizo uno de nosotros. Incluso para aquéllos que no comparten nuestra fe, no obrar en consecuencia sería someternos al dominio del egoísmo y la indiferencia, del mal y de la muerte.

La Rioja, 10 de setiembre de 2019

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Saludo a los Catequistas en su día

La Rioja, miércoles 21 de agosto de 2019

Queridos Catequistas:

FELIZ DÍA! En este día en el que celebramos a San Pio X, patrono de cada catequista, quiero saludarlos en primer lugar para agradecerles por la delicada y abnegada tarea que llevan adelante en la iglesia compartiendo la fe ya sea con personas adultas, jóvenes o niños. Con la misión que ustedes realizan la evangelización va llegando a todos los rincones de la diócesis y va “calando” más hondo el corazón de los catecúmenos y en cada uno de ustedes.

Nos dice el Papa Francisco “La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad e los discípulos es una alegría misionera. La experimentan los setenta y dos que regresa de la la misión llenos de gozo (cf. Lc 10,17). La vive Jesús, que se estremece de gozo en el Espíritu Santo, y alaba al padre porque su revelación alcanza a los pobre y pequeñitos (cf. Lc 10,21)… Esa alegría es un signo de que el Evangelio ha sido anunciado y está dando fruto… (EG 21) Que esa alegría, fruto de la misión que llevan adelante semana a semana, colme sus vidas y los anime a vivir con fidelidad esta vocación que el Señor les ha regalado.

Les pido que en todo lo que hagan siempre caminen con las personas que integran sus grupos con esa disposición permanente a escucharlas con atención y acompañarlas en sus situaciones concretas de la vida. Al mismo tiempo cuiden la vida de oración como esencial en el camino de crecimiento como cristianos.

Gracias nuevamente por todo lo que brindan a la iglesia y que el Buen Pastor los bendiga abundantemente.

 

 

+Dante Gustavo Braida

 

 

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“TINKUNACO HOY! POR UNA CULTURA DEL ENCUENTRO, LA PAZ Y LA VIDA”

(Homilía pronunciada por Mons. Dante G. Braida FIESTA DE SAN FRANCISCO SOLANO. 101° Peregrinación a Padercitas. –Evangelio Lc 12, 49-53-. La Rioja, 18/08/2019)

Queridos Hermanos. Hacemos memoria en este día de un gran misionero de América Latina: San Francisco Solano que, siguiendo los pasos de San Francisco de Asís, llegó a estas tierras trayendo el Evangelio y anunciándolo con palabras, pero sobre todo con su modo de vivir, austero, comprometido y alegre.

Inspirado en ese mismo Evangelio irá enfrentando todos los desafíos que se le presentaban. Uno de los más grandes sucedió en este mismo lugar cuando estuvo a punto de estallar una guerra entre habitantes de pueblos originarios y los españoles recién llegados a esta tierra y que, con la fuerza de las armas, pretendían imponer su superioridad explotándolos.

Francisco Solano comprendió que la vida de ambos era valiosa y que merecía ser cuidada y defendida. Habiendo aprendido la lengua diaguita y con la certeza de que la dignidad de este pueblo merecía ser respetada, habla con ellos, enfrenta la tensa situación, logrando un entendimiento entre las partes que evitó el derramamiento de sangre y permitió que la fe sea un punto de encuentro para ambos bandos.

Si esto no hubiese ocurrido, este lugar donde hoy estamos reunidos, seguramente sería recordado como el lugar de una batalla o una masacre, sin embargo, termina siendo un punto de encuentro donde dos culturas pudieron dialogar, reconocerse, respetarse y ayudarse en su crecimiento, este es el lugar del Tinkunaco original que tiene que seguir inspirando toda nuestra vida social también en nuestro tiempo.

El Evangelio de Jesús, su Vida y sus Palabras; el Espíritu Santo que Él nos compartió va actualizando esta realidad al hoy de nuestras vidas.

El Evangelio que hoy escuchamos, que a primera vista nos puede resultar chocante, al escuchar a Jesús decir que vino a traer fuego sobre la tierra y que desea que ya esté ardiendo. Pero el Maestro se refiere al fuego del Espíritu Santo que nos enviará luego de su pasión, muerte y resurrección. Espíritu que, como el fuego, viene a purificarnos y a hacer nuevas todas las cosas y nuestras personas. Espíritu que nos viene a animar a asumir la vida cristiana con toda amplitud, sin relativismos ni falsas interpretaciones.

