Homilías radiales de Mons. Angelelli – Tinkunaco – La Rioja, 1 Enero de 1971.

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Enrique Angelelli

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 1-6 Primera versión
La Rioja, 1 Enero de 1971
Santa María, Madre de Dios – Mensaje de Año Nuevo
Números 6,22-27 Gálatas 4,4-26 San Lucas 2,16-21

Hermanos y Amigos Riojanos: Ustedes que están participando en esta Celebración final de San Nicolás; Ustedes, los del interior que siguen por esta emisora la clausura de estas celebraciones patronales; Ustedes Riojanos venidos de otros lugares del País; ustedes amigos peregrinos:
Unidos al Santo Padre Pablo VI, en esta Jornada Mundial de la Paz, y a todo hombre en el mundo que busca con corazón recto la verdadera paz, en la libertad, en la justicia y en el amor verdaderos, nos sentimos urgidos a ser constructores activos y operantes de la paz. En cada uno de nosotros, en cada grupo humano y en toda la comunidad riojana iniciamos este año nuevo en el nombre y con la gracia del Señor.

TODO HOMBRE ES MI HERMANO: así comienza el Santo Padre su mensaje de paz al mundo, en este día. Ha querido la Providencia Divina, que el Pueblo Riojano, al alba de este año nuevo, esté sellado con un ENCUENTRO, con JESUCRISTO, el Señor del tiempo y de la eternidad, el Salvador de los hombres, el Niño recién nacido en una Cueva donde se guardan los animales en las noches de frío, el Dios-Hombre a quien nuestra tradición lo viste de Alcalde, acompañado por los Allis y con el PUEBLO RIOJANO. Pueblo en marcha, que una vez más está acampando frente a este Templo, signo de su Fe Cristiana y de su historia, que trae surcados en su rostro, las alegrías, esperanzas y dolores, amasados en el pasado, hechos realidad también hoy. Venimos haciendo una marcha, con todo el sentido de peregrinos que nos da el Evangelio, ya metido en nuestra carne doliente y en nuestro corazón que sigue mirando el futuro con esperanza cristiana. Con nosotros viene haciendo este largo camino, un hermano en la fe, Obispo de las primeras comunidades cristianas, un Santo de la Iglesia que en su vida mortal, se encontró definitivamente con Jesucristo y se comprometió con el Evangelio que le anunciaba a los hombres de su tiempo, hasta el heroísmo: SAN NICOLÁS, Patrono de nuestra Diócesis y de la Provincia de La Rioja. Porque para poder penetrar en el alma de nuestro Pueblo Riojano, es necesario comprender y ahondar el sentido histórico y bíblico del Encuentro del Niño Alcaide y San Nicolás, el sentido de los Allis y de los Alféreces, la siembra evangélica de San Francisco Solano y de hermanos sacerdotes y de tantos hombres y mujeres, para darle alma, contenido y fisonomía propias al Pueblo Riojano. Esta Tradición, con características propias, rica, evangélica y heroica de La Rioja, no puede ser adulterada por elementos foráneos que le transfieran a nuestro pueblo, problemáticas, actitudes sectarias con evidente falta de nobleza de espíritu, ajenas y extrañas a La Rioja, pretendiendo quitarle o debilitarle las razones de vivir y las razones de esperar.
Porque la Iglesia, en su acción pastoral, no debe ser orientada solamente hacia el pueblo, sino, también, y principalmente, desde el pueblo mismo. Porque Jesucristo es el Salvador de todos los hombres, la Iglesia no puede convocar a determinados grupos de hombres solamente, sino a todos los hombres que en su corazón opten por dar
acogida a la Buena Nueva que es el Evangelio (1). A esto se encaminan todos los esfuerzos apostólicos que venimos haciendo y la opción pastoral que hemos asumido en la Diócesis. Desde el Evangelio, desde Jesucristo, queremos ir concretando cada vez más, una comunidad eclesial diocesana, abierta, con sentido misionero y servidora del hombre y de todos los hombres; caminado y comprometiéndonos cada vez más con el Pueblo que el Señor nos ha confiado, asumiendo todas sus esperanzas y sufrimientos, todos los riesgos, aciertos y desaciertos
que toda marcha trae aparejados. No confiamos en las solas fuerzas humanas; caminamos apoyados en Aquél que caminando con nosotros, nos sigue diciendo “hombres de poca Fe, ¿por qué temen?”. Él es nuestro Pastor, nada nos puede faltar: y ésto, porque nos sabemos un pueblo limitado, débil, pecador, pero lleno de ilusiones y
esperanzas para seguir construyendo todo lo que haga falta para que sea realidad en La Rioja, cada vez más, TODO HOMBRE ES MI HERMANO.
