En su misericordia, Dios nos viene al encuentro

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CARTA PASTORAL DE ADVIENTO

En su misericordia, Dios nos viene al encuentro

“Anuncia todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti.» (Mc. 5,19)

 Mis queridos hermanos y hermanas,

En pocos días comenzaremos a transitar el tiempo de Adviento que nos prepara a la Navidad en que Jesús vuelve a nacer en nuestras vidas, en nuestras familias y comunidades. En ese importante contexto espiritual, litúrgico y pastoral, el 8 de diciembre tendrá inicio el Año de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco “como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes.” (Misericordia vultus, 3). Nuestra espera tendrá más que nunca puesta su confianza en la Misericordia de Dios que viene a nosotros y se hace visible en el rostro, la vida y la entrega plena de su Hijo, el Señor Jesús.

“Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.” (Misericordia vultus, 2).

De esta manera, la Misericordia iluminará nuestros pasos en el camino del Adviento, orientándonos hacia el encuentro con Jesús que nace para salvarnos.

  1. Abramos nuestras vidas a Cristo.

El Año de la Misericordia comenzará con la apertura de una Puerta de la Misericordia, signo que replicaremos en todas las diócesis del mundo. Así, el Santo Padre en Roma y nosotros, aquí en La Rioja, expresaremos la necesidad de entrar en la presencia de Dios para dejarnos sanar por su amor que siempre está naciendo en nuestras vidas cuando lo dejamos entrar.

En su respetuosa consideración de nuestra libertad, Dios no nos fuerza, no nos condiciona, no quiere actuar sin nuestro propio sí, llamado a parecerse a aquél sí de María, la discípula del Señor que inauguró un tiempo nuevo para todos los hombres.

El próximo 7 de diciembre, a las 20 hs., en la Iglesia Catedral y Santuario San Nicolás, abriré en nuestra diócesis la Puerta de la Misericordia. Roguemos al Señor que este signo exterior sea un augurio de vida y esperanza para cuantos queremos dar testimonio de Jesús y su Reino bajo la mirada del Señor. A todos cuantos puedan participar, los invito a unirse en este solemne comienzo del Año de la Misericordia.

La fecundidad de nuestro Adviento nos pide que abramos nuestros corazones y nos prepararemos para recibir a Jesús. Muchas veces nos hemos cerrado al don de Dios. Por eso, volvamos a su Palabra, manantial fresco y vibrante para nuestra vida, tendamos nuestra mano solidaria y fraterna a quien nos necesita, y acerquémonos a la reconciliación sacramental que nos devuelva eficazmente una amistad sanada y plena con el Señor. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona.”  (Misericordia vultus, 3)

  1. La familia, pesebre donde viene a nacer el Señor.

Este año tuvo lugar el Sínodo sobre la vida y la misión de la familia, recientemente concluido. El Papa Francisco nos ha invitado a considerar la importancia de la familia en relación con la vida y la fe de quienes la forman. Asolada por tantas dificultades y fragilidades que la ponen a prueba amenazando su vitalidad, la familia es el lugar del amor prodigado y trasmitido de generación en generación. También el pesebre de Belén, precario y limitado materialmente, cobijó la vida nueva que traía María en su vientre y contuvo el frío y la intemperie amenazantes para Jesús, María y José.

“Sigamos por el camino que el Señor desea. Pidámosle a él una mirada sana y salvada, que sabe difundir luz porque recuerda el esplendor que la ha iluminado. Sin dejarnos ofuscar nunca por el pesimismo y por el pecado, busquemos y veamos la gloria de Dios que resplandece en el hombre viviente” (Papa Francisco, Homilía en la clausura del Sínodo de la Familia).

Llamados a la Vida, renovemos en este Adviento la mirada sobre nuestros vínculos familiares, valorando cuanto el Señor nos ha confiado a través de ellos ya que en la familia nacimos y nos formamos, desde ella hemos dado los primeros pasos en el camino de la fe hacia el encuentro con el Señor y los hermanos, con la vida misma, don de Dios y tarea nuestra. Que podamos dejarnos reconciliar por el amor misericordioso del Señor para que se fortalezca nuestra familia, ese pesebre vital que Él nos ha confiado.

  1. La comunidad cristiana, Belén del hombre nuevo.

El camino hacia Belén fue para los esposos María y José un tiempo de prueba y de maduración para su amor, cercano el cumplimiento de la promesa de Dios. Aquella peregrinación llena de confidencias, de amor y confianza en el otro, habrá tenido que enfrentar la sed, el frío, el hambre y el miedo que hubieran podido mellar el ansia de la meta final. “Viene Jesús” se habrán dicho con cansancio y alegría, apurando el paso, alentándose, fortaleciéndose recíprocamente.

Deseamos con el Papa Francisco que “en este Año Jubilar la Iglesia se convierta en el eco de la Palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor. Nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente en el confortar y perdonar.” (Misericordia vultus, 25) Así queremos vivir nuestro Adviento, juntos, repechando los rigores del camino. Que nuestras comunidades sean espacios vitales que nos permitan experimentar la misericordia de Dios.  Como Belén, nos ayuden a ver a Jesús, buena nueva para hombres nuevos nacidos con Él.

Queridos hermanos y hermanas,

Les deseo un Adviento fecundo en el que podamos experimentar existencialmente la misericordia de Dios, reconciliándonos con Él y con los demás, transitando decididamente el camino que nos lleva al cumplimiento de la promesa, la Navidad del Dios con nosotros.

Confiemos nuestro andar peregrino a la Virgen María, Madre de la Misericordia. “La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor.” (Misericordia vultus, 24)

Los abrazo fuerte en Jesús, Dios con nosotros, nuestro Niño alcalde y buen Pastor. ¡Feliz Adviento para una muy bendecida Navidad!

La Rioja, 22 de noviembre de 2015, Solemnidad de Cristo Rey.

+ Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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