Hoy Jesús también nos dice que vivir plenamente la fe cristiana puede traer divisiones entre nosotros, por ser rechazados, no comprendidos o despreciados. Él mismo lo padeció al ser abandonado por la mayoría del grupo de sus seguidores cuando llega la hora de dar la vida por amor. Nuestros queridos Mártires también fueron rechazados por buscar una sociedad más justa donde no haya marginados y excluidos. Vivir ese Evangelio los llevó a enfrentar contrariedades en los vínculos sociales y eclesiales hasta encontrar por ello la misma muerte.

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La paz que vino a traer Jesús, y que con tanta dedicación y entereza predicó San Francisco Solano, es un don pero que requiere también compromiso y trabajo. “Felices los que trabajan por la Paz porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5) nos dirá Jesús.

Hoy, siguiendo los pasos de San Francisco Solano y de nuestros Mártires, estamos nosotros llamados a trabajar para abordar evangélicamente las numerosas situaciones de tensión social que nos afectan para que la justicia y la paz sean una realidad.

Para ello es necesario tomar conciencia de las situaciones que nos enfrentan o nos dividen, para buscar la verdad en el respeto, la escucha y el diálogo.

– Mirando al interior de nuestras comunidades daña la paz el dar lugar a las ‘habladurías’, chismes, comentarios innecesarios que muchas veces solo resaltan los errores y pecados del hermano.

Jesús, que no vino a juzgar ni condenar, nos invita ver lo bueno y positivo que hay en el otro y, en tal caso, ante un error, ser los que arriesgamos a la corrección fraterna.

En Evangelii Gaudium, el Papa Francisco nos advierte sobre ‘la guerra’ que muchas veces se manifiesta en nuestras comunidades cristianas por celos, competencias o por aferrarnos a ciertos lugares o misiones. “No nos dejemos robar la vida fraterna” (cf. N° 101) nos dice con vehemencia animándonos a un trato más humilde que deje de lado toda soberbia y orgullo.

Como San Francisco Solano, seamos custodios de la vida fraterna.

– Mirando nuestra realidad vemos que hoy daña la paz e impide un verdadero Encuentro toda situación de exclusión: una persona que quizás por ser diferente o complicada es dejada de lado; o por no haber tenido oportunidades de desarrollo es marginada. Una tentación fuerte puede ser seguir adelante con comunidades de unos pocos donde estamos solo los que nos entendemos. Esa marginación produce resentimientos, rencores que muchas veces se manifiestan en hechos de violencia y a cometer delitos.

La verdadera paz, como la que buscó en este lugar San Francisco Solano, era una paz que incluye a todos, y que especialmente da lugar al más débil al que solo no puede. Una paz que es fruto de que todos tengas posibilidades de desarrollarse. Donde la vida es cuidada y amada en todas sus etapas. Donde un anciano es protegido y valorados hasta el final de su vida; donde un joven puede encontrar un horizonte de vida cierto; donde la misma vida humana es considerada valiosa desde el para el bien común, para contribuir al bien de todos. Requiere mucha humildad para aceptar que inicio, desde su concepción, respetándosele el derecho a ser aceptada, cuidada, alimentada, amada.

– Nuestra sociedad también experimenta numerosas grietas que nos llevan a vivir momentos de tensión y muchas veces de descalificación cuando quien está de uno u otro lado cree tener toda la verdad.

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Ante una realidad similar, San Francisco Solano, buscó valorar la verdad que hay en ambas partes. Sin dudas que este camino requiere mucha escucha del otro para comprender su posición, requiere mucha apertura para aceptar sus propuestas que pueden ser de gran ayuda podemos estar equivocados.

Como San Francisco Solano, el creyente sabe que enfrentar situaciones de conflicto, que buscar la paz y construir una sociedad inclusiva no es tarea fácil. Por ello la misma fe lo lleva buscar en la oración y el encuentro con Dios la luz y la fortaleza necesaria. De hecho la paz entre españoles y aborígenes se va dando al poner la mirada en el Niño Jesús vestido de Alcalde. Cuando se reconoce que el verdadero poder lo tiene Dios que no nos busca conducir por la fuerza sino por atracción, con delicadeza.

