Domingo DE RAMOS – HOMILÍAS RADIALES DE MONS. ANGELELLI

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Enrique Angelelli.

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2, pags. 41-46

La Rioja, 4 Abril de 1971

Domingo  DE RAMOS

San Lucas 19, 28-40 Isaías 50, 4-7 Filipenses 2,6-11  San Lucas 22,14 – 23,56

Hermanos y Amigos radioyentes de L.v.14.

Hemos querido este año que la celebración de este Domingo de Ramos fuera trasmitida por esta Radio amiga, a fin de que ustedes que dominicalmente se unen a nosotros, podamos juntos, vivir este camino de la Semana Santa y juntos introducirnos a la meditación del gran misterio Cristiano: la MUERTE Y LA RESURRECCIÓN DE CRISTO NUESTRO SEÑOR.

Es la celebración del Misterio Pascual que fue consumado por medio de su muerte y resurrección y para lo cual debió entrar en la ciudad de Jerusalén.

Acabamos de hacer la entrada procesional desde la puerta de la Catedral, acompañado por esta comunidad Cristiana que con palmas y olivos, imitamos seguir a Jesús en su entrada a la ciudad de Jerusalén, aclamado por el pueblo, para consumar en ella el camino de la Cruz en el monte Calvario y la resurrección el Domingo de Pascua.

Señor, aumenta la Fe de cuantos esperamos en Ti y escucha nuestras súplicas de manera que quienes hoy aclamemos a Cristo triunfante, permanezcamos unidos a Él y te agrademos con el fruto de las buenas obras en la vida.

El Apóstol Pablo nos ayudará a meditar esta mañana del Domingo de Ramos. Y nos hacemos estas preguntas: ¿Quién es Cristo Jesús que entra triunfante a la ciudad de Jerusalén, muere en una cruz y resucita el Domingo de Pascua? ¿Para qué Cristo muere en la Cruz y resucita? ¿Esto que estamos celebrando ahora, es un piadoso

recuerdo de un hecho histórico solamente o tiene también su actualización hoy? ¿Y esto le dice algo hombre de hoy?

La carta de los Cristianos de la ciudad de Filipo nos da la respuesta.

Cristo siendo de condición divina, es decir siendo Dios, se anonadó a si mismo tomando la condición de servidor; se hizo semejante a los hombres, es decir hombre verdadero y se humilló hasta la muerte por obediencia y muerte de Cruz. Y Dios Padre lo exaltó sobre toda criatura de suerte que ante el nombre de Jesús se dobla la rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre, esto: JESUCRISTO ES EL SEÑOR. Para que el hombre pueda ser hombre verdadero, es decir, el hombre pensado por Dios Padre: realizado plenamente; para que el hombre pueda ser hijo que se reencuentra con su Padre, la creatura inteligente con su Creador, la misma vida de Dios sea trasmitida al hombre. Para que el hombre encuentre la respuesta a sus interrogantes permanentes, para qué vive y hacia dónde se encamina su existencia, Jesucristo, el Señor, se hace hombre; esto parece una locura y una falta de respeto a Dios; sin embargo Él, por amor al hombre, hace esta locura; la locura de la encarnación de la Cruz; la locura de mezclarse con los hombres y compartir su vida; la locura de ser uno más entre los hombres; la locura de juntar unos pocos pescadores para salvar a la humanidad; la locura de enseñar que es necesario que Él muera para

que toda la humanidad sea atraída y vuelva al Padre de los cielos; la locura de no tenerle miedo a los hombres, los llamará hermanos y amigos, les planteará la gran opción de la vida, un cambio radical que nazca de lo más intimo del corazón de cada hombre; la convocación para ser como la levadura, como la sal, como la luz, como los sarmientos y la vid; como el samaritano; para ser testigos de una vida nueva; los adoradores del Padre en Espíritu y en Verdad; los hombres que hacen en la vida la opción de la gran respuesta en la Fe a su PERSONA-

DIOS -HOMBRE, la opción de vivir en comunión consigo mismo, con Dios y con sus hermanos.

La convocación de ser los verdaderos hombres libres.

