“Misericordiosos como el Padre” (Lucas 6,36) 

 

Cruz y puerta

HOMILÍA EN LA APERTURA DEL AÑO DE LA MISERICORDIA

Catedral de La Rioja, 7 de diciembre de 2015

 

Mis queridos hermanos,

En el camino hacia la Navidad, con la celebración de la solemnidad de nuestra Madre Inmaculada, comenzamos el Año de la Misericordia convocado por el Papa Francisco. “Esta fiesta litúrgica indica el modo de obrar de Dios desde los albores de nuestra historia. Después del pecado de Adán y Eva, Dios no quiso dejar la humanidad en soledad y a merced del mal. Por esto pensó y quiso a María santa e inmaculada en el amor (cfr. Ef. 1,4), para que fuese la Madre del Redentor del hombre. Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona.” (Misericordia vultus, 3). La Virgen María, Madre de Misericordia, nos acompaña en este paso tan significativo en la comunión con toda la Iglesia donde profundizamos nuestro deseo de responder a la invitación siempre apremiante del Señor a dejarnos encontrar y alcanzar por su amor.

“Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.” (Misericordia vultus, 2).

La solemne apertura de la Puerta de la Misericordia expresa nuestro deseo de abrir los corazones para recibir a Jesús que viene. Al entrar por esa puerta, queremos volver a su Palabra, manantial fresco y vibrante para nuestra vida, tender nuestra mano solidaria y fraterna a quien nos necesita, y acercarnos a una reconciliación plena con el Señor. Deseamos que “(…) en este Año Jubilar la Iglesia se convierta en el eco de la Palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor. Nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente en el confortar y perdonar.” (Misericordia vultus, 25)

Los santuarios diocesanos, en la ciudad de La Rioja, la Catedral San Nicolás y Nuestra Señora de la Merced, Santa Rita en Chilecito, Nuestra Señora de Polco, en Chamical y el Señor de la Peña, en Aimogasta, a los que peregrinamos frecuentemente, serán iglesias jubilares de la diócesis donde obtener las indulgencias plenarias según el espíritu de las prescripciones eclesiales que detallaremos oportunamente. Igualmente cada parroquia tendrá este carácter y alcance en su propia fiesta patronal.

Pido a los párrocos y animadores de comunidades y movimientos, que junto a sus colaboradores, concreten en la planificación pastoral del próximo año aquellos gestos que expresen la ternura misericordiosa de Dios que quiere alcanzarnos y hacernos hombres y mujeres nuevos: celebraciones comunitarias de la reconciliación, peregrinaciones a las iglesias jubilares más próximas, visitas de los grupos de catequesis a hogares de ancianos, hospitales y otros lugares de dolor, esperanza y misericordia eclesial.

En pocos días, se renovarán las autoridades a nivel municipal, provincial y nacional. Deseo encomendar al Señor esta etapa de nuestra institucionalidad democrática. Recemos para que quienes asuman la misión confiada por la voluntad popular, lo hagan con espíritu de servicio, entrega generosa al bien común y atención a la vida y las urgencias de los más pobres.

Que la Virgen inmaculada, testigo privilegiada del amor de Dios, de su ternura y fidelidad, acompañe nuestro andar peregrino. “La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor.” (Misericordia vultus, 24)

           + Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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