BAUTISMO DE JESÚS – Homilías de Mons. Angelelli

Bautismo de Jesús

 

Enrique Angelelli. Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba.  Tomo 2, Págs. 18-21

La Rioja, 10 Enero de 1971

BAUTISMO DEL SEÑOR

Isaias, 42, 1-4 . 6-7 Hechos de los Apóstoles 10, 34-38    San Lucas 3, 15-16 . 21-22

 

Saludos: a los enfermos, a los hermanos de la cárcel, a los Grupos Misioneros: Aimogasta, Termas, Chamical, alta, Tello, Chepes, Famatina, Carrizal, Pituil, Campanas, Santa Cruz, Putquial, Antinaco.

A los que esta semana han perdido algún ser querido.

Lluvia. Salud Sr. Gobernador.

 

Y ya estamos metiéndonos en la vida y en las preocupaciones de este año 71. Lo hemos comenzado como una tarea a realizar, no solos, sino juntos, sin rechazarnos porque negaríamos con las actitudes de la vida diaria lo que proclamamos con las palabras. A principio de este año nos propusimos caminar juntos asumiendo la gran consigna de Pablo VI, TODO HOMBRE ES MI HERMANO. Consigna fácil para proclamarla pero difícil de vivirla diariamente. Guiados por el Señor, a quien le consagramos este año en el día del ENCUENTRO toda nuestra provincia, seguiremos caminando tratando de hacer realidad la consigna del Santo Padre.

Pero ¿se dan cuenta de cuántas cosas nos tenemos que despojar?

Tenemos que renunciar, para que el otro, que es mi hermano, entre en mi vida y con él construyamos juntos la felicidad de todos. Seguimos viviendo y sintiendo todo lo que nos dice la Navidad.

Cada Navidad que pasa descubrimos más la presencia de Jesucristo en medio de nosotros, y cada vez más sentimos que nuestra respuesta cristiana, que es la Fe, debe ser comprometedora, más personal, más liberadora, más salvadora, nos sentimos más familiarizados con el Señor. Sentimos que cada Epifanía, que es la Manifestación de Dios, se hace mas exigente. La sentimos más personal, más convocadora a que la vida nuestra se transforme en una existencia profundamente unida a Él. Para nosotros los adultos, aunque nos busquemos evasiones en la vida para no encontrarnos con Él, Él es desconcertante en sus formas de presentarse. A veces se esconde en una agresividad para que descubramos nuestras necesidades de convertirnos a Él. A veces se esconde en el grito de un hermano que nos necesita para que sepamos nuestro egoísmo y nuestra insensibilidad.

A veces se esconde en la sonrisa de un niño, o en el heroísmo de una madre, o en la entrega silenciosa de una consagrada junto a un enfermo, o en la lectura de un pasaje de la Biblia para que descubramos más su presencia viva que nos interpela y muestra su misericordia para con nosotros, o en la oscuridad de una búsqueda para que aprendamos a descubrirlo en cada hombre, en la materia de la creación, o en el fondo de nuestra conciencia.

Los hombres somos llamados y convocados a tener un encuentro y una respuesta personal con el Señor, que nos sigue hablando por Jesucristo. Para unos será cuando niños, para otros cuando jóvenes, para otros cuando adultos o en el ocaso de la vida. San Agustín decía: “Inquieto está mi corazón hasta que descanse en Tí, Señor”. Y ese encuentro con el Señor, nos lleva al diálogo con Él, se convierte en una exigencia y en una necesidad. Aquí encontramos el sentido de la oración, será la oración personal, hecha de distintas maneras o será la oración de toda una comunidad que adquiere su expresión litúrgica de comunión de personas en la celebración eucarística y en la participación, y en el comer de su Cuerpo y de su Sangre. Ya no soy yo quien vivo sino que es Jesucristo que vive en mí. Pero esta comunión con Él me exige una comunión con mis hermanos, es decir, mis relaciones fraternales con mis hermanos, y unas relaciones tales que con ellos camine y construyamos juntos el camino de nuestras vidas que llega a su término cuando nos encontremos en el abrazo definitivo con nuestro Padre que está en los Cielos. Qué equivocados estamos cuando pretendemos vivir nuestra Fe cristiana con sentido individualista, como aquietando nuestras conciencias, sin hacer nada por el otro y el otro es mi hermano, como también nos equivocamos si no vivimos intensamente, en cada uno de nosotros, una Fe madura y comprometida, una Esperanza constante en Amor o Caridad operante.

