LA CATEQUESIS, SIGNO ECLESIAL DE LA MISERICORDIA DE DIOS

LA CATEQUESIS, SIGNO ECLESIAL DE LA MISERICORDIA DE DIOS

Carta pastoral en el comienzo del año catequístico

discípulos de emaus

«¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41)

Mis queridos hermanos,

Ya se percibe en nuestras parroquias la alegría del comienzo de la catequesis. Para mí como obispo es un verdadero consuelo saberlos en las lejanas periferias de nuestra diócesis llegando con su Biblia y sus cuadernos, con tanto sacrificio, inclusive con gastos de transporte que se hacen difíciles de sobrellevar, haciendo presente la Iglesia de Jesús en los nuevos barrios de nuestras grandes ciudades como en las alejadas comunidades de pueblos y parajes riojanos de fe tan arraigada como necesitada de este alimento sustancioso.

Ser discípulo es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 27).

Anunciar a Jesucristo es un don de la misericordia de Dios que en su ternura y fidelidad se pone a nuestro alcance para llevarlo a los hermanos como instrumentos de esa misericordia. La catequesis es el “el espacio dentro del cual la vida de los cristianos madura al experimentar la misericordia de Dios” (Papa Francisco, Mensaje al Plenario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, 29-05-2015).  ¡Que Dios los siga haciendo fecundos multiplicadores del anuncio gozoso de su Palabra de Vida! Tenemos en Uds. eficaces animadores de la extensión del Reino de Dios aquí en nuestra provincia.

Al comenzar este nuevo año de catequesis, les propongo algunos criterios muy importantes  para ser tenidos en cuenta principalmente, por los párrocos y responsables de las comunidades de la diócesis. La comunión evangelizadora que conformamos nos pide caminar en verdadera sintonía espiritual y pastoral a la hora de concretar nuestra respuesta a la misión que la Iglesia nos ha confiado.

  1. “… darás testimonio ante todos los hombres de lo que has visto y oído.” (Hechos 22,15)

El catequista es antes que nada, un testigo. Ha conocido a Dios y quiere compartir esta buena noticia con todos (1 Jn 4,16); desea que sus hermanos conozcan el Amor del Señor y por su intermedio, entren en la presencia de Dios que se deja encontrar (cfr. Isaías 55,6).

Ningún ser humano es perfecto. Dios nos ama en nuestra fragilidad y busca que la reconozcamos y dejemos actuar a su gracia en nosotros. “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Cor. 12,10) Sabemos que estamos en camino, no sólo en razón de nuestro andar en el tiempo y los espacios geográficos, sino fundamentalmente por aquellos procesos de crecimiento en la fe.

Por esta misma razón, pongan todo el empeño posible en unir a la fe, la virtud; a la virtud, el conocimiento; al conocimiento, la templanza; a la templanza, la perseverancia; a la perseverancia, la piedad;  a la piedad, el espíritu fraternal, y al espíritu fraternal, el amor. Porque si ustedes poseen estas cosas en abundancia, no permanecerán inactivos ni estériles en lo que se refiere al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. (2 Pe 1,5-8)

Es una alegría ver cómo tantos hermanos y hermanas de las distintas comunidades, animan la preparación e incorporación de nuevos catequistas así como la realización de cursos y talleres para la formación permanente de los que vienen actuando desde hace algunos años.

El catequista, testigo e instrumento de la voluntad evangelizadora de Cristo, está llamado a formar esa fe que vibra en su corazón, el  entusiasmo apostólico que lo lleva más allá de sí mismo al encuentro de los hermanos.

En nuestra diócesis, es muy importante el servicio del Centro de Formación de Catequistas “San Francisco Solano” que funciona en el Convento Santo Domingo en la ciudad de La Rioja y cuyas actividades comienzan este próximo jueves 3 de marzo. Es  muy rica la experiencia del decanato de los Llanos y de otras parroquias de la diócesis que acompañan con jornadas de actualización la formación de los catequistas que ya están sirviendo desde hace algún tiempo.

A quienes colaboran con este dinamismo docente de la Iglesia, ¡muchísimas gracias! A los párrocos y responsables de comunidades de la diócesis les pido que no dejen de recurrir a estas instancias formativas para una Iglesia en salida evangelizadora.

  1. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren” (Mateo, 22,9).

