PRESENTACIÓN DEL MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO EN LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ (1° enero de 2015) “NO ESCLAVOS, SINO HERMANOS”

Papa Francisco pensando

Circular Nro. 41/2014

A toda la comunidad diocesana y a la opinión pública en general

A todos los hombres y mujeres de buena voluntad

 

 

Mis queridos hermanos,

En el comienzo de cada año la Iglesia nos invita a reflexionar y rezar por la Paz en una Jornada Mundial junto a todos los hombres de buena voluntad. Este año el Santo Padre nos propone la fraternidad como una dimensión esencial de la vida de los hombres, querida por Dios Padre Creador, conquistada por la sangre de Cristo, nuestro Hermano. La esclavitud, en cambio, denigra nuestra dignidad, reduciendo a las personas a ser mercancías. De allí el título “No esclavos sino hermanos.”

Deseo invitarlos a leer el Mensaje del Santo Padre Francisco quien nos propone afrontar y superar con coraje y decisión los nuevos rostros de la esclavitud: la precariedad laboral, el trabajo infantil, la difícil situación de los emigrantes, abusados en muchos casos por su peculiar situación, la trata de personas con fines de explotación sexual, la falta de libertad de la mujer en la elección del estado de vida y la persona del cónyuge, el tráfico y comercialización de adultos y niños para la extracción de órganos, para su reclutamiento como soldados, para la mendicidad, para la producción o venta de drogas, o formas encubiertas de adopción internacional, los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las niñas y mujeres, como esclavas sexuales o vendidos varias veces, torturados, mutilados o asesinados. El nro. 3 del Mensaje papal aborda estos tópicos, reclama nuestra lectura atenta y una enérgica actuación de los cristianos.

El Papa Francisco se adentra en las causas de la persistencia de este fenómeno denigrante del hombre libre:  La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, privada de la libertad, mercantilizada, reducida a ser propiedad de otro, con la fuerza, el engaño o la constricción física o psicológica; es tratada como un medio y no como un fin (…) la pobreza, al subdesarrollo y a la exclusión, especialmente cuando se combinan con la falta de acceso a la educación o con una realidad caracterizada por las escasas, por no decir inexistentes, oportunidades de trabajo (…) la corrupción de los intermediarios, de algunos miembros de las fuerzas del orden o de otros agentes estatales, o de diferentes instituciones, civiles y militares. Esto sucede cuando al centro de un sistema económico está el dios dinero y no el hombre, la persona humana (…)” (nro. 4)

Las palabras del Santo Padre nos comprometen personal y comunitariamente a fin de enfrentar este terrible flagelo que nos lleva a desconocer en el otro al hermano que Dios nos ha dado, condenando a verdaderas muchedumbres a vivir en situaciones de inhumana explotación.

Luego de destacar el trabajo valiente y laborioso de concientización y solidaridad activa frente a este drama,  de numerosos cristianos en forma personal o como miembros de asociaciones o institutos de vida consagrada, urge a los Estados, a los organismos intergubernamentales, a los empresarios y a los organismos de la sociedad civil, a tomar su propio lugar de lucha para erradicar la esclavitud en todas las formas descriptas. Vencer cualquier forma de complicidad, pasividad o negligencia es la consigna para estos señalados destinatarios del Mensaje.

Nos queda a todos la urgencia de globalizar la fraternidad, haciendo extensivos a todos los pueblos y culturas el mensaje del respeto por la dignidad del otro como hermano, y desterrar para siempre cualquier forma de esclavitud o indiferencia en esta materia. El “esto no lo vas a cambiar nunca, siempre fue así” no puede ser parte de nuestra respuesta. Antes bien, debemos dejar de lado este conformismo que nos hace cómplices y permite que se alargue en el tiempo cuanto se opone al plan de Dios, un plan de amor que nos dignifica haciéndonos hijos suyos y hermanos de todos.

El Tinkunaco que año a año celebramos convencidos de nuestra fraternidad humana más allá de toda diferencia circunstancial, compromete nuestras mejores energías al servicio del Reino, presente entre nosotros en Jesús, nuestro Niño Dios vestido de alcalde, y en nuestros vínculos de hermanos hechos a imagen y semejanza de Dios.

Los abrazo fuerte con mi bendición de padre y pastor.

La Rioja, 22 de diciembre de 2014.

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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