CARTA PASTORAL DE ADVIENTO

Barredo - Adviento 2 A 

Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos…” (Mc. 1,3)

Mis queridos hermanos

Les escribo al comienzo del Adviento, tiempo de espera confiada del Señor que cumple su promesa, asumiendo nuestra condición, haciéndose uno de nosotros. En esta parte del año, vamos a su encuentro con nuestros balances interiores, con nuestras necesidades personales y familiares y la gratitud por la vida recibida, don y tarea.

El Señor viene a nuestras vidas y corazones, a nuestras familias y comunidades. Quiere nacer otra vez. Y con Él, cuantos nos animamos a esperar y confiar en su amor. En este tiempo de la Iglesia, tenemos además la oportunidad de renovarnos espiritualmente, de despojarnos de todo cuanto nos aleja de Dios y los hermanos, de hacernos solidarios de Jesucristo en los más pobres y excluidos. Jesús, Dios rico en amor y misericordia, escoge el camino de la encarnación y la pobreza para salvarnos.

El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo «se hizo pobre» (2 Co 8,9). Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres. Esta salvación vino a nosotros a través del «sí» de una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio. El Salvador nació en un pesebre, entre animales, como lo hacían los hijos de los más pobres; fue presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse pagar un cordero (cf. Lc 2,24; Lv 5,7); creció en un hogar de sencillos trabajadores y trabajó con sus manos para ganarse el pan (…)                                                                     Papa Francisco, La alegría del Evangelio, 197

En la serena contemplación del proyecto de Dios, les propongo que repasemos juntos nuestra vida eclesial diocesana, apenas concluido el Año Catequístico. En él hemos querido buscar la voluntad del Señor para esta Iglesia particular, discípula y misionera de Dios en La Rioja a lo largo de estos ochenta años cargados de vida y misión.

La reciente Asamblea diocesana nos ha ayudado a identificar aquellos aspectos que necesitamos trabajar para dinamizar nuestra tarea evangelizadora y avanzar en la preparación de un Plan Pastoral diocesano, para alcanzar en clave de misión la ansiada conversión pastoral y profundizar la formación para la vida cristiana y los ministerios en la comunidad eclesial y la sociedad, para ser una Iglesia misionera, “en salida”, “madre y pastora”, “hospital de campaña” y “casa de todos”, como nos propone el Papa Francisco.

  1. En Adviento, conversión personal y pastoral

En este tiempo, los pesebres familiares y las celebraciones vivientes del misterio de la Navidad, se hacen presentes en nuestras casas y comunidades. De esta manera expresamos con sencillez y familiaridad la venida de Jesús. Nos conectamos con nuestro niño interior y nuestra mirada se posa en cada personaje hasta llegar a la cuna todavía vacía.

Jesús llama a las puertas de nuestro corazón para invitarnos a dialogar, a buscar nuevos rumbos, a tomar decisiones importantes y sobre todo, a reconciliarnos con Él, con los hermanos y con nosotros mismos.  Por esto, Adviento es un camino hacia la propia conversión. El niño Jesús viene a rescatarnos del aislamiento espiritual, la vanidad de nuestras omnipotencias, la fragilidad de nuestros proyectos y las consecuencias de nuestro actuar. Por eso, es muy importante que los sacerdotes destinemos tiempos especiales para recibir el deseo de reconciliación de los fieles de nuestras comunidades, expresando la ternura y la misericordia del Buen Pastor, nuestro Niño Alcalde. Dejarnos encontrar para celebrar el perdón de Dios que no se ahorra para llegar al corazón de su gente, expresa el valor, la riqueza de nuestro ministerio derramado “en favor de los hombres” (Hebreos 5,1).

A los distintos grupos e instituciones de las parroquias y comunidades, les pido que destinen algún tiempo a reflexionar los aportes de la Asamblea. Los delegados tienen las iluminaciones y serán sin duda los mejores trasmisores de esta importante experiencia que hemos vivido. Antes de planificar actividades y tareas para el 2015, es necesario que con sus sacerdotes y responsables, imaginen pasos a dar para hacer más accesibles las propuestas y servicios que se ofrecen, que revisen los modos de invitar y abrir las puertas de las comunidades y que se animen a poner lo mejor de Uds. mismos, como diría Pablo “hacerse todo para todos” (1 Corintios 9,23) para ganar a los hermanos. La tan ansiada conversión pastoral comienza por renovar nuestra capacidad de relacionarnos y dar a nuestros vínculos arraigados en el amor extraordinario del Señor, la mayor importancia.  Así, el Adviento será la puerta de una verdadera, de una feliz Navidad.