Somos lúcidos de que la tarea es difícil y duro el camino: la misión es grave y constantemente tenemos que pedirle al Señor las fuerzas suficientes para no desfallecer; pero estamos llamados a comprender cada vez más a nuestro pueblo en sus aspiraciones y angustias; compenetrarnos con él: confiar en su capacidad de creación yen su fuerza de transformación; ayudarle a expresarse y organizarse; a captar y entender sus expresiones traducidas en silencios, en rostros esperanzados, en actitudes de descrédito y desilusión, en la sencilla plegaria de una anciana o en la desorientación de nuestros jóvenes, en la nostalgia de la tierra lejana cuando se debe emigrar a otras tierras, en un reclamo de mayor justicia y caridad, en el reclamo de mayor cultura y salud.
Comprendemos también, que es difícil descubrir a la Iglesia como el Misterio del Padre de los Cielos, revelado por Jesucristo a los Hombres; que somos un pueblo profético, sacerdotal y real; que Cristo es la Cabeza y nosotros el Cuerpo; que es fácil relativamente, aceptar que la Iglesia es Santa en su origen divino, pero más difícil es aceptarnos que nosotros sus miembros somos pecadores y que debe cada día convocarse a la CONVERSIÓN, tantas veces repetida. Si no aceptamos esto, no comprenderemos las tensiones, las llamadas crisis, y hasta los escándalos; esto nos indica qué a los hombres, llamados a ser hombres nuevos y realizados en Jesucristo, nos cuesta mucho.
Nuestro egoísmo y nuestra soberbia obstaculizan nuestra realización como hombres y como miembros del Pueblo de Dios y del Cuerpo Místico de Cristo.
Hay y habrá cosas en una Iglesia Peregrina que siempre nos resultarán incomprensibles. Todo esto forma parte de la “locura de la Cruz” y del escándalo de un Cristo Crucificado para devolverle la VIDA PLENA al hombre. Solamente a la Iglesia se la puede comprender desde la profundidad de la FE y la FE es un Don, un regalo de Dios y no algo que se lo puede conseguir con las solas fuerzas humanas. Este llamado a la Fe es hecho por Dios por caminos misteriosos e insospechados. Y el Señor sigue poniéndonos junto a nosotros, entre otros caminos, al hombre que es mi hermano para que sirviéndolo a él y amándolo de verdad descubra su imagen, escuche su voz y realice el amor. Cuántos samaritanos en la vida viven el Evangelio sin saberlo, cuántas samaritanas, en sus debilidades, se convierten en mensajeras del Agua Viva que salta hasta la vida eterna. Al Padre hay que adorarlo
en espíritu y en verdad en cualquier lugar, en el ruido de una ciudad o en el silencio de nuestros campos o en las quebradas de nuestras montañas.
A la Iglesia hay que vivirla amándola, testimoniándola con la vida, personal y comunitariamente. La Iglesia no anuncia simplemente una vida futura desubicándolo al hombre de su compromiso con el mundo presente. El Reino de Dios ya está comenzado entre nosotros. La carne humana y toda la vida del hombre ya ha sido asumida por el
Hijo de Dios, Jesucristo; con Él estamos peregrinando hacia la Casa del Padre. Nos enseña a vivir las exigencias de la FE. Pecaríamos contra la esperanza cristiana si nos evadiéramos de construir un mundo mejor, una Rioja mejor, con el pretexto de la eternidad. No merma la importancia de las tareas temporales sino que más bien proporciona
nuevos motivos de apoyo para su ejercicio. Nos ha hecho mucho mal dividir lo espiritual de lo temporal, la vida religiosa de la actividad cotidiana, la FE de las ocupaciones profesionales y sociales. “El divorcio entre la Fe y la vida diaria debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época” (G.S.43).
