Tiempo Pascual – HOMILÍAS RADIALES DE MONS. ANGELELLI

zzzzzseor de la pea

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo2. Pags. 47-49
La Rioja, 11 de abril de 1971
Mensaje Pascual a la Diócesis de La Rioja
Hechos de los Apóstoles 10, 34.37-43 Colosenses 3, 1-4 o 1Corintios 5, 6-8 San Juan 20, 1-4

Amigas y hermanos de toda la Diócesis:
después de haber vivido intensamente este triduo de la Semana Santa, en el que hemos celebrado el Misterio Cristiano de la Muerte y la Resurrección de Jesucristo, el Señor, llegue el saludo Pascual a todos ustedes.

A los que rigen los destinos de esta Provincia en sus distintos poderes; a Ustedes Hermanos en el sacerdocio de Cristo; a ustedes religiosas, consagradas para ser testigo de lo que no perece y al servicio de este pueblo; a ustedes comunidades parroquiales, a ustedes laicado apostólico de la Diócesis; a ustedes hogares riojanos; a ustedes enfermos de hospitales, clínicas y en casas particulares, a ustedes amigos de la Cárcel, a ustedes chicos, a ustedes jóvenes, a ustedes ancianos, abuelos y abuelas; a ustedes que se encuentran solos en la vida; a ustedes amigos de los medios de Comunicación Social en la prensa oral y escrita; a ustedes colectividades extranjeras; a Ud. amigo que quizás no recibirá ningún saludo, reciba éste que le envío con todo afecto. A ustedes amigos turistas que han llegado a esta tierra riojana para descansar unos días; a ustedes camioneros, conductores de colectivos y quienes viajan por las rutas de nuestra Provincia.
¿Se imaginan? Este saludo ya nos indica una convocación a vivir solidariamente; a encontramos los unos y los otros porque nos necesitamos. Hoy la Pascua es una gran convocación a construir todo aquello que nos lleve a la Vida, a mejorarla, a perfeccionarla, a hacerla fuente de felicidad para todos. Hoy este saludo Pascual nos
invita a intensificar nuestros esfuerzos para ser constructores de una comunión entre los hombres. La Pascua que anunciamos en Jesucristo, es un paso más a seguir siendo los hombres de esperanza; los hombres que aprendimos una vez más la lección de la CRUZ de Jesucristo para que unidos a Él y con la fuerza del Espíritu Santo que habita en nosotros por las aguas regeneradoras del Bautismo, miremos el futuro con más optimismo, aunque existan sombras que nos hacen inclinar al miedo y al desaliento. Una vez más somos convocados
por el Señor, el Cristo Resucitado, el de ayer y el de hoy, el principio y el fin, a quien pertenecen el tiempo y la eternidad, que con su luz disipe las tinieblas de la inteligencia y del corazón de los hombres.
Este saludo de alegría y de gozo, nos exige a todos, grandes y chicos, hombres y mujeres, a romper todo aquello que impida que cualquier hombre que es mi hermano no pueda vivirlo, y aunque sea difícil y dura la tarea a la que nos embarcamos, es preciso, con la urgencia que reclama la hora, ayudar a nuestros hermanos, quienes
sean, a reencontrarse consigo mismos y con el otro; a trabajar en nuestra patria para que desaparezca todo aquello que lleva a la represión entre argentinos, al odio, violencia, a la tortura entre hermanos, a sabernos descubrir en aquello que tenemos de positivo y juntos construir la felicidad de todos; a que mientras hoy cantamos a la Vida y al Señor de la Vida no recurramos a poner normas jurídicas que quitan la vida a compatriotas nuestros.
Esta Pascua, que debe actualizarse en cada uno de nosotros y en nuestro pueblo, nos aliente y nos haga tomar coraje para saber hacer las opciones en la vida privada y pública -como individuo y como pueblo – en el ámbito privado y en el ámbito oficial, que lleven a remover las causas que originan este estado de crisis, desconcierto, violencia, enfrentamiento, los signos de muerte y no de vida cuando se pretende construir una sociedad nueva alejada de los fundamentos escritos por Dios en el mismo corazón del hombre y proclamados como don de Vida por Jesucristo, en la Cruz y en la Pascua de su Resurrección. Es preciso que los hombres con graves responsabilidades de conducción en la Política, en la economía, en lo social, de la cultura y del tejido jurídico, deben poner la concepción del hombre realizado por Jesucristo en su Cruz y en su Pascua.
Este es el gran servicio que hoy, en esta Pascua, vuelve a brindar a sus hermanos los hombres, la visión global del hombre según el Mensaje Pascual de Cristo Resucitado.
Hablar hoy de Revolución y cambio profundo en la sociedad en que vivimos, es traicionar esta hora histórica si seguimos pensando en un hombre neutro; lo que ayer parecía una clarinada de vanguardia en la reforma de la sociedad, hoy ya es caduco y superado por el hombre mismo. Si no aceptamos sectarismos de ningún tipo, no
significa esto que nos equivoquemos, después de los grandes adelantos de la ciencia, de la técnica y de la investigación en todos los órdenes, en la visión integral del hombre y de la comunidad de los hombres y de sus destinos exigidos por su condición de persona humana y llamada a vivir la Comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
No podemos construir una sociedad nueva a espaldas de nuestro pueblo porque en el corazón mismo de la comunidad de los hombres habla Dios; y es preciso estar atentos a su voz, que se manifiesta en sus silencios, en sus aspiraciones, en sus tensiones, en sus actitudes hasta violentas, en su sufrimiento y en sus alegrías, en sus deseos de desarrollo integral mente concebido, en sus marginaciones, en sus protestas, en todo aquello que es signo de vida rudimentaria o de muerte física o espiritual o moral. Esto es penetrar en el sentido hondo de una Pascua Cristiana en nuestro mundo de la era espacial.
El egoísmo individual y de grupos, la mentira disfrazada de verdad, el orgullo con que a veces y con frecuencia sellamos nuestro obrar, las injusticias y todo tipo de explotación del hombre por el hombre, ya han cobrado demasiadas víctimas, como para que no nos decidamos a ser hombres nuevos que significa sumir en la propia vida con todas sus consecuencias el contenido de la Cruz y de la Resurrección de Cristo. Un cambio interior fundamental que toca toda la persona humana es un renacer de nuevo, es hacer morir ese hombre viejo que todos llevamos adentro y hacer nacer el hombre nuevo que El Padre de los Cielos realizo en Cristo Resucitado.
Amigos, esto es Pascua, ésta es la nueva levadura que debemos ser los cristianos, esto es trabajar con sentido pascual para construir una sociedad nueva. Esto es una comunidad cristiana, CRISTO RESUCITADO actualizado en cada uno de nosotros.
Que Cristo, el Señor, nos dé su gracia para seguir caminando juntos.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. tomo 4 pag 71 al 76
La Rioja, 14 de abril de 1974
Mensaje en la Pascua

El apóstol San Juan en su primera carta nos dice: “LA VIDA SE DIÓ A CONOCER
… LO QUE HEMOS VISTO, LO QUE HEMOS OIDO, LO QUE HEMOS TOCADO CON NUESTRAS MANOS, ESO SE LO TRASMITIMOS A USTEDES …
NOSOTROS OÍMOS DE ÉL MISMO SU MENSAJE Y SE LO ANUNCIAMOS A USTEDES”.
Hoy, en este día de Pascua, les anuncio nuevamente: ¡CRISTO RESUCITÓ!
Anunciar la pascua es anunciar nuevamente la alegría de la esperanza cristiana, fundada en la certeza de la Vida, que es Cristo resucitado. Lo que le anunciaba el apóstol Juan a su comunidad cristiana, eso mismo le anuncio a toda la comunidad cristiana de LA RIOJA por ser sucesor de los apóstoles y testigo de la resurrección de Cristo, por la comunión que une a esta IGLESIA con la IGLESIA de los apóstoles, testigos directos de aquella primera pascua. Y Con el mismo apóstol Juan les anuncio esta pascua en este AÑO SANTO, “para que tengan alegría y esa alegría sea perfecta”. Esta alegría pascual se la anunciamos también a todos los hombres, hermanos nuestros, que siendo de corazón bueno y recto le quieran dar cabida en su corazón; porque, sigue diciendo Juan, “Dios es Luz y en Él no hay tinieblas”.
Les hago llegar este mensaje pascual con toda la fuerza de mi alma, con toda la certeza que nos da la Palabra de Dios. Para nosotros, esta pascua nos es muy necesaria. A su luz debemos examinar toda nuestra realidad actual.
Porque ser TESTIGOS de la pascua de Cristo significa asumir la estupenda y difícil misión que el mismo Cristo nos confió, para que descubramos y aprendiéramos dónde está el fundamento del HOMBRE NUEVO. Nos ayudará también a dimensionar el sentido profundo del SUFRIMIENTO, que se origina cuando queremos llevar a la vida de nuestro pueblo riojano todo lo que supone vivir muy en serio el Evangelio, que no es otra cosa que vivir a fondo la Cruz que meditamos el Viernes Santo y la Vida Nueva que nace de la Resurrección del Señor. Aquí debemos buscar también la fuente, para comprender a la Iglesia, que se esfuerza por caminar con su pueblo guardando fidelidad a su
origen divino.
Y si Cristo resucitó, todo se ilumina en nuestra vida. Tiene sentido nuestra alegría, nos inunda interiormente una paz profunda e inquebrantable, y nuestra esperanza tiene firmeza inconmovible. Porque Cristo resucitó, todo deberá ir cambiando, en nuestro pueblo hasta lograr ser un pueblo interiormente rico, con la sabiduría de Dios, y exteriormente fraterno, con la fuerza que nos da la
Fe, la Esperanza y el Amor. Andan do por nuestros pueblos riojanos cómo constata uno que en muchos hermanos nuestros la pascua de Cristo es como el pan de cada día en sus vidas. La sabiduría que brota de sus labios es fruto de un Bautismo que se lo ha ido madurando interiormente, hasta hacer de la persona una presencia contagiante de la pascua. Es como si tocáramos la presencia viva de Cristo.
Pero también somos conscientes que vivir la pascua en cada uno de nosotros, y hacer de una comunidad diocesana una comunidad plenamente pascual, no es fácil. Es tarea difícil y constante; es tarea que debe ser realizada con gran serenidad interior, pacificados interiormente; es tarea exigente; sin demora y constantemente, sin miedos. Para esto nos ayuda aquello de San Pablo: “Sé en Quien creo y en Quien espero y en Quien confío”.
Partiendo de la visión de la pascua de Cristo, nuestra Iglesia Diocesana (lo hemos repetido más de una vez) es RIOJANA y es UNIVERSAL; es Una, Santa, Católica, y Apostólica; quiere vivir cada vez más con sentido de pascua toda su vida y toda su misión evangelizadora y santificadora; y a la vez con conciencia de PEREGRINA, limitada, pobre, y en esperanza. Porque posee los signos dolorosos
de la cruz; porque es precisamente “peregrina”; al mismo tiempo también posee todo el DON DE DIOS, que es el Cristo pascual.
Porque somos una Iglesia peregrina, siempre se irá conjugando el sufrimiento de la cruz con la alegría de la pascua. En este sentido no nos es necesario traer muchas razones; es suficiente constatar diariamente lo que estamos viviendo en La Rioja. Y a este propósito, queremos manifestarles que, así como les anuncio la pascua, les comunico el agradecimiento que debemos tener para con Cristo por la gracia privilegiada que nos ha concedido, a saber: lo que me ha hecho sentir “en carne propia”, lo que le hace sentir a toda la comunidad eclesial diocesana, lo que le hace sentir a todo nuestro Presbiterio riojano, a nuestras Religiosas y a muchos de nuestros hermanos cristianos… especialmente a nuestros hermanos más débiles, indefensos, pobres material y moralmente.
Pareciera que se reeditara el CRUCÍFICALE del Viernes Santo; pareciera que se reeditaran todos los PERSONAJES, los HECHOS, las ACTITUDES, los SILENCIOS, las TRAICIONES, y las ESTACIONES del via crucis que vivió y asumió Cristo para redimir a la humanidad en la cruz.
Ustedes comprenderán que si esta pascua de la Diócesis es más evangélica, lo es porque ha sido y lo continúa siendo más purificada en su cruz. Nos podemos preguntar: ¿POR QUÉ el Señor eligió a la Diócesis de La Rioja para probarla así? … ¿POR QUÉ es objeto de la predilección de Dios con este sufrimiento?
Dos preguntas que pueden servir muy bien para la reflexión personal y comunitaria.
Lo cierto es esto: solamente la Fe nos podrá dar la respuesta adecuada.
Toda otra óptica es equivocada. Así la debemos ver nosotros los sacerdotes, ustedes las Religiosas y ustedes cristianos. Cabe también esta pregunta: ¿QUÉ exigencias tiene Cristo para nosotros este Año Santo al hacernos vivir en una Iglesia diocesana que es permanentemente SIGNO DE CONTRADICCIÓN?
Unos la insultan y la agravian; y otros la descubren con rostro más evangélico y caminando a una pascua verdadera.
¿Por qué se dan estas dos actitudes?
Cuando hablamos de HOMBRE NUEVO, también hablamos de COMUNIDAD NUEVA. No sólo el individuo debe ser pascual, sino toda la comunidad. ¡Cuánta tarea nos resta por hacer en nuestra provincia y Diócesis de La Rioja!!!
Todavía resta mucho por hacer, a nivel personal, familiar, a nivel de barrios y de pueblo. Esto no quiere decir que no se esté haciendo mucho. Pero no nos durmamos sobre los laureles de las realizaciones que van concretándose. Cada vez que hacemos algo para que algún hermano nuestro o un grupo de hermanos o un pueblo o toda la Provincia o Diócesis, para que seamos más felices,
crezca la vida por dentro y vivamos más fraternalmente, estamos haciendo UN POCO MAS DE PASCUA. Todo esto nos dice que la pascua, que con alegría celebramos y es motivo de encontrarnos familiarmente, aún no está acabada ni es completa.
NUESTRA ALEGRIA PASCUAL ES como el gozo de la madre que da a luz al hijo con dolor; y con dolor lo debe seguir acompañando en la vida hasta que madure como hombre, y como cristiano si es bautizado; es como la alegría del hombre que con dolor llegó al conocimiento de la Fe cristiana, y nace a la Vida
Nueva en una fuente bautismal; es como la alegría del hombre cristiano que con dolor lucha para ser limpio de corazón, sincero, e interiormente pacificado, para sentarse a la Mesa de la Eucaristía en comunión con Cristo y con sus hermanos, para que el Manjar del cielo sea de “bendición” y no de “maldición”, como dice San Pablo; es como el gozo del cristiano, que agobiado por la culpa, con hambre de paz y de reencuentro, emprende dolorosamente el camino del “hijo pródigo” hasta lograr renacer un hombre nuevo en el abrazo de la misericordia y del perdón con su Padre y con sus hermanos; es como la alegría de la pareja de jóvenes que con dolor maduran el amor, hasta convertirlo en Sacramento pascual en el matrimonio; es como la alegría del hombre elegido para ser “dispensador de los Misterios de Dios” en el Sacerdocio, pero que debe emprender un camino doloroso hasta que por “la imposición de las manos” toda su persona quede ungida constituida sacerdote para siempre; es como la alegría del hombre que dolorosamente llega al término de su existencia, y en el umbral de la muerte purifica toda su vida con la Unción de los Enfermos que nace de la pascua, para que en su encuentro definitivo con el Padre la pascua sea acabada, sea pascua eterna; es como la alegría de un pueblo que dolorosamente va haciendo su propio camino de liberación, como pueblo nuevo de la pascua; es como la alegría del hombre bautizado que con
dolor va madurando la Fe, la Esperanza y el Amor, hasta que el Espíritu Santo lo marque y lo unja con el crisma de la Confirmación, haciéndolo TESTIGO; es, muy en riojano y de hace tres días, la alegría de nacer que tuvo CLAUDIA PAREDES con su llanto diciendo “aquí estoy”; “con el dolor de morir que tuvo Roxana Acosta con su llanto diciendo “ya me voy”, las dos junto al mismo Señor de la Peña, el Cristo que moría para resucitar.
Como ven, siempre existe una PASCUA inacabada, una CRUZ que purifica y empuja hacia la pascua. Todo lo que estamos viviendo hoy en La Rioja tiene aquí su sentido y su explicación más honda.
Y si las caravanas de peregrinos y promesantes “velan” al Cristo del Viernes Santo junto al Señor de la Peña o en casas particulares, reflejando en sus rostros y en la marcha el sufrimiento causado por una “sociedad de consumo” que busca sólo “tener más” pero no “ser más”, esto nos dice que la pascua aún es inacabada.
Y si nuestro pueblo vive situaciones indignas de un hijo de Dios porque a la sociedad en que vive le importa más tener brazos productivos para ganar más dinero, y no para tener un pueblo más feliz, la pascua es inacabada, es incompleta.
Y si la Iglesia en su misión irrenunciable de ser evangelizadora y santificadora de los pueblos, entendida su misión como se la entregó Cristo y no como la pueden definir o indicar las opiniones fluctuantes o intereses de los hombres que buscan sus propios intereses, es considerada como PERTURBADORA DEL ORDEN ESTABLECIDO, enemiga de su pueblo a quien debo servir, sospechada de ideologías distintas del Evangelio de Cristo; nos quiere decir que la pascua es incompleta y que hay que seguir, aún con mucho dolor, construyéndola.
Y si en nuestro pueblo siguiesen existiendo hermanos nuestros a quienes se les negase los más fundamentales derechos, aún el de expresarse (catalogados por Pablo VI como “los sin voz”), quiere decir que nuestra pascua es incompleta, que debemos seguir construyéndola sin desmayo y con esperanza.
HERMANOS, sigamos desentrañando todo lo que significa esta afirmación, que es a la vez un ANUNCIO GOZOSO:
¡¡¡CRISTO RESUCITÓ!!! CREYENDO EN LA VIDA, SIGAMOS CAMINANDO EN LA ESPERANZA.