Hay un TINKUNACO que es fundamental en nuestra vida de cada día. Es Necesario que cada día se dé un verdadero ENCUENTRO con Dios que vaya sanando y transformando nuestras vidas. Cuando esto se da vemos con más claridad el camino y descubrimos que vale la pena jugarse por el hermano y la hermana de la comunidad y que toda vida tiene un valor infinito, también la de quién está en la vereda de enfrente o piensa distinto.

Por eso, inspirados por este gran Santo misionero de América latina, alentados por los Mártires de nuestra tierra trabajemos con valentía por construir la CULTURA DEL ENCUENTRO, que nos ayude a superar la grietas que nos separan: a promover la CULTURA DE LA PAZ, enfrentando las diversas realidades de exclusión social; alentando la CULTURA DEL CUIDADO DE TODA VIDA.

La PAZ y la ALEGRÍA, son frutos que el Buen Dios da generosamente a quienes decididamente llevan adelante su misión inspirados y guiados por su Evangelio. No nos dejemos arrebatar esta PAZ y ALEGRIA.

Así sea.

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Beato ANGELELLI: Un nuevo estilo de vida es posible

(Homilía pronunciada por Mons. Dante G. Braida en el 43° aniversario del martirio del Beato Mons. ANGELELLI en la Catedral de La Rioja, 04 de agosto de 2019 // Textos bíblicos: Sab 3,1-9; 2Cor 4,7-15; Lc 12, 13-21)

Con alegría nos encontramos en esta Catedral celebrando al BEATO ENRIQUE ANGEL ANGELELLI CARLETTI en el 43° aniversario de su martirio. Mucho hemos recordado su vida y su entrega en este año particularmente en el marco de la beatificación de los cuatro mártires. Las cuatro carpas montadas en la plaza en aquellos días fueron una síntesis de un largo y fecundo camino recorrido por los mártires y que sigue siendo semilla buena para seguir dando frutos hoy en nuestra vida, en la Iglesia y en la sociedad.

El Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo fue la motivación más profunda de su vida y de obra. Ese Evangelio también hoy tiene que marcar nuestras búsquedas, nuestros sueños para que podamos ser instrumentos dóciles del Señor para que su Reino de justicia y paz sean realidad entre nosotros y conduzcan a una vida plena a todos los miembros de la sociedad.

Hoy ese Evangelio, en la página que escuchamos, nos llama la atención sobre conductas que dificultan esa posibilidad de vida plena para el pueblo. La ambición por tener más y más, ya sea por acumular bienes, prestigio o poder terminar aislándonos y dañando la vida de muchos, sobre todo de los más pobre y vulnerables.

“Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios». Palabras fuertes de Jesús que nos mueven a reaccionar y no caer en esa trampa de la avaricia. En otra ocasión dirá: “De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?”

Hoy muchos de nuestros hermanos y hermanas la están pasando mal porque no tienen lo necesario para vivir mientras que otros tienen en exceso. La falta de oportunidades de desarrollo de muchos niños, adolescentes y jóvenes; la escases de trabajo y el deterioro de los salarios; las distintas expresiones de violencia, por nombrar algunas situaciones, contrastan con la acumulación de bienes de algunos y la especulación egoísta de otros. También la desesperación de muchos contrasta con la indiferencia o la comodidad de quien cree tener la vida asegurada.

Jesús nos invita a un estilo de vida distinto donde podamos vivir con lo necesario y donde lo que hemos recibido o producido lo podamos compartir generando oportunidades para otros que no las tienen. Un estilo de vida centrado en Dios y abierto al prójimo en quién reconocernos claramente SU presencia. Un estilo de vida que nace de un corazón nuevo que vive y se renueva en un trato de amistad con el Señor que hace posibles nuevos y sanos vínculos con los demás, reconociendo en cada ser humano un hermano al cual tengo que ofrecerle lo mejor de mí y de quien tengo que recibir lo que puede darme como don de su vida.

Este nuevo estilo de vida está marcado también por la sensibilidad ante la necesidad de los demás, que sabe escuchar sus clamores más profundos y busca responder con acciones solidarias como modo natural de vida.
Un nuevo estilo de vida que incluye lo que el Papa nos propone como CULTURA DEL ENCUENTRO. O sea una cultura donde todos tenemos un lugar y algo para aportar, donde todos nos beneficiamos de los dones del hermano.

Jesús siempre se manifestó cercano a todos y estuvo disponible para el encuentro transformando los corazones y también las estructuras. La Samaritana, Zaqueo, Marta, María Magdalena, el mismo Pedro, y las multitudes que lo seguían y se encontraban con Él descubrían que algo les cambiaba en su vida y que ya no podían seguir igual.

