Homilía de Mons. Angelelli en la Fiesta de la Sagrada Familia

 

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Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba.  Tomo 1, Pág. 107 s

 

Alabado sea Jesucristo.

Saludos: al Distrito de Malligasta. Enfermos. Cárcel.

Feliz Año Nuevo.

Mis amigos y hermanos:

Hace apenas dos días, les decía en el saludo navideño, dirigido a todos, sin distinción alguna, lo siguiente: “amigo: lo invito a que no parta aún el pan de la mesa de nochebuena, mire los ojos de sus hijos cargados de esperanzas e ilusiones” y luego lo invitaba a que hiciéramos una oración, conversáramos con Jesús, hecho Niño, hecho hombre, recostado en un pesebre, en una cueva donde comen los animales. Con Ud. le pedíamos perdón por muchas cosas que Ud. y Yo, las sentimos desde lo hondo de nuestras conciencias, no podíamos cantarle el cántico de la Paz, ni partir un pan, signo de fraternidad, si nos sentimos culpables, podemos engañar a los hombres pero a Cristo no. Ud. lo sabe bien como lo sé yo también.

Y seguimos viviendo todo este ambiente que crea en torno nuestro cada Navidad, parecería que los hombres, por una fuerza interior irresistible, nos sintiéramos más hombres, más hermanos, más buenos. Como si estuviésemos cansados de tanto condenar, vivir marginándonos los unos de los otros, encasillados en estúpidas posturas de egoísmo. Parecería que la necesidad de volcar, a veces toda la hiel de nuestro corazón, en los demás, este sencillo y a la vez, profundo Misterio de un Dios hecho Niño para hacernos felices, fuese como una bofetada dada por el Señor que pasa por cada una de nuestras vidas, por cada hogar, por nuestra ciudad y por cada uno de nuestros pueblos del interior. No puede ser una Navidad más que desaparezca con el apagón de las luces del arbolito de Navidad, que hemos construido en nuestras casas o en las plazas.

No puede ser que este encuentro con la Palabra de Dios y las fuentes de la Gracia sacramental en esta Novena de nuestro Patrono, no nos diga nada y no nos convierta a Cristo haciéndonos cambiar de actitudes en la vida.

Y junto al Pesebre del Niño Dios, envuelto en cantares populares que le llamamos Villancicos, la Liturgia de la Iglesia pone la fiesta del triunfo de un primer mártir de Cristo, San Esteban. Desde el Pesebre, ese Niño Dios, será puesto como signo de contradicción. Habrá hombres que responderán en la Fe, adhiriéndose a su Persona Divina, y habrá hombres que no lo vean, no lo descubran, le teman, les estorbe, y desde la Cuna de esa Cueva le preparen dos maderos para crucificarlo; porque cuestionará a la sociedad, llamará a la conversión profunda de la vida de cada hombre, porque no se puede amar a Dios que no vemos si no amamos a nuestros hermanos a quienes vemos.

Con Esteban comienza en el mundo el escándalo de la Cruz y que en la Cruz nacerá la VIDA. Y hoy, la misma Iglesia nos pone textos bíblicos para que meditemos en la familia. Por eso hoy es el día de la Sagrada Familia. Nos dice el Libro Bíblico del Eclesiástico: “El Señor honra al Padre por medio de sus hijos, y asegura los derechos de la madre sobre ellos. El que honra a su Padre expía sus pecados y el que respeta a la madre es como el que adquiere un tesoro. Hijo, cuida de tu padre en su vejez y no le causes tristeza mientras viva. Sé indulgente si declinan sus fuerzas y no lo desprecies cuando todavía eres jóven”.

“Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión -nos sigue diciendo Pablo- practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura y la paciencia. Sopórtense unos a otros, perdónense mutuamente siempre que tenga motivo de queja contra otro. Sepan que el Señor los ha perdonado, hagan lo mismo ustedes, sobre todo, tengan caridad que es la síntesis de la perfección. Que la Paz de Cristo reine en los corazones de ustedes, esa paz a la que han sido llamados porque formamos un solo Cuerpo de Cristo. Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza, instrúyanse en la verdadera sabiduría, corríjanse unos a otros. Maridos: amen a sus mujeres y no le amarguen la vida. Mujeres, amen a sus maridos como corresponde a los discípulos de Cristo. Hijos, obedezcan siempre a sus padres porque ésto agrada al Señor. Padre: no exasperen a sus hijos, para que ellos no se desanimen.