A María, Madre del Camino y de la Esperanza, le confiamos nuestra pascua inacabada.

LA RIOJA, abril 14 de 1974.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo2. Pags. 50-54
La Rioja, 18 de abril de 1971
DOMINGO 2 DE PASCUA
Hechos de los Apóstoles 5,12-16 Apocalipsis 1,9-110-12-13-17-19 San Juan 20,19-31

Saludos
a las comunidades parroquiales. A las Religiosas, laicado.
Enfermos, ancianos y niños que han acompañado en la oración a los sacerdotes durante su Encuentro Espiritual en Sañogasta. Hermanas del Divino Maestro. Difuntos. Cárcel. A tanta gente que se encuentra sola. Viajeros. Camioneros.

Quiero hacerles esta mañana una reflexión de nuestro encuentro sacerdotal en Sañogasta y comunicarles las determinaciones que para el mejor servicio de nuestra Diócesis hemos tomado.
Quizás pueda aparecer como el comunicar nombres y responsabilidades solamente. No nos mueve la Publicidad sino el sentido que nos da el buscar juntos corresponsablemente para no detener nuestra marcha y seguir en la opción que como Diócesis hicimos desde un comienzo.
Decididamente ratificamos seguir construyendo esta porción del Pueblo de Dios que es la Diócesis de La Rioja, tratando de llevar a la práctica lo que el Espíritu Santo ha ratificado en el Concilio Vaticano II. No hacer esta opción es ser infieles a Jesucristo.
Nuestra comunidad Diocesana, nuestra Iglesia Particular, distinta pero no separada del mundo, vale decir de la vida, la historia y la suerte de nuestro pueblo riojano, seguirá siendo nuestra fundamental preocupación y entrega de nuestros esfuerzos.
Más aún: si hicimos la opción de llevar nuestra Comunidad Diocesana al compromiso con el hombre concreto, con el hombre que sufre, pobre, marginado, es haber optado por la opción que nos exige el Evangelio. Esto no significa que excluyamos a nadie, ni hagamos de nuestro Anuncio del Mensaje Cristiano una ocasión para desunir a los hombres y sembrar la lucha de clases. Pero desde la óptica de los pobres haremos descubrir al rico, al que se encuentra satisfecho con los bienes materiales, el recto uso de los bienes, la necesidad de sentirse
necesitado de algo más fundamental en la vida, vale decir DIOS, y el abrirse a sus hermanos para que la justicia y la Paz que es su fruto, sean verdadera y no ficticia.
Es hacer descubrir las exigencias del Evangelio para que el encuentro entre los hombres se haga en el respeto a las personas, se descubra la dimensión fraternal y que todos somos llamados a participar de los bienes que el Señor ha dado al hombre y que no sólo de pan vive el hombre sino el descubrir la Voluntad de Dios sobre la vida de cada uno de nosotros para no ser frustrados sino realizados en Cristo.
En octubre de 1968 los sacerdotes de la Diócesis firmábamos un documento y lo hacíamos público desde esta misma Catedral diciendo: “Como Presbiterio, el Obispo y sus sacerdotes, nos comprometemos a testimoniar ante nuestro Pueblo, dentro de las limitaciones humanas, una vivencia sacerdotal, comunitaria, madura, fruto de una interioridad contemplativa, apostólicamente servidora, históricamente comprometida y actora del desarrollo integral del hombre riojano”.
Les aseguro que cada una de estas palabras ha sido tema de nuestra meditación en Sañogasta. Después de examinar en profundidad lo que constituye la columna vertebral del Concilio, guiados por la lectura meditada de la Biblia y los Documentos del Concilio, reflexionar sobre la realidad del mundo en que nos toca vivir, y particularmente de nuestra realidad riojana; después de examinarnos en la marcha y en la búsqueda que hacemos como servidores y pastores de nuestro Pueblo, debemos ante el Señor confesar nuestras infidelidades,
nuestros pecados, y el no haber hecho brillar ante ustedes, especialmente los más sencillos y necesitados, la imagen de Jesucristo, dibujada, manifestada, hecha vida en cada una de las páginas del Evangelio. Lo que les dije a los sacerdotes en Sañogasta, hoy se los digo a Ustedes, amigos y hermanos del interior, especialmente, y a ustedes amigos de los barrios: Debemos pedirles perdón por el escándalo que les dimos, cuando desde la ciudad, estando de espaldas a la realidad de la vida dura y sufrida que padecen muchas veces, quienes debíamos correr como el Samaritano a enjugar con ustedes muchas lágrimas, a levantar la voz cuando ustedes no lo podían hacer, a trabajar con ustedes para lograr medios de vida más dignos de un hijo de Dios, a contarles las maravillas que Dios hace en el hombre cuando el hombre se deja invadir de Dios, a ayudarles a liberarse de tantas cosas que empequeñecen al hombre, a interpretar el grito de nuestra juventud cuando rechaza nuestra sociedad en que vivimos, a caminar juntos y con todos sin excluir a nadie, a no ser aquél que quiere excluirse, para descubrir a Jesucristo en la vida de cada uno y de un pueblo manifestado en tantos acontecimientos personales y comunitarios, cuando estando de espaldas a nuestros barrios de la ciudad y de nuestros pueblos del interior, a veces nosotros sacerdotes, religiosas y laicos que hemos mamado de la Iglesia una abundante atención espiritual, -sin mala voluntad, pero preocupados por cosas pequeñas, domésticas- nos hemos asustado por el grito de los pobres, por el desorden de nuestra sociedad actual, por las tensiones y corrientes ideológicas que sacuden al hombre moderno, por el clamor de tantos hermanos nuestros que golpean la puerta de nuestra Iglesia para saber si Cristo es verdaderamente el Salvador y el Liberador, por el paso del Espíritu Santo que sacude interiormente a los hombres dentro y fuera de la Iglesia que misteriosamente lleva a los cristianos
a que nos purifiquemos y seamos la comunidad de los servidores del mundo y no los satisfechos y establecidos, mientras el mundo camina vertiginosamente.
En el retiro y en el silencio, en la oración y en la reflexión en común es cuando se deben ir tomando las determinaciones, que juzgamos ayudarán a seguir caminando, construyendo y haciendo una Iglesia Diocesana que sea signo eficaz de la comunión que debe reinar entre todos los riojanos.
Tomar determinaciones de este tipo es mirar el bien de toda la Diócesis aunque pueda tener su cuota de sufrimiento. El proceso de su elaboración ha sido amasado en el dolor y en la esperanza. No lo dudo que es la Voluntad de Dios, nuestro Padre. Estas son algunas determinaciones tomadas:
– A ustedes, Comunidad de Chamical: vuestros sacerdotes Aciar y Pinto, asumirán otras comunidades: Aciar, Párroco de la Catedral y Pinto, Párroco de Aimogasta.
– Para ustedes, los de Chamical: tendrán como Párroco al Padre Anzaláz y al P. Gabriel Longeville.
– A ustedes, los de Chilecito: el Padre Sigampa irá a la comunidad de Aimogasta y para ustedes irá el Padre Francisco D’Alteroch Mercado.
– Para ustedes, los de Sañogasta: la Comunidad Sacerdotal de Chilecito atenderá pastoral mente todo el Departamento. Próximamente vendrán, Dios mediante, otros sacerdotes que los acompañarán en la vida parroquial.
– He constituído la Nueva Curia Pastoral de la Diócesis, es decir, los inmediatos colaboradores del Obispo para la atención más eficaz de la Diócesis.
– Sacerdotes que asumen mayores responsabilidades, no se constituyen en personajes sino en mayores servidores como lo debe ser el Obispo. He nombrado para toda la Diócesis de la Rioja: VICARIOS
EPISCOPALES a los Pbros. ESTEBAN INESTAL y a MARTIN HORACIO GOMEZ; munidos de especiales facultades podrán con su labor sacerdotal estar más cerca de los asuntos, problemas y comunidades de la Diócesis. La Tarea será compartida y dividida para ser más eficaz. He nombrado Secretario General de la Curia al Padre Ortiz y en el mismo Equipo de Curia al Padre Avelino Chiavassa. Formarán parte de este Equipo de Curia los Delegados de cada Decanato.
Cada uno de ellos, constituidos en DELEGADOS EPISCOPALES, son: para la Ciudad, el Padre Aciar; para Los Llanos, el Padre Anzaláz; para el Oeste, el Padre Guzmán, para el Norte, el Padre Virgilio Ferreyra.
– Ha quedado constituído el Nuevo Consejo Presbiterial, que representando a todos los sacerdotes de la Diócesis, tendrán como misión estudiar, reflexionar y aconsejar al Obispo en sus decisiones.
– He determinado la nueva estructura de la Catequesis, la Liturgia, el Seminario Catequístico y los Medios de Comunicación Social de la Diócesis.
– Las Religiosas concretaran próximamente su Junta o Comisión para actuar en la Diócesis como cuerpo y ser la expresión de su aporte como consagradas.
– Hechos estos pasos, nos abocaremos a la importante tarea de nuestro laicado que exige detallado examen, reflexión, consultas, diálogo, clarificación de ideas y objetivos. Lejos de dejarlos de lado, constituyen la razón de ser de nuestro servicio pastoral como cuerpo sacerdotal.

