Homilías radiales de Mons. Angelelli – Mensaje de Navidad – La Rioja, Diciembre de 1970 .

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Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 1, Pág. 104 s
La Rioja, Diciembre de 1970
Mensaje de Navidad

Mis Hermanos y Amigos:
Cuando todo guardaba un profundo silencio, al llegar la noche al centro de su carrera, TU OMNIPOTENTE PALABRA, SEÑOR, bajó del cielo… Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITO ENTRE NOSOTROS… a quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres… Nos encontramos velando en oración para vivir con alegría el misterio del Nacimiento del Hijo de Dios… y el Niño fue envuelto en pañales y colocado en un pesebre… y unos pastores de la cercanía escuchaban este canto: “GLORIA A DIOS EN LOS CIELOS Y PAZ A LOS HOMBRES DE CORAZON RECTO…”
Qué hermosos son los pies del mensajero que anuncia la paz… que trae la Buena Nueva… que pregona la victoria de Nuestro Dios.
Mientras en nuestra Santa Iglesia Catedral, está celebrando la Eucaristía de esta Navidad, un presbítero de nuestra comunidad, y preside la asamblea cristiana en la Iglesia Madre de la Diócesis,
he querido elegir, este año, para celebrar la misa de esta NOCHEBUENA, este humilde Barrio de San Vicente, y por templo, el alero de este rancho. Estoy acompañado por cristianos vecinos de este lugar; desde aquí les hago llegar el saludo navideño. Desde esta sencilla mesa familiar; quiero esta noche unirme a todos ustedes, especialmente con quienes se encuentran más solos; quiero sentirme muy hermano con todo hombre de corazón recto que le dé acogida en su corazón a la verdadera Paz. También aquí, la Omnipotente Palabra de Dios, hecha carne en el Hijo de María la Virgen, se hará presente sacramental en la Eucaristía de esta noche convocándonos a vivir el amor a Dios y el amor a los hombres, nuestros hermanos. En estos bordos de San Vicente, suburbios de la ciudad de la Rioja, queremos vivir en la fe, lo que vivieron en la gruta de Belén, los sencillos pastores de la comarca, cercana también Belén a la ciudad de Jerusalén, donde no pudieron José y María, encontrar alojamiento.
Hermanos y amigos, ESCUCHEN…: esta Nochebuena nos convoca a todos los hombres del mundo entero, a deponer toda actitud que mate la paz y el amor entre los hombres. Se hacen treguas y cesa el fuego en los campos de batalla… porque hoy nace el AUTOR DE LA VIDA que destruye la muerte, el odio y toda forma de esclavitudes. Hoy los hogares necesitan encontrarse en torno a una mesa íntima y familiar. Los hombres nos saludamos augurándonos paz y felicidad y tratando de cortar las incomunicaciones entre hermanos. En los hogares, en las plazas, en los cruces de los caminos donde transitan los hombres, en los templos y en las vidrieras comerciales, en las ciudades y en el campo, reeditamos el pesebre de Belén. Colocamos estrellas en los lugares altos de nuestras ciudades, como signo de paz de anuncio de un gran acontecimiento de gozo y esperanza. Se oyen en todas partes los cantos navideños y el anuncio a los pastores: “Gloria a Dios en los cielos y paz a los hombres de corazón recto”. ¿Vivimos un simple recuerdo…?
¿Vivimos, actualizado en cada uno de nosotros, y en nuestra sociedad, el misterio del Dios Encarnado?
Amigos, dispongámonos a tener alma de niños para dar acogida en nuestro corazón al don de la paz, que en esta Nochebuena toma un nombre y se hace regalo para los hombres: JESUCRISTO, SALVADOR DE LOS HOMBRES. Porque si el cristiano cree en la fecundidad de la paz para llegar a la justicia, cree también que la justicia es una condición ineludible para la paz.