Porque Jesús está en nosotros y camina entre nosotros un nuevo estilo de vida más sobrio y humilde, comprometido y solidario es posible, alentándonos siempre a que nos dispongamos a salir de nosotros mismos para caminar con otros y buscar el crecimiento de todos.

Enrique, Wenceslao, Carlos y Gabriel cuando se dejaron tocar por Dios ya sus vidas no fueron las mismas. La entrega generosa a los demás fue una consecuencia natural de ese encuentro.
Hace un rato vinimos caminando desde la Parroquia de Fátima hasta aquí recorriendo las calles de la Ciudad. Esa parroquia fue un lugar muy significativo de encuentro en la pastoral de Mons. Angelelli, de encuentro con Dios y de encuentro fraterno. Lugar donde se fue gestando una pastoral con fuerte incidencia social en la que el Evangelio iluminaba todas las realidades y alentaba a acciones transformadoras.

El caminar por las calles nos indica el lugar donde los cambios tienen que realizarse con el aporte de todos. El llegar aquí, donde están los restos del Obispo nos indica que la vida tiene una orientación última que es la Vida plena en Dios, esa vida de la que ya disfrutan plenamente nuestros mártires luego de transitar un camino evangélico aquí. Una sociedad con un nuevo estilo de vida, más inclusivo y solidario es tarea de todos. Pero sin duda que en quien tiene un rol de guía, de conducción, un rol de dirigente hay una mayor responsabilidad.

Estamos en un tiempo electoral. Tenemos la enorme responsabilidad de elegir a quienes guiarán los destinos de nuestras comunidades en los años siguientes. Elegir también a quienes, como legisladores, darán el marco necesario para una sana convivencia y un desarrollo social integral.

Con los criterios evangélicos y con los valores que movieron la vida de los mártires podemos discernir qué propuesta votar y a quién votar. Para así ver y elegir a quienes:

– más puedan generar un clima de diálogo y encuentro.
– más promuevan la participación ciudadana.
– defiendan y cuiden la vida humana desde su concepción y promuevan su desarrollo en todas sus etapas.
– propongan caminos concretos de creación de fuentes de trabajo.
– se comprometan a luchar decididamente contra el narcotráfico, uno de los flagelos que más destruyen a nuestros jóvenes y sus familias.
– se dispongan a atender a los numerosos rostros que hoy tiene la pobreza.
– busquen erradicar todo tipo de trata de personas que denigra la condición humana.
– se comprometan a generar oportunidades variadas a quienes están en situación de vulnerabilidad.
– puedan garantizar el cuidado del medio ambiente.
– más han sido coherentes en su trayectoria de vida.

Estos son algunos puntos a tener en cuenta. Pero también son ámbitos donde se espera y se requiere una mayor y decidida participación ciudadana.

Que Jesús, Buen Pastor, nos de la luz necesaria para discernir y elegir lo mejor. Para que asumamos con toda responsabilidad esta hora de nuestra Patria.
Pidamos a nuestros queridos beatos mártires que nos guíen e intercedan por nosotros para que se haga realidad el Reino de Justicia y Paz que nos vino a traer Jesús y por el que ellos dieron vida.

Así sea.

 

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Beato ANGELELLI: Una entrega total por Amor

(Homilía pronunciada por Mons. Dante G. Braida en el 43° aniversario del martirio del Beato MONS. ANGELELLI en el paraje “El Pastor”, Punta de los Llanos, La Rioja, 04 de agosto de 2019 Textos bíblicos: Sab 3,1-9; 2Cor 4,7-15; Lc 12, 13-21)

Con alegría nos encontramos hoy celebrando al Beato Enrique Angelelli, obispo. Quien en este  mismo lugar diera la vida por fidelidad a Dios y a su pueblo. Alegría que es un eco de lo vivido en la celebración de beatificación en abril pasado. Alegría que nos alienta a tomar su legado como un camino seguro para seguir el Evangelio en el hoy de nuestras vidas, asumiendo todos los desafíos que se nos presentan. Alegría, que surge de la escucha atenta de del Evangelio, que va produciendo una transformación personal, comunitaria y social que puede renovar todas las cosas y hacerlas plenas.

Hoy ese Evangelio nos advierte sobre el peligro de la ambición como expresión de un egoísmo alocado que destruye vidas: “demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”.