Al querer informar a la Comunidad Diocesana, les pido acompañen a sus nuevos pastores con verdadero espíritu de Fe. Comprendo el dolor y los lazos afectivos creados. Estas rupturas interiores las tendremos siempre mientras caminemos hacia la Casa de Nuestro Padre del Cielo. El Señor nos ayude a seguir andando por la intercesión de nuestro Patrono San Nicolás.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pag 77 a 79
La Rioja, 21 de abril de 1974
SEGUNDO DE PASCUA

Hermanos y Amigos Radio oyentes de L.V.14
Con el espíritu y con el sentido profundo de la Pascua del Señor, seguimos peregrinando durante este Año Santo para que sea efectivo, cada vez más, el don de la “reconciliación”, exigido por nuestra condición de cristianos, para con nuestro Padre Dios y entre nosotros, como hermanos. No nos cansaremos de seguir proclamando los fines de este Año Santo en nuestra diócesis. En este
sentido trataremos de ayudar a remover todos los obstáculos para que este Año de Gracia llegue, como una fecunda lluvia en el corazón de nuestro pueblo.
Con este fin hemos querido realizar este año, los “ejercicios espirituales” todos los sacerdotes, en la hermana diócesis de Catamarca, los sacerdotes de La Rioja, que tenemos la misión confiada por Cristo de ser pastores de este pueblo. Elegimos Catamarca para realizar este encuentro sacerdotal, en la oración y en la revisión profunda de la vida para ser más fieles a nuestra misión, con espíritu de peregrinos junto a la Virgen Madre del Valle. Si hemos dejado durante una semana nuestras comunidades, ha sido para retornar a ellas con renovado espíritu evangélico, templado en la oración y en la búsqueda de mayor luz y fortaleza para afrontar las cruces, que también aparecen en el
camino.
Y, cuando ayer bajábamos del cerro del Rodeo en peregrinación al Santuario de la Virgen del Valle, sentimos la necesidad de vivir hondamente nuestro sacerdocio en una concelebración eucarística junto a la Madre.
Sentimos la necesidad de decirle a la Virgen Madre, nuestro profundo agradecimiento por las maravillas que hace el Señor en sus hijos sacerdotes. Sentimos la necesidad de cantar juntos el mismo canto que Ella cantó en la casa de Isabel: “mi alma canta dichosa al Señor… porque miró nuestra pequeñez… porque hizo grandes cosas en nuestra fragilidad humana… porque nos eligió
sacerdotes de su pueblo… porque guardó en su pueblo que es el riojano el regalo de la Pascua de Cristo como fuente de Vida, de Fraternidad y de Paz…”.
Peregrinamos al Santuario de la Virgen del Valle, con los sentimientos y el sentido del peregrino de un año de gracia y perdón para volver a nuestras casas con la fuerza que da Dios por caminos distintos a los de los hombres. Para ser mejores servidores; para seguir presidiendo nuestras comunidades; para seguir entregando el pan de la Palabra de Dios y celebrar los sacramentos de
Cristo con nuestro pueblo. Hemos orado por todos ustedes junto a la Virgen; por todas y cada una de nuestras comunidades parroquiales; por nuestros enfermos; por nuestros niños y nuestra juventud; por nuestras familias; por quienes tienen la difícil misión de ejercer el poder civil; por los que están más necesitados material y moralmente; por nuestros hermanos costeños; por quienes tienen una dolorosa medida espiritual en sus almas; por todo nuestro pueblo riojano. Allá quedó, junto a la Virgen del Valle, la oración eucarística de todo el presbiterio de la Rioja por ustedes.
Solamente se puede entender este gesto del Presbiterio de La Rioja, si lo vemos con espíritu de Fe. Ver de otra manera, se puede hasta prestar a tergiversaciones, como se ha prestado. Pero esto no interesa. Y si damos importancia a este Encuentro Espiritual y Sacerdotal de los sacerdotes de La Rioja, es para decirles que debemos darle gracias a Dios por pastores que presiden las comunidades y entregan sus vidas sacerdotales entre ustedes. Medimos también todo lo que importa ser sacerdote hoy; todo lo que supone ser signos de contradicción; todo lo que exige anunciar el Evangelio que es la Palabra Viva de Dios; todo lo que le acarrea, hoy a un sacerdote el compartir sufrimientos y alegrías de su pueblo. Las confidencias que Cristo Sacramentado recibió cada día de estos ejercicios espirituales de cada sacerdote de La Rioja solamente pueden ser medidas por el mismo Cristo y por la mayor entrega gozosa y esperanzada en el ejercicio de la misión sacerdotal entre ustedes. También dejamos junto a la Virgen nuestro agradecimiento y la oración por nuestros hermanos catamarqueños.
Con la luz y la fuerza de la oración hemos podido concretar decisiones para la diócesis, en beneficio de todos ustedes, y que a su tiempo les daremos publicidad. Si entendiéramos todos que la misión sacerdotal en un pueblo es fuente generadora de fraternidad, de justicia y de paz, de otra manera algunas veces opinaríamos y obraríamos. Más aún, de otra manera veríamos el ejercicio de la misión sacerdotal en cada pueblo. Quizás, la preocupación sospechosa de la misión sacerdotal en La Rioja, se convertiría en gozosa y confiada espera de que nunca nos falte el regalo de Dios a su pueblo como es el Don del Sacerdocio a una comunidad.
Con la luz y la fuerza de la oración, hemos decidido que en este Año Santo, quitaremos, en lo que respecta a nuestras posibilidades, todos los obstáculos que puedan no ayudar a reencontrar el perdón de Dios en el sacramento de la reconciliación. Seremos mejores ciudadanos si somos capaces de mayor reconciliación en nosotros. Seremos reconciliados con Dios por su perdón, si somos capaces y sentimos la necesidad de ser perdonados. Con una vida desarreglada, que camina en la mentira y busca ocultar lo que no se es capaz de confesar públicamente, no honraremos a Dios Padre ni seremos protagonistas de la felicidad de nuestro pueblo.
La Pascua de este Año Santo nos pide intensificar nuestra oración personal y comunitaria para que se haga la luz donde aún hay tinieblas. Esto no quiere decir que no intensifiquemos nuestra tarea apostólica, con mayor alegría y esperanza, en la opción pastoral que un día, con la ayuda de Dios y la seguridad de la protección de María y de San Nicolás, un día hicimos.
Por eso, como consecuencia de esta opción pastoral, pedimos a toda la diócesis que elevemos oraciones al Señor para que, de ser verdad informaciones que corren, ninguno de nuestros hogares tengan que sufrir la falta del pan necesario de cada día, por disposiciones que puedan ser tomadas que afectarían a muchos hermanos nuestros riojanos. Si fuese necesario sumar nuestra voz a la voz de nuestro pueblo y de nuestros gobernantes para que el orden nacional se sensibilice ante posibles angustias de muchos hogares, desde ya, la empeñamos para que se tenga en cuenta nuestra realidad riojana.
Concretamente, si los recursos materiales que vienen del orden nacional son cercenados y esto trae como consecuencia inmediata cesantías de hermanos nuestros en el trabajo, creemos que es un deber pastoral no quedarnos en silencio. Sin dejar de lado gestiones necesarias y eficaces, nosotros, como pueblo acompañaremos con la oración diciendo con más fuerza: “PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS… que no nos falte el pan de cada día…” –
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo2. Pags. 55-58
La Rioja, 25 de abril de 1971
DOMINGO 3 DE PASCUA
Hechos de los Apóstoles 5, 27-32 . 40-41 Apocalipsis 5, 11-14 San Juan 21, 1-19

SALUDOS:
A la población de Saladillo del Monte. A los enfermos.
Internados del Penal de La Rioja. A Ud. amigo Camionero y colectivero.
A Ud. que viaja en las rutas de nuestra provincia. A ustedes amigos que han perdido en esta semana un ser querido. A la Comunidad de Religiosas de Villa Unión. A Ustedes amigos de Ulapes y de Villa Nidia y Corral de Issac. Enfermeras del Plaza que viajan a Catamarca.

Amigos y hermanos: durante estos domingos venimos reflexionando sobre la Pascua del Señor, sobre Cristo Resucitado y lo que nos dice hoya nosotros, hombres que necesitamos encontrar en la vida el verdadero sentido de nuestra existencia.
Cuando el domingo pasado anunciábamos cambios y responsabilidades nuevas en nuestros hermanos sacerdotes, no significaba una medida táctica o insensibilidad ante los problemas de nuestro pueblo. Recae sobre nosotros cristianos la responsabilidad de ir construyendo una Iglesia Diocesana que sea verdaderamente Iglesia Pascual, Iglesia llena de VIDA NUEVA en cada uno de sus miembros.
Una Iglesia Diocesana joven y renovada, que saborea la fecundidad de la pobreza interior y se apoya en la fuerza interior del Espíritu que la anima constantemente, “una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida con la liberación del hombre y de todos los hombres” (Medellin 5,15).
Porque el Espíritu Santo está obrando en nosotros de un modo nuevo y despertando energías y responsabilidades ocultas. Porque el Padre de los cielos nos descubre la urgencia y totalidad de su plan de salvación sobre nosotros y sobre nuestros pueblos. No es una hora de superioridad para la Iglesia sino de servicio. Porque es una Iglesia Pascual no puede ser una Iglesia “triunfalista” o “del poder”. Todo lo contrario.
Es una Iglesia de la esperanza y la alegría, pero en la profundidad verdadera que da la Cruz y el Silencio interior. Es la hora de la responsabilidad y el compromiso, la conciencia, la renovación y el servicio al mundo. Hacia esta Iglesia Pascual es a donde debemos caminar, la que sólo confía en las armas del Espíritu de Dios y sólo tiende a expresar al Señor resucitado. Cuando decimos una Iglesia pobre, decimos una Iglesia libre, una Iglesia segura, porque sabe en quién pone su confianza, en Cristo el Señor, no con la seguridad humana que da el prestigio o el poder sino con la firmeza inquebrantable del Espíritu Santo. Cuando decimos que nuestra diócesis debe ser una
Iglesia joven, es porque sentimos necesariamente la urgencia de lo nuevo que lo da Cristo, a cuya imagen debe ser creado el “hombre nuevo”. Una Diócesis de “la caridad, la alegría y la paz” que son los frutos primeros del Espíritu Santo (Gal 5,22).
Buscamos seguir construyendo una Diócesis que sea Iglesia en comunión. Porque la Pascua es el Espíritu de la comunión entre los hombres. Pronto, Pentecostés nos enseñará que engendra en los discípulos de Cristo “un solo corazón y una sola alma” (Hechos 4,32).
Es la comunión de la totalidad del Pueblo de Dios con el Cristo Glorioso y con la totalidad de los hombres, sin excluir a nadie. Por eso todo cuanto se haga por expresar en nosotros y realizar la verdadera comunión en el Espíritu Santo, que anima y rejuvenece permanentemente a su Iglesia, es ir preparando el rostro de una Iglesia Diocesana auténticamente Pascual. Pascua nos comunica la inquebrantable solidez de la Esperanza.
Nace así la Iglesia Diocesana de la Luz y la Firmeza. Una Iglesia Diocesana que debe ir sintiendo cada vez más su urgencia de ser misionera. La que sale renovada de esta Pascua, que hemos vivido, para que se convierta en una Iglesia que ora, y se sabe peregrina, que sufre y profetiza, que es aprisionada y libera a los hombres, que muere
y da la vida, que el Reino de Dios ha llegado e invita a los hombres a la conversión y a la FE.
Más que nunca se advierte entre nosotros la necesidad de iluminar, hacer crecer y comprometer en la práctica de la Fe. Pero si nuestra Iglesia Diocesana quiere ser Iglesia Pascual, tiene que ser la Iglesia del anonadamiento y de la Cruz. Si nos escandalizamos por ello, no hemos comprendido a Cristo, seguimos todavía con pensamientos
humanos. Si nos envuelve la triseza o la desesperanza, es porque aún no creemos lo que encierra la muerte en la Cruz y la Resurrección de Cristo. Porque una Iglesia Diocesana Pascual, es una Iglesia de Cristo muerto y resucitado por su obediencia hasta la muerte de Cruz (Fil 2, 5-11).
Nuestra Iglesia Diocesana será Pascual cuando en el silencio guarde la Palabra de Dios y la haga fecunda; cuando
vivamos la Eucaristía como donación, servicio y muerte. A esta Iglesia Diocesana la construimos todos, la hacemos todos cada día, cada instante de nuestra existencia; cuando asumamos con todas sus consecuencias la renovación pascual obrada en nosotros por el Concilio; cuando el Espíritu Santo la haga en nosotros, si somos pobres interiormente, si confiamos en Él y si nos entregamos a que obre en nosotros el “hombre nuevo”; cuando descubramos el dolor de nuestros hermanos y nos decidamos a llenar sus esperanzas.
Mis Amigos: Todas estas reflexiones nos sirven para sacar conclusiones prácticas para la vida diaria. Cuando el Señor quiere dejar a sus discípulos como un testamento les recuerda en forma de comparaciones que deben vivir como servidores siempre preparados, fieles vigilantes, con la lámpara encendida, habiendo hecho fructificar los talentos por el trabajo diario más bien que teniéndolos guardados y ocultos, y que serán juzgados no por lo que tengan sino por lo que hayan trabajado, por alimentar, por dar de beber, por visitar y vestir a los pobres, hambrientos, perseguidos y extranjeros. Cuando resumimos que “todo hombre, es nuestro hermano” es resumir el doble amor de Dios y del prójimo. Cuando habla de desarrollo, la Iglesia lo hace en conformidad con el mensaje del hombre que ha sido imagen perfecta de Dios, Jesucristo, que ha asumido toda la creación y toda la actividad humana para llevarla a su Padre. Es por tanto en este mundo, en sus actividades, en su expansión, como la salvación se ofrece al hombre y se opera en él.
Amigos radioyentes: en este contexto debemos comprender las decisiones que debemos asumir en la Diócesis mirando el bien de toda la Comunidad Diocesana. En este contexto ¿podemos decir hoy, que nuestra provincia, a la que le cuesta dolorosamente crecer y desarrollarse como el Señor lo quiere, deba estar en actitud pasiva y en
espera que en altas esferas, con las mejores intenciones, se paralice la marcha de un pueblo o por lo menos no pueda desarrollar las obras que reclaman la gama de problemas existentes porque no se puede contar con el dinero necesario hasta tanto no se lo apruebe, o se lo examine con criterios poco sensibles a las urgencias de nuestro pueblo?
Advertir esto es hacer tomar más conciencia en quienes tienen el poder de decisión. Es ayudar a hacer reflexionar a los Responsables de las Instituciones Políticas, a tomar conciencia de ello. Máxime si son cristianos. La dignidad de nuestro pueblo y la responsabilidad de quienes lo sirven como gobernantes, merece la consideración debida de quienes ostentan un poder superior, que debe ser servicio.
Advertir esto no es inmiscuirnos en asuntos que escapan a la competencia pastoral de la Iglesia sino tratar de caminar junto a la vida concreta de nuestro pueblo.
Amigos: hasta el Domingo, Dios mediante.
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. tomo 2 pag 59 al 66
La Rioja, 2 de mayo de 1971 (2 versiones)
CUARTO DE PASCUA C
Hechos de los Apóstoles 13, 14. 43-52 Apocalipsis 7, 9.14-17 San Juan 10, 27-30

