TIEMPO DE CUARESMA – HOMILÍAS RADIALES DE MONS. ANGELELLI

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Enrique Angelelli.

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2, pag.35 -38

La Rioja, 28 de Febrero de 1971

Domingo 1 de Cuaresma

Deuteronomio 26, 4-10 Romanos 10, 8-13   San Lucas 4, 1-13

El miércoles pasado, en todas las comunidades cristianas de la Iglesia Universal, se realizaba este sencillo y significativo gesto litúrgico: sobre la frente de cada cristiano caía un poco de ceniza con esta sentencia bíblica: “Acuérdate hombre que eres tierra y en tierra te has de convertir”.

Comenzaba el tiempo de Cuaresma con una sentencia bíblica que pareciera llena de pesimismo y desaliento para el hombre de hoy. Sin embargo es el comienzo de la verdadera sabiduría para la vida. CUARESMA, que no significa algo pasado de moda y superado por esta sociedad de consumo que despersonaliza, masifica, que hace perder el sentido de la vida y la dimensión de la creación. Tiempo para rectificar y cambiar rumbos en nuestra propia vida, en nuestra manera de pensar y juzgar las cosas y los acontecimientos que cada día nos condicionan; tiempo para revisar nuestras actitudes interiores y nuestra manera de obrar diaria; tiempo de dejarnos guiar por la voz de Dios que grita en lo más profundo del corazón de cada hombre convocándonos nuevamente a que celebremos la VIDA

que nos es dada por Jesucristo; tiempo de penitencia no para hacer del dolor y el sufrimiento un fin sino para aprovecharlo en todo lo que tiene de fecundo para romper el egoísmo y el pecado y todas las consecuencias que traen aparejados en nosotros y en la comunidad; porque el pecado es la suprema pobreza del hombre, le deja solo,

consigo mismo y con su raquítico bagaje de satisfacciones; tiempo para revisar nuestra condición de cristianos y las exigencias de la Fe que recibimos en el bautismo cuando la Iglesia, que es madre nos acogió como hijos y fuimos constituidos miembros del cuerpo de Cristo.

Porque, amigos, este tiempo cuaresmal es para reiniciar, si está rota la comunión con nuestro padre que es Dios y con nuestros hermanos con quienes formamos el cuerpo de Cristo y su pueblo escogido que es la Iglesia; tiempo para sincerarnos con nosotros mismos, ante Dios y ante nuestros hermanos.

Es bueno en este tiempo releer el libro del Éxodo, la salida del pueblo de Egipto hacia la Tierra Prometida; meditar el sentido que tiene en nuestra vida la travesía del desierto en largas jornadas hacia la tierra prometida; las exigencias que impone toda marcha por el desierto, que es signo de toda vida peregrina; el sentido que no somos un pueblo establecido sino en continua esperanza o esfuerzo para llegar a la tierra donde mana leche y miel. Es decir, no construiremos nada nuevo si no somos HOMBRES NUEVOS; esto es bueno recalcarlo hasta el cansancio. Cuánto puede ayudar en asumir en serio el sentido profundo de esta cuaresma para construir una sociedad nueva a la que aspiramos todos. Aquí esta la misión de la Iglesia; comprometernos con los hombres tal cual son y partiendo desde ellos y con ellos, ayudarlas a que sean hombres nuevos, hombres liberados de todas

las expresiones de muerte y esclavitudes para que sean verdaderamente libres y con los otros construyan la felicidad de todos. Cuando renazca con todo su vigor la vida y la fuerza de Dios sellada por el Bautismo entonces seremos capaces de cambiar en profundidad la sociedad en que vivimos.

Recordemos una vez más lo que el Papa Juan XXIII dijo al convocar el Concilio Vaticano II: que en los cristianos

resplandezca, con la santidad de la vida, la fuerza del Evangelio en el mundo de hoy.

Haciendo una reflexión acerca de los acontecimientos que a diario se vienen sucediendo en nuestra patria, no podemos menos que decir: mientras seamos hombres interiormente viejos, es decir, hombres no convertidos de verdad, no se construirá nada nuevo que pueda dar y brindar felicidad a nuestro pueblo. Mientras no quitemos

como método y como sistema, el uso fácil de la mentira y de la calumnia, no construiremos nada estable y firme. Mientras no quitemos el odio, el resentimiento, la soberbia, las causas que originan injusticias, dolor, desequilibrios irritantes y la vida fácil en nuestras relaciones humanas, no construiremos una sociedad nueva. Mientras no descubramos que cuanto más pobre de corazón es el hombre, tanto más encuentra su plenitud y su riqueza de hijo de Dios, cuanto más rico de sí mismo y lleno de satisfacciones egoístas tanto más empobrece. Mientras no descubramos y nos comprometamos a trabajar denodadamente para limpiar el rostro de tantos hermanos nuestros surcados por el dolor, las lágrimas, las angustias, las inseguridades, el miedo y todo tipo de marginaciones, ocasionadas por nuestro egoísmo y nuestra falta de profunda conversión, seguiremos siendo infieles a nuestra responsabilidad de hombres y de cristianos, ante Dios nuestro Padre y ante nuestros hermanos necesitados de sus otros hermanos.

Para nuestra comunidad riojana, debe hacerse cada vez más realidad: TODO HOMBRE QUE COMPARTA LA VIDA EN NUESTRO SUELO, ES MI HERMANO. No tendrán sentido nuestros ayunos y abstinencias si no son expresiones y no están acompañados de un corazón humano y cristiano que busca ansiosamente con los otros la

propia conversión y el dejarse tomar definitivamente por Dios.

Este es el llamado que fraternalmente les hago, como obispo, a toda Comunidad Diocesana: a ustedes, hermanos en sacerdocio de Jesucristo y que nos configura un sacramento; a ustedes religiosas, que deben ser signo en la Diócesis de lo que es permanente; a ustedes fieles cristianos, consagrados por el bautismo y enviados a testimoniar

y anunciar la buena noticia por la confirmación: revisemos nuestras propias vidas, con la gracia del Señor, en este tiempo de Cuaresma, para cambiar nuestra manera de pensar, de ver y de obrar todo aquello que no responda a nuestra condición de cristiano; y, si somos consagrados en el sacerdocio o en la vida religiosa, revisar todo aquello que no responda a nuestra responsabilidad testimonial y de verdaderos servidores y guías de nuestras comunidades. Soy el primero quien debe pedirle al Señor la luz necesaria y la gracia para ser fiel a la misión que el Espíritu Santo me ha confiado en este pueblo, ante cualquier viento que sacuda las pasiones de los hombres.