Y este Niño de Belén es el que nos trae y nos manifiesta toda la realidad de la Familia Trinitaria, PADRE, HIJO, ESPÍRITU SANTO, la realización en plenitud de cada persona divina, la plenitud de vida, la plenitud de amor, la plenitud de diálogo, la plenitud de donación y de entrega, la plenitud de felicidad. Y en la Tierra otra FAMILIA: un Dios hecho hombre y hecho hijo de María, una Mujer, Madre del Dios hecho hombre; José, asociado como padre, sin comprender que la concepción del Hijo fue obra del Espíritu Santo.

Ambas realidades: la Familia Trinitaria en los cielos, la Sagrada Familia de Nazaret, en la tierra y Este Niño para ser fiel a la misión que trae de Su Padre de los Cielos, causará dolor a su Madre María y a José. Tendrán que huir a Egipto porque su presencia molesta a Herodes, que gobernaba la Judea, quedara tres días en el templo, porque “no sabíais, dice Jesús a su Madre, que debo ocuparme en los asuntos de mi Padre” y María, conservaba todas estas cosas en su corazón, y una espada de dolor atravesaría su corazón, cuando al pie de la Cruz, su Hijo, redime al mundo con su muerte de ajusticiado en una Cruz.

Cuánto hay para meditar y reflexionar, amigos que me escuchan, ustedes padres e hijos. Los cambios y las transformaciones que sufre la sociedad actual repercute en nuestras familias, lo aceptemos o lo rechacemos al cambio vertiginoso en que vivimos. Ustedes lo saben y lo sufren en carne propia, qué difícil es ser esposo y padre, mientras tanto, la familia sigue siendo la célula primera y viva de la sociedad; misión recibida directamente de Dios. Y en una sociedad así, deben seguir, ustedes padres, creando un ambiente de familia animado por el amor, por la piedad a Dios y hacia los hombres, que favorezca la educación íntegra, personal y social de los hijos. Creando un clima de confianza, de intimidad, de respeto y libertad, de tal manera que la familia se vuelva capaz de plasmar personalidades fuertes y equilibradas para la sociedad.

Además, como esposos cristianos, son para sí mismos, para sus hijos, y demás familiares,  cooperadores de la gracia y testigos de la FE, son para sus hijos los primeros predicadores de la Fe y los primeros educadores.

Y esta misión de la familia, los lleva a que sea la primera escuela de las virtudes sociales que necesitan todas las demás sociedades, la experiencia la deben hacer el propio hogar para ir introduciéndose poco a poco en la sociedad civil y en la Iglesia. Qué difícil tarea, los comprendo, por los problemas sociales, económicos, culturales y aún religiosos en que viven, se les hace casi imposible lograr este ideal. Las confidencias diarias, la observación de nuestra realidad familiar actual, en quienes se preparan al matrimonio, en quienes, al poco andar se resquebrajan; en quienes acosados por el problema diario económico sufren una permanente angustia y frustración de no lograr el bienestar exigido como a personas dignas de su condición de hijos de Dios, nos hace vivir, junto a ustedes las preocupaciones y las desesperanzas para lograr una situación más digna.

Porque pienso en ustedes y en sus hijos, niños o jóvenes, llamados a reflejar, en lo posible el ideal de la familia trinitaria y la de Nazaret, no escatimaremos esfuerzos, aunque ello suponga asumir el precio de la Cruz. Cristo Encarnado me lo exige a mí y a ustedes, y con su fuerza y con su Luz seguiremos caminando.

Predicar un anticomunismo estúpido y negativo, sembrar el odio y la cizaña, acusar al Obispo y a los sacerdotes que puestos por el Señor debemos ser los pastores de nuestro pueblo, amigos, ustedes padres de familia, hombres que tienen que rendir cuenta a Dios de una grave misión encomendada, no construyen, destruyen. El Señor, no lo permita jamás para nuestro pueblo riojano, que los hijos de ustedes, un día, nos acusen de infieles, porque no supimos asumir con valentía la responsabilidad de ayudar a remover todas aquellas causas que llevan a que sean marginados material o espiritualmente, a que sean frustrados o irrealizados como personas e hijos de Dios.

Que un día, esos mismos hijos, opten por la violencia a la que desaprobamos y rechazamos como medio eficaz para construir una Rioja nueva.

Las anécdotas, los resentimientos, el miedo, las agresividades se irán a las tumbas con nosotros, lo importante es haber visto a tiempo, con sentido de esperanza y de hombres de Fe, lo que Cristo nos dice por su Palabra y por los acontecimientos que vive la sociedad actual, cuales son las obras que debemos dejar como herencia para nuestros hijos.

La Rioja, 27 de Diciembre de 1970.

Enrique Angelelli.

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