MENSAJE EN OCASIÓN DE LA CELEBRACIÓN DEL 423° ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA RIOJA

Cruz pectoral

Homilía en la Misa de Acción de Gracias en la Iglesia Catedral de La Rioja (20-5-2014)

 Queridos hermanos,

           Nos reunimos para celebrar los cuatrocientos veintitrés años de fundación de la ciudad. Hemos llegado hasta aquí para dar testimonio de nuestra gratitud a Dios por sus dones y por la vida de nuestras generaciones precedentes.

            En la primera lectura, el Libro de los Hechos nos presenta el testimonio de Pablo y Bernabé, llamados a animar a la comunidad cristiana y a dar cuenta de la obra de Dios en sus vidas a través de los frutos de su propia misión discipular. Se percibe en el texto la intensidad del vínculo entre Pablo y los distintos miembros de la comunidad atentos a recibir su enseñanza y a la vez, ávidos de conocer la vida nueva del Resucitado entre las Iglesias que se iban fundando. Así, el ministerio del obispo es un servicio para animar, para alentar la fe del Pueblo de Dios que el Señor le ha encomendado, para iluminar su esperanza con la Buena Noticia siempre fresca del Reino presente entre los hombres. Es un ministerio que alienta la comunión celebrando y compartiendo la vida de las comunidades puestas bajo su cuidado.

            En el Evangelio, Jesús expresa la inminencia de su partida y el sentido de su entrega por amor en cumplimiento de la voluntad del Padre. Y les deja su paz, una paz con una densidad que excede la paz superficial y pasajera. Esa paz los capacitará para no acobardarse ni temer porque toda su confianza está puesta en el Señor de la historia y en la fortaleza de constituir la comunidad del Resucitado. Es una paz honda, profunda; no el fruto pasajero de un armisticio o una tregua, sino un don de Dios, que serena y alienta. Les deja esa paz a la fraternidad de discípulos que queda entre los hombres para dar testimonio de Cristo.

            En este día en que celebramos el comienzo de nuestra riojanidad, queremos pedir a Dios que nos ayude a perseverar en la fraternidad viviendo esa paz profunda, conquistada en el diálogo y la búsqueda del bien común. Todos somos parte de esa fraternidad, todos la animamos con nuestra propia vida. Cada uno tiene su don para entregar, para hacer de esa fraternidad no un ideal romántico a realizarse en el futuro sino el fruto del trabajo de todos en este presente en que estamos llamados a actuar.

            En la comunidad que constituimos se incluye el servicio de quien ejerce la autoridad. No por afuera, no desde arriba, sino dentro de nuestra fraternidad. Todos los aquí presentes tenemos alguna responsabilidad de gobierno, es decir de servicio a la comunidad y por eso estamos urgidos a llevar adelante esta tarea de construir la fraternidad entre los riojanos buscando especialmente el bien de los más pobres, mirando por ellos y trabajando sostenidamente por ellos.

            La Santísima Virgen nos sigue diciendo desde Caná, “hagan lo que Jesús les diga”. Que Dios nos asista y nos fortalezca para perseverar viviendo gozosamente el regalo de ser y hacernos riojanos día a día. ¡Feliz día de La Rioja!

                                                   +Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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