Esta cuaresma nos convoca a todos, a gobernantes y gobernados, a cristianos y no cristianos, a todo hombre de corazón recto que se sienta movido para hacer algo por su hermano: “MIENTRAS TENGAMOS TIEMPO, OBREMOS EL BIEN”, es decir, mientras seamos responsables de este tiempo y de los dones que Dios nos ha dado, esforcémonos todos juntos para construir un poco más de verdadera y auténtica alegría y felicidad en nuestro pueblo riojano, en todos los aspectos de la vida.

Cuando decimos que es necesario que la Pascua del Señor debe irse realizando en cada hombre riojano, y, que para lograr esto son necesarias arduas jornadas de trabajo esforzado para ir concretando metas, no lo afirmamos como una frase más o menos interesante o soñando en utopías, sino que lo afirmamos convencidos y apoyados en la fuerza de Aquél que le da el verdadero y profundo sentido a la vida, JESUCRISTO. Lo importante es seguir pidiéndole al Señor que no nos cansemos. Si en este caminar fatigoso hubiese hermanos ya cansados, abatidos o desorientados por el miedo y otros intereses, debemos ayudarles a que continúen en la marcha, si en ello existe un

corazón dispuesto para seguir construyendo juntos. Lo que no debemos renunciar nunca es el tener misericordia y comprensión para con aquellos que ya no se sienten con fuerzas o actitudes en la construcción de una sociedad nueva en la justicia, en la verdad y en la fraternidad de todos los hombres. No perdamos nunca de vista que se hace

duro y difícil en la vida no ver el sentido de la marcha de todo un pueblo y el camino por el cual debemos seguir peregrinando.

Y ahora les dejo algunas indicaciones que les pueden servir para vivir mejor esta Cuaresma y prepararse para una verdadera Pascua riojana:

1.- Traten de meditar en familia o en pequeños grupos la lectura de la Biblia.

2.- Ofrezcan al Señor como oración y como súplica el sufrimiento que diariamente nos trae esta vida presente convirtiéndolo en medio fecundo para salir de tantas situaciones que son indignas de hijos de Dios.

3.-A ustedes enfermos; a ustedes chicos, a ustedes abuelas, a quienes esta sociedad en la que vivimos los considera improductivos, sepan que son privilegiados para el Señor; pídanle al Señor que todo el pueblo riojano sea fiel al designio amoroso que tiene trazado sobre nosotros.

4.- Una manera de vivir esta cuaresma como lo quiere la Iglesia es esforzarnos por tener actitudes interiores y disponibilidad para que el Concilio Vaticano II siga concretándose cada vez más en nuestra Diócesis.

5.- El sacerdote para un pueblo debe ser considerado como un don del Señor; La Rioja no tiene, hoy, los sacerdotes suficientes que la comunidad necesita para ir creciendo en la Fe. A este don hay que suplicárselo al Señor, para que los sacerdotes en La Rioja seamos fieles a lo que la Iglesia y el mundo hoy necesitan.

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Enrique Angelelli.

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. tomo 4 pag 49 a 52

La Rioja, 2 de marzo de 1974

DOMINGO 1 DE CUARESMA C

MENSAJE DE CUARESMA A LA DIÓCESIS DE LA RIOJA

El MIÉRCOLES DE CENIZAS, en un gesto sencillo, simple y profundo, le plantea al hombre, de la condición social que sea, el sentido y el destino de la vida, dados por Dios, Nuestro Padre. El hombre, con actitud humilde y de profunda sinceridad para consigo mismo, siente que su frente es marcada con ceniza y que se le dice: “acuérdate, oh hombre, de que eres polvo y en polvo te convertirás”, “cree y conviértete al Evangelio”. No es un gesto de desesperación sino cargado de esperanza frente a la vida. Le quiere hacer recordar quién es él, y cómo debe administrar la propia vida. Lo invita a la reflexión para que no se autoengañe si padece la tentación vanidosa y orgullosa de creer que es dueño de la vida y que sobre su vida no existe ningún plan trazado por Dios.

Le recuerda esta pregunta fundamental: ¿acaba la vida en el reducido espacio de un sepulcro, o constituye, él, la puerta definitiva a la VIDA que no tiene término… feliz o desgraciada para siempre?

Esta amorosa invitación misericordiosa de nuestro Padre Dios, nos obliga a detenernos y hacer un alto, para reflexionar seriamente y tratar de darnos la respuesta, porque en ella se juega el destino de la vida y la suerte de muchos hombres que tengan relación directa con nosotros. Nos obliga a romper el aturdimiento que, a veces, llevamos en la vida, para buscar en el silencio fecundo, un diálogo, entablado entre nuestra conciencia y Dios. Nos obliga a escuchar la Palabra Viva de Cristo para revisar nuestra conducta concreta como hombres que tenemos la Fe Cristiana. Porque no enfrentar estos interrogantes, en la vida, planteados el Miércoles de Ceniza, significaría que huimos de nosotros mismos y que corremos el riesgo de frustrar la vida, aquí, en la tierra, y en la eternidad.

Este Miércoles de Ceniza, da comienzo a un tiempo litúrgico que le llamamos: CUARESMA. Cada cuaresma es un grito de esperanza y una invitación apremiante, para que reencaucemos la vida como la quiere Dios. Es llamado también, “tiempo fuerte” de oración y penitencia. Es un tiempo para buscar momentos de silencio interior, ustedes, los del campo, lo entienden mejor a esto del silencio interior para tratar de iluminar la vida, así como la llevamos, con la luz que nos da Cristo en su Evangelio. Porque la cuaresma fructifica si la iluminamos con la Cruz de Cristo y con la Vida Nueva de su Resurrección.

Cuaresma es un tiempo para hacernos recordar que somos “peregrinos” en la vida; que somos administradores de la misma, y, no dueños. Cuaresma es un llamado para cambiar la vida, tanto individual como social, en todo aquello que impide nuestra reconciliación con Dios y con nuestros hermanos. Porque no todo aquel que dice: “Señor… Señor… entrará en el Reino de los cielos, sino

aquel que cumple la Voluntad de mi Padre…”, dice Jesús. Y cumplir la Voluntad del Padre, es amar a Dios con toda la mente y el corazón – es decir – con toda la vida, y a nuestros hermanos como a nosotros mismos.

Necesitamos esta Cuaresma, como riojanos y como argentinos, porque necesitamos revisar la escala de valores que mueven y orientan la vida privada y pública en que nos movemos. La  necesitamos todos; sin excepción alguna.

Porque no podemos ni debemos confesar públicamente que somos cristianos, si, luego, en la vida privada y pública obramos como si no lo fuéramos.

Ser cristiano implica un regalo de Dios, una tarea para la vida, un compromiso serio asumido y una misión a cumplir con todos los demás hombres, hermanos nuestros, hermanos y no, un privilegio en provecho propio.