Amigos: no podemos meditar en el gran misterio cristiano en esta Semana Santa sin hacernos nosotros los grandes planteas a nosotros mismos y a la sociedad en que vivimos. Si somos cristianos, tenemos la grave responsabilidad y la exigencia de hacerlos, porque el Cristo que vive en medio de nosotros, con distintas presencias, está, en cierta manera como sacramentalizado en cada uno de nosotros y en cada hombre. Somos el Sacramento de Cristo como Él es el Sacramento del Padre, es decir la formas visibles de la presencia de Dios entre los Hombres.

Y mientras en esta Semana Santa, iniciamos esta entrada triunfal de Jesús en Jerusalén como el Rey, el Mesías, el Anunciado por los profetas, el Liberador y el Salvador de los hombres, Cristo llora sobre esa misma ciudad porque sabe que para ser salvada es necesario levantar en el Calvario la Cruz. Luego, como su fruto, nacerá

el domingo la vida nueva. Nacerá la Pascua. Desde este Cristo, desde esta Cruz, desde este anuncio de Pascua, nos interpelamos todos e interpelamos a nuestra sociedad que se configura cristiana; nos interpelamos e interpelamos a nuestra sociedad a la luz de la Fe. Es necesario que esta Semana Santa me interpele a mí como sacerdote y a ustedes como cristianos; es necesario que todo hombre de corazón recto se plantee si este Cristo, el Señor, no lo mueve secretamente a dar respuesta definitiva en la vida. Es necesario que a la luz de esta

Semana Santa escuchemos la voz de Cristo que nos habla en los acontecimientos que a diario vivimos: hombres privados de la libertad,  hombres atropellados en su dignidad de personas, hombres heridos en sus carnes por la tortura de otros hombres en nombre de la justicia, hombres que usan a otros hombres, hombres que ven caer el esfuerzo de su trabajo con el quebranto de sus empresas, hombres que deambulan buscando un poco de alimento para sus hijos, hombres que mienten a otros hombres para conservar un Status en la vida, hombres que destruyen, que matan, que recurren a la violencia para buscar una sociedad distinta, sin saber claramente cuál deba ser;  hombres interiormente viejos que anuncian vida nueva; hombres que se constituyen mesías rechazando el precio de la cruz. No crean que es mi deseo descubrir un cuadro o panorama sombrío como si fuésemos hombres sin esperanza; pero sí debemos hacer bien el diagnóstico y no temerle a las soluciones de fondo que habrá que irlas buscando en el corazón mismo del hombre, si este hombre descubre o redescubre que en su vida y en la vida de la sociedad actual debemos hacer el planteo a fondo de la presencia de Cristo como la VERDAD, EL CAMINO Y LA VIDA.

Amigos, para nosotros los cristianos, la opción que un día hicimos en la FE nos exige permanentemente actualizarla y asumir cada día sus consecuencias. El que quiera ser mi discípulo tome su Cruz y sígame. Esta Cruz personal significa que junto a la Cruz del Señor debemos dejar todo aquello que nos impide ser hombres interiormente libres -hombres que obstaculizamos e impedimos a los demás la plena comunión con Cristo y con nuestros hermanos- hombres que verdaderamente CREEMOS, ESPERAMOS Y AMAMOS en JESUCRISTO

EL SEÑOR.

Amigos, unidos en la oración caminemos durante esta Semana Santa para encontrarnos renovados en la Pascua del Señor.

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Enrique Angelelli.

Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 p 67 a 70

La Rioja, 7 de abril de 1974

DOMINGO DE RAMOS

Amigos y Hermanos radio oyentes de L.V.14.

En este Año Santo hemos venido preparando esta Pascua. Hoy, con este domingo de Ramos entramos a vivir la Semana Santa. Dios, Nuestro Padre, nos ha venido regalando un “tiempo fuerte” de oración y de gracia, que ha sido la Cuaresma. Porque prepararse para celebrar la Pascua es prepararse para celebrar la VIDA. Hoy resuena en todo el mundo un grito de esperanza y de alegría,

como la de ese pueblo y la de esos niños del Domingo de Ramos de Jesús, en donde haya sido anunciado Cristo y en su nombre se haya engendrado una Comunidad Cristiana por la Fe, como Don de Dios al hombre, y por el regalo de la Vida Divina, infundida en nosotros en la fuente bautismal.

