MENSAJE EN LA FIESTA DE INVIERNO DE SAN NICOLÁS (LA RIOJA, BASÍLICA Y SANTUARIO DE SAN NICOLÁS, 5 DE JULIO DE 2015)

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Queridos hermanos,

Celebramos con alegría la fiesta de nuestro Padre San Nicolás, amigo de Jesús, su testigo en nuestra tierra riojana; cantamos y rezamos desde la fe que nos invita a celebrar a Dios vivo en medio de su Pueblo, reconocerlo en nuestros hermanos, principalmente los más pobres, y anunciarlo con el testimonio de nuestra vida.

  1. Año 2015, un año muy especial.

Este año en particular, nuestra peregrinación ha tenido diversas intenciones: la oración por el Sínodo de Obispos en que se tratará el tema de la familia, por la vida consagrada cuyo Año estamos transitando, por la próxima visita pastoral que comenzaré en el Oeste riojano a partir del mes de setiembre, por la recepción e implementación de las orientaciones del Papa Francisco en materia de pastoral social y cuidado del medio ambiente y especialmente, por las elecciones que hoy han tenido lugar entre nosotros y que deseamos fervorosamente hayan sido un espacio de protagonismo del ciudadano libre y responsable.

Traemos en nuestro canto y oración las súplicas y la gratitud de tantos hermanos que no han podido participar por motivo de las elecciones provinciales. Por ese misterio maravilloso y desafiante que es la Iglesia comunión, no falta nadie porque cada persona, cada familia, cada sector de la sociedad, es importante para la Iglesia peregrina en La Rioja. Por eso, la entera diócesis ha sido constituida en un único santuario de San Nicolás quien intercede para que nuestra provincia sea cada vez más la Casa de todos y todas, la mesa común de los riojanos, el espacio vital donde ser felices sin exclusiones, en justicia y dignidad, en libertad y con la plena vigencia de todos los derechos humanos.

  1. Año de la Misericordia

En el año centenario de la consagración de nuestra Iglesia catedral, hemos querido celebrar la Novena en la perspectiva del Año de la Misericordia que está por comenzar. Dios nos invita a acercarnos a Él para vivir en su presencia.

Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado.                                                  Francisco, Bula Misericordia Vultus, n. 2

El Papa nos anuncia el comienzo del Año de la Misericordia a los cincuenta años de la clausura del Concilio Vaticano II.

Los Padres reunidos en el Concilio habían percibido intensamente, como un verdadero soplo del Espíritu, la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible. Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización de siempre. Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe. La Iglesia sentía la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre.                                                                                               Francisco, Bula Misericordia Vultus, n. 4

 

  1. Dios quiere dejarse encontrar

He aquí nuestra misión, bella y desafiante: Proclamar el Evangelio de Jesucristo a nuestro Pueblo. No se habla de Dios desde el miedo o desde las calamidades, al margen de los grandes problemas que afectan a los hombres. Se lo anuncia con la convicción de que su amor es más grande que nuestros límites y dificultades. Lo hacemos comprometidos con la transformación de la realidad que juzgamos necesaria para hacerla más humana y más digna de los hijos de Dios.

Frente a un mundo angustiado por sus fracasos e impotencias, por su incapacidad de desterrar las desigualdades monstruosas y aparentemente insuperables, nosotros somos hombres y mujeres de esperanza. Nuestra esperanza no es un slogan comercial ni una propuesta alienante y tranquilizadora. Tiene nombre: Es Jesús de Nazaret, el Señor, el Salvador, el Hermano de todos, el Crucificado que ha resucitado derrotando para siempre toda frustración e incapacidad de los hombres para alcanzar a Dios.

La presencia de Dios acompaña las búsquedas sinceras que personas y grupos realizan para encontrar apoyo y sentido a sus vidas. Él vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero, aunque lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa.

Francisco, Evangelii Gaudium n. 71

Mis queridos riojanos,

Seamos testigos fervientes de esa presencia de Dios entre nosotros, aquí en La Rioja. Caminemos ante su mirada prodigándonos como sus discípulos misioneros.

¡Viva el Señor Jesús, nuestro Niño Alcalde y Buen Pastor!

¡Viva la Virgen, nuestra Madre del Valle, discípula del Señor!

¡Viva San Nicolás!

La Rioja, 5 de julio de 2015.

+ Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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