Entre la Navidad y la Epifanía del Señor, la Iglesia nos pone para nuestra reflexión, la escena del Bautismo de Jesús en el Jordán. Él no lo necesitaba y era sólo un bautismo de agua. El bautismo de Jesús es un acto de solidaridad inicial con una humanidad pecadora. El Mesías, Cristo, nos revela que toda actividad redentora debe comenzar con una actitud de servicio solidario. Jesucristo tomó nuestra realidad humana, menos el pecado, pero carga con el pecado de los hombres, por amor, con la entrega de la propia vida, hasta la muerte y muerte de Cruz. Y en su Cruz hace nacer la VIDA VERDADERA.

Porque Él murió en la Cruz por el hombre, ya no está en el sepulcro, resucitó y es constituido cabeza de un Pueblo Nuevo, de Hombres Nuevos, regenerados en el agua del bautismo con la virtud y fuerza del Espíritu Santo, para que seamos hombres libres en la justicia según Dios y en la santidad de la vida.

Así comprenderemos mejor que “todo hombre es mi hermano”. Si quiero aprender qué es AMAR en silencio debo contemplar el Cristo Crucificado de mi templo parroquial, o de mi Capilla, o el que está sobre la cama matrimonial o velando el sueño de los hijos. Debo descubrirlo en la Eucaristía de cada Misa o reservado en cada Sagrario, debo descubrirlo en cada hombre que olvidándose de sí mismo hace poco o mucho, lo que puede, para que sus hermanos sean un poco más felices; en cada madre o en cada padre que lucha para llevarle el pan a sus hijos y cuidarlos y educarlos para que sean felices; en tantos hermanos nuestros que sufren de distintas maneras para hacerlos un poco más felices; cuando cada hombre respeta a su hermano para que sea más hombre, es decir se sienta más persona y señor de las cosas.

Mis hermanos, es bueno que, al comienzo de cada año, nos replanteemos muy seriamente nuestra FE CRISTIANA y las exigencias que ella tiene. Porque la Fe es escuchar la Palabra de Dios no como una palabra solamente, sino como la voz personal y reveladora de ALGUIEN, que es CRISTO, a quien le reconocemos como SEÑOR.

Es aceptar a un Dios que se nos escapa de las manos, tremendamente respetuoso de nuestra libertad. Un Dios que no puede ser reducido a nuestras maneras de pensar humanas y que cada día nos sorprende con algo nuevo. Es un precioso don de Dios que se manifiesta en nosotros como un llamado. Es un ofrecimiento libre a hombres libres. Más aún, es un ofrecimiento liberador: “La verdad os hará libres”. Es un regalo gratuito y desinteresado que no impide la actividad del pensamiento ni la acción temporal, ni detiene el progreso social, sino que lleva consigo el eterno y alegre mensaje evangélico de la Esperanza, de la justicia y de la responsabilidad ante Dios y ante la historia, que le da a toda la actividad humana el verdadero sentido de su realización y de su plenitud. No es una opción de una vez para siempre, sino que se debe renovar cada día. Es el replanteo continuo de un Dios que jamás puede ser agotado por nuestra comprensión, por nuestra reflexión y nuestra aceptación. No es sólo búsqueda sino certeza. Más que fruto de nuestra investigación es un don misterioso que quiere oídos atentos para el gran diálogo con Dios; es sentirse molestos, sorprendidos, acosados por la Palabra de Dios y a pesar de todo, esperar en Él, con una actitud de buscadores de Dios; es sentirse al mismo tiempo pecador y salvado. Es tener la certeza de que el Reino de Dios está en medio de nosotros, pero que no pertenece sino a aquellos que luchan para obtenerlo. Es adhesión de todo nuestro ser al mensaje maravilloso y misericordioso de salvación que se nos ha comunicado por los caminos secretos de la revelación de Dios;  es la adhesión del hombre que acepta este hecho: DIOS SE HIZO HOMBRE EN LA PERSONA DE JESUCRISTO, QUE HABLÓ Y ENSEÑÓ, QUE MURiÓ Y RESUCITÓ PARA SALVAR AL HOMBRE. y quienes por la Fe que recibimos en el bautismo, recibimos la vida nueva, somos hechos hijos de Dios y convocados para ser su Iglesia.

Hermanos, no perdamos tiempo en pequeñeces porque somos llamados a ser los TESTIGOS del hombre nuevo realizado en Jesucristo y a ser los servidores y realizadores de una sociedad nueva para que “TODO HOMBRE SEA MI HERMANO”.

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Enrique Angelelli. Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba.  Tomo 4, Pág. 37s.   (La Rioja, 13 Enero de 1974)

BAUTISMO DEL SEÑOR

Hoy la liturgia centra su atención en la escena del BAUTISMO DE JESÚS EN EL RÍO JORDÁN, no lo necesitaba para renacer al “hombre nuevo” según Dios.