Ser cristiano exige de cada uno de nosotros, ser testigos de que en nosotros se ha operado la redención salvadora de Cristo haciéndonos un “hombre nuevo”. Para que seamos “luz”, “sal”, “testigo”, “hermano”, “amigo”, “comprometido” con todo hombre de corazón recto. Un verdadero cristiano nunca “usa” su “fe” para lograr ventajas personales, aún lícitas, en desmedro de sus hermanos. Revisar nuestras actitudes diarias, nuestros sentimientos íntimos, nuestras responsabilidades y compromisos asumidos, nuestra conducta privada  y pública, es tarea en un tiempo de cuaresma, aunque no sólo en ella.

Necesitamos esta cuaresma para revisar nuestras actitudes y nuestra conducta como hijos de la Iglesia; porque se nos dijo el Miércoles de Cenizas: “conviértete y cree en el Evangelio”. Todo esto supone dejarnos penetrar por Cristo que se nos manifiesta y expresa de muchas maneras, con humildad y sinceridad de corazón, para que en nosotros se opere esa cambio de vida, necesario,

para sentir que en nuestra conciencia hay paz; hay reconciliación con Dios y con nuestros hermanos; que en nosotros existe esa alegría interior del deber cumplido. Necesitamos vivir esta cuaresma plenamente, porque lo inmediato nos empequeñece, nos encierra dentro de nosotros mismos; nos impide ver lo que sucede a nuestro alrededor; nos impide ver con lucidez cristiana y visión de futuro los acontecimientos que vertiginosamente se suceden en todo orden. Lo que intentemos construir, hagámoslo como siempre con la verdad, nunca con la mentira. Mientras Dios nos siga regalando la vida, construyamos una Rioja de la que mañana se sientan orgullosos nuestros hijos. No lo olvidemos nunca: todo lo que edifiquemos con fundamentos falsos, caerá, como caen los edificios sin cimientos. Esta Cuaresma es un grito de alerta para que no nos permitamos nunca jugar la vida por lo que no tiene futuro.

Esta cuaresma nos debe ayudar a eliminar tantos prejuicios que tanto daño causan; muchos de ellos, son fruto de la ignorancia; otros de la pasión descontrolada y de la ambición; de la frustración personal o del orgullo y de intereses ilícitos. No matemos el Don de la FRATERNIDAD, con la desconfianza y con la delación. Obrar, así, no nos hacemos merecedores de las bendiciones de

Dios. Esta cuaresma nos reclama creatividad; alentemos todo lo bueno y positivo que tenemos cada hombre, que es inmensamente mayor que nuestras debilidades y pecados personales. Pero, también, es verdad, que debemos no restarle importancia a todo proceder pecaminoso y torcido, porque las consecuencias las sufre toda la comunidad; las sufre todo un pueblo.

Aportemos, como riojanos, a nuestros hermanos argentinos, el signo de una comunidad que trabaja laboriosamente, confraternizada, para buscar las soluciones a los problemas que a diario nos acosan. No separemos la Fe de la vida. Actualicemos el “Encuentro” vivido el primero de enero, para que el abrazo que nos dimos como pueblo no lo rompamos con nuestras ambiciones personales

egoístas.

Esta Cuaresma nos hace reflexionar, también, acerca de los graves sucesos que estamos viviendo los argentinos; porque nos sentimos parte de la comunidad nacional compartiendo sufrimientos y esperanzas; porque vivir auténticamente la Fe Cristiana nos exige un mayor compromiso de servicio al “Bien Común”. Miramos el futuro con esperanza, aunque ella esté cobrando cuotas de dolor. Estos “graves sucesos”, con consecuencias imprevisibles si subvertimos la “escala de valores”, nos exige, más que nunca, lucidez para discernir cristianamente los acontecimientos; sensatez y honestidad en el obrar; compromiso noble, generoso y desinteresado en la gran tarea de reconstruir, en paz, la Argentina que todos soñamos ver concretada.

Por eso ponemos a la diócesis en actitud de oración, pidiendo por La Rioja y por la Patria. Esta oración se la pedimos, especialmente a ustedes, niños, enfermos y ancianos. Se la pedimos a cada comunidad parroquial y a cada hogar porque estamos seguros que de este clamor suplicante de pueblo de Dios, como riojanos y como argentinos, brillará la luz y brotará el “encuentro de hermanos”, necesario para la verdadera paz.

Que María Santísima y San Nicolás intercedan por nosotros.

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Enrique Angelelli.

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2, pag.39s

La Rioja, 7 de Marzo de 1971

DOMINGO 2 DE CUARESMA

Genesis 15,5-12 . 17-18 Eilipenses 3, 17-4,1   San Lucas 4, 28-36

Saludos:

 A la Comunidad del Sagrado Corazón de Fátima. Al Padre Francisco. A los Maestros de Milagro. A los enfermos. A los presos. A los amigos del Hogar de Ancianos. A los que han perdido algún ser querido.

Amigos y hermanos de L.V. 14.

El domingo pasado reflexionábamos acerca del sentido de la Cuaresma.

Decíamos entonces que estamos viviendo un tiempo de especial preparación para vivir mejor la Pascua, que es tiempo de silencio y oración interior para escuchar mejor la Voz de Dios que habla en cada uno de nosotros, tiempo para revisar la propia vida con las responsabilidades que tenemos en la comunidad, tiempo para avivar el sentido de la vida y de la muerte, el sentido que tienen Dios y mis hermanos en mi propia vida; tiempo para

analizar mis posturas ante la Fe y la Iglesia como Obispo, sacerdote, religiosa o cristiano; qué exigencias tiene mi Fe en las presentes coyunturas en que vivimos; tiempo de arrepentimiento que significaba convertirnos, tiempo propicio en el que Dios sobreabunda con su gracia.

Y descubrimos, en las lecturas que acabamos de leer, que el Espíritu de Dios es el que mueve la marcha por el desierto de la vida donde el hombre deberá resolver su condición de hijo de Dios. La Fe tiene aquí el alcance de obediencia a una Palabra de Vida.

En la lectura del A.T. aparece la figura del Patriarca Abrahám como el padre de  la Fe, como el prototipo del hombre creyente. Aquí vemos que Dios como quien toma distancia, para revisar toda nuestra vida y las actitudes y maneras de pensar y obrar que tenemos a diario. Cuando la Iglesia habla de cambios y de conversión, cuando habla de romper nuestra rutina y analizar y rever hasta las mismas estructuras de nuestra

sociedad es para que el hombre, Ud. amigo, sea ese hombre que pensó Dios, Nuestro Padre y lo realizó en Cristo. Ud. y yo debemos ser las imágenes y la realidad vivas en nuestro mundo tan necesitado de soluciones profundas y no sólo de paliativos. Todo esto supone grandes rupturas interiores y exteriores que nos llevan a veces a autoengañarnos para no hacer esta gran opción de la vida impuesta y exigida por la FE.