El cristiano que falta a sus deberes temporales, falta a sus deberes con el prójimo, falta sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvación. Es decir, los esfuerzos que la Iglesia debe ir realizando para que todos los hombres sean más hombres, es ir contribuyendo para que, en el caso nuestro, La Rioja logre un mayor desarrollo integral; y esto entra también en la esfera de la vida religiosa, que no es limitarla a la vida solamente cultual. Además, el no tener bien clarificado lo que corresponde a las competencias de la sociedad civil y a la Iglesia, por falta de conocimientos, entre otras cosas, ilustraciones de la Fe cristiana para juzgar con madurez situaciones, acontecimientos y hechos, lleva frecuentemente, tanto en las esferas oficiales como privadas, a negarle a la Iglesia lo que es exigencia de su misión dada por Jesucristo o a exigírsele
realizaciones que son competencia del orden temporal. Por eso urge la Iglesia en su Magisterio a que los cristianos asuman, como irrenunciable obligación de conciencia, que ayuden a construir todo el orden temporal según el Evangelio.
El Obispo, y en comunión con él, todos sus presbíteros esencialmente somos los pregoneros de la Fe y los testigos de la verdad divina. Nos debemos sentir urgidos por la luminosa y ardiente proclamación del Evangelio. “Pobre de mí si no anunciara el Evangelio” dice Pablo (1 Coro9,16). Nosotros mismos, pastores del Pueblo de Dios, debemos convertirnos en servidores de la Palabra de Dios, en discípulos del Señor, en la voz ardiente del Espíritu Santo. A esta Palabra de Dios y al Magisterio vivo .de la Iglesia no podemos disminuirlos por comodidad, desfigurarlos por pereza ni ocultarlos por cobardía aunque los factores de poder y las presiones de distinto tipo y orden busquen
o pretendan hacernos infieles a la misión recibida por Jesucristo. Pero la fidelidad a la Palabra, escuchada la voz del Espíritu Santo que habla desde el corazón mismo de nuestro pueblo y desde una clara penetración en los signos de los tiempos, a veces nos exige disentir de los juicios de los otros.
Sabemos que debemos tener un corazón de padre, de hermano y de amigo, pero también sabemos que el definitivo servicio para el bien pleno a nuestro pueblo nos impone actitudes de firmeza apostólica y de aparente dureza evangélica.
Amigos, no desconocemos, que nuestra Iglesia Argentina y nuestra Iglesia en La Rioja, debe sufrir una orquestada campaña de desprestigio, calumnias y presiones, como lo dijimos antes. Unos pocos conocen bien los objetivos a alcanzar y la mayoría son instrumentados aún en nombre de la defensa de la FE y de la fidelidad a la Cátedra
de Pedro. El Juicio de Dios llega siempre en su tiempo oportuno para que todos veamos que era necesario que esto sucediera por exigencias del crecimiento de su Reino entre los hombres. Sigue siendo verdad que toda conversión, purificación y salvación, debe hacerse en la Cruz y en la Sangre para que nazca Vida Verdadera. “Verdaderamente
éste era el Hijo de Dios”, bajan diciendo del calvario, después que lo habían crucificado. Y una palabra debemos decir, amigos presentes y ustedes que siguen por la emisora L.V. 14, acerca de un grupo de jóvenes denominados Tradición, Familia, Propiedad -TFP.-, porque esto toca a la integridad de la Fe de nuestra Diócesis. De la presencia y de la campaña que vienen realizando fueron advertidas personas constituidas en jerarquía, tanto del orden provincial como nacional. Aparentemente parecen tener carta de ciudadanía en nuestra provincia, para sembrar el error, la confusión, la calumnia y el desconcierto, y la desorientación entre ustedes. Ante el silencio doloroso
de un pueblo y el aplauso de unos pocos, que sí se sienten verdaderos hijos de la Iglesia, deben reflexionar serena y sinceramente ante sus conciencias y delante de Dios. No podemos callar cuando se enjuicia al Santo Padre Pablo VI y se desconoce su Magisterio, cuando se enjuicia a pastores de la Iglesia Universal y a sacerdotes de nuestra
Diócesis, sin conocimiento verdadero, justicia y caridad; cuando se enjuicia toda una Iglesia diocesana, como jueces en la Fe; cuando se manosea nuestra auténtica tradición, se desprecian las disposiciones litúrgicas dispuestas por la misma Iglesia; cuando se pretende hacer una Iglesia paralela; cuando se niega el Magisterio extraordinario de un Concilio promulgado por el Espíritu Santo; cuando ante un anticomunismo se defienden otros intereses y con la mayor frescura se distribuyen los consabidos motes de “comunistas” a Obispos y sacerdotes.