1° versión
Saludos cordiales,
Al Colegio Nacional. A los Trabajadores. A la Comunidad de Aimogasta. A la Obra de las Vocaciones Eclesiásticas.
A los que han perdido un ser querido. A los enfermos, imposibilitados y presos. Camioneros y viajantes.

Amigos Radioyentes de L.V.14

El pasaje Evangélico que acabamos de escuchar está centrado en la figura de Cristo: el BUEN PASTOR QUE DA SU VIDA POR LOS HOMBRES.
Este pasaje del Evangelio nos invita a una meditación serena y profunda, especialmente a nosotros sacerdotes, que debemos presidir nuestra comunidades cristianas en nombre de Cristo, como pastores del pueblo que se nos ha confiado. Y precisamente el domingo pasado, en esta misma Iglesia Catedral, en una celebración eucarístiea
concelebrada, hermanos sacerdotes, miembros de nuestro presbiterio riojano prometían fidelidad como pastores a la misión que se les encomendaba para servir mejor a nuestro pueblo riojano, como los nuevos Vicarios Episcopales: Padres Esteban Inestal y Martín Gomez; los Delegados Episcopales de cada decanato: Padres Virgilio Ferreyra, Dionisio Anzaláz, Ramón Aciar y Julio Guzmán; y los nuevos miembros del Consejo Presbiterial, para hacer mas efectiva la responsabilidad pastoral como cuerpo sacerdotal en unidad sacramental con el Obispo, el primer servidor, para asumir corresponsablemente todo lo que implica ser pastores hoy, en una Iglesia que busca, con la gracia del Señor, renovarse interior y exteriormente, para ser más fieles a su misión en esta Rioja presente que se proyecta hacia un futuro mejor.
Este acontecimiento, aparentemente sin trascendencia, marcaba para la Diócesis, una nueva etapa, como punto de partida para seguir caminando y buscando juntos, porque la relación Iglesia-Mundo es vida, movimiento, marcha; la relación Diócesis-Rioja debe ser vida, movimiento, marcha; la Iglesia, sacramento de la Palabra Salvadora de Dios al mundo, está también en marcha. Ambas están constantemente buscándose.
Y para descubrir mejor el sentido que se le debe seguir imprimiendo a la vida de la Diócesis, reflexionábamos el domingo pasado acerca del origen de la Iglesia.
Aunque parezca árida, repetida y cansadora esta referencia, la creo necesaria, actual, vital, para no desubicarnos cuando nos examinamos como cristianos o como Diócesis, o sea, como Comunidad Diocesana; lo mismo para comprender mejor los acontecimientos que a diario vivimos los hombres en este mundo actual.
La cuna de la Iglesia hay que buscarla en la Familia Divina, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
En esta perspectiva, analizábamos, también, este gran acontecimiento en lo que va de este siglo: el CONCILIO VATICANO SEGUNDO
Y la proyección que tiene en el mundo contemporáneo, por lo tanto en nuestra Rioja. Esta Iglesia que se hace carne, se hace acontecimiento para los hombres, que se hace sacramento del Padre de los cielos en la Persona Divina de Nuestro Señor Jesucristo; y se hace pueblo, comunidad, cuerpo, edificio de piedras vivas, sarmiento y
vid, Iglesia, en cada uno de nosotros que estamos unidos entre sí y con Cristo, Cabeza de este Pueblo, por el Espíritu Santo.
Aunque todo esto pueda aparecer un poco difícil es bueno decirlo. Esta Iglesia cuando dice relación al mundo, que siendo distinta de él no debe estar separada, reflexiona acerca de la MISiÓN que tiene; y cuando reflexiona en su relación con el Padre que está en los cielos, descubre una vez más la glorificación de Dios Padre por la Alabanza, que se hace manifiesta en la Liturgia de la Iglesia.
Ésta es la Iglesia de Jesucristo, que sale en busca del hombre contemporáneo, que entra en diálogo con las diversas culturas y civilizaciones, que condena la guerra entre hermanos y busca la paz como fruto de la justicia y el amor fraterno, que intensifica sus actitudes de servidora de la humanidad.
Esta Iglesia que no se cansará nunca de llamar a los hombres a cambiar de mente y corazón para realizarnos como el Padre lo quiere, que es en Jesucristo.
Es esta Iglesia, que es la de Jesucristo, la que hemos deseado y queremos vivamente que se vaya haciendo cada
vez más realidad en esta nueva etapa o jornada que emprendemos.
Amigos: la puesta en marcha de un Concilio trae aparejadas crisis interiores, pero saludables; dudas y desorientaciones que es necesario disipar con una búsqueda activa, personal y comunitariamente; es el que ha creado esperanzas, alientos y ánimo para retomar nuevamente el camino de peregrino, como debe ser el de todo cristiano u hombre de corazón recto. Es este Concilio el que nos hace doler porque hay que hacer rupturas interiores y exteriores; nos hace esperar y jugarnos en la vida por grandes ideales y objetivos; nos crea temores
y nos hace manifestar nuestras debilidades personales, a veces hasta groseras, en toda persona que se dice culta. Es el Concilio el que nos grita que amemos al hombre y que no le tengamos miedo, no para hacerla ídolo y mito sino un amigo, un hermano, un peregrino más en el camino que juntos debemos hacer a la Casa del Padre. Porque CRISTO se encarnó, murió y resucitó por el hombre, no por las cosas, llámense dinero, poder, status social o placer falsificado.
Este hombre que a veces grita: pan, cultura, salud, paz, justicia, afecto, comprensión, consideración como persona y no como cosa o bestia de carga; que grita la búsqueda de Dios. A este hombre es a quien en la “denuncia” -que es anuncio de la Buena Nueva- debemos advertirle que no debe ser carne para la guerra, mercadería para el placer, negocio para unos pocos, campo de experimentación para convertirse en drogadicto, domesticado, despersonalizado u objeto de ganancia y no de respeto y amor. Es en este contexto donde debemos juzgar a la Iglesia cuando toca problemas sociales, económicos, políticos o culturales.
Y a este respecto, hace dos días, leía en un Órgano de Información, un diálogo tenido entre los del A.T.P. de nuestra Rioja, en el reciente viaje a Buenos Aires, con un alto funcionario de la Nación, a propósito del aumento de salarios para los servidores de la Provincia y la aprobación del Presupuesto Provincial. Al estar de la información se les habría dicho: ” que el Obispo reedite el milagro de la multiplicación de los panes” por el hecho de haber dicho que en nuestro pueblo existen hogares que no tienen pan y que depende el tenerlo la
aprobación del Presupuesto Provincial. De ser verdad esta información, me crea un deber de conciencia el responder, no con ánimo polémico, que no lleva a nada, sino reflexionar como argentino y como cristiano y Obispo de la Iglesia Riojana.
Entiendo que quizás, estando a 1200 kilómetros de la Capital, no puedan advertir y apreciar que en nuestra Provincia lo que afirmamos es la cruda realidad y no ocurrencia de adolescente. También somos conscientes de que no es fácil encontrar todas las soluciones adecuadas inmediatamente. Pero también entiendo y comprendo, que pudiendo ser una simple consideración ocasional, no es respuesta de un Funcionario a un Pueblo que debe hasta humillarse para pedir en la Capital lo que le corresponde: el pan necesario para seguir subsistiendo.
Dios ha dado la capacidad suficiente al hombre para que lo produzca y lo distribuya equitativa y fraternalmente.
Le sugeriría a este hermano compatriota, que tiene la grave responsabilidad de ser servidor de la Comunidad Nacional, también de La Rioja, que lea el primer capítulo del Génesis o el capítulo quinto de San Mateo o el veinticinco del mismo Evangelista.
Parecería que en nuestra Argentina existiesen unos argentinos que son hijos y otros que no lo son; que mientras unos sobreabundan de pan en sus mesas y tienen el privilegio de gozar de todo el confort moderno y aumentar
sus cuantiosas ganancias, otros argentinos deben callar si tienen hambre, no les alcanza el salario …(sic) (1)
Nota:
(1) La última idea del texto es ilegible en el original.

2 de Mayo de 1971 Misa Radial 2°.versión
Hechos de los Apóstoles 13,14 . 43-52 Apocalipsis 7, 9.14-17 San Juan 10, 27-30

Saludos:
a los Trabajadores. Al Colegio Nacional. A la Comunidad de Aimogasta. A los enfermos. Camioneros y Viajantes. A los que han perdido un ser querido. A los que trabajan por las Obras de las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas.