Cuántas veces ponemos obstáculos en nuestras vidas y en la comunidad donde la Providencia nos ha colocado para que sea realidad la comunión de vida con Dios y con nuestros hermanos. Somos infieles y retardamos el crecimiento en la Fe de la Iglesia, que es el Reino de Dios.

No puedo y no podemos decir, yo trataré de seguir mi Fe y a la vez decir qué me importan, el Obispo, los curas, los cristianos o los hombres, mis hermanos; que se las arreglen ellos, yo me las entiendo con Dios. Es un error, se autodestruye porque su Fe y la mía crecen en la medida que ambos vivimos en comunión entre nosotros, pero si esto no se da, tampoco se da con Dios. Cuando no asumo lo que me cuesta romper, o no renuncio a mi propio capricho – criterio por no asumir las consecuencias de una obediencia libre en la Fe – no estoy construyendo y soy infiel a mi Fe.

Cuando en nombre de la fidelidad a la Iglesia me resisto a la misma Iglesia que en nombre de Cristo me exige cambios mentales e interiores para que mi Fe no sea muerta sino operante y transformadora de la vida, soy infiel.

Cuando a veces, creemos que nosotros no tenemos nada que cambiar, que no tenemos nada por conocer o profundizar en la Fe, revelamos nuestra ignorancia religiosa en planteos serios y profundos de los problemas  que a diario nos enfrenta la vida.

Como esposos, padres, profesionales, obreros, técnicos, políticos, hombres de la cultura, comerciantes, empresarios, y también nosotros hombres consagrados con la grave responsabilidad de guía en la Fe a nuestro pueblo, a veces tomamos actitudes de adolescentes para encubrir el miedo, la incapacidad, la falta de profundización en la Fe o la no aceptación de que ME TENGO QUE CONVERTIR y ahora tengo una respuesta que dar, en orden a la fidelidad a la FE.

Acabo de regresar de algunos pueblos del interior. Hubo quienes me pidieron que contestara por radio a esta pregunta: Le pedimos que diga públicamente que Ud., algunos sacerdotes, algunas religiosas y la Iglesia en La Rioja, no son comunistas. Lo pensé mucho antes de contestar por radio pero resolví hacerla. Porque, me decían,

hay algunas personas que están sembrando y afirmando esta cosa.

La respuesta es muy sencilla; decirles que no somos comunistas públicamente, me parece que es tratarlos como adolescentes o niños. Y el respeto que me merecen, y el afecto, me exige tratarlos como adultos, hermanos y amigos.

Si en realidad hubiese quienes están empeñados en esta campaña, desde ya sepan que los perdonamos y tenemos misericordia de ellos. Revelan que en ellos existe una Fe y una ilustración de la misma que le hacen poco favor a la fuerza del Evangelio frente a otra concepción de la vida y del mundo. Además, y entiendo que nace de buenas intenciones, debidamente fundamentadas, infórmenle al Santo Padre, quien juzga la vida de un Obispo y de una Diócesis en definitiva. Les pediría una cosa: se hacen responsables delante de Dios del daño que hacen en hermanos que viven su vida sencillamente.

Lamentablemente en nuestro País, este tipo de campaña no nos llama la atención.

Pero, ¿no sería bueno emplear ese precioso tiempo que pierden en esto, en ayudar a solucionar tantos problemas de nuestro pueblo y en sumar todos los esfuerzos con todo hombre que tenga un corazón recto, sea cristiano o no? Hacer un Iglesia de gheto es ser infieles a Cristo. Creo haberles respondido. Para ellos, de existir, le  pedimos al Señor que los ilumine en esta Cuaresma y sumen sus esfuerzos al de todo nuestro pueblo que tiene tantos problemas por solucionar.

Que Dios los bendiga.

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Enrique Angelelli.

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 p 53 a 56

La Rioja, 9 de Marzo de 1974

DOMINGO 2 DE CUARESMA C

Amigos y hermanos radio oyentes de L.V. 14.-

El domingo pasado, invitaba a toda la diócesis a la Cuaresma, con el espíritu y sentido que le da y quiere la Iglesia. Tiempo de revisión de vida privada y pública -decíamos- tiempo de grandes decisiones, tiempo que nos lleva a celebrar la Pascua, más allá de los ritos litúrgicos, vale decir, en la vida, porque ella es plenitud de vida y para cada uno de nosotros se constituye en tarea personal

y comunitaria. La Pascua es la gran respuesta de nuestro Padre Dios al hombre, a cada uno de nosotros, en la persona de Cristo que nos hace velar la Cruz en un viernes santo y la Vida resucitada, liberada de la muerte, en el ALELUIA de la Pascua. La Pascua es la gran respuesta para la felicidad de los pueblos.

Pero la Pascua es conquista, es trabajo, es esfuerzo, es renuncia, es conversión, es muerte a todo lo que es egoísmo y mentira en el corazón nuestro. A esta Pascua nos preparamos con la cuaresma. A esta Pascua se encamina la Diócesis de La Rioja y la Iglesia Universal. Hacia esto estamos invitados los cristianos, especialmente, como una exigencia de Fe, como una condición de   peregrinos en la vida; como una obligación de Confirmados en la Fe, por el Espíritu Santo en el Sacramento que hemos recibido, porque fuimos hecho Testigos del Hombre Nuevo en Cristo. A esta Pascua vivida se encamina el paso privilegiado de Dios, en este Año Santo. Pascua es reconciliación en la verdad, no en la mentira; en la vida, no en la muerte; en el amor, no en el egoísmo; en la búsqueda en común, no en la desconfianza mutua. Repito, la Cuaresma es la gran

preparación; la gran gimnasia; el entrenamiento, que todos debemos hacer para la Pascua de Cristo, se haga cada vez, más realidad en la vida de cada riojano y de toda La Rioja.

Por eso, hoy, las lecturas que hemos escuchado, se resumen en la frase que trae el Evangelio que hemos leído: (Lc. 9, 28-36) “Este es mi Hijo muy amado, Escúchenlo…”. Era la voz de Dios Padre que se hizo oír entre las nubes, cuando Jesús se trasfiguraba con la blancura de la nieve, Moisés y Elías, junto a Él, y los Apóstoles: PEDRO, JUAN y SANTIAGO como los chicos decían: “qué lindo

es estar aquí, ¿nos quedamos?”. Pero una nube cubrió esa estupenda realidad de Cristo transfigurado, y solo se encontraron con Jesús, que les dijo: Bajen, vayan y guarden silencio hasta que resucite, hasta la Pascua. La Trasfiguración se convirtió en esperanza para ellos y para nosotros, en meta a alcanzar en la vida; y, al mismo tiempo, en la gran tarea de conquistarla, bajando a la realidad  de la vida, la de todos los días; la que está mezclada de sufrimientos y alegrías; la que se hace dura, a veces, y que nos tienta de cansancio de seguir luchando para solucionar tantos problemas.