La Iglesia tiene bien definida su doctrina y actitudes ante el Comunismo y el Capitalismo. Lo que me ha sorprendido es que mientras este atropello a nuestro pueblo goza de complacencia y atención, hijos de este pueblo deben sufrir la vigilancia y la justicia como sospechosos por pretender reaccionar ante este atropello. ¿Después nos lamentamos si un pueblo cansado recurre a la violencia? Pensemos los responsables cuáles deben ser nuestras verdaderas actitudes.
En lo que hace a la Iglesia no quisiera recurrir al ejercicio de la potestad punitiva con penas canónicas. Escribiríamos una página triste en nuestra historia riojana.
Amigos, todo esto lejos de poner una nota pesimista en este primer día del año, nos alienta más para convocarlos, en el nombre del Señor, a que no detengamos la marcha y que todas nuestras actitudes reflejen, como cristianos, y hombres de corazón bueno, a un Evangelio seriamente asumido, a intensificar nuestros esfuerzos, ayudar a hacer crecer a nuestro pueblo como hombres y como cristianos.
Este año concretaremos metas pastorales en la ciudad y en el interior, para la Iglesia en su vida interior y en su misión en la vida de la Provincia.
Amigos, llegue para todos ustedes el saludo de este año nuevo.
Comenzamos con espíritu de optimismo cristiano. El Señor no nos hará faltar su gracia para no detener la marcha emprendida. Que María, Madre de la Iglesia, siga alimentando el sentido de la Esperanza en la vida, que San Nicolás siga caminando con nosotros dándonos siempre el sentido de Dios en la construcción de una Rioja que pueda hacer felices a todos sus hijos.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 8-14 segunda versión (*)
La Rioja, 1 Enero de 1971
Santa María, Madre de Dios – Mensaje de Año Nuevo Clausura de las Fiestas de San Nicolás
Números 6,22-27 Gálatas 4,4-26 San Lucas 2,16-21

Nota de los Editores
(*) Existen dos versiones de este texto. Aquí están suprimidas las alusiones al carácter “radial” del texto llamado “Mensaje de Año Nuevo” publicado en primer lugar.
La existencia de dos versiones de una misma homilía se debe a que una fue preparada para la tradicional misa radial de las ocho horas y la otra para la misa de la “Clausura de las Fiestas de San Nicolás”, celebrada el mismo día y también transmitida por la emisora local.
Al publicar ambos textos los Editores adoptamos el criterio de ofrecer a los lectores e investigadores la posibilidad de acceder a la documentación completa de las Homilías.

Unidos al Santo Padre Pablo VI, en esta Jornada Mundial de la Paz, y a todo hombre en el mundo que busca con corazón recto la verdadera paz, en la libertad, en la justicia y en el amor verdaderos, nos sentimos urgidos a ser constructores activos y operantes de la paz, en cada uno de nosotros, en cada grupo humano y en toda la comunidad riojana. Iniciamos este año nuevo en el nombre y con la gracia del Señor.
TODO HOMBRE ES MI HERMANO, así comienza en este día su mensaje de paz el Santo Padre al mundo entero.
Ha querido la Providencia Divina, que el pueblo riojano selle el alba de este año nuevo con un ENCUENTRO. Encuentro con JESUCRISTO, Príncipe de la Paz, Señor del tiempo y de la eternidad, el Salvador de los hombres, el Niño recién nacido en un pesebre donde se guardan los animales en las noches de frío, el Dios-hombre, a quien nuestra tradición lo viste de Alcalde, acompañado por los AIIis; y con el PUEBLO RIOJANO, pueblo en marcha, que una vez más se ha convocado frente a este templo, signo de la unidad de su fe cristiana
y de su historia, que trae surcados en su rostro las alegrías, esperanzas y sufrimientos, amasados en el pasado, hechos realidad, también hoy. Venimos haciendo una marcha, con todo el sentido de peregrinos que nos da el Evangelio, ya metido este Evangelio en nuestra carne doliente y en nuestro corazón que sigue mirando el futuro con esperanza cristiana. Con nosotros viene haciendo este largo camino, un hermano en la fe, Obispo de las primeras comunidades cristianas, un Santo de la Iglesia, que en su vida mortal, se encontró definitivamente con Jesucristo y se comprometió con el Evangelio que lo anunciaba a los hombres de su tiempo, con fortaleza y heroísmo: SAN NICOLÁS, Patrono de nuestra Diócesis y de la Provincia de La Rioja.