Amigos y Hermanos:
Este domingo, la lectura evangélica está dedicada al BUEN PASTOR, presentándose Cristo como el Pastor que da su vida por la ovejas y que las ovejas lo conocen a Él y Él conoce a sus ovejas. Es un pasaje del Evangelio que nos hace meditar mucho a nosotros pastores del Pueblo de Dios.
Y precisamente, el domingo pasado, en una concelebración eucarística, prometían fidelidad como pastores a la misión que se les encomendaba para servir mejor a nuestro pueblo riojano, los nuevos Vicarios Episcopales: Padres Esteban Inestal y Martín Gomez; los Delegados Episcopales de cada Decanato: los Padres Virgilio Ferreyra, Ramón Aciar, Julio Guzmán y Dionisio Anzaláz. Al mismo tiempo todos los sacerdotes de la Diócesis delegaban en un Consejo Presbiterial, la tarea de afrontar con su consejo el ser fieles pastores de las comunidades de la Diócesis.
Este acontecimiento, aparentemente sin trascendencia, marcaba para la vida de la Diócesis Riojana, una nueva etapa; no era un punto de llegada sino una nueva partida para seguir caminando y buscando juntos; a la vez, (…) un tramo del camino andado con ricas reflexiones (…)
Y para descubrir mejor el sentido del acontecimiento en la vida de la Diócesis, el domingo pasado, volvimos a reflexionar acerca del origen de la Iglesia, su cuna en la Familia Divina, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Aunque aparezca árida y repetida esta referencia, es ciertamente necesaria, actual y vital, para no desubicarnos cuando nos examinamos como cristianos o como Comunidad Diocesana hoy; o cuando analizamos los acontecimientos que vivimos los hombres en nuestra sociedad.
En esta perspectiva analizábamos el gran acontecimiento de lo que va de este siglo: el CONCILIO VATICANO SEGUNDO, la proyección que tiene en el mundo contemporáneo, y por lo tanto en nuestro medio riojano. Una Iglesia que se hace carne, se hace sacramento del Padre de los Cielos en la Persona Divina de Jesucristo; y que
se hace pueblo, comunidad, cuerpo, edificio vivo, Sarmiento y Vid, en la realidad de cada uno de nosotros, unidos entre sí y con Cristo por el Espíritu Santo. Una Iglesia que dice relación al MUNDO en su MISION,
y al Padre de los Cielos, en su ALABANZA. Una Iglesia que ahonda hoy de una manera especial su realidad de COMUNION ENTRE LOS HOMBRES, para poder descubrir así mejor, que todo hombre es mi hermano, que debemos ser servidores los unos de los otros.
Y esta Iglesia que se vuelve sobre sí misma en el Concilio proyecta su acción misionera en un mundo que está en CAMBIOS PROFUNDOS Y RÁPIDOS.
Supuesto todo esto, entendemos mejor las tensiones de la misma Iglesia, que como signo de vida, cuestiona a Pastores, sacerdotes, religiosas y laicos; que cuestiona a las Instituciones, en sus aspectos humanos, si se adecuan o no a las tiempos en que vivimos.
Una Iglesia que sale en busca del hombre contemporáneo; que entra en diálogo con las diversas culturas y civilizaciones; que condena la guerra y llama a los hombres a la paz como fruto de la justicia y de la caridad o el amor fraternos; que asume con mas vigor su actitud evangélica de servidora de la humanidad y renuncia a todo lo que le puede significar poder, triunfo humano; una Iglesia que no se cansa de llamar a cambiar de mente y corazón según el Evangelio de Jesucristo.
Esta Iglesia es la que hemos deseado y queremos vivamente que se vaya haciendo más realidad en esta nueva etapa o jornada que emprendemos.
Es este Concilio, que dentro de todas nuestras limitaciones ha despertado tensiones en nuestro medio; que ha creado crisis interiores, dudas y desorientaciones; que ha creado esperanzas, alientos y ánimos para retomar la marcha fatigosa de todo peregrino, como debe ser un cristiano u hombre de corazón recto. Es ésta la Iglesia
del Concilio, que nos hace doler, sufrir, esperar, jugarnos en la vida, tener temores; que nos hace manifestar, a veces, públicamente nuestras debilidades hasta las más groseras; es este Concilio y las características de nuestro mundo, los que nos hacen que miremos y amemos a todo hombre; no para hacerla un ídolo y un mito sino para
hacerla un hermano, un amigo, un peregrino más en el camino que hacemos hasta llegar a Dios, nuestro Padre. Porque Cristo, se encarnó, murió, resucitó, por el HOMBRE, no por las cosas, así se llamen dinero, poder, status social o placer falsificado. Este hombre que a veces grita, pan, cultura, salud, paz, justicia, afecto, comprensión, consideración, como persona y no como cosa o bestia de carga. A este hombre a quien a veces debemos prestarle nuestra voz para que grite, espere; para que advierta que no debe ser carne de cañón, mercadería para el placer, negocio para unos pocos, campo de experimentación para convertirse en drogadicto, domesticado y despersonalizado; objeto de negocio y no de respeto y amor.
En este contexto es donde debemos juzgar a la Iglesia cuando toca problemas humanos, llámense sociales, económicos, políticos y culturales. Ya este respecto, hace dos días leía en un órgano de información, un diálogo tenido entre hermanos nuestros de la A.T.P. y un alto funcionario de la Nación, a propósito del aumento de salarios para los servidores públicos de la Provincia y la aprobación del Presupuesto Provincial. Al estar de esta información, se les habría dicho que “el Obispo reedite el milagro de la multiplicación de los panes …” por el
hecho de haber dicho que en nuestro pueblo hay hogares que no tienen pan y que depende el tenerlo de la aprobación de un Presupuesto.
De ser verdad esta información me crea un deber de conciencia el responder, no con ánimo polémico, que no lleva a nada, sino reflexionar como argentino y como cristiano. Entiendo que quizás, estando a 1.200 kilómetros de la Capital, no puedan advertir en nuestra Provincia que esta cruda realidad de falta de pan no es literatura, ni ocurrencia de adolescentes.
También somos conscientes que no es fácil solucionar este problema en forma adecuada e inmediata. Pero también entiendo que la solución dada es demasiado inconsciente, al tener que recurrir a “reeditar la multiplicación de los panes como lo hizo Cristo”. Debería este hermano funcionario releer el primer capítulo del Génesis, el quinto capítulo de San Mateo o el veinticinco del mismo Evangelista.
Parecería ser que en nuestra Patria existiesen hijos y entenados.
Mientras unos argentinos tienen carta de ciudadanía para sobreabundar sus mesas de pan, tener el privilegio de gozar de todo el confort moderno y aumentar sus cuantiosas rentas, otros argentinos deben permanecer en silencio si dicen que tienen hambre, no les alcanza el salario para educar a sus hijos o curarles de las enfermedades, o que quieren cambiar unas cuantas lonas que tienen por vivienda por una habitación digna de un hijo de Dios. Decirlo para hacer tomar conciencia solidaria de estos problemas y juntos agotar todos los
medios para resolverlos, parecería romper un orden mal entendido y que en realidad es un grave desorden y un insulto a nuestra sociedad que se dice culta y civilizada.
El respeto y la consideración que me merece por su grave responsabilidad e investidura de servidor de la
comunidad nacional, me hace hacer esta reflexión para ayudarle a que La Rioja, que es un pueblo digno y noble, pueda merecer otro trato.

Mis amigos: hasta el domingo si Dios quiere.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. tomo 4 pag 81 al 89
La Rioja 5 de mayo de 1974
CUARTO DE PASCUA

SALUDOS: Hermanos y Amigos Radioyentes de L.V. 14 de La Rioja.
Reciban ustedes los buenos días al dar comienzo a esta Misa Radial. En este domingo dedicado al BUEN PASTOR, de una manera especial saludo a todos mis hermanos sacerdotes, pastores del pueblo de Dios y que presiden comunidades cristianas. Un saludo agradecido, también en este Día dedicado mundialmente a las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas. A la Obra de las Vocaciones de la Diócesis, destacando la benemérita obra que vienen realizando la Señora Azucena de Pelliza y las personas que con ella trabajan en toda la diócesis. Saludo a la Hermana Genoveva que hoy Renueva sus Votos Religiosos, saludo a los tres jóvenes: G. Mecca, Augusto Pereira y Eduardo Máximo Fischer que esta tarde recibieron el Orden del Diaconado. Saludo a la Parroquia del Tiro en su Fiesta. Al Pueblo de Santa Cruz en su día y al pueblo de Santa Cruz en Famatina. Saludamos a nuestros hermanos catamarqueños en la Fiesta de la Virgen del Valle: nos unimos con la oración, con el afecto y en la alegría de este día. Saludamos al Hospital Plaza en sus 50 años de vida. Saludamos como siempre, a ustedes hermanos enfermos, ancianos y presos. Saludamos a la Vicaría 4 de junio que acaba de celebrar sus fiestas patronales de San José. A Villa Unión por la Fiesta de la Peña.
LA MISA:
Se comienza con un canto.
Señor ten piedad de nosotros.
Gloria y oración.
Una lectura sola; la hace Ortiz: HECHOS… Evangelio.
CREDO…
REF:
REFLEXIONES ACERCA DE UNA DECISIÓN PASTORAL EN EL AÑO SANTO1
Estamos viviendo un tiempo privilegiado para los cristianos y para todos los hombres de “corazón recto”. Este tiempo se llama: AÑO SANTO; para comprenderlo mejor tenemos que recurrir a la Biblia donde se habla de los “Jubileos” y a la historia de la Iglesia que los viene celebrando desde el 1300.
A nosotros nos toca ahora vivir el Jubileo de 1974-1975.
El objetivo grande de este Año Santo es: “RECONCILIAR Y RENOVAR”.
Apunta a lo más profundo del corazón humano: toca a “todo el hombre y a todos los hombres”. Esta “reconciliación” dice relación con Dios; nuestro padre y con nuestros hermanos. Quizás tanto repetir estas palabras, pueda hacer perder toda la riqueza que encierran.
“Este es el anuncio que les traigo: el Reino de Dios está cerca; CONVIÉRTANSE, PERDÓNENSE, PÓNGANSE EN PAZ e intenten comprender que ésta es la hora del “paso” de Dios”, decía el Santo Padre Pablo VI el 24 de octubre de 1973.
Y a medida que vamos viviendo este “Año Santo”, vamos también descubriendo todo lo que exige Dios en este “su paso” entre nosotros. Para percibir bien “su paso” nos es necesario estar “pacificados” interiormente; sólo así nos convertiremos en buenos y evangélicos constructores de “paz“ y de “reconciliación”.
Todo esto es exigente, hondo y con dimensiones individuales y comunitarias.
Y habíamos acabado de vivir una Cuaresma preparatoria para celebrar la Pascua. Luego, con “todo eso” que significa la Pascua, nos fuimos al “silencio y al retiro”. Éramos los sacerdotes de La Rioja. Éramos EL PRESBITERIO RIOJANO.
Fuimos con alma de peregrinos de “Año Santo”; dedicamos una semana a la oración y a la reflexión; fuimos a desentrañar toda la hondura que tiene esa “reconciliación y esa renovación”, guiados por la meditación del PADRE NUESTRO.
Luego peregrinamos al Santuario de la Virgen del Valle. Allí sentimos necesidad de hacer nuestra oración de gratitud; decir: “gracias”. Concelebrar la Eucaristía en su altar y dejar junto a ella nuestra oración sacerdotal y de pastores por nuestro Pueblo Riojano. Mientras tanto, habían quedado en La Rioja nuestras hermanas las religiosas y ustedes hermanos de las Comunidades Cristianas, en largas vigilias de oración. Creemos que esto es fundamental para la vida de todos los días y para preparar “DECISIONES IMPORTANTES” que dicen relación a toda nuestra Iglesia Local Riojana.
Una vez más vemos cómo se nos exige una doble FIDELIDAD: a Dios y a nuestro pueblo, que no se contraponen sino que guardan estrecha comunión.
Aquí es donde radica nuestra “OPCIÓN DIOCESANA PASTORAL”, que una vez más ratificamos. Siempre se nos seguirá exigiendo en la vida la actitud evangélica de conjugar la CRUZ con la RESURRECCIÓN, o mejor: toda Cruz camina a la Resurrección. Para que ésta sea verdadera, supondrá siempre aquella. Esto también, de tanto repetirlo se nos va haciendo carne de nuestra carne. El Apóstol Pablo nos dirá: “…me complazco en mi debilidad, en los oprobios, en las persecuciones, soportadas por amor de Cristo; porque soy débil, entonces soy fuerte…” (2 Cor. 12, 10). No comprender esto es no comprender, tampoco, el proceso liberador de un pueblo.
UNA DECISIÓN DE AÑO SANTO
Les decía que fue necesario “retirarnos” en búsqueda de “silencio” y de mayor oración, para percibir mejor el “paso” de Dios, en este Año Santo, por La Rioja. Así, nuestras decisiones estarían cimentadas en lo “sólido”, a pesar de nuestras “debilidades” y limitaciones humanas.
Con la “fuerza y el espíritu” de este Año santo, no escatimaré esfuerzos posibles para que este “paso de Dios”, sea aprovechado por TODOS sin exceptuar a nadie. Porque esta Iglesia Diocesana, más que nunca desea, en cuanto de ella dependa, “remover” los obstáculos que impidan la felicidad de su pueblo.
Por eso, entre otras resoluciones tomadas en estos Ejercicios Espirituales, he tomado la siguiente: LEVANTAR LA PENA ECLESIÁSTICA DEL “ENTREDICHO PERSONAL” a los trece hermanos señalados en el Decreto del veintiuno de junio de mil novecientos setenta y tres.
Si fue dolorosa la medida que, entonces, debí tomar, hoy es causa de alegría la resolución que tomo, en el nombre del Señor, de levantar el “ENTREDICHO PERSONAL” a estos hermanos señalados. Ambas resoluciones fueron dictadas “por amor” a sus personas y a un pueblo a quien me debo como Obispo, puesto por el Señor para servirlo en la Verdad y en el Amor. Puede darse fácilmente otra interpretación. Pero esta es la verdad.
Además, la malicia y la debilidad humanas tienen otros “intereses” y otras leyes, que nunca podrán armonizarse con el verdadero “amor fraterno”. Esta resolución que tomamos, ha sido madurada en la presencia de Dios y con la oración y la reflexión de un examen delicado, profundo y cristiano de la
Comunidad Diocesana, especialmente, sacerdotes, religiosas y cristianos de diversa condición social.
Es una resolución que tiene un proceso doloroso y riquísimo en lecciones para la vida individual y comunitaria. Con esta resolución no se puede decir que ya se celebra la Pascua. Sigue siendo inacabada esta Pascua. Por eso, estamos seguros que Dios seguirá moviendo los corazones, aún los más endurecidos, hasta hacerles sentir la necesidad y el hambre de “paz” y de “reconciliación”.
Además, es bueno decirlo, que esta resolución estará destinada a todo tipo de comentarios y opiniones, las más contradictorias. Quizás llegue a ser ridiculizada.
Correrá el riesgo de especulaciones políticas y pondrá en juego “intereses” los más diversos. Quizás algunos se desorienten; otros la verán como signo de “debilidad”; para unos significará “claudicar” y para otros un gesto de amor fraterno, aún para aquellos hermanos que no corresponden con la
misma moneda.
Si señalo todo esto es porque han sido, también, examinadas sus consecuencias.
Aún más, les diría que si buscamos fundamentar esta resolución con razones puramente humanas, la respuesta sería el “desconcierto” en cambio si la fundamentamos con razones que sólo tienen como fuente el Evangelio y el desarrollo profundo del proceso de nuestro pueblo, la respuesta es simple: seguir brindando “gestos” que ayuden a cambiar la vida de las personas para el bien y no para el mal. Sencillamente por el “amor” que se desprende de la LOCURA DE LA CRUZ.