Y sigue resonando en nuestros oídos y en nuestras conciencias: lo que dijo Dios Padre: ESCÚCHENLO. ¿A quién?… a Cristo, el Hijo de Dios Vivo, el que nace en un Pesebre, el que muere en la Cruz, el que resucita al tercer día, el que está presente en la Eucaristía, el que convoca a vivir una comunidad nueva en la Iglesia.

Por eso, la Iglesia, jamás podrá renunciar a cumplir la misión que Jesús le encomendó. Ella sabe, que si es fiel a Cristo, el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio, que es anunciar la Pascua de Cristo y todo lo que supone prepararse para esa Pascua en la vida de los hombres y de los pueblos, deberá sufrir, también, como su Divino Maestro. “El discípulo no es mayor que el maestro”, nos dice Jesús. La Iglesia debe seguir repitiendo a los hombres: ESCÚCHENLO, hermanos hombres, porque en Él encontraremos la respuesta a todos esos interrogantes que no sabemos como eliminarlos de la vida. Si somos cristianos, estamos obligados de escuchar a este Cristo para que, quienes se acerquen a nosotros, descubran que el hombre nuevo ya comenzó en nosotros por el bautismo, y que deberá ir creciendo, como crecen las plantitas que plantamos. ESCÚCHENLO, nos dice Dios Padre. Para que podamos ayudarnos a reflexionar y vivir la cuaresma. El nos dice en su Evangelio:

-“el que quiere ser mi discípulo, que tome la cruz de cada día y me siga” -“no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos…” -“felices los pobres, los misericordiosos, los justos, los de corazón limpio, los que padecen persecución por la justicia, los pacíficos” -“sin mí nada podéis hacer…”-“el que escandaliza a los pequeños más le vale que se ate una piedra de molino en el cuello y se eche al mar…” -“he venido para que tengan vida y en abundancia…” -“yo soy la vid, ustedes son los sarmientos…” -“lo que sale del corazón, mancha al hombre, no lo que sale de la boca…” -“mujer, si nadie te condena, tampoco yo te condeno, vete en paz y no peques más…”

-“cuando oren, digan, Padre nuestro que estás en los cielos…” -“el publicano salió justificado y no el fariseo…” -“vayan (a los apóstoles), prediquen a todas las gentes y bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…” -“a quienes a ustedes oigan, a mí me oyen, a quienes a ustedes los desechen, a mí me desechan…” -“reciban el Espíritu Santo… a quienes le perdonen los pecados le serán perdonados y a quienes se lo retengan, le serán retenidos…” -“Más fácil es que un camello entre por el agujero de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos…” -“Felices, porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estuve sin hogar y ustedes me recibieron, estuve desnudo y me vistieron, estuve enfermo y me visitaron, estuve en la cárcel y me fueron a ver…” “cuando lo hacían con estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hacían…”

-“No todo el que dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la Voluntad de mi Padre…” -“atiendan, lo que les digo en las parábolas: del ‘samaritano’, del ‘hijo pródigo’, el ‘rico Epulón’, ‘de la oveja perdida’, Dios, Único y Verdadero” -“en esto consiste la Vida Eterna, en que te conozcan a Ti, Padre, y a quien Tú enviaste, Jesús, el Cristo… que todos sean uno, que no los saques del mundo pero presérvalos del mundo…” -“Padre: perdónalos, porque no saben lo que hacen…”

Todos estos textos del Evangelio nos ayudan a saber escuchar a Jesús que nos habla a cada uno de nosotros y habla a su pueblo, que somos nosotros, pueblo riojano. Todo esto dice Jesús.

ESCÚCHENLO… seguirá siendo la tarea de nuestra vida diaria… porque nos habla, también:

-por su Iglesia que es el Cuerpo Total (místico) de Cristo -en cada sacramento que recibimos, en cada misa que participamos, en cada lectura que hacemos de la Biblia, en cada dolor de nuestros hermanos, en el corazón de cada hogar, en la inocencia de los niños, en el silencio de

tanta gente que no tiene voz, en cada pecado que hacemos con el grito de nuestra conciencia, en la vida de nuestras comunidades, en el esfuerzo de cada hombre cuando alivia un dolor o soluciona un problema de su hermano, en los acontecimientos grandes o pequeños que vivimos como riojanos

y como argentinos… en el ministerio sacerdotal de cada hermano sacerdote, en la religiosa junto al enfermo, al anciano, al pueblo que acompaña, en cada laico que es fiel a su bautismo y a la confirmación que recibió, y procura ser testigo fiel de Cristo en donde se encuentre. Nos habla en la sangre de los mártires, en los ideales limpios y nobles de nuestra juventud; nos habla en el esfuerzo de cada padre y madre para que su hogar sea una escuela de paz y de felicidad. Escúchenlo, nos sigue diciendo nuestro Padre Dios. Nos habla cuando nuestros hermanos que tienen la  responsabilidad de gobernar ayudan al pueblo para que sea más feliz, más viva más fraternalmente,

procura que la justicia se haga realidad en todo el pueblo; que los ciudadanos se sientan protagonistas de su propio destino, porque la autoridad que tiene el hombre le es dada por Dios para el servicio de todos sus hermanos.

Hermanos: Estas reflexiones no llevan otra finalidad que ayudarnos a vivir una cuaresma a fondo para que como pueblo seamos felices. Dios lo quiere y no podemos renunciar a esta tarea difícil y estupenda de trabajar por lograrlo.

Eliminemos de nuestra vida riojana, si lo hubiere, todo lo que siembra la desconfianza entre hermanos; todo lo que mata la creatividad, todo lo que posibilite que nuestro pueblo pueda apartarse de la fuente de la vida cristiana de la Iglesia, todo lo que signifique apartar al hijo de la madre, como sería apartar al pueblo de la Madre Iglesia. Pensemos que no somos dueños de las vidas de nuestros hermanos, sino servidores, y, de la nuestra, administradores solamente.

Escúchenlo… sea para todos nosotros la tarea para nuestra reflexión semanal.

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Enrique Angelelli.