Él es el HOMBRE NUEVO porque es la VIDA -es DIOS- es la SABIDURIA del Padre de los cielos -es el Verbo Eterno de Dios. Pero es también Hombre Verdadero -como nosotros porque asumió nuestra naturaleza humana. Tomó TODO lo nuestro menos el pecado, pero asumió en su propia carne las consecuencias del pecado de los hombres. En la muchedumbre del Jordán es un hombre más, perdido entre los demás hombres. Fue Juan, el Bautista, quien anuncia que OTRO vendrá a bautizar en la Sangre y en el fuego -es decir el bautismo cristiano que es muerte y resurrección- porque este bautismo saca su fuerza en la CRUZ y en la PASCUA de CRISTO.

Dijimos que Dios Padre hace su Epifanía de muchas maneras -es decir, se manifiesta de distintas maneras-. Pero en CRISTO se “revela” QUIEN es. Por eso lo vimos manifestarse en la Navidad en la “epifanía” de un NIÑO, nacido como todo hombre y en el contexto de un Pesebre, anunciado a unos pastores y glorificado por los ángeles que anuncian al Salvador del mundo.

Luego lo vemos “manifestarse” en unos Reyes del Oriente – significando que se manifiesta a todo el mundo y a todas las razas… y vinieron y le adoraron… ofreciéndole: oro, incienso y mirra. Confesaban los Reyes Magos la Encarnación del Hijo de Dios, confesando que era verdadero hombre y verdadero Dios.

Ahora se manifiesta en el Río Jordán: la presentación la hace el mismo Padre Dios y lo anuncia el precursor del Salvador del mundo, Juan el Bautista… y se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: TU ERES MI HIJO, EL AMADO, EL PREDILECTO…” (Lc. 3, 21-22).

Confesamos, aquí, nuestra fe en el misterio de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo y a la vez confesamos nuestra fe en el Hijo de Dios como verdadero Dios y como verdadero Hombre. En este Cristo Jesús tendrá pleno sentido la vida de los hombres y la historia de los hombres. Toda la creación volverá a encontrar su armonía en este JESÚS confesado por Dios Padre como el Hijo Amado y el Predilecto.

Hacemos esta catequesis de estas fundamentales verdades de nuestra Fe, porque nos ayudarán a conocer mejor quienes somos nosotros, como cristianos – hoy – y cuáles son nuestras responsabilidades asumidas en nuestro bautismo. Es aquí donde debemos volver a mirar, para entender todo lo grande y profundo que hicimos el día de nuestras fiestas de San Nicolás, especialmente cuando realizamos, una vez más, el ENCUENTRO o Tinkunaco. Así comenzamos el año “74” haciendo la misma manifestación del Jordán: la hicimos a ese Cristo Alcalde, a Quien le confesamos que es el Hijo de Dios, el Amado y el Predilecto; el Autor de la Paz y en quien nos debemos “encontrar” todos los hombres. En este CRISTO ALCALDE nos encontraremos como pueblo. En este Cristo sacaremos las fuerzas y la Luz para llevar adelante la gran tarea de ir concretando realizaciones de paz y felicidad para todos.

Fundamentado en lo que acabamos de decir, quiero detenerme más en aquello que dijimos el primero de enero al final de las Fiestas Patronales; me refiero a las metas del año “74”.

  1. LA PAZ TAMBIÉN DEPENDE DE TI. Este es el lema del Santo Padre Pablo VI para todo el mundo. Nosotros lo hicimos programa para este año “74”; más que como programa debe constituirse como el alma de todas nuestras reflexiones y trabajos. Construir una Rioja en Paz y Feliz para todos depende de cómo construimos la paz en cada uno de nosotros, en cada hogar, en cada barrio, encada ciudad o pueblo. El Encuentro será vivido en el año “74” si a este lema lo hacemos carne en toda nuestra vida individual y comunitaria. Este lema va desde la intimidad de nuestras conciencias hasta las relaciones a diversos órdenes entre nosotros, como pueblo. “Esa paz, seguimos diciéndolo, será verdadera si se fundamenta en la Verdad, en la Justicia y en el Amor fuerte y viril.”
  1. AÑO SANTO DIOCESANO. Los objetivos del año santo siguen siendo tarea para este año “74” en toda la diócesis. No habrá paz si no hay reconciliación verdadera con Dios y entre nosotros. Lo seguiremos diciendo hasta el cansancio. Y no habrá reconciliación con Dios si no es verdadero el amor entre nosotros – y este amor debe traducirse en obras, estas obras deben estar fundadas en lo que es “justo”, en lo que es “verdadero” y en lo que es relación fraternal: -es un año de mayor oración personal y comunitaria, -es un año de mayor reflexión del Evangelio confrontando nuestra vida con él,

-es un año que debe llevar a una mayor conversión y a una mayor purificación personal en el Sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía,

-es un año que debe quedar como SIGNO para las generaciones futuras en la concreción de UNA OBRA de BIEN PÚBLICO de la naturaleza que sea, como fruto del esfuerzo común y como signo de esa reconciliación que se busca en este año santo. La presento para todas y cada una de las comunidades parroquiales. Verán las comunidades cómo llevarla a cabo. También nos ayudará esto a ser creativos.