¿CUAL ES EL FUNDAMENTO DE ESTA RESOLUCIÓN?
A todo lo dicho, respondo así: SOLAMENTE POR EL AÑO SANTO que es un año de “gracia”. Es un gesto cristiano que quiere hacer participar de esta “gracia” a aquellos hermanos cristianos que en estricta “justicia” no se hacen acreedores.
¿Y qué alcance tiene? nos seguimos preguntando. El siguiente: con esta resolución se levanta LA PENA ECLESIÁSTICA del “entredicho personal” por el cual están impedidos de recibir los Sacramentos de la Iglesia y de tener una plena comunión con sus hermanos en la Comunidad Eclesial. Pero lo que no podemos levantar con esta resolución es LA CULPA PERSONAL que grava sus conciencias. Esta exige, como a toda persona que comete “pecado grave”, que antes de poder recibir la “Absolución Sacramental” en el Sacramento de la Reconciliación, se arrepientan y conviertan sus corazones al Señor, su Dios y Padre y reparen el daño inferido a sus hermanos.
Es decir: debe mediar una adecuada “reconciliación” con Dios y con sus hermanos a quienes se les hizo daño. El Decreto por el cual se les imponía el “entredicho personal” tiene clara orientación al respecto. Es una ayuda y no un obstáculo.
Les decía que con alegría levanto este “entredicho personal”. Dejo al juicio de Dios todo lo que está referido a la CULPA. Al mismo tiempo le pido a Dios por intersección de San Nicolás que mueva los corazones de estos hermanos nuestros para que rehagan el camino del “Hijo Pródigo”, asegurándoles que los espera el abrazo misericordioso de Nuestro Padre Dios. Toda la Comunidad
Diocesana espera este gesto para poder estrecharlos gozosa y fraternalmente en un encuentro eucarístico. Mientras tanto seguiremos orando por ellos.

A TODA LA COMUNIDAD DIOCESANA
Al tomar esta resolución para con estos hermanos que pesa sobre ellos el “entredicho personal”, no quiero solamente referirme a ellos solos. Me dirijo también a toda la Comunidad Diocesana. Porque, Dios no lo quiera que así sea, pueden existir otros hermanos que sin tener una “pena eclesiástica”, sin embargo a los ojos de Dios pueden estar gravando sus conciencias con culpas que reclaman una urgente conversión y una profunda reconciliación.
Este Año Santo es para todos. No dejemos “pasar” al Señor de largo por nuestras vidas. Debo hacer en nombre de Cristo este llamado a toda la comunidad: ¡Hermanos! los invito a reencontrar la paz de la reconciliación y la esperanza cristiana.
Los invito a que descubran el gesto acogedor de esta Madre la Iglesia que los engendró a la Vida de la Pascua. Somos todos llamados a rehacer el camino del Hijo pródigo. Unos en una medida y otros en otra. Cubrir el orgullo con el manto de la Fe es ya caminar por los caminos que llevan al “pecado contra el Espíritu Santo”. Le pido que sus Dones se derramen abundantemente en el “corazón” de nuestra comunidad diocesana.

A LOS PUEBLOS DE “LA COSTA”
También para ustedes, pueblos de la Costa, les quiero hacer llegar esta palabra. Con ustedes sufrimos y con ustedes esperamos. No pretendo exigirles que presten crédito a la nobleza de estos sentimientos cristianos que para con ustedes abrigo. Sé perfectamente cómo se ha ido y se sigue sembrando en ustedes “semillas de destrucción”. Desde ya le pido a Dios, nuestro Padre, que no tenga en cuenta este pecado. Pero debo decirlo, es grave el pecado que se está cometiendo contra el pueblo de la Costa. El Señor tenga misericordia de sus responsables. Por eso queremos tenderles una mano amiga y fraternal para que no sigan pecando contra la luz.
Un día, lo creo muy cercano, verán brillar la luz verdadera en este doloroso camino de cruz. Aunque ahora, muchos no lo comprendan bien, verán que los llamados SUCESOS DE LA COSTA han sido el comienzo y el despertar de una vida nueva para todo el Departamento. Más allá de los agravios, los insultos y las anécdotas, ya ha comenzado una Pascua que lleva el vigor y la fuerza de Dios.
Dios construye “maravillas” con la debilidad y con lo que los hombres en nuestra arrogancia y en nuestro orgullo despreciamos y humillamos. DIOS ES CELOSO DE SU PUEBLO. Lo que se construye sobre arena, no tiene mucha vida. Aprendan siempre a descubrir el rostro vivo de Dios, especialmente en cada rostro sufriente de muchos hermanos costeños como lo decimos también
de muchos hermanos riojanos.
También a ustedes los invito en nombre de Cristo a descubrir este “paso” reconciliador de Dios en este Año Santo. Únanse a toda la Comunidad Diocesana para que reparemos las graves ofensas que se han hecho a Nuestro Padre Dios cuando hemos agraviado a nuestros hermanos más débiles e indefensos material y moralmente. Cuando hemos herido a nuestra Madre la Iglesia.
DOS REGALOS han tenido de Dios durante estos “sucesos costeños”; a saber: el DOLOR y la VISITA a la Costa del Representante Personal de Pablo VI, Mons. Vicente Zazpe. Mediten serenamente lo que Dios les quiere decir con esto en este Año Santo. Comprendo la desorientación que tienen. Aún prefiero seguir guardando un religioso silencio antes de hacer público un detallado
y evangélico análisis de los “sucesos de la Costa”. Un día ustedes mismos me dirán en toda su proyección, todos estos hechos.
Quiero decirles públicamente que en lo que toca a mi persona, todo lo que pudo haber de agravio e injuria, les doy esta respuesta: EL PERDÓN y el seguirles brindando un especial cariño. Dios es testigo de estos sentimientos. En lo que toca a mi condición de Obispo de ustedes, puesto que son cristianos, hijos de esta Iglesia Diocesana, que es lo mismo decir ser hijos de la Iglesia de Cristo, les seguiré ayudando a que maduren la Fe, la Esperanza y el Amor, para que todos se sientan hijos de un mismo Padre Dios.
En cuanto a LOS TEMPLOS de La Costa, a pesar de las tergiversaciones hechas, NUNCA ESTUVIERON CERRADOS NI CASTIGADOS por “entredicho personal – local”. El Decreto es lo suficientemente claro: “Los templos permanecerán abiertos para que el pueblo haga oración, pida perdón a Dios, y ruegue de una manera particular por la conversión de sus hermanos cristianos
que tan gravemente han ofendido al Señor en las personas de los más débiles. y desvalidos.” (21 de junio de 1973).
Además, el 13 de junio del año pasado se dijo públicamente al exigírsenos la inmediata salida de Anillaco, que “NO DEBÍAMOS RETORNAR MAS ni el Obispo, ni los Sacerdotes, ni las Religiosas”. Hemos respetado esta “decisión” porque “un grupo” manifestó que era el deseo del pueblo costeño. Más aún, desoyendo indicaciones de orden superior, hemos tenido especial consideración durante este tiempo, con la persona del Padre Virgilio Ferreira, anciano Párroco del lugar.
Por tanto, si estando los templos de La Costa en la situación en que están, conforme lo hemos indicado más arriba, el hecho de la no administración de los Sacramentos y de la celebración de los Divinos Oficios en los distintos pueblos en forma adecuada, sólo tiene una causa: aún no existe un formal pedido a la Diócesis del Ministerio Sacerdotal, ni se dan, aún, las garantías fundamentales
del libre y canónico ejercicio de dicho ministerio. Esperamos sin embargo que a los niveles que corresponda se garantice el derecho que ustedes tienen, si deciden solicitar la atención sacerdotal; y a la vez se garantice también el libre ejercicio de esta atención sacerdotal de quienes tenemos el deber de brindársela legítimamente y conforme lo ha dispuesto el Magisterio de la Iglesia.
Más aún, si demoramos la solución adecuada para la Costa, ello es debido a directivas de la Santa Sede, especialmente después de lo que debió vivir el Representante del Santo Padre, Mons. Zazpe en su visita al Departamento.
También está dada esta demora, por la situación del Padre Virgilio Ferreira. El deberá ser hijo fiel y obediente a lo que la Iglesia, como Madre, le pide. De su respuesta depende la solución adecuada para la Costa, conforme a indicaciones de la Santa Sede. Espero que esa respuesta no deba ser exigida por indicación superior a la Diócesis de La Rioja.
Finalmente, deben saberlo, buscamos soluciones religiosas solamente y no aquellas soluciones que estén “comprometidas” con “otros intereses” que no son los que ayudan a hacer crecer cristianamente al pueblo de La Costa.

ATENTOS a estas REFLEXIONES que preceden; puesto en la presencia de Dios, nuestro Padre; invocando a María Madre de la Iglesia y pidiendo la intersección de San Nicolás, después de maduro examen y pedidas las luces al Espíritu Santo:

RESUELVO
1º. LEVANTAR el “ENTREDICHO PERSONAL” en que fueron incursos a tenor de los canones 2268 y 2269, parágrafo 2, con todas las consecuencias establecidas en el canon 2275 del C.I.C. a las siguientes personas: señores JUAN FANOR DEL MORAL, JUAN CARLOS CISTERNA, AMADO MENEN, CARLOS ORELLANA; FIORI CECCONE, MANUEL MENEN, CESAR MENEN, MANUEL YAÑEZ, ROBERTO PASTOR AVILA y SIMON NAVARRO; Profesores JOSE ALEJANDRO LUCERO y LUIS MARIA DE LA PUENTE y Doctor HUMBERTO PAEZ.
2º. COMUNICAR a cada uno de nuestros hermanos, arriba mencionados, esta decisión pastoral.
3º. DAR CONOCIMIENTO de esta Resolución a toda la Diócesis y pedir a nuestros hermanos Sacerdotes que den lectura a este Documento a sus respectivas Comunidades que presiden, explicándoles el sentido de esta Resolución Pastoral.
4º. COMUNICAR a la Santa Sede y a la Nunciatura Apostólica de nuestro país, esta Resolución Pastoral.
5º. RESERVAR PERSONALMENTE el otorgamiento de las “facultades ministeriales” a todo sacerdote diocesano o religioso, para poder ejercerlas en toda la Jurisdicción de la Parroquia del Departamento de Castro Barros, señalando que esta determinación busca solamente el mejor aprovechamiento del Ministerio Sacerdotal en favor del pueblo costeño conforme hoy lo exige el Magisterio de la Iglesia.
6º. COMUNÍQUESE a quienes corresponda y dése al Archivo Diocesano.

Dado en la ciudad de LA RIOJA, a cinco días del mes de mayo del Año Santo mil novecientos setenta y cuatro, FESTIVIDAD DEL BUEN PASTOR.

Por mandato del Señor Obispo.

Pbro. JUAN AURELIO ORTIZ +ENRIQUE ANGELELLI
Secretario General Obispo de La Rioja

1. El texto de estas reflexiones con la resolución del levantamiento de las sanciones canónicas a los “entredichados” de la Costa fueron protocolizadas con el N° 055/74 en papel membretado con el escudo episcopal. Se imprimieron en mimeógrafo para ser distribuidas y leídas en las parroquias. En la Catedral fueron leídas por el Obispo en la Misa Radial de las 8 hs., del domingo 5 de mayo de 1974. (Cfr. El Independiente, lunes 6 de mayo de 1974).
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. tomo 4 pag 91 a 94
La Rioja, 12 de mayo de 1974
DOMINGO 5 DE PASCUA