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. tomo 4 pag 57 a 60

La Rioja, 17 de Marzo de 1974

DOMINGO 3 DE CUARESMA C

Amigos Radio oyentes de L.V.14.-

El Año Santo, idea genial e intuición profética de Pablo VI, es una honda comunicación del Espíritu Santo que nos renueva adentro y nos pacifica interiormente; nos abre a la comprensión de los hombres; nos hace más hermanos, de verdad y no en el fingimiento, nos descubre mejor el Plan de Dios y nos compromete a construir la historia.

Si los cristianos nos comprometemos a vivir muy en serio el año santo, buscando evangélicamente la conversión de la vida como individuos y como pueblo, florecerá un nuevo pentecostés, es decir, una renovación pujante de vida, de iniciativas, de realizaciones para el bien de todos. Seremos verdaderos “testigos” de la “pascua”; tan necesitada nuestra Rioja de una floreciente vida “nueva”. Sentiremos dentro de nosotros la fuerza de ser hombres interiormente libres y a la vez, solidarios con los demás; esforzándonos juntos para afrontar las transformaciones que son necesarias afrontar para que todo nuestro pueblo sea feliz.

La “Reconciliación y Renovación” que busca el año santo es esto: volver a nuestro Padre Dios, en verdad; y servir al Cristo que vive en cada hombre.

Reconciliarse, hoy, significa en cristiano, vivir con sencillez el sermón de la montaña y comunicar al mundo la fecundidad de las bienaventuranzas.

El domingo pasado decíamos que Dios Padre nos entregaba a los hombres esta gran consigna: “Este es mi Hijo muy amado, ESCÚCHENLO…”. Este Hijo es Cristo. Es Él quien llama a la reconciliación; es Él quien convoca a que realicemos la justicia, sembremos el amor y construyamos la paz. En síntesis: expresar a los ojos de los hombres el rostro de Cristo que vive en nosotros y que nos ha cambiado. Un Cristo que adora al Padre y nos llama amigos; un Cristo que sube a la montaña para estar solo y orar; un Cristo que va a la cruz  para entregar la vida por sus amigos, que somos todos los hombres. Aquí entendemos mejor lo que significa mi “prójimo”. Es todo aquel que Dios ha puesto en mi camino y espera de mí la entrega de mi tiempo, de mi esperanza, la donación de mi vida y de mis talentos, pocos o muchos; la comunicación del Cristo que he descubierto en mi propia vida; el Cristo que me hizo feliz porque cambió mi vida; el Cristo que me da fuerzas para jugar la propia vida cuando están en juego los grandes valores, la vida y la felicidad de nuestro pueblo;

el Cristo que en la persecución pone el signo de lo evangélico y del verdadero amor.

La “reconciliación” a que nos llama Cristo es la que nos exige tener conciencia clara y serena del pecado; del pecado nuestro y de nuestros hermanos; del pecado de la sociedad actual y del pecado en la historia de los hombres; del mal que hicimos y del bien que dejamos de hacer.

“Cree y conviértete al Evangelio”, fue el espaldarazo que nos dio el Miércoles de Ceniza para que iniciáramos el camino duro y difícil de una cuaresma que prepara una verdadera Pascua en la vida. Una cuaresma que no puede estar solamente reducida a hacer única y principalmente una  abstinencia de carne, o hacer un ayuno puramente externo pero que no llegue a cambiar el corazón, que quiere decir: cambiar la vida como lo quiere nuestro Padre Dios. La “reconciliación y la renovación” exigidas en este año santo, ayudado por esta Cuaresma, es atacar las raíces de nuestro egoísmo; la injusticia manifestada de muchas y varias maneras; la mentira disfrazada frecuentemente, de diversas formas; delatando al hermano y robándole su buen nombre y honradez,

cayendo en la grave enfermedad moral, que lamentablemente padecemos hoy, denominada: “calumnia” e “injuria” a personas, instituciones, esfuerzos laudables por realizar el evangelio en nuestro pueblo; caer en la tentación de la “infidelidad” que se viste, también, de distinto ropaje, aun con la apariencia de procurar la “paz” y el “orden”, pero que no están fundamentados en los

pilares verdaderos: sentido de la fraternidad, la justicia, el amor, la honradez interior y exterior en el obrar diario, la generosidad y el esfuerzo por remover todo aquello que impiden su vigencia.

“He escuchado el clamor de mi pueblo…”, nos dice el Señor, hoy, en las lecturas que hemos escuchado. Lo repetimos: Dios es celoso de su pueblo. Dios protege, ayuda, acompaña y bendice a todo hombre que ayuda a su pueblo a que ese clamor y sufrimiento, se convierta en clamor de felicidad y de acción de gracias porque se ven realizadas sus aspiraciones.

A esta verdad bíblica, La Rioja la experimenta en su propia carne. Dios es celoso de su pueblo riojano. La sabiduría que lleva guardada en su alma de pueblo no la improvisa ahora, la viene amasando desde hace mucho tiempo, con lo que trae de su historia y con lo que vive hoy; no opta ahora, optó en su misma cuna por el Evangelio de Cristo para iluminar la vida y la historia que

va tejiendo. Por eso, cada año, al alumbrar al primer día, desde que un fraile franciscano,

Francisco Solano hizo el gran anuncio del Evangelio de Jesucristo al hombre de nuestra tierra, no sólo lo recuerda sino que lo vive y lo convierte en tarea, en ese ENCUENTRO de San Nicolás y el Niño Alcalde. Por eso dijimos en las Fiestas de diciembre, que La Rioja tiene, hoy, un “mensaje” que brindar al resto de sus hermanos argentinos. No ver a La Rioja desde este gran acontecimiento,

es no descubrir ni entender lo que Dios viene realizando desde su misma alma de pueblo. Desde aquí entendemos lo que se nos dice hoy: “He escuchado el clamor de mi pueblo… iré a sacarlo de esa situación para llevarlo a que viva en una tierra que mana leche y miel…”; es decir, sacarlo de una situación de sufrimientos y esperanzas para que viva una realidad de fraternidad y de paz. Esto es bueno recordarlo una vez más, para no caer en la desorientación, en el engaño y en la angustia. “Conviértete y cree en el Evangelio”, seguiremos repitiendo para que no nos crucemos de brazos; para que sigamos trabajando juntos la realización de ese Encuentro Nuestro, Riojano; para que

este Año Santo sea una realidad con todo el sabor, el estilo y la profundidad que tiene nuestra vida riojana. Pero también es una gran verdad de que ese Encuentro es una TAREA para todo un pueblo que busca diariamente solucionar sus problemas y no detener su marcha hasta convertir a La Rioja en una tierra “prometida”. Así como cada año el hombre de nuestra tierra tiene derecho a recoger de sus parrones abundante y rica uva, porque a ese parrón le prodigó toda clase de cuidados y sacrificios.