A diferencia de aquellos invitados ingratos del evangelio, conmueve la sed de Dios de nuestro pueblo riojano, siempre buscándolo de todo corazón. La nutrida afluencia de niños y jóvenes a la catequesis desafía nuestra capacidad de incluir a todos. Sólo podemos ser creativos con nuestro amor pastoral para recibirlos en casa, en la Iglesia, familia misericordiosa que Jesús nos dejó.

Por eso, procuren por favor poner la catequesis a disposición de todos los que lo soliciten evitando enojosas discriminaciones o preferencias. Nada más alejado del espíritu eclesial, que hablar de “vacantes” y “cupos” en la catequesis. No es evangélico restringir la actividad catequística a pequeños grupitos que no desordenen los espacios físicos ni nos compliquen nuestros horarios.

Escuelas y sociedades intermedias suelen prestarnos generosamente sus aulas y salones cuando no tenemos los propios o éstos son escasos. Otro signo de la sociedad civil que nos interpela.

Me gustaría decir a aquellos que se sienten lejos de Dios y de la Iglesia, a los que son temerosos o a los indiferentes: ¡El Señor también te llama a ser parte de su pueblo y lo hace con gran respeto y amor!” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium 113)

  1. Han recibido gratuitamente, den también gratuitamente” (Mt. 10,8)

Dios nos ha hecho un gran regalo al llamarnos a la vida, invitarnos a la fe y convocarnos a una misión. Nunca podremos expresar acabadamente todo lo que ello significa; siempre estaremos en deuda con ese amor grande y generoso hasta la entrega de su Hijo en la cruz. Vivir agradecidamente esa gratuidad nos hace testigos comprometidos de la opción de Dios por el hombre, instrumentos de su misericordia para quienes lo necesitan y esperan nuestra respuesta.

Generaciones de cristianos nos hemos formado a partir de la generosa y desinteresada contribución de catequistas y animadores de comunidad. Quizá recordamos a alguno en especial pero son muchos los que han puesto el hombro al Reino de Dios en parroquias y comunidades. Heroicos caminadores de barrio han llevado desinteresadamente la Buena Noticia del Señor a las familias, a través de la visita de una imagen de Jesús, la Virgen o los Santos.

Sin embargo últimamente he sabido de parroquias y comunidades que “cobran” la catequesis. No me refiero a esos pesitos que juntamos entre todos para atenuar el gasto de fotocopias o abaratar el precio de los libros de catequesis por la compra conjunta. Hablo de “cuotas” o “aranceles”. Les confieso con el corazón en la mano mi enojo profundo. Más me duele su aceptación resignada.  

Desautorizo expresamente cualquier forma de “arancelamiento” de la catequesis. No estamos ante una escuela confesional que debe afrontar gastos salariales y de infraestructura. La comunidad cristiana pone a disposición de sus miembros la insondable riqueza de Dios que paradojal y felizmente no tiene precio, no se compra ni vende.

Urjo a sacerdotes y responsables de la catequesis, a catequistas y secretarias parroquiales, a dejar de lado cualquier tipo de percepción económica retributiva por actividades catequísticas que se celebran en nuestras parroquias y comunidades. Por supuesto esto no exime que se ilumine a nuestras comunidades sobre la necesidad de sostener entre todos la obra evangelizadora de la Iglesia.

Que nadie vacile en señalar cuanto empañe la gratuidad del Evangelio de Jesús a través de la corrección fraterna enseñada por el Señor (Mateo 18,15-18).

“Estén atentos que no haya alguno más despierto, demasiado astuto que les diga que se tiene que pagar: ¡no! La salvación no se paga, la salvación no se compra. La Puerta es Jesús y ¡Jesús es gratis! Él mismo habla de quienes no dejan entrar como se debe, y simplemente dice que son ladrones y bandidos. De nuevo, estén atentos: la salvación es gratis.” (Papa Francisco, Audiencia general del 16 de diciembre de 2015).

            Mis queridos hermanos, en el camino a la Pascua, al comienzo del año catequístico, los animo a seguir dando razón de la Esperanza que no defrauda: Cristo el Señor. Él es nuestro Hermano y Salvador que en su Misericordia nos revela el rostro amoroso del Padre. Seamos sus testigos fieles y fecundos ante la comunidad.

            Que María, la primera catequista nos cuide con su ternura de Madre Buena.

             Los saludo ycon afecto en nombre de Jesús, el buen Pastor.

La Rioja, 26 de febrero de 2016.

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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