VIVAMOS EL MES DE LA BIBILIA EN NUESTRAS PARROQUIAS Y COMUNIDADES

  • A párrocos y responsables de comunidades de vida consagrada y movimientos eclesiales.
  • A catequistas de todas las áreas y niveles.
  • A religiosos, seminaristas y quienes se forman para el diaconado permanente y los miembros de las distintas comisiones diocesanas.

 Hijo de hombre, recibe en tu corazón y escucha atentamente todas las palabras que yo te diré.” (Ez, 3,10)

Jesús bíblia

Mis queridos hermanos,

Cada año les escribo para animarlos a vivir el Mes de la Biblia, una hermosa oportunidad que habita el calendario eclesial para recordarnos la importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida personal y comunitaria. Dios nos sale al encuentro para dirigirnos su Palabra y en la plenitud de los tiempos nos envía a su mismo Hijo, Palabra plena y eterna, para que acogiéndolo en nuestro corazón, vivamos (cfr. Hebreos 1,2).

La intensa vida religiosa de nuestras parroquias y comunidades no deben dejar de tener a lo largo del año y especialmente en este mes, un espacio dedicado a impulsar la lectura de la Biblia. En mi experiencia personal como sacerdote y como obispo, he visto la profunda renovación espiritual y pastoral que suscita en las comunidades la cercanía con la Palabra de Dios. Nuestro pueblo sencillo goza con su lectura y desea de corazón que aquellos que hemos recibido una formación que nos permitió conocer más sobre la Biblia, les ofrezcamos espacios para conocerla y encontrar la voluntad del Señor en ella: grupos o círculos bíblicos, lectura de la Palabra antes de las reuniones y encuentros catequísticos, entrega de la Biblia en los grupos de catequesis y en las celebraciones dominicales, etc.

Sacerdotes, religiosos y catequistas, nunca seremos dueños de esa Palabra de Vida, sino servidores capaces de invitar a otros a acercarse a ese manantial de gracia. Así nos lo enseña el Papa Francisco con su claridad característica. Lejos de una pretendida superioridad y soberbia, la Palabra de Dios nos invita a sentirnos humildes colaboradores de Cristo, nunca proclamadores de nosotros mismos.

Seamos pues, portadores de una Buena Nueva que antes ha cautivado nuestro propio corazón y nos ha hecho felices discípulos misioneros en su seguimiento:

“Jesús se irritaba frente a esos pretendidos maestros, muy exigentes con los demás, que enseñaban la Palabra de Dios, pero no se dejaban iluminar por ella: «Atan cargas pesadas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo» (Mt 23,4). El Apóstol Santiago exhortaba: «No os hagáis maestros muchos de vosotros, hermanos míos, sabiendo que tendremos un juicio más severo» (3,1). Quien quiera predicar, primero debe estar dispuesto a dejarse conmover por la Palabra y a hacerla carne en su existencia concreta. De esta manera, la predicación consistirá en esa actividad tan intensa y fecunda que es «comunicar a otros lo que uno ha contemplado». Por todo esto, antes de preparar concretamente lo que uno va a decir en la predicación, primero tiene que aceptar ser herido por esa Palabra que herirá a los demás, porque es una Palabra viva y eficaz, que como una espada, «penetra hasta la división del alma y el espíritu, articulaciones y médulas, y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón» (Hb 4,12). Esto tiene un valor pastoral. También en esta época la gente prefiere escuchar a los testigos: «tiene sed de autenticidad […] Exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos conocen y tratan familiarmente como si lo estuvieran viendo».”         Papa Francisco, Evangelii gaudium, n. 150

Queridos hermanos, los animo a ser apóstoles de la Palabra de Dios, multiplicándola en sus parroquias, comunidades y movimientos. Quienes se forman para el ministerio sacerdotal y diaconal estén urgidos a considerar la importancia de la Biblia en su propio itinerario educativo. Los catequistas no dejen de pedir a sus párrocos y responsables, los ayuden a formar su corazón en Ella. A quienes son responsables de grupos de oración, cualquiera sea su denominación, les ruego que superen la tentación de una oración rutinaria e intimista, iluminando sus encuentros con la Palabra de Dios. A todos los invito a buscar espacios para entregar la Palabra a los hermanos, preparándose con todo el corazón antes, animando la lectura de la Biblia en familia.

En setiembre, mientras visite con la imagen de San Nicolás el Decanato del Oeste, estaré estrechamente unido a Uds. en la cercanía e intimidad fraterna que la Buena Nueva del Reino nos trae.

Los abrazo y bendigo en Jesús, el buen Pastor.

 La Rioja, 28 de agosto de 2015, Memoria litúrgica de San Agustín

+Marcelo Daniel Colombo – Padre Obispo de La Rioja
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