También Dios, busca de cada uno de nosotros y de todo su pueblo, que somos nosotros, recoger frutos, sanos, sazonados y abundantes. Como no es fácil conseguirlo de nuestros parrones, tampoco es fácil conseguirlo de la vida que está acechada por muchas plagas que le impiden crecer; y a veces la inutiliza y la convierte en nociva para sí y para los otros. Cuaresma es el tiempo apropiado y especial para hacer las podas y curarla de los males morales a fin de recoger frutos de vida auténticamente cristiana.

Ayer, en Amaná, pueblo escondido y casi diría contemplativo de nuestra Rioja, se inauguró el edificio de una nueva escuela. Les puedo decir que vivimos hasta emotivamente la sencillez y la hondura humana y cristiana de un encuentro de pueblo. Sentimos que Cristo, La Rioja y la Patria se habían confundido en un abrazo de paz y que ese abrazo se hizo oración en la oración de los niños que públicamente rezaron por todos nosotros. Sentimos que se hacía realidad este pasaje bíblico: “El Señor escuchaba el clamor inocente de los niños de nuestro pueblo riojano”, allá, en el silencio de un pequeño pueblo, hermano nuestro, que sabe mucho de sacrificios, esperanzas, esfuerzo por

brindarle a las generaciones futuras lo mejor de su vida.

Por eso, hermanos riojanos, no nos dejemos tentar por los sectarismos políticos o de otro orden. Dios no quiere este proceder. Luchemos en nosotros mismos para no caer en la tentación desordenada y esclavizante del dinero o del poder. Luchemos para no caer en los placeres que degradan la vida privada, familiar y social. “Conviértete y cree en el Evangelio” se nos sigue diciendo

a todos. No te olvides de que “eres polvo y en polvo te convertirás”. Será el grito saludable y cargado de esperanza y mensaje para reflexionar en la vida.

ESCÚCHENLO, nos seguirá diciendo nuestro Padre Dios. Reflexionemos, más allá de problemas pequeños y mezquinos, fruto, muchas veces de la pasión descontrolada y de ambiciones egoístas, en las verdaderas, grandes, urgentes y reales soluciones a los problemas de nuestro pueblo riojano, por los que vale la pena entregarle talento, capacidad, esfuerzos y la misma vida.

En esta Cuaresma sigamos profundizando nuestra Diócesis para que sea una Comunidad orante y a la vez más evangélica, más misionera, más comprometida con toda la vida de nuestro pueblo a quien tiene que servir. Si el sufrimiento y todo aquello que la asemeja más a Cristo crucificado, la “prueban”, sigamos pidiendo la serenidad, la paz, la luz y la gracia de Cristo para discernir bien – porque allí está el signo evangélico querido por Cristo – si todo ello es originado por vivir mejor el Evangelio con todas sus consecuencias. Si así lo vivimos, nuestra comunidad diocesana será fiel servidora de su pueblo. Seamos concientes cada vez más, en Quién hemos puesto nuestra confianza y en qué cimiento se asienta nuestra FE.

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Enrique Angelelli.

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. tomo 4 pag 61 a 65

La Rioja, 31 de Marzo de 1974

DOMINGO 5 DE CUARESMA C

Amigos y hermanos radio oyentes de L.V.14.-

Entramos en la última semana de Cuaresma. Con el próximo domingo, que es domingo de Ramos, iniciamos la Semana Santa. Durante toda esta Cuaresma hemos ido reflexionando profundamente todo lo que nos exige nuestra fe cristiana.

Hemos ido tratando de que este Año Santo Diocesano sea un año que marque en nuestra vida y en la de toda la comunidad diocesana el paso de Dios en una verdadera reconciliación o encuentro de cada uno de nosotros con Dios y con nuestros hermanos. En la Biblia, es decir, en la Palabra de Dios, el Antiguo y Nuevo Testamento, especialmente en los Santos Evangelios, hemos tratado de buscar la luz y la fuerza para iluminar la vida. Hemos tratado de hacer un análisis de todo lo que pasa en nosotros, hechos grandes o pequeños, tratándolos de ver con los ojos de Cristo. Todo esto supone ir viviendo un proceso de cambio interior y exterior, exigido por Dios mismo. El Año Santo nos llama a un profundo cambio en todos los aspectos; sólo así se logra la repetida muchas veces “reconciliación”. El gran enemigo que tiene todo verdadero cambio personal es el “orgullo” o “soberbia”. Cerrarnos al cambio que nos viene reclamando Dios en este Año Santo es cerrarnos a la vida. Es ir empobreciéndonos espiritualmente cada vez más. Es llegar a perder la paz interior y estar viviendo en una angustia tal que nos hace tener, hasta hastío de la misma vida.

Hace unos días me contaban que una mujer de un pueblo del interior de La Rioja, le agradecía a nuestra Radio lo siguiente: “gracias por el bien que me hacen, porque cada mañana, con la oración con que se inicia la transmisión diaria, me ayudan a rezar y me hace mucho bien…”. A lo mejor pueda aparecer, inadvertidamente, en algunos, como cosa sin importancia lo que agradecía esta mujer del campo. Sin embargo, creo que el agradecimiento de esta mujer es decirnos con sencillez, todo el sentido que ella tiene de la vida; cómo quiere ella que la vida no se le empobrezca, cuál es la escala de valores que tiene. Agradecía todo aquello que la hace crecer por dentro, y no le hace perder el rumbo de la vida ante las encrucijadas que a diario tenemos. Nosotros queremos agradecerle su “agradecimiento” a esta hermana nuestra y la lección que nos da.

Porque cuando la Iglesia llama en este Año Santo a vivir todas sus exigencias, como lo venimos haciendo en la diócesis, no hemos claudicado a las   exigencias de la “opción pastoral” que un día hicimos con la gracia de Dios.

Porque optar por ser fiel y servidor de nuestro pueblo, entregándole la Vida de Dios, por la Palabra Evangélica y por los Sacramentos, y compartir con él sus esperanzas y sus dolores, no es otra cosa que ser fieles a la misión dada por Cristo. En su nombre evangelizamos, santificamos y compartimos la vida de nuestro pueblo. Cuando entregamos los “misterios divinos” en nuestro ministerio sacerdotal y pastoral, no hacemos otra cosa que ayudar a que nuestro pueblo crezca interiormente, logre, cada vez más, plena libertad interior para discernir los acontecimientos que vive, y, desde la Fe, posea un verdadero sentido crítico para que nunca renuncie a ser protagonista de su propio destino y así labre su propia felicidad.