La Codicia, la avaricia, degradan totalmente nuestra vida humana y va adquiriendo distintas  expresiones. El consumismo tan instalado en nuestra sociedad, por ejemplo, nos lleva a caer en la trampa de creer que teniendo muchas cosas seremos felices. La realidad es que el tener más y más nos ponen en una espiral que nos termina dejando solos, quitándonos la vida y la alegría de vivir.

Dios nos ha revelado que los bienes creados son para todos los hombres y para todos los pueblos. Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno. Por ello resulta un escándalo que en el mundo actual unos pocos posean grandes riquezas y una incontable multitud carezca de lo básico para vivir.

Una sociedad crece cuando todos sus miembros pueden desarrollarse y donde el progreso de unos no sea obstáculo para el desarrollo de otros ni un pretexto para crear nuevos modos de servidumbre o esclavitud. La misma propiedad privada nunca está por encima de este principio de que todos tienen derecho a tener lo necesario para vivir. Aun cuando por el trabajo uno pueda crecer y tener muchos bienes esos bienes tienen que ayudar al desarrollo de todos, y tener en cuenta particularmente la promoción de los más pobres.

En esto es muy valiosa la sabiduría de muchos pueblos originarios que tenían esta concepción de propiedad comunitaria y en los cuales se velaba por el crecimiento de todos.

Sin duda que esta perspectiva evangélica estaba presente en la vida y obra de mons Angelelli y nuestros mártires. La propuesta de CODETRAL estaba inspirada en estos principios que contribuir al desarrollo de muchos trabajadores de la zona. Las tierras adquiridas para un proyecto comunitario en Vichigasta fueron aporte de una comunidad religiosa para el desarrollo de un emprendimiento comunitario. Cuando Wenceslao se trasladada a Sañogasta una persona ayuda a comprar una porción de tierra para un emprendimiento cooperativista.

De este modo el Evangelio se va manifestando en propuestas concretas que buscan el desarrollo de todos. Pero para que esto sea posible tiene que ir necesariamente cambiando el corazón, tiene que haber una transformación interior permanente ya que el egoísmo, la ambición desmedida tienen sus raíces allí y luego se manifiesta de muchas maneras no solo acumulando bienes materiales sino también en el apego desmedido al poder o al dominio de otros, el apego a lugares, a personas, etc.

Para que reaccionemos Jesús dirige esas fuertes las palabras del final del texto: “Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».

Tener presente la realidad de nuestra muerte nos ayuda a ver cómo vivir plenamente la vida y la gran importancia de “ser ricos a los ojos de Dios”. Ricos en amor, misericordia, en el buen uso de las cosas materiales, en el compartir, en el ser solidarios, en el donar la vida por el bien de otros, en el caminar juntos con un proyecto en común, en el considerar la vida con su horizonte más pleno: la alegría de la Resurrección. Qué bien lo expresa el documento de Aparecida: “La vitalidad que Cristo ofrece nos invita a ampliar nuestros horizontes… El Señor que nos invita a valorar las cosas y a progresar, también nos previene sobre la obsesión por acumular: “No amontonen tesoros en esta tierra” (Mt 6, 19). “¿De qué le sirve a uno ganar todo el mundo, si pierde su vida?” (Mt 16, 26). Jesucristo nos ofrece mucho, incluso mucho más de lo que esperamos. A la samaritana le da más que el agua del pozo, a la multitud hambrienta le ofrece más que el alivio del hambre. Se entrega Él mismo como la vida en abundancia….(n° 357).

Este lugar nos recuerda una muerte. Muerte martirial que fue consecuencia de una opción de vida que se oponía a ese acumular egoísta de algunos que termina con la destrucción de muchos. Opción de vida que alentaba el crecimiento de todos en la sociedad y que favorecía, particularmente, a los más pequeños buscando su inclusión y desarrollo. Opción de vida que buscaba que el Evangelio llegara a todos los rincones de la diócesis y a lo más profundo de corazón. Esta opción de vida era vista por algunos como un peligro, al sentir que sus intereses mezquinos eran tocados y era mal visto por otros que temían el despertar y el desarrollo del pueblo. Por eso había que obstaculizar el camino sembrando confusión sobre todo respecto de las motivaciones más profundas de las obras. Sin embargo, el Obispo Enrique no se cansaba de dar fundamento evangélico y eclesial a su propuesta pastoral. “Es duro tener que seguir clarificando que soy ‘católico’” le decía, por ejemplo, al recién designado Cardenal Pironio en una carta.