Hermanos y amigos radioyentes de L.V. 14.
El domingo pasado, por la gracia de Dios hemos vivido una jornada verdaderamente privilegiada para quienes la vean con sentido de pueblo y con sentido cristiano. Estos fueron los hechos vividos diocesanamente: 1 – En este Año Santo hubo un gesto de esta Madre Iglesia que busca todos los medios “reconciliar a los hombres necesitados de ella” – 2 – Tres jóvenes se ordenan de diáconos y una religiosa hace sus “promesas religiosas” en el seno de nuestro en el día mundial de las vocaciones. – 3 – Fue un día mariano porque celebramos como cristianos y como argentinos la fiesta de la Virgen del Valle. En apariencia sin importancia y sin embargo con trascendencia de futuro. En medio de las dificultades que a diario vivimos porque aún no logramos vivir una verdadera fraternidad como pueblo, estos hechos nos ayudan a reflexionar y a hacer un alto en el camino para repensar nuestra vida, así como la llevamos.
Porque existe una verdadera hambre de reconciliación y de paz. Por eso nos desubicamos como hombres, y si tenemos Fe, como cristianos, si decimos que no necesitamos ser perdonados, ni de qué arrepentirnos. En este caso, si así pensamos y obramos, somos víctimas de la soberbia y de la ceguera de mente y de corazón, haciéndonos daño a nosotros mismos y nos empequeñecemos
negativamente ante Dios y ante los demás. Dios quiera que nunca caigamos en esta actitud interior, porque significaría que rechazamos la “luz” y “gracia” de Dios. De las lecturas de este domingo que acabamos de escuchar, hacemos esta reflexión: La Comunidad Cristiana, que somos nosotros, como pueblo y como cuerpo, debe ir creciendo siempre interiormente en la VIDA que nos viene de Cristo. Esto nos dice que nuestra condición es de peregrinos y que caminamos hacia una meta que es Dios Nuestro Padre. Este crecimiento sólo es verdadero si se hace con el AMOR; – “En esto conocerán que son mis discípulos, si se aman los unos con los otros…”. En esto entenderemos bien lo que busca lograr en nosotros este Año Santo. Tres palabras lo resumen: RENOVAR – RECONCILIAR – AMAR. Esto lo comprendemos mejor si lo comparamos con lo que hacemos y vemos todos los días en nuestros campos; si el árbol tiene mucha savia tendrá mucha vida y dará buenos frutos y abundantes; pero el cuidado hay que tenerlo desde que preparamos la tierra hasta que recogemos los frutos. Lo decimos en nuestro lenguaje familiar: “al árbol se lo conoce por su fruto”. De un árbol malo no se puede sacar buenos frutos. Y esto que es fruto de la sabiduría popular, apliquémoslo a la vida personal de cada uno de nosotros y a la vida de un pueblo. Daremos como individuos y como pueblo buenos frutos, si somos capaces de ir trabajando, a pesar de todas las dificultades, hasta lograr hacer un pueblo que vive muy en serio el amor fraterno.
Ahora, esta es una frase muy linda y de tanto repetirla casi no le damos toda la importancia que tiene y sin embargo nos dice Cristo: “En esto conocerán los hombres que son mis discípulos”. En esta ley del amor fraterno debemos regular toda la vida privada y pública. El AMOR debe regular la política, la economía, la educación y la cultura, las relaciones sociales entre los hombres, la vida
familiar, la vida interior de una comunidad cristiana. Ahora bien, nos San Pablo que el amor es: “paciente, es servicial, no tiene envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre la agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo
lo cree, lo espera y todo lo soporta. El amor nunca pasará… Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé atrás las cosas de niño…Hermanos no se queden como niños en su modo de pensar. En el camino del mal, sí sean como niños, pero adultos en su manera de pensar. 1 Cor. C. 13.
A la luz de esto que acabamos de decir necesitamos crecer y madurar en nuestra vida personal y en nuestra vida como pueblo. No cualquier cambio hace madurar, pero es ley de la vida ir cambiando para que, como dice San Pablo, cuando niño obre como niño y como hombre obre como adulto. Esto
es vivir el amor. Exige de nosotros muchas renuncias y sacrificios. Renovar no es fácil; por eso renovarnos cuesta mucho; por eso fraternalmente nos trae muchos dolores de cabeza. Aparentemente es más fácil vivir encerrados en nuestro egoísmo y en nuestros “intereses individuales” pero así ni tendremos paz ni habrá paz en la comunidad, ni en la vida familiar, ni en las relaciones humanas.
Hemos dicho que este Año Santo es para nosotros argentinos un año también eucarístico. No miremos tanto la exterioridad de un Congreso Eucarístico Nacional, sino todo lo que nos exige la Eucaristía en la vida y en un proceso que ayude a liberar a un pueblo. No puede haber Eucaristía si no hay reconciliación.
No habrá reconciliación si no se funda en la justicia y en la caridad o el amor.
Por eso, a veces, da pena, observar en la búsqueda de la felicidad como pueblo, lo queramos hacer con la pública difusión de la mentira, con el agravio, con el juego mezquino de intereses de grupos, con la desconfianza a quienes en la vida de una comunidad tenemos el ministerio de entregar el Evangelio y la fuente del AMOR que son los sacramentos. Así no se construye nada sólido.
En todo proceso de crecimiento, así como lo quiere Dios, nunca perdamos el don que nos ha dado el mismo Dios, de ser autocríticos de nuestros propios actos. Sólo así maduramos. Sólo así crecemos y vencemos las dificultades de toda marcha. Así será verdadera la renovación; así será sincera la reconciliación; así será efectivo el amor fraterno.
A ustedes, las comunidades parroquiales, a ustedes de los pueblos del interior y de los barrios de la ciudad, los grandes objetivos de este Año Santo y de este Año Eucarístico, más allá de las sospechas ridículas que pudiesen existir, que el “gran árbol” que es nuestra Rioja, pueda ir recogiendo verdaderos frutos de fraternidad, de trabajo, con sentido de pueblo, de compromiso cristiano con sentido de tarea y de misión.
Tienen muchísimas ocasiones para reflexionar en todo esto: tienen ya próximas la fiesta de Pentecostés, del Corpus; del Sagrado Corazón, las Fiestas Patronales, los encuentros decanales y diocesanos, las reuniones o encuentros más pequeños de pueblo o de barrios; los encuentros familiares. Ustedes hermanos que están en el importantísimo campo educacional, tienen valores grandes para reflexionar; especialmente ustedes los que están en Institutos, que tienen una mayor dependencia de la Diócesis, reexaminen toda vida educacional a la luz de los grandes objetivos del Año Santo: Renovar, Reconciliar, Amor. Hay mucho que corregir y mucho por hacer. Por otra parte, sean lugares oficiales como privados, todos deben ser considerados al mismo pueblo. No son dos
pueblos ni dos comunidades. Y en este sentido, para efectivizar más el amor fraterno, la Iglesia, en su fundamental misión educadora del pueblo, deberá evaluar las formas concretas cómo la realiza en nuestra Diócesis. Y para nosotros, que tenemos una identidad propia y una misión específica dada por Cristo, tanto en la vida sacerdotal, como en la consagración en la vida religiosa, debe seguir siendo en este Año Santo por la vivencia y la labor que realicemos.
En esto se plantea qué es EVANGELIZAR HOY EN NUESTRO MUNDO ACTUAL. De esto hablaremos en lo sucesivo. El gran tema del Sínodo Mundial de los Obispos en Roma.
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. tomo 2, pag 71-75
La Rioja, 16 de mayo de 1971
DOMINGO 6 DE PASCUA
Domingo 6 de Pascua Hechosde los Apóstoles 15,1-2.22-24 Apocalipsis21, 10-14.22-23 San Juan 14, 23-29

SALUDOS:
A La Rioja en su Semana. A los turistas. A las comunidades de San Isidro de Agua Blanca y de San Isidro de Chepes.
A los ancianos. Camioneros y amigos del transporte de pasajeros.
Hermanos de la Fraternidad. Hermanas de Barrio Rincón.

Las lecturas bíblicas que acabamos de escuchar nos iluminarán y guiarán este domingo, nuestra reflexión que la llamaría familiar.
Una reflexión de hermanos y amigos, si es que cada día vivimos mejor que todo hombre es mi hermano.
Trataremos de iluminar a la luz de la FE los acontecimientos vividos esta semana; cada uno de ellos guardan un rico contenido para reflexionarlo serenamente. Es el Señor quién nos guía, es su palabra, es Él quién se vale de esta palabra humana para que lo comprendamos, lo escuchemos, descubramos su presencia en ella; es por este
delicado ministerio de la Palabra que nos comunicamos los hombres en torno a Jesucristo hecho alimento para nuestra inteligencia y hecho Eucaristía para nuestro camino y sentirnos más confranternizados los unos con los otros.
Enumeremos algunos de los acontecimientos en los cuales se ha fijado nuestra atención o hemos sido actores:
-La Semana de La Rioja que hoy comienza.
-Sañogasta que no deja salir a su Párroco y que hace 7 días que se encuentra acampando junto a la casa parroquial,
-Chamical que espera a su nuevo pastor que aún no llega con deseos de no dejar salir al que concluyó su misión en esa comunidad.
-Los A.T.P. que salen a la calle para reclamar su pan.
-Unas declaraciones de una casa de juego de nuestra ciudad que dice hacer un gran aporte al progreso Riojano.
-La Fraternidad de los Hermanos de Foucauld que se establecen en La Rioja.
-Las Hermanas del Divino Maestro que ayer se radicaron en un barrio de La Rioja.
-Dos sacerdotes franceses que haciendo un gesto verdaderamente Evangélico han dejado su patria, sus familias, sus comunidades para integrarse a nuestra vida Riojana.
-Pablo VI que acaba de sacar un documento universal sobre los graves problemas de la humanidad.
– Nuestro país que vuelve a sentir el sacudón de uno de los tantos intentos revolucionarios.

Como ven, podemos seguir enumerando esos y otros acontecimientos que van tejiendo nuestra vida diaria de pueblos. A estos acontecimientos se ha respondido con distintas actitudes y reacciones que podrían reflejar el estado o situación de una comunidad o de una Iglesia que aún peregrina, que busca, que manifiesta tener vida; que se expresa como es, con aciertos, debilidades, angustias, esperanzas, violencias, silencio, oración, madurez, gestos adolescentes. Con reacciones de una sociedad que cada día prueba más su desequilibrio social cultural y económico; así por ejemplo, estamos preparando las celebraciones de un aniversario más de la fundación de nuestra ciudad.
Sañogasta, reconociendo la benemérita acción pastoral de su párroco, priva a un hombre de su libertad para hacer una opción libre y concienzuda de acuerdo a sus compromisos contraídos en virtud de la sacramentalidad de su sacerdocio y del servicio a una comunidad Diocesana. ‘
Con gestos de gratitud y asumidos dolorosamente no miden las consecuencias que todo esto significa para el mismo pueblo, para toda La Rioja y para el mismo pastor. Una fuerte emotividad les impide discernir serenamente las actitudes que deberían haber asumido reflexionando mejor la Palabra de Dios.
Se repite lo mismo que en la primitiva comunidad cristiana que se nos detalla en la lectura de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de escuchar. Como en ella, aquí también se produce una agitación entre los hermanos: “el Espíritu Santo y nosotros -dicen los Apóstoles- hemos decidido”. Este es el sentido de Iglesia y del servicio
pastoral de quienes eran los pastores de esa comunidad.
Y Juan en su Evangelio nos dice: “El que me ama será fiel a mi Palabra y mi Padre lo amará e iremos a El y habitaremos en El. La Palabra no es mía sino del Padre que me envió” ¡Qué texto más denso para que lo meditemos!
Y siguiendo con las actitudes: mientras en un pueblo se agita una comunidad, en otro pueblo riojano, unos hombres consagrados se apartan del ruido y se radican entre las piedras y los cardones para descubrir mejor el sentido profundo de la vida en la Contemplación de Dios y en la meditación asidua de la Palabra de Dios. Diría que mientras en uno se está dando la etapa de salir de una FE aún demasiado adolescente, en este último es ya la madurez de la Fe de quienes buscan servir a toda la comunidad riojana con el silencio y la oración. El
Espíritu Santo les enseña a que en la vida no temamos, porque en Él está puesta la confianza, no en los hombres; con ellos caminamos y buscamos juntos, pero es Él quién le da sentido a la vida y a la marcha por la vida. Otros hermanos y compatriotas, guiados no por la Fe y las circunstancias que ella implica, utilizan estos acontecimientos eclesiales para detener todo proceso de cambio y seguir establecidos en sus privilegios. Otros son sus objetivos, debemos tener misericordia para con ellos.
Otros quizás, incapaces de leer interiormente los acontecimientos, viven de las anécdotas, de los que solemos decir familiarmente “chismes”; debemos comprenderlos pera estar bien clarificados que con estos hermanos no se puede construir nada nuevo; nada que signifique hacer felices a los demás. Hombres sin ideales u hombres ya derrotados interiormente; ayudémosles a que salgan de este estado para que se logren y no se sientan frustrados. Una manera de manifestar la propia frustración es vivir del chisme y de los reales o inventados defectos de los demás.
Otros, están en la oración. Son muchos, chicos y grandes. Estos saben que la Iglesia para servir mejor tiene que anonadarse; ser el escarnio de la Cruz. Son lúcidos, ven cómo el Espíritu de Dios lleva maravillosamente por caminos misteriosos a este pueblo riojano para ir logrando cada vez más su plena liberación en Cristo. Acontecimientos como el de Sañogasta son señal de vida aunque no se puedan aprobar todas sus actitudes y reacciones; advierten que es un pueblo que no quiere ser más masa, quiere ser persona y tratado como persona; que la justicia, la fraternidad, el construir juntos son valores descubiertos que no deben perderse.
El Concilio nos ha dejado una rica doctrina sobre la Iglesia Pueblo de Dios. En ella se nos convoca a asumir todas las consecuencias de la responsabilidad de acuerdo a los distintos ministerios que tenemos y al lugar en que el Señor nos ha colocado; nos llama a la universalidad, al servicio fraterno. Nos llama a descubrir los propios dones que el Espíritu Santo ha sembrado en el pueblo y a la vez a que ahondemos que la Iglesia ha sido fundada sobre Pedro y los 12, y continúa idéntica a través de sus sucesores; en ellos nace la comunidad
por la Palabra y la Eucaristía que ellos anuncian y celebran. En ellos y con ellos crece la comunidad. En ellos y con ellos se hace la verdadera comunión entre los bautizados.
Hago esta otra reflexión sobre otro acontecimiento de la semana.
Hace unos días se publicaron unas declaraciones de una casa de juego de nuestra ciudad señalando que la Iglesia está mal informada en una reflexión que meses atrás hizo sobre ella. Al respecto debemos decir: si queremos construir una Rioja nueva, moralmente sana y que prepare una juventud que sea capaz de hacer una sociedad nueva y distinta de la que tenemos, no es ciertamente ése el camino del progreso que hay que buscar; más bien allí encontraremos el de una sociedad que se embellece elegantemente con todos los adelantos de la técnica moderna, mientras seguirá produciendo, en esta sociedad de consumo, hombres masa, hombres esclavos de muchas cosas, hombres frustrados, hombres despersonalizados y no hombres como quiere Dios. No juzgamos las condiciones personales, a éstas las juzga Dios; analizamos los hechos objetivos y analizamos las consecuencias; por eso, fraternalmente advertimos a los responsables de la comunidad, a los padres, a los educadores, que por ahí no se construye nada sólido; La Rioja necesita muchas obras, necesita modernizarse,
tener los adelantos de la técnica y de la ciencia, pero que su precio no sea la postración moral de nuestra juventud y de nuestras familias.
Comprendo que puedan sentirse afectados algunos hermanos compatriotas. Amigos, reflexionen y miren un poco más allá de los propios intereses y de los pocos o muchos años de vida que puedan vivir. Mañana, que puede ser también hoy, todo esto puede quedar reducido a la nada con la muerte.
Vuelvo a ustedes hermanos de Sañogasta, y que esta última reflexión sirva a toda la Diócesis. Examinando todo lo que ustedes están viviendo, y que por cierto estoy muy cerca de ustedes, aunque pueda parecer lo contrario, no puedo menos que felicitarlos por todo lo que significa haber asumido las exigencias de la FE y la marcha hacia una plena liberación. Pero piensen: es el bien de toda la Diócesis la que reclama el sacrificio de un sacerdote amigo a quien se quiere; es la exigencia de la madurez cristiana de ustedes que reclama su partida; es el respeto a su conciencia y a los compromisos contraídos con un juramento en la Catedral lo que exige respeto. Es Chamical, su nueva comunidad y los Llanos Riojanos que tienen derecho a ser respetados.
También ellos son un pedazo de Rioja y de Iglesia riojana; no le impidan una ratificación de la opción hecha, no quedarán solos, oren y ofrézcanle todo lo que intensamente están viviendo a Cristo para que tengan un sacerdote como Él; no pierdan lo que han conquistado dolorosamente, sentirse solidario, sentirse hermano, sentirse coresponsable con el sacerdote, sentirse más Iglesia; no permitan que nadie les manche lo que ustedes están viviendo, guárdenlo como el mejor regalo, no se dejen usar por quienes pretenden utilizarlos. Deben dar este gesto cristiano al resto de la Diócesis, a Chamical , a Los Llanos, al Oeste; háganle una linda despedida y llévenlo al padre ustedes mismos a Chamical. La imagen deteriorada que puedan haber dado la clarifiquen con este otro gesto. Dios nuestro Señor no se dejará ganar en generosidad; además piensen ustedes, como toda la
Diócesis que a los sacerdotes no los fabrica el obispo, son los hijos de la comunidad cristiana a quienes el obispo les impone las manos para consagrarlos y darles la misión concreta.
Hermanos sacerdotes: enseñemos a nuestros pueblos a ser peregrinos y no establecidos, seamos pedagogos de la FE ayudándoles a crecer; que nunca nuestras comunidades puedan decir que no les supimos hacer madurar en la FE, en la esperanza y en la caridad; que nuestras actitudes no fueron evangélicas, que por nuestros gestos no supieron descubrir el verdadero sentido de sentirse Iglesia. Sacerdotes, religiosas y laicos: los invito a pensar, existen muchos riojanos hermanos nuestros que ahora están mudos, no hablan ni protestan porque están marginados, aún religiosamente no pueden darse este lujo de retener un sacerdote porque nunca lo han tenido. Solamente los centros urbanos o más poblados son los privilegiados. A la liberación total de nuestro pueblo, en
Cristo, la debemos hacer con todos y no con algunos grupos privilegiados.
Esto es celebrar con sentido de futuro el Día de La Rioja.
HASTA EL DOMINGO SI DIOS QUIERE.
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. tomo 4, pag 95-98
La Rioja, 26 de mayo de 1974
DÍA DE LA ASCENCIÓN DEL SEÑOR

