CARTA PARA PREPARAR LA VISITA PASTORAL DEL OBISPO AL OESTE RIOJANO “SAN NICOLÁS NOS TRAE LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO”

 

2014-12 Tinkunaco 1

 «Cercanía y compasión: así el Señor visita a su pueblo (…) Cuando Dios visita a su pueblo, le devuelve la esperanza. ¡Siempre!»                                                                         Francisco, Homilía en Santa Marta, 16.09.2014.

En la celebración de San Nicolás, el 1° de enero, anuncié la visita pastoral con la sagrada imagen de nuestro Santo Patrono. La vastedad de la diócesis, la diversidad y riqueza de sus comunidades, me animaban a iniciar este camino, decanato por decanato. Desde mi llegada en 2013 había escuchado de varios sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral, el deseo de recibir en las parroquias a nuestro Padre y Patrón tutelar. Por eso vi oportuno que San Nicolás me acompañara para acentuar el carácter jubilar de esta visita pastoral.

La comunicación con los párrocos y las distintas celebraciones, especialmente las fiestas patronales y las confirmaciones, son importantes ocasiones para apreciar el camino evangelizador y la vida sacramental de las parroquias y sus capillas así como las necesidades, fortalezas y desafíos que afrontan. Y esto requiere más tiempo de permanencia del obispo. La visita pastoral es un medio muy importante en la pedagogía de la Iglesia para que el obispo pueda alcanzar ese mayor y más preciso conocimiento.

En esta Carta Pastoral les compartiré algunos elementos que ayuden a comprender el sentido evangelizador de la visita pastoral, su tono jubilar y su relación con la vida de la Diócesis, para que ésta tenga aquel espíritu misionero que la lleve a compartir el Evangelio con todos los hombres, especialmente los más pobres y alejados, los que habitan las periferias existenciales de la exclusión, el dolor, la soledad o la indiferencia social.

  1. La salvación cristiana: Dios visita a los hombres.

“Con su revelación Dios invisible en su gran amor habla a los hombres como amigos y se detiene con ellos para invitarlos  y admitirlos a la comunión con Él.” (Concilio Vaticano II, Dei Verbum n.2) El encuentro y el diálogo de Dios con la humanidad, en vistas a la comunión, alcanzan su plenitud en la venida del Hijo de Dios, Jesucristo, que se encarna; pero ya los escritos del Antiguo Testamento, hablan de visita de Dios a la humanidad: “Ciertamente Dios vendrá a visitarnos” (Éxodo 13,19).

En las oraciones pedimos a Dios que nos visite: «Ven a visitar la viña que tu mano plantó» (Salmo 80,15b); «Recuérdame Señor por amor de tu pueblo, visítame con tu salvación » (Salmo 106,4). También los profetas usan la imagen de la visita para expresar la promesa de que Dios no olvida a su pueblo (Jer. 29,10b).

El Evangelio de Lucas celebra la venida de Cristo Salvador como una visita de Dios (Lc 1,68.78); en el mismo evangelio se expresa la admiración y alabanza del pueblo por las palabras y los gestos de Jesús. «Dios ha visitado a su pueblo» (Lc. 7,16b).

En la venida-visita del Espíritu Santo que el Padre y el Hijo nos derraman en Pentecostés, en la diversidad de orígenes y lenguas, los primeros cristianos se reconocen Pueblo de Dios en camino, peregrinos de un amor que no reconoce fronteras (Hch. 2,1-4).

  1. El significado de la visita pastoral en la Tradición de la Iglesia.

Dios viene a nuestro encuentro y nos habla al corazón. Para estar con nosotros, nos ha visitado de diversos modos y circunstancias. En Cristo, su Hijo muy amado, nos visitó de un modo pleno para anunciarnos su Reino (Gál. 4,4). La visita de Dios, como presencia de comunión y de salvación entre los hombres, culmina en la persona de su Hijo hecho hombre, fuente que inspira, alimenta y modela la visita de los apóstoles a las Iglesias.

La Iglesia desde los primeros tiempos ha prolongado históricamente esta visita de Dios asegurando por la misión los frutos de la entrega de Cristo, el Salvador. Como María, que apenas recibe el anuncio del ángel, visita a su prima Isabel para servirla (Lc. 1,39-56), la Iglesia lleva a todos los pueblos esa buena noticia.