Con su muerte se quiso truncar su obra. Pero como semilla buena sembrada en tierra fértil ese brote buscó abrirse camino y crecer. Y lo hizo por esa Fuerza interior que viene del mismo Dios. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo como fuente de verdad y amor, y la vivencia del Concilio Vaticano II, que caló hondo en el corazón de nuestro Pastor, hicieron que su vida sea para nosotros hoy un aliento inextinguible.

Nuestro Pastor, amó esta tierra y lo dio todo por ella, aun contando con sus propias fragilidades y miedos. Su propia realidad de pecado. Sus escritos también expresan ese camino de conversión y transformación interior que él tuvo que recorrer. Nos dice en el poema por los veinticinco años de sacerdocio: Señor, mi vida fue como el arroyo: anunciar el aleluya a los pobres y pulirse en el interior. Canto rodado en el pueblo y silencio de “encuentros”. Contigo… solo… Señor.

Nuestro tiempo espera mucho de nosotros, espera toda nuestra entrega. Aunque nos sintamos pequeños. Dios cuenta también con nuestra fragilidad para manifestarse allí más ampliamente: “nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios” nos decía el Apóstol Pablo. Para que esta entrega nuestra hoy sea fecunda y real, tenemos que recorrer ese camino de transformación interior que recorrieron nuestros mártires y, a la vez, un camino de transformación exterior donde la vida y las obras se expresen en el crecimiento de todos y en el caminar juntos.

Para esto hay que tener en cuenta tres aspectos muy presentes en la pastoral de Angelelli:

  1. Agudizar nuestra capacidad de escucha. Escucha de nosotros mismos, para dar lugar a nuestras búsquedas más nobles de crecimiento en el servicio, en generosidad, en compartir. Agudizar nuestra escucha de Dios, de su Palabra, para que rumiada en el silencio y en comunidad le dé una orientación correcta a la vida y la fuerza necesaria para vivirla.

Agudizar la escucha del otro para conocer sus talentos y para percibir sus necesidades más hondas. Para conocer sus sueños y comprender sus miserias. El papa nos dice: “Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Que nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad” (MV 25).

  1. Luego darnos tiempo para un discernimiento sereno y profundo de lo que vemos y oímos. Lo cual requiere tiempo de meditación personal y compartir comunitario. Es necesario valorar tanto los espacios de soledad como los momentos comunitarios de diálogo. Para que solo de allí surja nuestra voz profética y nuestra acción comprometida.
  2. Animarnos a proponer acciones nuevas que puedan ayudar a un crecimiento integral de cada persona, de cada niño llamado a la vida, de cada joven o anciano. De cada familia. Animarnos a renovar, a cambiar lo que ya no va como estructura eclesial para dejar que el Espíritu puedas renovarnos y generar nuevos espacios pastorales que respondan a las necesidades y búsquedas del ser humano de hoy.

Animarnos a un mayor compromiso social en la participación en instituciones de la comunidad: ya sea una cooperadora escolar, un club, una asociación vecinal, un centro de estudiantes o un sindicato, etc.

El desarrollo de estos tres aspectos necesita tiempo, procesos, camino de búsqueda y de compartir. Y creo que éste es un lugar propicio para ello, es tierra sagrada: porque tocamos el momento culminante de la vida de Mons. Enrique: su PASCUA. Su paso definitivo a la plenitud de vida a la que llegó buscando una vida digna para su pueblo siendo puente para acrecentar su relación con Dios y siendo puente para el encuentro de todos. Aquí, en este Paraje, con su sangre nos dejó indicado este lugar para que sea también un punto apto tanto para el silencio como para el compartir fraterno del que puedan surgir esas palabras y obras proféticas que den nuevas respuestas a los desafíos de hoy.

Hoy venimos aquí, a beber de esta fuente de vida, amor y entrega que es Dios mismo. Conmemoramos este día de muchas maneras, con el encuentro fraterno, con la música, con gestos de caridad, con el locro compartido, con el momento orante de las 15hs. Pero sobre todo con lo más grande que tenemos que es la Eucaristía en la que se anticipa esa comunión con Dios y con aquellos que ya gozan de la plenitud de vida y, a la vez, se nos da como alimento el mismo Amor que lo llena todo, lo transforma todo y que nos mueve a una entrega similar.

Que los cuatro beatos intercedan por nosotros y nos guíen por el camino de una Vida plena para cada uno y para todos.