San Pablo, hoy, en su carta a los filipenses, nos llama a que miremos el futuro y no nos quedemos en “cosas pequeñas y mezquinas”. Hay que mirar el futuro con serenidad, con coraje, con firmeza, con esperanza y con los mejores sentimientos para seguir construyendo juntos. El mismo Pablo nos habla de que la vida es una “carrera”. La campara con una competencia deportiva.

Para esto se necesita esfuerzo, dedicación plena y una escala de valores fundamentales en la vida, conforme a lo que Dios quiere de nosotros. Al “trofeo” de un triunfo no lo consiguen los cómodos, los “establecidos” en la vida, y los egoístas y descomprometidos.

“No todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino todo aquél que cumple la Voluntad de mi Padre.” dice Jesús en su Evangelio.

Trae, también, hoy, el Evangelio de San Juan, el pasaje de la “Mujer Pecadora”. Una mujer sorprendida en adulterio; la ley, de entonces, mandaba que se la apedreara públicamente; promueven una acción contra ella los llamados ‘letrados’ y ‘fariseos’; con esta acción buscan comprometerlo a Jesús para poder acusarlo de estar contra la ley; Jesús escucha en silencio, y luego escribe con el dedo en el suelo. Al rato responde: “el que esté sin pecado que le tire la primera piedra”. Mientras tanto sigue escribiendo. Al rato no quedaba ningún acusador, dice el Evangelio “empezando por los más viejos se escabulleron todos”. Jesús pregunta a la mujer: “donde están tus acusadores, ¿ninguno te condenó…?”. “Ninguno, Señor”, respondió la mujer. Jesús le dijo: “Tampoco Yo te condeno. Vete en paz y en adelante no peques más.”

Muchas reflexiones nos enseña este pasaje. Haré esta reflexión. Todo este Año Santo y la Pascua, ya próxima, la debemos ver desde este cuadro de la “mujer pecadora”. Desde aquí saquemos las exigencias que supone toda reconciliación con Dios y entre nosotros. La “mujer pecadora” nos entrega la gran lección de la “debilidad humana” y del “pecado” en el hombre con su proyección social; nos enseña la actitud humilde de encontrar en el hermano comprensión y una mano amiga que le ayude a reencausar la vida; nos enseña la necesidad de perdón y de paz; nos enseña la alegría de un encuentro con quien le devuelve la paz y el verdadero sentido de la vida: Cristo los simboliza, también, esta mujer, a nosotros, como pueblo, pero especialmente al que más sufre y es más débil. En la mujer está simbolizado el que no tiene “voz”; el que no puede decir toda la historia de ese pecado y de esa situación; nos enseña cómo Dios mira al hombre en su grandeza y en su debilidad; cómo Dios es Padre y es amigo; cómo le indica cuál es el camino para ser feliz: “si nadie te condena, tampoco yo te condeno… vete y no peques más.”.

Nos enseña otra lección: la de los “acusadores”; tan preocupados por hacer cumplir lo externo de la “ley” y sus apariencias, sin importarles que el hombre se renueva por dentro; que un “orden puramente externo” es engañoso; es injusto; debe ser fruto de una conversión interior para lograr el “hombre nuevo” y una comunidad nueva en justicia y santidad de vida. “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”, dice Jesús y “comenzando por los más viejos se escabulleron todos.”. Hoy, hermanos, como en tiempos de Cristo, este pasaje del Evangelio sigue teniendo vigencia en toda su crudeza. Cuantos “acusadores” se levantan hoy para condenar a sus hermanos, cuando en realidad son los más necesitados de la compasión de sus hermanos y de la Misericordia de Dios, porque por dentro son, como dice Cristo, sepulcros de muerte. Si son cristianos están más obligados de cambiar de vida; y por ser hombres, deben ser de corazón rectos y honestos, no pervertidos en el corazón

y deshonestos en todos los procederes de la vida. La felicidad de un pueblo, como en el caso del Evangelio, no se los construye con “acusadores” sino con hermanos que suman sus propias debilidades a la de los otros, y hermanados construyen juntos la felicidad de todos. Esto es ser pueblo que camina superando sus propios problemas. Lo debemos decir, una vez más; pareciera

que existiesen hermanos nuestros que encuentran la felicidad de sus vidas ejerciendo el triste papel de los “letrados” y “fariseos” del Evangelio.

Amigos: ¿no nos dice nada?“El que se encuentre sin pecado que le tire la primera piedra.”. Hermanos y Amigos, este Año Santo nos llama a que   recapacitemos y no hagamos “uso indebido” de la “fe cristiana” para cercenar derechos fundamentales dados por Dios al hombre; ni fomentar la  esconfianza y alimentar traiciones entre hermanos; ni cercenar todo legítimo derecho de expresión oral y escrita; ni engañar y debilitar moralmente a nuestra juventud con todo aquello que no es ilícito a todo hombre de corazón recto y honrado; mucho más si el que obrase así es cristiano. Porque, lo repetimos, ser cristiano no es un privilegio en desmedro de los demás; es una responsabilidad grave y una tarea irrenunciable y comprometida de servir fraternalmente a todos los hombres sin distinción alguna.

Hoy, hermanos, esforcemos para que en nuestra comunidad riojana no tengamos nunca los  “letrados” y los “fariseos” del pasaje evangélico de la “mujer pecadora”. En cambio trabajemos sin claudicar nunca para que en nuestra comunidad multipliquen cada vez más los verdaderos constructores de fraternidad, de amistad entre hermanos, de felicidad. Multipliquemos los hogares, los barrios, los pueblos de nuestra Rioja en donde se nutran siempre con el Evangelio de Cristo; con la amistad verdadera; con el esfuerzo común; con la verdad; con la esperanza. Apliquemos urgente remedio para que nuestros hogares; en nuestros lugares de trabajo, en nuestros barrios, en nuestra ciudad capital, en las ciudades y pueblos de interior, no se envenenen con la “enfermedad moral” de lo que llamamos: “chismes”, “calumnias”, “resentimientos”, “desconfianza”, “traiciones”, “mentira”. El alma de nuestro pueblo es, gracias a Dios, noble, hospitalaria, amiga, acogedora, con sentido de Dios en la vida; no permitamos nunca que se meta en esta alma de pueblo, enriquecida con tantos dones, la “mentira” revestida de “verdad”; el desorden moral revestido de “orden legal puramente”; la “confusión intencionadamente manejada” revestida de fidelidad a “nuestras tradiciones”.

Amigos: ¿No les parece que durante esta semana podría ser una tarea de reflexión personal o en grupos, lo siguiente?: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra.”… “Si nadie te condenó… Yo tampoco te condeno… Vete en paz y no peques más”.

Para el Sr. Torralba 1

Firma: E. Angelelli

  1. En el original este texto está manuscrito, indicando el envío para su publicación al periodista Américo Torralba de El Independiente.
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