Porque para poder penetrar en el alma de nuestro Pueblo Riojano, es necesario ahondar el sentido histórico y bíblico del ENCUENTRO del Niño Alcalde y San Nicolás; el sentido de los Allis y de los Alféreces, la siembra evangélica de San Francisco Solano y de nuestros hermanos sacerdotes y misioneros, y de tantos hombres y mujeres, para darle a este pueblo, alma, contenido y fisonomía propias. Esta Tradición, con características propias, rica, evangélica y heroica, de La Rioja, no puede ser adulterada por elementos foráneos que le transfieran al pueblo riojano una problemática y actitudes sectarias, con evidente falta de nobleza de espíritu, ajenas y extrañas a La Rioja, pretendiendo quitarle o debilitarle las razones para vivir y las razones para esperar. Porque la Iglesia, en su acción pastoral, no debe ser orientada solamente hacia el pueblo, sino, también, y principalmente, DESDE EL PUEBLO MISMO. Porque Jesucristo es el Salvador de los hombres, la Iglesia no puede convocar a determinados grupos de hombres solamente, sino a todos los hombres que en su corazón opten por dar acogida al Evangelio. A esto se encaminan todos los esfuerzos apostólicos que venimos haciendo y la opción pastoral según el espíritu y el contenido del Concilio que hemos asumido en la Diócesis.
Desde el Evangelio, desde Jesucristo, queremos ir concretando, cada vez más, una Comunidad Eclesial Diocesana, abierta, con sentido misionero y servidora del hombre y de todos los hombres; caminado y comprometiéndonos cada vez más con el pueblo que el Señor nos ha confiado, asumiendo todas sus esperanzas, sufrimientos y realizaciones, todos los riesgos, aciertos y desaciertos que toda marcha trae aparejados a un pueblo que peregrina hacia la Casa de nuestro Padre. No confiamos en las solas fuerzas humanas. Caminamos
apoyados en Aquél, que haciendo el mismo camino con nosotros, nos sigue repitiendo “Hombres de poca Fe, ¿por qué temen?”. Él es nuestro Pastor, nada nos puede faltar; y esto, porque nos sabemos un pueblo limitado, débil, que pecamos, pero lleno de ilusiones y esperanzas para seguir construyendo todo lo que haga falta para que sea realidad en La Rioja: TODO HOMBRE ES MI HERMANO.
Somos lúcidos de que la tarea es difícil y es duro el camino; la misión que tenemos es grave y constantemente debemos pedirle al Señor las fuerzas suficientes para no desfallecer en el camino. Estamos llamados a comprender cada vez más a nuestro pueblo en sus aspiraciones y angustias; compenetrarnos con Él; confiar en su capacidad de creación y en su fuerza de transformación; ayudarle a expresarse y organizarse; a captar y entender sus expresiones traducidas de distintas maneras y formas: con silencios que interpelan; con rostros
esperanzados unas veces y desilusionados otras; con la sencilla plegaria de una anciana o de un promesante o con la desorientación y la rebeldía de nuestros jóvenes; con la nostalgia de la tierra lejana de quienes dejaron La Rioja o con el reclamo de mayor justicia, de respeto, de mayor cultura y de mayor salud.
Comprendemos también, que es difícil descubrir a la Iglesia como el Misterio del Padre de los Cielos, revelado a los hombres por Jesucristo; que somos un pueblo sacerdotal, profético y real; que Cristo es la Cabeza y nosotros miembros de su Cuerpo. Que es fácil relativamente, aceptar que la Iglesia es Santa en su origen divino, pero es más difícil aceptar que nosotros, sus miembros, somos frágiles y pecadores y que debemos cada día urgirnos a la conversión, tantas veces repetida. Si no aceptamos esto, no comprenderemos las tensiones, las llamadas crisis, y hasta los escándalos, fuera y dentro de la Iglesia; esto nos indica que a nosotros, los hombres, llamados a ser hombres en Jesucristo, nos cuesta mucho cambiar de vida. Nuestro egoísmo y nuestra soberbia obstaculizan permanentemente el que nos realicemos como hombres, como miembros del Pueblo de Dios y del Cuerpo Místico de Cristo. Hay y habrá cosas en una Iglesia Peregrina que siempre nos resultarán incomprensibles. Todo esto forma parte de la “locura de la Cruz” y del “escándalo de un Cristo Crucificado” para devolverle la vida plena al hombre. Solamente a la Iglesia se la puede comprender desde la profundidad de la Fe y la Fe es un don, un regalo de Dios y no algo que se lo puede conseguir con las solas fuerzas humanas. Este llamado que hace Dios al hombre, a la Fe, es hecho por caminos misteriosos e insospechados; el Señor sigue poniéndonos junto a nosotros, entre otros caminos, al hombre que es mi hermano para que sirviéndolo a él, respetándolo y amándolo de verdad, descubra SU imagen, escuche SU voz y realice EL AMOR, entre los hombres. Cuántos samaritanos en la vida viven el Evangelio sin saberlo. Cuántas samaritanas, en sus debilidades, se convierten, sin saberlo, en mensajeras del Agua Viva que salta hasta la vida eterna.