 

  1. Adviento y formación

En Adviento, en el contexto del espíritu navideño que comienza a habitarnos,  nos acercamos a la Palabra para que ella nos ilumine y nos abra el camino al Señor. Con Isaías y el Bautista, con María y José, estemos atentos a los signos que nos hablan de Jesús que viene para darnos vida nueva y hacernos capaces de mayor encuentro y comunión.

Pero además de ese tan importante y necesario crecimiento interior a la luz de la Palabra, nuestra misión en la comunidad cristiana y en la sociedad, nos pide profundizar la formación para el servicio. En la Asamblea y sus instancias preparatorias en parroquias y decanatos, se ha pedido precisamente, asegurar en la Diócesis aquellos instrumentos de formación en vistas al ejercicio de servicios y ministerios eclesiales: Catequistas, Servidores de la Caridad y del Alivio, Animadores de la Comunidad y de la Liturgia, Misioneros,  Secretarias y Secretarios Parroquiales, entre otros.

Una Iglesia toda ministerial abre puertas, incorpora, busca los modos de llegar a los que están lejos o se quedaron afuera. Los próximos meses comenzaremos a discernir cómo implementar las propuestas de la Asamblea en relación con la formación de los agentes de pastoral. El itinerario ya iniciado por algunos hermanos hacia el diaconado permanente, es una verdadera señal navideña. Como Jesús que viene a nosotros, “despojándose a sí mismo, haciéndose nuestro servidor” (Filipenses 2,7), quienes desean un día recibir el diaconado permanente, saben que no se trata de un honor sino de un servicio bien comprometido y abnegado.  No se trata de puestos ni cargos sino de asumir para toda la vida la hermosa misión de amar sirviendo en la Iglesia.

Mirando el pesebre de Belén, pidamos a Jesús dejar de lado todo cuanto obstaculice nuestro crecimiento como creyentes y servidores de una Iglesia que “existe para evangelizar” (Evangelii nuntiandi, 14)

 

  1. Adviento y misión

Somos portadores de una Buena Noticia para nuestro Pueblo. Como cristianos en La Rioja, no podemos descuidar nuestra tarea esencial de anunciar a Jesucristo que viene, no solamente de palabra y en ambientes religiosos, sino también con nuestras vidas y opciones, en las periferias existenciales.

A veces perdemos el entusiasmo por la misión al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno. Cuando se logra expresar adecuadamente y con belleza el contenido esencial del Evangelio, seguramente ese mensaje hablará a las búsquedas más hondas de los corazones.                                                                                                                                                      Papa Francisco, La alegría del Evangelio, 265

En este tiempo, los grupos, instituciones y movimientos procuren visitar familias y comunidades alejadas de nuestras parroquias, para comunicar con entusiasmo la Buena Noticia de la venida del Señor. Aquellos parajes más distantes, a veces sin capilla, con su decena de casitas y sus changuitos atentos a los visitantes, nos esperan.

Un lugar de misión siempre exigente es el propio hogar. ¿Qué tal si aprovechando el encuentro de cada domingo, prolongamos la sobremesa compartiendo lo que escuchamos en misa o buscamos algún ratito en la semana para leer en familia, junto al pesebre, el evangelio del día?  Armar el pesebre con los chicos puede ser una importante ocasión misionera, la oportunidad para una catequesis que durará toda la vida.

En particular quiero invitar a los jóvenes de nuestros grupos a que se animen a proponer el mensaje de la Navidad a los demás muchachos y chicas, aquellos que están en las esquinas o sentados en el umbral de sus casas. “¿Cómo puedo entender si nadie me explica?” (Hechos 8,31) podrían decirnos verdaderas muchedumbres que todavía no se han encontrado con Dios. Atravesados por la urgencia de proclamar a Jesucristo, presentemos su mensaje con audacia, sencillez y afecto. “¡Alégrate mucho, grita de júbilo que viene tu Rey justo y victorioso!” (Zacarías 9,9). Así podremos renovar la realidad a la medida del proyecto de Dios, generoso y fecundo.

                  Queridos hermanos: Viene Jesús. Levantemos la cabeza, renovemos el corazón, juntémonos para celebrar la Vida Nueva que nos trae el Niño que nace. Dejémonos encontrar por Él y los hermanos. San Nicolás, el Santo de la Navidad y la Providencia, nos ayude. Los abrazo fuerte y los bendigo en nombre de Jesús, nuestro Buen Pastor.

                                                                                           La Rioja, 28 de noviembre de 2014.

+ Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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