CARTA PASTORAL DE CUARESMA 2015

“Fortalezcan sus corazones…”  Carta de Santiago 5,8

Queridos hermanos y hermanas,

En la cercanía de una nueva Cuaresma, deseo llegar a Uds. para saludarlos y animarlos a vivir este tiempo de la Iglesia como una oportunidad para el crecimiento personal y comunitario en el seguimiento del Señor Jesús. El Mensaje del Santo Padre que deseo presentarles, nos invita a recorrer provechosamente este itinerario penitencial.En esta perspectiva, el ayuno, la oración y la solidaridad nos ayudan a concentrarnos en lo esencial de nuestra vida de fe.

En la Cuaresma, tiempo de gracia y purificación,ponemos la mirada en Jesucristo, “el iniciador y consumador de nuestra fe” (Hebreos 12,2) y desde Él asumimos nuestra vida, convirtiéndonos y encaminándonos decididamente hacia su proyecto de amor. En las luces y sombras de nuestras existencias, Cristo siempre ilumina nuestro andar de peregrinos para que no nos desanimemos con nuestras oscuridades, vacilaciones y ambigüedades. Sólo Él puede fortalecernos en plenitud para dar y darnos de verdad. De Cristo recibimos aquel perdón que nos hace nuevos y nos ayuda a vivir con misericordia las debilidades de los demás. Por eso, la Cuaresma es un tiempo de reconciliación y “para formar el corazón” (Papa Benedicto, Encíclica Dios es caridad, 31)

El Papa Francisco nos impulsa a superar toda forma de indiferencia para no desentendernos del hermano, del que sufre, del que está atravesando un mal momento. Además de esa indiferencia personal, el Santo Padre describe aquella indiferencia globalizada en la cual el desentendimiento y la frialdad dejan en la miseria y el dolor a los pueblos más pobres.

El encierro en uno mismo entendido como repliegue y desentendimiento de la vida de los demás nos pierde y aleja. La oración encarnada y comprometida así como la solidaridad expresada en gestos concretos, nos vuelven al centro del corazón de Cristo y de su Iglesia. Por eso es necesario pasar desde el Mensaje del Papa a la vida de nuestras propias comunidades en este tiempo en que también afrontamos la programación pastoral del año, para mirar a nuestras Cáritas parroquiales, cuidar de las familias heridas y abrirnos a las urgencias del mundo de los jóvenes.

  1. Mirar a nuestras Cáritas parroquiales

La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.       Papa Francisco, Mensaje Cuaresma 2015, n. 3

 

Es necesario evaluar el funcionamiento de nuestros equipos de Cáritas allí donde están y actúan o constituirlos donde no se tienen. Si bien hay acciones que corresponden al Estado en sus distintos ámbitos de actuación, como comunidad eclesial no podemos desentendernos de quien en su necesidad nos pide alimento, algo de ropa o ayuda material para salir del paso o para afrontar una emergencia.

Renovar nuestra respuesta exige la formación de voluntarios preparados para recibir a los hermanos necesitados y ayudarlos según nuestras posibilidades, orientándolos hacia salidas más estables y completas. Agradezco todo lo que Cáritas diocesana viene haciendo al respecto. Pido a las parroquias que no tienen organizado su equipo de Cáritas, a dar este paso tan necesario.

  1. Cuidar de las familias heridas.

Cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.                                                 Papa Francisco,Mensaje Cuaresma 2015, n. 3

 

El año pasado hemos vivido un tiempo de intensa reflexión en torno a la atención pastoral de las familias. Después de consultar a todas las diócesis del mundo, el Sínodo extraordinario nos ha dejado la misión de recrear caminos y servicios eclesiales para atender la situación de las familias en dificultad. El Nº. 44 nos pide con firmeza: Cuando los esposos experimentan problemas en sus relaciones, deben poder contar con la ayuda y el acompañamiento de la Iglesia.”

Deberíamos preparar a nuestras secretarias parroquiales para la escucha atenta de las personas que se acercan a nosotros para pedir un sacramento o alguna ayuda espiritual, a fin de que sean puentes eficaces que las acerquen a los sacerdotes. También es importante que procuremos la formación de los catequistas en vistas a recibir a las familias de los niños y jóvenes de catequesis, ya que éste es un ámbito donde frecuentemente el diálogo sobre la vida de las familias se revela espontáneo y muy fecundo.