Al Padre hay que adorarlo en espíritu y en verdad, en cualquier lugar, en el ruido de una ciudad o en el silencio de nuestros campos o en las quebradas de nuestras montañas.
A la Iglesia hay que vivirla amándola, testimoniándola con la vida, personal y comunitariamente. La Iglesia no anuncia simplemente una vida futura desubicando al hombre de su compromiso con el mundo presente. El Reino de Dios ya ha comenzado entre nosotros. La carne humana y toda la vida del hombre ya ha sido asumida por el Hijo de Dios, Jesucristo. Con Él estamos peregrinando hacia la Casa del Padre. Pecaríamos contra la esperanza cristiana si nos evadiéramos de construir un mundo mejor, una Rioja mejor, so pretexto de refugiarnos en la eternidad. Nos ha hecho mucho mal dividir lo espiritual de lo temporal, la vida religiosa de la actividad cotidiana, la Fe de las ocupaciones profesionales y sociales. “El divorcio entre la Fe y la vida diaria debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época” (G.S.43). El cristiano que falta a sus deberes temporales, falta a sus deberes con el prójimo, falta sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su salvación eterna. Es decir, los esfuerzos que la Iglesia debe ir realizando para que los hombres sean más hombres es el mejor aporte para todo desarrollo integral; esto entra también en la esfera de la vida religiosa, que no es limitarla solamente a la vida cultual.
Además, el no tener bien clarificado lo que corresponde, como competencia específica, a la sociedad civil ya la Iglesia, por falta de información y de conocimientos adecuados, por falta de ilustración de la fe cristiana, para juzgar con madurez situaciones, acontecimientos y hechos, lleva frecuentemente, tanto en las esferas oficiales como privadas, a negarle a la Iglesia lo que es exigencia de su misión dada por Jesucristo o a exigírsele realizaciones materiales que son competencia del orden temporal. En todo caso su papel en este orden es supletorio. Por eso urge la Iglesia permanentemente con su Magisterio ordinario y extraordinario, a que los cristianos asuman como irrenunciable obligación de conciencia la construcción del orden temporal, junto a los demás hombres, y que cumplan su compromiso con el mundo según el Evangelio.
El Obispo, y en comunión con él, todos sus presbíteros, somos los pregoneros de la Fe y los testigos de la Verdad Divina. Debemos sentirnos urgidos por la luminosa y ardiente proclamación del Evangelio. “Pobre de mí si no anunciara el Evangelio” dice Pablo. Nosotros mismos, pastores del Pueblo de Dios, debemos convertirnos en servidores de la Palabra de Dios, en discípulos del Señor, en la voz ardiente del Espíritu Santo. A esta Palabra de Dios y al Magisterio vivo de la Iglesia no podemos disminuirlos por comodidad, desfigurarlos
por pereza ni ocultarlos por cobardía aunque los factores de poder y las presiones de distinto tipo y orden busquen o pretendan hacernos infieles a la misión recibida por Jesucristo.
Pero la fidelidad a la Palabra de Dios, escuchada la voz del Espíritu que habla desde el corazón mismo de nuestro pueblo y desde una clara penetración de los signos de los tiempos, a veces nos exige disentir de los juicios de los otros. Sabemos que debemos tener un corazón de padre, de hermano y de amigo, pero también sabemos que el definitivo servicio para el bien pleno a nuestro pueblo nos impone, a veces, actitudes de firmeza apostólica y de aparente dureza evangélica.
Amigos, no desconocemos, que nuestra Iglesia Argentina y nuestra Iglesia en La Rioja, debe sufrir una orquestada campaña persecutoria de desprestigio, calumnias y presiones e intentos de división.