Nuestra Rioja, renacida a la Vida de Dios, por la Fe predicada desde la Colonia y por el bautismo que hemos recibido como regalo de Dios, une su voz a la de todos los cristianos del mundo, en este Año Santo, exclamando: “Hosana en las alturas”. “Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Entramos en la Semana Santa. Vivimos el Misterio de Nuestro Señor Jesucristo, que fue consumado por medio de su muerte en la Cruz y por la Resurrección gloriosa el domingo pascual. Por la Fe nos sentimos, como empujados a acompañar a Cristo en el Vía Crucis del Viernes Santo para que la gracia que brota de esa Cruz, nos haga participar de la Resurrección y de la Vida que es la Pascua.

Hermanos Riojanos: esta es la gran Semana; la Semana que llamamos: Santa. Todas las reflexiones que hemos venido haciendo en esta Cuaresma, aquí tiene su sentido; en CRISTO, que muere en una Cruz y Resucita; por nosotros; por cada hombre de la condición social que fuere; por el que cree y por el que dice no creer; por el blanco y por el negro; por el sabio y por el ignorante; por el bueno y por el malo; por el que camina según los preceptos  de Dios y por el que lleva una vida desordenada. La Redención Liberadora de Cristo es para todo el hombre: inteligencia y corazón, sentimientos; cuerpo y alma; y para todos los hombres de todos los tiempos. El hombre, cada uno de nosotros, con una respuesta libre, lo aceptamos o la rechazamos. Nos salvamos

o nos condenamos eternamente. Aquí encontraremos la fuente del “hombre nuevo”; que todos anhelamos ser; la sociedad nueva que todos dolorosamente buscamos construir; esa paz verdadera que no acaba de nacer plenamente; la justicia que todos ansiamos verla hecha realidad en nuestras comunidades, que es el pueblo por quien Cristo entregó su vida; aquí encontraremos la clave de esa fraternidad que va cobrando tanto precio de sangre; ese “Encuentro” de pueblo de Dios que camina fatigosamente para encontrar la verdadera felicidad.

Esta Semana Santa no es un simple recuerdo religioso; es una realidad viviente hoy; la gran respuesta de Dios a nosotros los hombres par que seamos un pueblo liberado en justicia y “santidad de vida”.

Es nuestra Semana Santa; en este Año Santo; en este camino doloroso que venimos haciendo, como individuos y como pueblo, para dar el salto a una vida que no sea “aguantada” sino “celebrada”. La Cruz que besaremos, con cariño y con gratitud el Viernes Santo no es solamente un madero muerto, sino el “árbol de la vida”; es mi misma vida personal y la vida nuestra como pueblo en su realidad como la tenemos. Por esta Cruz, precio de la Vida Pascual, la fraternidad entre nosotros, la justicia, la paz, se hacen posibles entre los hombres.

Es necesario darle acogida y cabida en nuestras propias vidas. En esta Cruz y en esta Pascua deben caer todos nuestros resentimientos, todos nuestros engreimientos, todos nuestros egoísmos, toda nuestra mentira secreta y pública como llevamos la vida, todos nuestros odios, nuestra resistencia en ir contra la verdad, la luz y la reconciliación verdadera y profunda de mente y corazón.

Obrar de otra manera es hacernos daño a nosotros mismos; impedir un proceso liberador según Cristo y hacer sufrir injustamente a nuestros hermanos que reciben las consecuencias de una vida así vivida. No lo dudo; en esta Semana Santa, La Rioja recogerá el fruto de muchas conversiones de vidas, necesitadas de hacer un verdadero cambio de todo aquello que les impide vivir felices y hacer felices a los demás.

Nuestra Diócesis Riojana, que es decir lo mismo, nuestra Rioja, quiere vivir intensamente esta Semana Santa, porque la necesitamos más que nunca; porque en este Año Santo hay un reclamo de Dios, apremiante y urgente, de reconciliación según la mente del Santo Padre.

No es necesaria describirla; es suficiente mirar la Cruz de Cristo; caer de rodillas; depositar junto a ella un corazón sincero y arrepentido y decir secretamente con todo las fuerzas de nuestra alma ¡PERDÓN SEÑOR! ¡Gracias, Señor! necesito tu luz y tu gracia para salir de esta situación que a veces se me hace insoportable. Necesito ser más amigo de mis hermanos; más justo; más noble

de sentimientos; más generoso; más creyente de veras; más limpio de mente y de corazón; más amigo de la verdad porque la mentira me envuelve y me lleva a la ruina; más respetuoso de mis hermanos y de su honra; más consecuente con la vida de lo que digo creer; más comprensivo con el que dice no reconocerte; más sensible a mis hermanos que sufren y que necesitan de mí.

