HOMILÍA EN LA ORDENACIÓN SACERDOTAL DE ROQUE ARTURO CARABAJAL (Iglesia y Santuario de San Nicolás, La Rioja, 6 de marzo de 2015)

2015-03 Ordenación de Arturo

Mis queridos hermanos,

          Con gran alegría hemos venido a acompañar a nuestro hermano Arturo que recibirá la ordenación sacerdotal por la imposición de las manos y la oración de consagración. Quedan atrás los años de preparación para el ministerio en el Seminario y asoma el horizonte de la entrega: el Pueblo de Dios al que el Señor te envía para servir y amar. Para nuestra Diócesis de La Rioja es un momento de honda gratitud a Jesús, el buen Pastor, que viene a nuestro encuentro en este acontecimiento que anticipa el júbilo pascual.

          La primera lectura nos presenta al Apóstol Pablo junto a los presbíteros de Corinto. Viven un momento de honda emoción que precede a su partida. Luego de tres años de trabajo para formar la comunidad, invita al grupo de sacerdotes que quedan a cargo de ella, a fortalecer la esperanza de su pueblo, anunciando el Evangelio del Reino y cuidándose de divisiones estériles, poniendo todo el corazón y las propias energías apostólicas al servicio de su crecimiento.

          En el presbiterio riojano al que te integrás, deberás ser artífice de aquella comunión imprescindible que haga creíble la fe que nos anima, unidad que nacerá del diálogo frecuente y la amistad fraterna que estás llamado a cultivar con tus hermanos sacerdotes.

          En el Evangelio vemos a Jesús recorriendo pueblos y ciudades llegando a los pobres, enfermos y afligidos, proclamando la Buena Noticia del Reino. “Toda la vida de Jesús, su forma de tratar a los pobres, sus gestos, su coherencia, su generosidad cotidiana y sencilla, y finalmente su entrega total, todo es precioso y le habla a la propia vida. Cada vez que uno vuelve a descubrirlo, se convence de que eso mismo es lo que los demás necesitan, aunque no lo reconozcan” (Evangelii gaudium, 265).

           La Iglesia “en salida” de la que nos habla el Papa Francisco encuentra en el Señor y su estilo cercano, desinstalado y sensible, inspiración permanente para nuestra misión de anunciarlo. Ministro, servidor, de esa Iglesia “Casa de todos”, “Madre y Pastora”, “Hospital de campaña”, lejos de quedarte a la espera de los que vienen o limitarte a los cercanos, a los que están siempre, deberás buscar las nuevas periferias de este tiempo, allí donde viven los que se han quedado en las encrucijadas de la vida, los que no llegan porque nadie los invita, los que habitan los nuevos barrios y asentamientos que surgen aquí y allá, los necesitados de una palabra que les dé esperanza y aliento.

           En los próximos días nos estará visitando la Cruz de los Jóvenes, bendecida por el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro. De mano en mano, de joven a joven, desde los lugares más lejanos de la Patria viene a nuestro encuentro el signo de la Pasión de Cristo. Además de la animación de la evangelización y la celebración de los sacramentos, no dejes de prestar atención a aquellas realidades que hoy nos piden presencia y dedicación efectiva como expresión concreta de la compasión del Señor con algunas cruces de nuestro tiempo: jóvenes sin horizonte, víctimas en muchos casos de adicciones y violencia de género; hogares en dificultad, sin vivienda, heridos en sus vínculos o sin trabajo estable en sus miembros. También nuestra diócesis está atravesada por esas cruces tan significativas frente a las que no podrás distraerte ni ser indiferente a la hora de estar a mano de quienes te busquen y en vos, a través tuyo, al mismo Cristo servidor. Portador de una buena noticia, la del feliz triunfo del Amor Resucitado, les partirás el Pan de Vida, encendiendo en sus corazones aquella esperanza que no defrauda y lleva a la comunión de voluntades para nacer en la solidaridad de quienes siguen al Maestro y no se quedan ajenos a la vida de los hermanos.

              Querido Arturo, como obispo y padre, te recibo con afecto y entusiasmo. Habíamos esperado mucho tiempo este momento, tan importante para vos y nuestra Iglesia particular de La Rioja. Agradezco al Seminario de San Juan “Nuestra Señora de Guadalupe”, cuyo Rector y formadores, están hoy entre nosotros, por ese gran servicio de formar a nuestros seminaristas. En esa querida institución Arturo vivió estos años preparándose para servir al Pueblo de Dios.

           Jesús, nuestro Niño Alcalde, te bendiga y te sostenga con su gracia. Que San Nicolás, padre de los pobres, te ayude a donarte con generosidad en nuestra querida diócesis y de la mano de la Virgen María, transites los senderos de tu entrega sacerdotal.

La Rioja, 6 de marzo de 2015.

 +Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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