HOMILÍA EN LA EUCARISTÍA DEL TINKUNACO DEL NIÑO ALCALDE Y SAN FRANCISCO SOLANO (Padercitas, La Rioja, 10 de agosto de 2014)

ENCUENTRO Y MISIÓN EN EL AÑO CATEQUÍSTICO DIOCESANO

2014-8 Tinkunaco

Mis queridos hermanos,

Hemos venido a las Padercitas para reunirnos como Iglesia de La Rioja, en torno a las imágenes del Niño Alcalde y de San Francisco Solano. Encuentros como éste reavivan en nosotros “el gusto espiritual de ser Pueblo de Dios” (cfr. Francisco, La alegría del Evangelio n. 268), convocado por su Palabra y animado por el pastoreo de Jesús.

El Tinkunaco expresa nuestra vocación a la fraternidad y nos ayuda a ir al encuentro de Cristo. Nuestras tradiciones confirman su sentido más hondo de hablarnos del Señor y de llevarnos a Él. No constituyen un patrimonio religioso inmóvil, carente de vitalidad, sino que son la experiencia de un Pueblo que camina en torno a su Dios y en su peregrinación a lo largo de la historia humana, va vistiendo de luz los grandes acontecimientos de su vida. Con San Francisco Solano queremos decirle a nuestro Niño Alcalde, con la convicción de un amor fortalecido: Nosotros somos tuyos y vos sos nuestro.

 1. Un Dios que se deja encontrar.

El Profeta Elías se acerca a la montaña buscando a Dios. Ni el viento huracanado, ni el terremoto, ni el fuego arrasador, le permiten contactarlo. En la suave brisa, el corazón abierto del profeta reconoció a su Señor ante quien se puso en oración.

Pablo, en cambio, atestigua con palabras doloridas la ceguera de sus paisanos que todavía no han encontrado a Cristo. Pablo no reniega de ellos ni de su propia historia religiosa personal ya que se siente parte de la intensa experiencia religiosa de su pueblo. Pero ve con dolor que sus tradiciones e instituciones religiosas no les ha permitido reconocer y asumir a Jesucristo como el Mesías, el Señor. Podría pasarnos a nosotros si no crecemos en la capacidad de descubrir a Dios en nuestras vidas y que Cristo fuera un desconocido para nosotros.

  1. “Soy yo, no teman.”

   El Evangelio nos presenta la imagen de la barca de los discípulos, amenazada por la tempestad y a Pedro intentando acercarse a Jesús, esta vez, caminando como Él, sobre las aguas. Sólo que el miedo y la falta de fe lo desalentaron impidiéndole llegar a la meta.

   En estos días hemos estado meditando diocesanamente este Evangelio, más precisamente el lunes pasado en ocasión de la misa en que recordamos a Mons. Angelelli. Ayudados con una homilía suya reflexionamos sobre los embates de la vida.

   La imagen de la barca ha sido tradicionalmente utilizada para expresar a la Iglesia que, superando tormentas y dificultades, llega a destino guiada por Cristo. Pero podríamos pensar también en nuestras vidas, esencialmente frágiles e incapaces si Dios no está acompañándolas, sosteniéndolas, fortaleciéndolas con su gracia.

  Nuestros bajoneos y derrumbes, nuestras angustias e inconsistencias, ceden ante la cercanía del Señor y la confianza que nos da su Palabra que resuena clara y firme en medio de las oscuridades y dudas que nos pueden afligir. Cristo nos alienta a seguirlo junto a nuestros hermanos de comunidad, a perseverar en el camino donde Él está sin desentenderse ni olvidarse. Nuestras tormentas no son más fuertes que el amor de Dios sembrado en nuestras vidas y que nos indica el camino de su Reino, presente entre nosotros, como meta permanente.

 3. San Francisco Solano: La dulce y confortadora tarea de evangelizar.

   En este Tinkunaco, la vida del evangelizador San Francisco Solano nos interpela sobre nuestra respuesta al llamado de Dios a testimoniarlo. Enérgico y creativo para llevar a sus hermanos al Señor, se sirve de la música y de gestos sorprendentes para atraer a los hombres a Cristo.

Un anuncio renovado ofrece a los creyentes, también a los tibios o no practicantes, una nueva alegría en la fe y una fecundidad evangelizadora. En realidad, su centro y esencia es siempre el mismo: el Dios que manifestó su amor inmenso en Cristo muerto y resucitado (Papa Francisco, La alegría del Evangelio, n. 11)

   Somos la comunidad de discípulos del Señor que quiere llegar a todos, especialmente a los más alejados y excluidos. Para esto estamos celebrando el Año Catequístico diocesano, para preguntarnos acerca de nuestro modo de vivir y comunicar la fe que profesamos. No bastan nuestra importante historia religiosa ni la fe de nuestros mayores. Se trata de asumir esa riqueza para dar nuestros propios pasos como testigos de Cristo. Es la hora pues, de optar por Jesucristo y anunciar su Reino entre los hombres, en nuestra Rioja de hoy, con su muchedumbre de jóvenes, con sus barrios que se multiplican exponencialmente, con los desafíos que le vienen de la realidad política y social en vistas a profundizar en una institucionalidad al servicio del bien común.

   “A María, la Madre del Evangelio viviente, le pedimos que interceda para que esta invitación a una nueva etapa evangelizadora sea acogida por toda la comunidad eclesial (Papa Francisco, La alegría del Evangelio, n. 287)”. Con San Nicolás y San Francisco Solano, llevemos a los hermanos al encuentro de Jesucristo. ¡Viva Jesús, nuestro Niño Alcalde! ¡Viva San Francisco Solano!

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.