  1. Siendo el AÑO del Congreso Eucarístico Nacional, debemos fijarlo también como meta; es decir, saber descubrir todo lo que exige de cada uno de nosotros y de cada comunidad, la EUCARISTÍA. Hay mucho que revisar, reflexionar y concretar en la vida diaria. No son dos cosas sino una sola; es decir, un año será santo si es plenamente, también eucarístico. No sólo miremos a La Rioja, sino miremos a la Patria que está buscando los caminos para concretar una verdadera reconstrucción. Vivir un año santo eucarístico es ir haciendo cada vez más realidad todos los valores de nuestro pueblo argentino. Ayudémonos para que no queden escindidos sino que se conviertan en realizaciones que nos hagan felices a todos. En la Eucaristía descubriremos mejor qué significa ser constructor de PAZ y EDUCADOR de PAZ. En este sentido he nombrado un responsable diocesano para este año del Congreso Eucarístico.
  2. LA EVANGELIZACION. Esta ha sido otra de las metas que pusimos. Cada Comunidad Parroquial como cada uno de nosotros debemos ser reevangelizados. Es decir: volver a esa PALABRA VIVA DE DIOS y hacerla carne de nuestra vida. Iluminar desde Ella todo lo que vivimos cada día; todo lo que nos provoca dolor o alegría. También, como pueblo riojano debemos volver a reflexionar o iluminar toda nuestra actual situación socio-cultural, si somos fieles a lo que quiere Dios de nosotros y se nos exige en esta hora en que vivimos. Lo que será tema de reflexión en toda la Iglesia universal, también lo hacemos meta para este año en toda nuestra diócesis. Este tema toca toda la vida de la Iglesia diocesana. Nos ayudará a seguir haciendo eso que hicimos en las Jornadas de Evaluación Pastoral; nos ayudará a concretar realizaciones para este año “74”. Este objetivo nos toca muy de cerca a nosotros sacerdotes, a las religiosas y al laicado. Es tarea para la catequesis, para la preparación sacramental, para las celebraciones litúrgicas, para las celebraciones patronales, para la reflexión del cristiano en el compromiso que tiene de ayudar a construir una sociedad según Dios. Es tarea para una reflexión profunda a diversos niveles y hacer de nuestra Fe personal y comunitaria signo de madurez cristiana y compromiso con la historia que todos vamos haciendo.

Para esto se tendrá como meta:

  1. un conocimiento mejor de las Sagradas Escrituras. LA BIBLIA. Debe ser el libro que alimente permanentemente a todo cristiano en la vida.
  2. Para nosotros sacerdotes, procurar que los sacramentos estén precedidos de una adecuada catequesis y que cada Eucaristía que celebremos con el pueblo sea cada vez mayor el ENCUENTRO de una comunidad, tratando de ir corriendo el sentido individualista de la eucaristía que se suele tener.
  3. En este clima y con esta tarea se irán formando un verdadero laicado capaz de asumir cristianamente todos sus deberes de ciudadano en las responsabilidades y campos que le toque actuar.
  4. Que este año santo pueda ayudar a muchos cristianos a asumir el Concilio; en su letra y en su espíritu, con todas las consecuencias que implica y con verdadero gozo, no con temor.
  5. Que las peregrinaciones que se vayan haciendo en el año santo se las prepare con este sentido y contenido que acabamos de señalar.
  6. Por ser sede, esta Catedral, de peregrinaciones, se pondrá especial atención pastoral para que cada una de ellas encuentren en su peregrinación a la Catedral esta respuesta evangélica que señalamos. Además que deberá este Santuario concretar una Obra que sea signo de este año santo. Para esta finalidad le encargamos al Equipo responsable que la proyecte y la lleve a la práctica.

Hermanos, a este Cristo, a Quien el Padre le dice que es su Hijo Amado y su Predilecto; en el Monte Tabor dirá también: ESCÚCHENLO, es para todos nosotros este mandato.

 

 

 

 

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