Así, sea.

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“Con un oído en el Pueblo y otro en el Evangelio”

Hermanos:

Les compartimos el cronograma de actividades que se llevarán a cabo en honor a nuestro Beato Enrique Angelelli para el día de la conmemoración de su martirio:

Sábado 3 de agosto

En la Comunidad “Monseñor Angelelli” (Río Paraná 740)

  • 19hs Celebración Eucarística presidida por Mons. Dante Braida
  • 20:30hs Locro criollo y Peña artística
  • 23:30hs Oración comunitaria al Beato Enrique

 

Domingo 4 de Agosto

En el Paraje “El Pastor”:

  • 11hs Celebración Eucarística presidida por Mons. Dante Braida
  • 15hs Celebración en la ruta a la hora del martirio
  • Antes y después de la misa: Gesto solidario “Tejemos para abrigarte” para lo cual se invita a llevar lana y aguja y/o cuadritos tejidos de 15×15 para armar frazadas y bufandas.

 

En la Ciudad Capital:

  • 17hs Encuentro/mateada en la Pquia de Fátima (Carmelo V. Valdés 175 B. Matadero)
  • Peregrinación hacia la Catedral
  • 20hs Celebración Eucarística en la Catedral presidida por Mons. Dante Braida

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PRIMER FIESTA DE LOS BEATOS MÁRTIRES ENRIQUE ANGELELLI, CARLOS DE DIOS MURIAS, GABRIEL LONGUEVILLE, WENCESLAO PEDERNERA.

Homilía pronunciada por Mons. Dante Braida  en Catedral de La Rioja el 17/07/2019

Felices los que tienen alma de pobres…!

Felices los que tienen hambre y sed de justicia…!

Felices los que trabajan por la paz…!

Felices nuestros queridos cuatro mártires: Enrique, Wenceslao, Carlos de Dios y Gabriel que como “alma de pobres” han dado la vida trabajando por la justicia y la paz!

Están muy presentes aún en nuestro corazón los momentos vividos en la celebración de la beatificación el 27 de abril.

Tenemos aún muy presente el camino recorrido para dar a conocer más la vida y obra de cada uno de los mártires, de modo particular en la bella y plural propuesta de las carpas en la plaza.

Tenemos presente gozo de las celebraciones de acción de gracias, como una prolongación de la misma alegría.

Hemos ofrecido al Señor el trabajado de varios meses y Él con su gracia nos colmó de bendiciones. Hemos recibido expresiones muy lindas sobre lo vivido en esos días por parte de muchos peregrinos.

El Evangelio nos decía: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”.

Pobres en el espíritu son los creyentes que se sienten necesitados de Dios en todo momento y necesitados de la ayuda de los demás. Es el humilde que solo busca hacer la voluntad de Dios y servir a los demás como a sus amos. Por tanto, no son autosuficientes.  Ser pobre en el espíritu es darse cuenta y ser consciente de la propia pobreza y la necesidad de Dios ante quien se recurre confiando en su providencia.

Cada uno de nuestros mártires, a su modo, vivió esta disponibilidad a Dios propia de los humildes, de los que solo quieren hacer vida su Palabra. Esa disponibilidad los llevó a darse completamente a los demás, buscando su bien, su desarrollo. Por ello también podían percibir así que “el Reino de Dios” ya estaba manifestándose por ese camino. Como también lo dice la bienaventuranza.

Queridos hermanos, solo los humildes pueden vincularse profundamente con Dios y ser dóciles a sus designios. En primer lugar pidamos hoy la gracia de la humildad para recorrer cada uno el propio camino de santidad por el cual el Señor nos quiere hacer transitar.

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El Beato Monseñor Angelelli vivió un camino martirial al ponerle cuerpo al modo eclesial propuesto por el Concilio Vaticano II. Una Iglesia que, fiel a su origen trinitario, busca ser una “Gran familia” donde todos pueden participar, donde constantemente se busca al que está más alejado, donde los pobres son el centro de la comunidad.

Para vivir en esta Iglesia era necesario tener un “oído en el Evangelio y el otro oído en el pueblo”. O sea dar tiempo a la escucha: escucha de Dios en la Oración, en la Palabra, en la Eucaristía; y  escucha de los hombres para percibir sus alegrías y búsquedas, sus lamentos y heridas… buscando, como él mismo decía “descubrirle el alma al palo”.