Ustedes que están alrededor de la mesa familiar…, amigos, les sugiero que no partan aún el pan; miren, ahí están sus hijos, no es sentimentalismo, mírenles los ojos cargados de esperanzas y de ilusiones…: con niños… son jóvenes. Si Ud. tiene resentimiento, frustraciones, odio…. si Ud. esta solo en la ciudad o en el campo…, si Ud. se siente con un corazón libre y limpio, los invito antes a que recemos… como les salga… con tal que sea sincero. Desde aquí, con quienes me quieren acompañar, le vamos a hacer esta oración a Cristo, hechos Niños, hombre como nosotros, sin dejar de ser el Dios Altísimo, que ya ha puesto sus viviendas entre las nuestras; antes de darnos un abrazo de paz, es necesario pedirle perdón…: Jesús… estamos con vergüenza ante este pesebre; no podemos partir el pan, ni darnos un abrazo ni mirar los ojos de nuestros niños; no nos atrevemos a cantar el canto de los ángeles a los pastores: nos sentimos sucios, manchados, pecadores. Te pedimos perdón, como los niños, por las guerras que hacemos los hombres; por tantos hermanos nuestros y tuyos que mueren de hambre; por el sufrimiento que causamos a nuestros hermanos a causa de nuestro egoísmo y de nuestra soberbia; porque te usamos, muchas veces, para lograr los intereses nuestros, que son mezquinos, ruines, mentirosos. Perdón, Jesús: porque no creemos con madurez y sinceridad de corazón en tu persona, Hombre-Dios, plenificadora y salvadora; porque nos refugiamos frecuentemente, cuando Tú nos llamas a la conversión, en el miedo, en la cobardía y en la agresividad; perdón, Jesús, por nuestras infidelidades y pecados como pastores de tu pueblo… porque en a veces los cálculos humanos… los hacemos prevalecer al anuncio de tu Buena Nueva, que es el Evangelio; perdón Jesús, por nuestros hermanos, que de buena voluntad, así lo suponemos, porque a las intenciones las juzgas Tú, Señor, rompen la comunión en sus corazones y en sus inteligencias, con quienes ungidos y unidos a tu sacerdocio, don y regalo para el pueblo de Dios, reconocen a tu Iglesia, que es tu propio Cuerpo… Perdón, Jesús… porque amamos más a las cosas que a las personas… porque condenamos a quienes te buscan con sincero corazón… perdón, Jesús, porque el pecado de los padres y de los hijos… por tantos hermanos nuestros que profesan de distintas maneras en el hombre la imagen tuya y el templo del Dios vivo; perdón, Jesús porque tantas veces impedimos que los hombres se liberen de sus ataduras y marginaciones y esclavitudes para que se realicen y se plenifiquen en Tí, Salvador y Libertador de los hombres. Perdón Jesús por las infidelidades y pecados de quienes tienen la responsabilidad de conducir los pueblos a una mayor justicia y paz fundadas en Tu Evangelio… por quienes matan el amor verdadero en tantas formas… por quienes siembran y matan la esperanza con la cizaña del odio y del resentimiento; Jesús, no dejes a tu pueblo sin sacerdotes, anunciadores de tu Palabra y realizadores de tu Encarnación, si en un momento de debilidad humana, despreciamos este don hecho al pueblo riojano… Perdón, Jesús… por quienes desprecian a la mujer consagrada… Perdón Señor, por todos los pecados de nuestro pueblo riojano.
Jesús, te das cuenta, te traemos en esta Navidad todo esto que te acabamos de decir, y mucho más que Tú lo sabes mejor que nosotros, porque lees en el secreto de cada corazón. Te traemos todos los esfuerzos y realizaciones hechos en nuestra Provincia y Diócesis de La Rioja para lograr un mayor desarrollo y felicidad de nuestro pueblo, según tu voluntad… quédate con nosotros, con nuestro pueblo riojano… no te vayas… no nos dejes librados a nuestras propias fuerzas, somos incapaces de construir una Rioja nueva en la paz y en la justicia verdaderas, sin tu ayuda.
No queremos mentirte en esta Navidad… sentimos que renaces en el corazón de cada riojano..estamos tomando cada vez mayor conciencia de la dignidad de hijos de Dios que Tú nos diste…no permitas que seamos infieles al soplo renovador de tu Espíritu Divino.
Mis amigos, para todos y cada uno de Uds. autoridades y pueblo, que la paz y la comunión en Jesucristo nos haga mejores servidores de nuestros hermanos por el amor y la esperanza.

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