Todas estas posibilidades de encuentro son espacios muy ricos y evangelizadores cuando con humildad y respeto nos acercamos a esas historias de vida para sostener la esperanza y animar la reconciliación entre esposos o entre padres e hijos. Al respecto, el Nº 46 de la Relación post Sinodal especifica con palabras del Papa Francisco: “Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana» (Evangelii Gaudium,169).”

Invito a las parroquias, comunidades eclesiales y movimientos, a trabajar en esta Cuaresma sus propias iniciativas para salir al encuentro de estas familias heridas o en dificultad. En diálogo con su párroco o responsable de comunidad, les pido que se propongan para este año diferentes espacios para involucrar a las familias en dificultad en las actividades, celebraciones y grupos.

  1. Abrirnos a las urgencias del mundo de los jóvenes.

En la lógica de este mundo, los que Jesús proclama bienaventurados son considerados “perdedores”, débiles. En cambio, son exaltados el éxito a toda costa, el bienestar, la arrogancia del poder, la afirmación de sí mismo en perjuicio de los demás. Queridos jóvenes, Jesús nos pide que respondamos a su propuesta de vida, que decidamos cuál es el camino que queremos recorrer para llegar a la verdadera alegría. Se trata de un gran desafío para la fe. Jesús no tuvo miedo de preguntar a sus discípulos si querían seguirle de verdad o si preferían irse por otros caminos (cf. Jn 6,67).                                               Papa Francisco, Mensaje de la Jornada Mundial de la Juventud 2014

 

En mi Mensaje a la Comunidad al finalizar la procesión de San Nicolás del 1º de enero, expresaba la necesidad de que los adultos respaldemos con nuestras propias elecciones morales y nuestros ejemplos, la importancia de la dignidad que da el trabajo y el esfuerzo personal ya que comprometen las capacidades que Dios nos dio para asociarnos a su obra creadora. Aportar al desarrollo de una cultura del trabajo, aún con las limitaciones de la realidad, es una tarea educativa nos compromete como adultos, en nuestra calidad de padres, educadores, sacerdotes, trabajadores, empresarios o gobernantes.

Mucho se ha dicho en este tiempo del alarmante problema de las adicciones en el mundo juvenil. Solemos referirnos especialmente a la droga y al alcohol. No olvidemos tampoco las terribles consecuencias de la ludopatía y el consumismo. Evidentemente nos enfrentamos a fenómenos globales con responsables concretos, con personas e intereses que se benefician en su condición de mercaderes de la muerte. No podemos ser ingenuos en esto; menos, desentendernos o sustraernos de nuestro propio aporte al bien común.

Si la Cuaresma es un tiempo para formar el corazón, les propongo que busquemos reforzar en nuestras comunidades espacios formativos para dialogar sobre esta temática con realismo y esperanza. Nada podremos hacer con un lenguaje rígido o desde una pretendida superioridad. Por el contrario, buscar entender lo que piensan y sufren los jóvenes y sus familias es el punto de partida más adecuado para acompañar y sostener la vida amenazada.

Por eso, necesitamos crear en nuestra diócesis otros espacios similares a la Fazenda Esperanza que tanto bien hace para recibir y contener a aquellos jóvenes que desean renovar sus vidas, rechazando con coraje y perseverancia la muerte. Y sobre todo, procuremos fortalecer los canales de comunicación en nuestras familias y comunidades, en nuestros colegios e instituciones para que el diálogo permita anticiparnos al aislamiento y el vacío que experimentan nuestros jóvenes, agravados en muchos casos por la incertidumbre sobre su futuro y sobre su propia capacidad para afrontarlo.

 

Queridos hermanos, ¡feliz Cuaresma, tiempo de Dios para el hombre, tiempo de la Iglesia y de cada creyente! De la mano de nuestra Madre la Virgen, dulce testigo de nuestras horas difíciles, caminemos hacia la Pascua de su Hijo Jesucristo, nuestro Hermano y Salvador.

La Rioja, 10 de febrero de 2015.-

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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