Siguiendo este camino el beato Angelelli  fue “mártir de los decretos conciliares”, diría el Cardenal Becciú. Fiel al Evangelio, fiel a la Iglesia, fiel a su tiempo.

Hoy el Papa Francisco nos pide fuertemente que transitemos como Iglesia un camino Sinodal. Donde cada uno pueda poner en común lo que el Espíritu le va suscitando.

Para ello tenemos que fortalecer nuestra vida espiritual y dar mucho lugar a la escucha del otro recibiéndolo como viene. Dispuestos a hacer camino con él… a crecer juntos.

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El Beato Wenceslao Pedernera transitó su camino de santidad como laico. Luego de su conversión el Beato no dejó de seguir los caminos del Evangelio: Fiel a su responsabilidad conyugal y a su misión como padre; Fiel a su rol de trabajador rural y referente sindical (en su trabajo en las viñas mendocinas); Fiel al responder al llamado a trasladarse a tierra riojana a colaborar con otros obreros rurales que tendían menos posibilidades de desarrollo. La propuesta de organización en cooperativas era una expresión de una búsqueda participativa de salir adelante.

La reflexión de la Palabra de Dios será para Wenceslao una de las principales fuentes de su espiritualidad. Él fue mártir siguiendo al Señor en la vida cotidiana, con un claro compromiso familiar, social y eclesial.

(Todos nos dimos cuenta que en la Beatificación fue el más aplaudido) ¿Será que nos sentimos más identificados con la sencillez y profundidad de su santidad?

Hoy es imprescindible animar el indispensable compromiso del Laico en la vida pública. Como ciudadano comprometido con el desarrollo de cada ser humano y con las instituciones sociales.

 

El Beato Carlos de Dios Murias siendo muy joven se siente muy tocado por el Evangelio vivido  por San Francisco de Asís. A partir de allí se deja guiar por el Espíritu Santo, tras las huellas de Francisco, hasta consagrarse como fraile de la Orden de los Conventuales. Allí buscó vivir con radicalidad ese carisma. En esa búsqueda viene a la Rioja donde, particularmente, sintiéndose interpelado por las carencias que padecen muchos hermanos y las injusticias que sufren otros. Su impulso juvenil preñado de Evangelio hacía que su palabra sea clara, directa y molesta para quienes detentaban el poder.

El beato Carlos fue martirizado por ser fiel al anuncio del Evangelio de la justicia.

Hoy la Iglesia nos pide priorizar el acompañamiento de los jóvenes. Caminar cerca de ellos, caminar con ellos, dándoles un lugar protagónico.

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El Beato Gabriel Longueville llegó a nuestras tierras luego de dejarse guiar por el Espíritu que lo llamaba a la misión ad gentes. Más allá de las fronteras de su diócesis de Viviers en Francia. En su peregrinar se fue haciendo del lugar desde la vida cotidiana donde como buen pastor visitaba casas, enfermos, animaba la vida parroquial atendiendo la ciudad de Chamical y zona rural. Dándose tiempo para el trabajo manual y las artesanías. Más bien callado en su personalidad, su vida era una palabra evangélica clara y contundente. Su compromiso fraterno lo llevó a acompañar a Carlos cuando lo buscaban fuerzas de seguridad.

El Beato Gabriel fue mártir de la misión y del pastoreo cotidiano en la parroquia.

Hoy estamos llamados a dar fuerza a la dimensión misionera de la fe. A hacer realidad una Iglesia en salida, como tanto nos lo pide el Papa. Salir, ir a todas las periferias.

 

Los beatos nos dan un ejemplo de vida y, a la vez, nos  acompañan, interceden por nosotros para que transitemos nuestro propio camino de santidad.

En esta primera fiesta de los beatos Enrique, Wenceslao, Carlos de Dios y Gabriel les pedimos intercedan por nosotros para que seamos fieles buscadores de Dios, de encontrarnos con Él en toda circunstancia y, a la vez, que seamos audaces cristianos dispuestos asumir todos los desafíos de nuestro tiempo y dar lo mejor y hasta la vida por que el Reino de amor, justicia y paz que el Señor vino a instaurar sea realidad en medio nuestro.

 

Se lo pedimos con toda confianza:

Beato Enrique Angelelli. Ruega por nosotros

Beato Wenceslao Pedernera. Ruega por nosotros

Beato Carlos de Dios Murias. Ruega por nosotros

Beato Gabriel Longueville. Ruega por nosotros

Así sea.

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