Hermanos Riojanos: esta Semana Santa nos debe llevar a una oración personal y comunitaria más profunda y prolongada. Tomemos el Libro de los Evangelios, el Libro de los Salmos; los Libros de los Profetas Isaías y Jeremías y las Cartas de San Pablo, de San Pedro y de San Juan, y hagamos de su lectura personal y en grupos, reflexión de ella y oración. Iluminemos nuestra vida a la luz de esta Palabra Viva de Dios. En esta Semana Santa, el miércoles por la noche, en la Catedral,  celebraremos la única misa vespertina de la diócesis, para consagrar los ÓLEOS y el CRISMA. Con ellos se celebrarán los sacramentos en la diócesis durante todo el año. Son: el Óleo para los   bautismos; el Óleo para los enfermos; el Crisma para las Confirmaciones, consagrar sacerdotes y

consagrar vasos sagrados. Esos Óleos son el fruto de nuestros olivares y del trabajo de nuestro pueblo riojano. En esa misma misa crismal, todos los sacerdotes de la diócesis, harán frente a la comunidad reunida en el templo y ante la diócesis la renovación de las promesas de la consagración sacerdotal que hicieron el día de la ordenación y la ratificación de la unidad sacramental del Orden

Sagrado como servidores de Cristo a este pueblo confiado por el ministerio del obispo, que son ustedes. Traten de participar esta Misa Crismal.

En esta Semana Santa, celebraremos la Institución de la Eucaristía, el día del Amor que es Cristo y la necesidad de vivir en unidad y en caridad como servicio a nuestros hermanos. Este día eucarístico y sacerdotal, debemos estar muy unidos en la oración para pedirle a Cristo que nunca nos falten sacerdotes para las comunidades; que seamos fieles a nuestra consagración y al servicio de nuestro pueblo aunque tengamos que sufrir. El discípulo no puede ser mayor que su Maestro, que es Cristo. Es el Jueves Santo. Donde no hay sacerdotes, reúnanse ustedes para orar juntos y sentirse unidos a toda la gran familia diocesana.

En esta Semana Santa celebraremos el día de la CRUZ el Viernes Santo. No hace falta que les diga todo lo que es para un cristiano un Viernes Santo.

Ustedes que están solos y sin sacerdotes, reúnanse junto a ese crucifijo que tienen y mediten juntos. Pídanle por tantas necesidades; por nuestra Rioja; por la Patria; por la verdadera justicia y por la verdadera paz. Para que todos seamos fieles hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Si van al Señor de la Peña, encontrarán que este año, se realizarán los principales actos de la Semana Santa, especialmente el Jueves por la noche y durante todo el Viernes Santo.

Traten de vivir ese día, en el Señor de la Peña en la oración y en el respeto a los demás. Les darán indicaciones para que ese día sea vivido religiosamente y con espíritu de Fe.

En esta Semana Santa: viviremos el sábado santo. Día de preparación para la noche pascual. Será día para prepararse a la confesión. Traten de seguir las celebraciones penitenciales y poder, así, ensanchar el corazón en el canto del Aleluia, que es un canto de fiesta, de gloria, de gozo, de paz, de vida. La velita que llevarán a la ceremonia del sábado santo para encenderla con la luz del cirio pascual (esa vela gorda), es símbolo de lo que debemos ser los cristianos: testigos de la vida nueva en nosotros; de la alegría; de la paz interior y entre hermanos; de la fuerza de Cristo que nos llama para ser los verdaderos liberadores de todo lo que es pecado y consecuencia del pecado. Debemos ser verdaderamente: Pueblo de Dios en Marcha, que seguimos peregrinando, tomados de las manos y construyendo, lo que siempre les digo, una Rioja feliz.

Así preparamos la Pascua en esta última semana, la Semana Santa.

Quisiera poder anunciar para la Pascua o en la semana Pascual el anuncio pascual para aquellos hermanos que no pueden vivir plenamente, en la FE, la alegría de Cristo Resucitado. A la Virgen Madre y a San Nicolás le pedimos que nos permita hacer este anuncio, habiendo preparado los corazones de quienes lo deben recibir. No es un regalo humano sino administrar debidamente el Don de Dios.

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