Unos pocos son los que conocen bien los objetivos a alcanzar; la mayoría son instrumentados, para esta repudiada campaña, usando aún actitudes de defensores de la fe y de la fidelidad a la Cátedra de Pedro. El Juicio de Dios llega siempre en su tiempo oportuno para que todos veamos que era necesario que esto sucediese por exigencias del crecimiento del Reino entre los hombres. Sigue siendo verdad que todo cambio de mente y de corazón, toda conversión, toda purificación y toda liberación, debe hacerse en la Cruz y en la sangre para
que nazca la verdadera vida. “Verdaderamente Éste era el Hijo de Dios”, bajaban diciendo del Calvario, después que lo habían crucificado a Cristo.
Y una palabra debemos decir, amigos presentes y ustedes que siguen este acto por la emisora L.v. 14, acerca de un grupo de jóvenes, venidos en su mayoría de la Capital Federal, denominados Tradición, Familia, Propiedad (T.F.P.). Porque esto toca a la integridad de la Fe de nuestra Diócesis, no puedo callarme; sería traicionarlos a ustedes. Ya oportunamente le advertí a toda la Diócesis sobre este asunto.
Para ellos me mueven sentimientos de misericordia y de perdón. De su presencia en la Diócesis y en la Provincia, y de la campaña que vienen realizando, también fueron advertidas personas constituidas en jerarquía, tanto del orden provincial como nacional. Aparentemente parecen tener carta de ciudadanía en nuestra Provincia ante una pasividad que llama la atención, para sembrar el error, la confusión, la calumnia, el desconcierto y la desorientación entre ustedes, tanto los de la ciudad como los del interior. Por un lado el silencio doloroso de un pueblo que se ve confundido, y por otro el aplauso de unos pocos, que si se sienten verdaderos hijos de la Iglesia, deben reflexionar serena y sinceramente ante sus conciencias y ante Dios de las actitudes que han asumido. El juicio se lo dejamos a Dios. No podemos callar cuando se enjuicia al Santo Padre Pablo VI y se desconoce su Magisterio; cuando se enjuician a Pastores de la Iglesia Universal y a sacerdotes
de nuestra Diócesis, sin conocimiento verdadero, justo y caritativo; cuando se enjuicia toda una Iglesia Diocesana, como constituidos en jueces de la fe; cuando manosea la auténtica tradición religiosa de nuestro pueblo; cuando se desprecian las disposiciones litúrgicas dispuestas por la misma Iglesia; cuando se pretende hacer una Iglesia paralela, que ciertamente no es la querida por Jesucristo; cuando se niega el Magisterio extraordinario de un Concilio promulgado en el Espíritu Santo; cuando ante la campaña de un anticomunismo se defienden otros intereses, consciente o inconscientemente, y con la mayor frescura se distribuyen los consabidos motes de “comunistas”, “Iglesia nuevaolera”, a Obispos y sacerdotes.
La Iglesia tiene bien definida su doctrina y actitudes ante el Comunismo y ante el Capitalismo. Pero lo que me ha sorprendido es que mientras este atropello a nuestro pueblo goza de complacencia y atención, los propios hijos riojanos, hijos de esta tierra y herederos de su tradición, deben sufrir la vigilancia y la justicia como sospechosos y atentadores contra el orden, por el solo hecho de pretender reaccionar ente este atropello. ¿Después nos lamentamos si un pueblo cansado de no ser oído recurre a la violencia? Pensemos seriamente
quienes tenemos responsabilidades cuáles deben ser nuestras verdaderas actitudes ante acontecimientos y hechos de este tipo. Pero, amigos, todo esto lejos de poner una nota de pesimismo en este primer día del año, nos alienta más a invitarlos, en el nombre del Señor, a que no detengamos la marcha emprendida y que todas
nuestras actitudes reflejen, como cristianos y hombres de corazón recto, la vivencia de un Evangelio seriamente asumido. Le agradecemos al Señor todos los favores con que nos ha regalado en el año 1970. Le pedimos que nos siga bendiciendo y acompañando en este año que iniciamos. Lo comenzamos con espíritu de optimismo cristiano.
Que María, Madre de la Iglesia, siga alimentando en nosotros el sentido de la esperanza en la vida; que San Nicolás, nuestro Patrono, siga caminando con nosotros dándonos siempre el sentido de Dios en todo lo que emprendamos para seguir construyendo una Rioja en la que todos vivamos: TODO HOMBRE ES MI HERMANO.

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