El Libro de los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de Pablo testimonian la visita de los apóstoles a las comunidades para confirmarlos en la fe del bautismo recibido,  exhortarlos a su vivencia fiel y reforzar los distintos servicios y ministerios (Hch 14,21-23).

Pedro visita a las comunidades surgidas en Palestina. “La Iglesia estaba en paz en toda Judea, Galilea y Samaría: se consolidaba y caminaba en el temor del Señor y con la asistencia del Espíritu Santo, crecía en número” (Hch  9,31).

También Pablo, de regreso en Antioquía después de la Asamblea de Jerusalén, exhorta así a Bernabé: «Volvamos a visitar a los hermanos de todas las ciudades donde anunciamos la Palabra del Señor, para ver cómo están» (Hch 15,36). La visita del Apóstol es así oportunidad para interesarse por la vida de sus comunidades, aquéllas a las que previamente había presentado la Palabra de Dios. Evangelización y pastoreo, anuncio y compañía, paternidad que se ejerce en nombre de Dios.

  1. La Visita Pastoral en nuestra Diócesis, tiempo jubilar y evangelizador.

La Iglesia “nace de la acción evangelizadora de Jesús y de los Doce” (EN 15). Jesús evangeliza por medio de gestos y palabras. Y deja a los Apóstoles la tarea de continuar su misión (Hch 2,41ss) hasta hoy y hasta el fin de los tiempos. Como sucesor de los Apóstoles, deseo ser para Uds. “profeta, testigo y servidor de la esperanza” (1 Pe 3, 15). Mi visita tiene esa finalidad evangelizadora: Anunciarles que Dios nos manifestó su amor inmenso en Cristo muerto y resucitado (EG, 11). No sólo el obispo, sino cada cristiano, por el bautismo, está llamados a seguir al Señor en “la dulce y confortadora alegría de evangelizar” (EN, 80).

San Nicolás además de alegrarnos con su presencia, nos urge a testimoniar el gozo de formar parte del Pueblo de Dios. Nos recuerda que somos Iglesia, “pueblo peregrino y evangelizador” (EG 111). Su imagen nos enseña a entender el dinamismo evangelizador de la Iglesia y la misión del obispo.

El Evangelio en su mano es la Palabra que da Vida y abre el camino de fe. “El Evangelio es levadura que fermenta toda la masa y es ciudad que brilla en lo alto del monte iluminando a todos los pueblos. El Evangelio tiene un criterio de totalidad que le es inherente: no termina de ser Buena Noticia hasta que no es anunciado a todos, hasta que no fecunda y sana todas las dimensiones del hombre, y hasta que no integra a todos los hombres en la mesa del Reino.” (EG, 237).

El báculo remite a Jesús, buen Pastor, quien nos acompaña a través del ministerio del obispo, llamado a extender la Buena Noticia del Reino de Dios. “(…) a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.” (EG 31)

La visita pastoral es una ocasión para acompañar la misión de los sacerdotes y sus colaboradores e impulsar la respuesta de la comunidad según la invitación apremiante del Evangelio, las enseñanzas del Concilio Vaticano II y del Papa Francisco en la Exhortación Evangelii Gaudium y la Encíclica Laudato si´.

La natural y comprensible diversidad de comunidades, constituyen la riqueza y la  oportunidad para crecer en comunión evangelizadora y discernir juntos cómo ayudarnos en las dificultades y carencias. “Los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!” (n. 109 Evangelii Gaudium).

  1. Los grandes temas para reflexionar durante la visita pastoral.

En estos días de visita pastoral a pueblos y ciudades, deseo abordar algunos temas centrales de nuestra experiencia de creyentes y peregrinos que reconocen en Jesús y su mensaje, la inspiración y a su vez, la meta. Si bien el tiempo puede resultar insuficiente, dada la enorme riqueza y profundidad espiritual del pueblo riojano, sensible y ávido de las cosas de Dios, estamos en el comienzo de un camino que recorreremos juntos, pueblo y pastor, a fin de reflexionar qué nos pide el Señor a través de su Palabra y de la realidad con sus signos y exigencias.

“Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación.” (EG, n. 27) Los temas que quiero reflexionar especialmente son: El cuidado de la vida de nuestras familias (pastoral familiar), catequesis y pastoral bíblica, la vida de jóvenes (pastoral juvenil y vocacional), la renovación-conversión pastoral de nuestras comunidades (instancias parroquiales de comunión y participación; vocación, formación y desempeño de ministerios laicales), la animación de la solidaridad y el compromiso con la Casa común (Cáritas y pastoral social en sus distintas posibilidades). Les agrego en cada caso algunos textos Evangelii Gaudium que sirvan como referencia para algún encuentro de preparación y para utilizar las celebraciones litúrgicas que puedan darse en ese marco.

a) La vida de nuestras familias (nn. 66; 211-214 EG).

En octubre tendrá lugar en Roma, la celebración del Sínodo convocado por el Papa Francisco para reflexionar sobre la familia. Acompañemos este importante acontecimiento de la Iglesia con nuestra oración. En la visita pastoral tendremos tiempo para ver cómo estamos llegando a las familias de nuestras parroquias y comunidades, especialmente las más pobres, para cuidar su fragilidad y fortalecer aquellas que vacilan. En algunas de las celebraciones, deseo que podamos tener un espacio para la bendición de las familias o poner algún signo que les exprese nuestro amor eclesial.

b) Catequesis y pastoral bíblica (nn. 163-168; 174-175 EG)

La animación de la trasmisión de la fe en los distintos grupos y niveles es una misión de la comunidad bajo la guía del párroco. La vocación del catequista es un maravilloso llamado nacido en el bautismo y crece en el marco más amplio de la vida comunitaria.

En esta generosa dedicación apostólica a niños, jóvenes, adultos, personas con capacidades especiales, etc., es muy importante fortalecer la formación permanente de los catequistas. En la visita, me encontraré con los catequistas para conocerlos y alentarlos a formarnos y buscar juntos nuevos caminos para llegar a los hermanos.

La pastoral bíblica hace nacer comunidades de vida en torno a la Palabra, anima la entrega y difusión del Libro de la Palabra de Dios (aprovechando el mes de setiembre, los grupos de catequesis, las misas dominicales o cursos bíblicos que siempre son muy bien recibidos) y orienta toda la actividad de la parroquia y comunidades. En la visita pastoral me gustaría conocer qué se está haciendo en este ámbito para imaginar y proponernos nuevos modos de llegar con la Biblia a las familias.

c) Pastoral juvenil y vocacional (nn. 105-107 EG).

Tenemos en nuestra Diócesis una activa participación de los jóvenes a través de las diferentes iniciativas de la Pastoral de Juventud integrada por animadores procedentes de las parroquias y comunidades. ¡Es una gran alegría y esperanza!

Pero el asedio al mundo juvenil con ofertas que lo dañan es un dato que no podemos ignorar distraídos. A nuestros jóvenes los están matando la droga, la violencia, el delito y dolorosamente, nuestra indiferencia. Como comunidad necesitamos plantearnos nuevas y más exigentes formas de presencia en el mundo juvenil de las periferias. En la visita pastoral deseo escuchar a los jóvenes de los grupos parroquiales para compartir este tema.

La Pastoral Vocacional presenta en nuestra diócesis el misterio de la vocación en distintos encuentros y jornadas (proyectos de vida y jornadas vocacionales). Agradezco el servicio de sus miembros. Si miramos la vastedad de nuestra diócesis y la necesidad de llegar a todos con servidores a tiempo pleno de la Buena Noticia del Reino de Dios, descubrimos la importancia de presentar la vocación al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada en sus distintas expresiones. Podríamos organizar un momento vocacional para jóvenes durante la visita pastoral. Aprovechemos el impulso misionero de la visita de San Nicolás, para dejarnos interpelar por el Señor que llama a lo largo de toda la vida (cfr. Mt.  20,1-16).

d) Renovación y conversión pastoral de las comunidades (nn. 25-33; 102 EG)

Nuestras comunidades han sido evangelizadas con pasión pero surgen desafíos propios de los tiempos actuales y podemos correr el riesgo de no alimentar la vida pastoral ordinaria con elementos que nos enriquezcan con la propuesta actual y siempre atrayente del Evangelio. Sería dramático que pasados los tiempos litúrgicos fuertes y las fiestas patronales, no pasara nada. Hablaría de comunidades abúlicas, sin signos vitales. Por eso necesitamos fortalecer nuestros espacios de discernimiento pastoral y replantearnos nuestras actitudes y el estilo con que vivimos la misión. En vez de buscarlos, salirles al encuentro, “primerearlos” como nos enseña el Papa Francisco, podríamos ser un obstáculo privándolos del Señor, apoltronados en nuestras falsas seguridades e inmovilismo.

El Consejo de Pastoral es un ámbito de comunión y participación en la búsqueda de lo que Dios pide a cada comunidad; el Consejo de Asuntos Económicos anima la gestión transparente y compartida de los recursos parroquiales así como su puesta en función del bien común. Ambas instancias ayudan a crecer en corresponsabilidad y comunión evangelizadora. Me reuniré con ellos para charlar sobre esa misión tan importante.

A los ministerios laicales ya existentes (lectores, acólitos, catequistas, servidores de Cáritas, ministros extraordinarios de la comunión, entre otros), se van añadiendo otros nuevos para actuar al interior de la Iglesia o de cara a la sociedad. Todo ministerio es un don de Dios para ser vivido en clave de servicio y no como el reconocimiento a un mérito personal.  Por eso es importante convocar a la participación de la vida de comunidad, formar para la comunión y  libertad de estériles prestigios humanos. De eso charlaremos en nuestra reunión con los Consejos parroquiales.

e) Solidaridad cristiana y cuidado de la Casa común (nn. 193-196; 199; 215 EG)

La solidaridad cristiana es una exigencia de la fe que nos anima. Un cristiano, una comunidad eclesial, dan razón con su caridad de ese Evangelio que está en su corazón. El modelo del buen samaritano sigue siendo para nosotros la mejor referencia.

Hacernos cargo del hermano caído en el camino, herido en la vida, sufriente, necesitado, es la respuesta de quien sigue a Jesús de Nazaret como su discípulo misionero.

“Cualquier comunidad de la Iglesia que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos.” (EG, n. 207)

Si Cáritas no funciona o ha pasado a ser un recuerdo de otros tiempos, debemos evaluar las razones. El dolor del hermano, su necesidad, me piden una respuesta a mí, a mi comunidad… Me alegran muchísimo las noticias que llegan de algunas de nuestras Cáritas parroquiales que están trabajando intensa y creativamente, arreglando su sede, organizando el voluntariado, generando nuevos espacios de participación. Los felicito y tendré oportunidad de confirmar el camino que van recorriendo. Porque en Cáritas se conjugan asistencia en la emergencia y promoción del hermano. Por eso, aprovecharé para dialogar sobre este servicio tan importante con aquellos que están a su cargo en cada comunidad visitada para alentarlos a que juntos cuidemos la vida de nuestros pobres.

  1. “No quiero verlos sólo de paso, sino que espero quedarme algún tiempo entre ustedes, si el Señor lo permite.” (1 Cor. 16,7)

Falta poco tiempo para comenzar la visita pastoral. Para mí es una hermosa posibilidad de conocerlos más y gustar del encuentro sobre todo con aquellas comunidades más alejadas, con aquellas familias que difícilmente llegan a las celebraciones por cuestión de distancia geográfica, de medios y posibilidades.

Sé que creceremos en nuestro camino de Iglesia diocesana y tendremos tiempo para compartir la vida que nos viene de Dios. Como les dije en la fiesta de San Nicolás, no los visita protocolarmente un funcionario religioso importante según el modelo de las instituciones humanas; el nuestro es el encuentro jubilar entre el Pueblo de Dios y su obispo, peregrino-misionero de parte del Señor. La compañía de San Nicolás quiere asegurar el espíritu que anima mi corazón en estas circunstancias.

Les pido que recemos unos por otros en este tiempo de inmediata preparación a la visita para que ella se desarrolle según lo proyectado, para que produzca muchos frutos de santidad comprometida con la justicia y la paz en nuestros pueblos, comunión audazmente evangelizadora y alegría de pertenecer a la Iglesia, “Pueblo de la memoria actualizada y siempre entregada” (Francisco, Homilía en Santa Cruz de la Sierra, 9 de julio de 2015).

En Jesús, el buen Pastor, los abrazo y bendigo. María, nuestra buena Madre del Valle, no nos suelte de su mano.

La Rioja, 15 de agosto de 2015, Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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