Hermanos y amigos radio oyentes de L.V. 14
Celebramos hoy, la fiesta de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. Esta celebración nos ayuda a comprender mejor nuestra Fe cristiana.
Para nosotros, riojanos, está puesta al final de una semana llena de celebraciones y acontecimientos que han tomado toda nuestra vida como pueblo: La celebración de la fundación de La Rioja, la celebración del día patrio, la celebración del día del Olivo, la celebración de fiestas patronales: Santa Rita de Chilecito y de Catuna; el delicado problema de los docentes; el lanzamiento oficial de CREAR-DINEA. En el corazón de estos hechos, entre otros, Cristo que nos dice: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado… sepan que estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo… vayan y proclamen el Evangelio a toda la creación… el que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer, será condenado… sean testigos de todo esto… les enviaré al Espíritu Santo… quédense en la ciudad hasta que se revistan de la fuerza de lo alto… y mientras los bendecía… se separó de ellos subiendo hasta el cielo… volvieron con alegría y bendecían a Dios…”
Y mientras meditaba todo esto, preparando estas reflexiones para la Misa Radial, no me resistí a pensar en algo que me tocó muy de cerca vivirlo. Era la muerte de una anciana de noventa y dos años; murió, también durante esta semana. Y reflexionaba: cuando la Fe ilumina y penetra hondamente en una persona, le hace descubrir el sentido profundo que tiene la vida; le da la verdadera sabiduría y la convierte en eso que nos manda Cristo: “sean testigos… con la fuerza del Espíritu Santo que les enviaré”. Se dejó evangelizar por Dios a través del ministerio de la Iglesia – Madre – hasta el último instante de su prolongada vida. Su muerte se convertía así en un testimonio viviente de Fe y dejaba, antes de partir, como herencia a sus hijos y a su pueblo, un mensaje de sabiduría enriquecida con pequeños-grandes gestos, hechos en silencio y con gran conciencia de fidelidad. Me tocó ungirla con los óleos de los enfermos, me tocó recoger sus últimos gestos, me tocó celebrar la misa de despedida, me tocó vivir con sus familiares y con su pueblo todo lo que significa una partida de quién muere y se despide así, como coronamiento de una larga vida. “La
Virgen sabe lo que debe hacer de mi vida, que haga lo que Ella quiere… que bendiga a mis ‘changos’, y que bendiga a mi barrio… yo estoy lista para irme… decía entre otras cosas, antes de partir…”. Y como ella, cuántas y cuántos así prepararán una partida definitiva de este mundo, después de haber vivido la propia vida comprometidos y fieles a las exigencias de la Fe y de las necesidades de sus hermanos. Después de haber vivido la vida comprometida con su pueblo.
Me parecía oír que decía lo mismo que Jesús: “Vayan hijos y hermanos de mi pueblo. Vivan así para que Dios les regale una muerte como me la regaló a mí”. Así se fue la abuela Atanasia.
Y volví a la reflexión de la Ascención de Cristo, Nuestro Señor. Muchas cosas nos deja antes de su partida para volver junto a su Padre y nuestro Padre Dios.
Nos deja su Vida de Hombre-Dios, desde su Encarnación y Nacimiento en Belén, hasta su Ascención; nos deja su Evangelio con la muerte en la Cruz y la Resurrección; nos deja la Iglesia y en Ella al Espíritu Santo que la anima y la rejuvenece permanentemente; nos deja el sentido nuevo de la vida y de las cosas; nos deja el regalo de la Fe, de la Esperanza y del Amor; nos deja el sentido
de caminantes en la vida y la certeza de un encuentro definitivo en la Vida que no tiene término en Dios; nos deja la gran tarea de realizar una sociedad nueva, distinta de aquella que se construye en el egoísmo, ésta hay que construirla en el Amor; nos deja la tarea de ser EVANGELIZADORES Y ANUNCIADORES de esta BUENA NUEVA que es Él – Cristo; nos deja la tarea de convocar a los hombres a la fraternidad y a trabajar para que la justicia sea vivida entre los hombres; nos deja la tarea de ser constructores de la Paz; nos deja su Vida y su PRESENCIA permanente entre nosotros, para que en Él y con Él construyamos un Pueblo Nuevo, una Raza Elegida, un Pueblo Santo. Nos deja la clave para ser felices, en las Bienaventuranzas; nos deja como una especie de código, que
de acuerdo a él seremos juzgados al término de nuestra vida, como a la abuela Atanasia. Nos deja a nuestro hermano, el hombre, para que en él reconozcamos su rostro y su presencia. Nos deja al samaritano para que en él aprendamos a descubrir las exigencias del Evangelio; nos deja el don del sacerdocio y de la consagración total de la vida, como signos de servicio al hombre y al pueblo,
alabando y glorificando a Dios, con y desde él; nos deja la capacidad para no quedarnos “establecidos en la vida”, porque así se debilita y muere; por eso nos llama permanentemente a superarnos como individuos y como pueblo, a crecer, renovarnos, madurarnos, a no perder el rumbo y la meta definitiva. Así podríamos seguir desentrañando todo lo que esta celebración contiene y exige de nosotros, especialmente, cristianos, hijos de la Iglesia; aunque va mucho más allá; es un “acontecimiento” que mira a todos los tiempos y a todos los pueblos. Mira y es respuesta a todo el hombre y a todos los hombres de todos los tiempos. Muerte – Resurrección y Ascensión de Cristo, es la clave para interpretar la historia y los grandes interrogantes de los hombres. La abuela Atanasia, en su sencillez de hija de su pueblo, la interpretó con gran sabiduría para darle sentido a toda su vida y a su muerte.
Así también, se convierte en “clave”, como en la música, para interpretar y darle sentido a nuestras celebraciones como pueblo y para buscar las verdaderas soluciones a los problemas que plantean nuestros conflictos cuando están en juego la justicia, la paz y la respuesta que debemos dar los adultos a nuestros niños y a nuestra juventud. Así, también, celebramos e interpretamos bien las expresiones de Fe que un pueblo vive en sus fiestas patronales. Decíamos que en la lectura de los textos de la Ascensión, Cristo nos envía a EVANGELIZAR a todos los pueblos y a toda la creación. Por eso, también, en este Año Santo, se celebrará lo que se llama Sínodo Universal de los Obispos, es decir: un encuentro de Obispos, sucesores de los apóstoles, con el Papa, sucesor de Pedro, para seguir reflexionando y sacar las orientaciones para toda la Iglesia.
El tema para este gran acontecimiento es: LA EVANGELIZACIÓN EN EL MUNDO DE HOY. Vale decir: cómo seguir anunciando el Evangelio de Cristo, el mismo de siempre a nuestro mundo actual, siendo fieles a su contenido; con qué medios nuevos y de qué forma debe ser anunciado para que el hombre actual, nosotros, sepamos descubrir que ese Evangelio es la gran respuesta de Dios a la vida del hombre y del mundo actual. Reconciliarnos verdaderamente como hermanos, los hombres y asumir toda la renovación y cambios profundos que exige el mundo en que vivimos, supone que, primero, nosotros los cristianos, sintamos vivamente la permanente necesidad de ser reevangelizados, catequizados, actualizados, iluminados por el Evangelio de Cristo y, segundo, presentar a nuestros hermanos ese Evangelio con la palabra, pero especialmente con la vida, comprometida en la construcción de un mundo más justo y más fraternal.
Este gran acontecimiento de Año Santo, que es el Sínodo de los Obispos, al haberse escogido el tema de la EVANGELIZACIÓN EN EL MUNDO DE HOY, es también para nosotros, el gran objetivo de la diócesis. No como una necesidad impuesta de afuera, sino como una necesidad surgida de nuestra realidad riojana.
Porque si es una exigencia permanente del Espíritu Santo en toda la Iglesia Universal, lo es más para nosotros, pueblo bautizado y cristiano, en su casi totalidad, pero necesitado de mayor profundización de la Fe y de sus exigencias en la vida, privada y pública. Porque todo el pueblo de Dios es comunidad del Evangelio y es responsable de su transmisión con palabras y obras.
Si fuéramos lo suficientemente evangelizados, no tendríamos que constatar hechos dolorosos en la vida de la comunidad diocesana. Es exigencia de vida y de tarea a realizar, para todos; para nosotros, sacerdotes; para los consagrados en la vida religiosa y para todos los fieles cristianos de la diócesis.
Comenzamos la preparación de la festividad de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. Que toda la diócesis entre en un clima de cenáculo como entraron los apóstoles y María, después de la Ascensión para que encuentre en nosotros acogida humilde y sincera el Espíritu Santo con el regalo de sus Dones.
Con su Luz y con su fuerza comprenderemos mejor qué es evangelizar y ser evangelizador, y nos lanzaremos más a ser los TESTIGOS del Evangelio de Cristo por las palabras y por las obras.
Que María Santísima y San Nicolás nos ayuden a vivir en plenitud, Pentecostés.
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pag 99 a 101
La Rioja, 2 de junio de 1974
DOMINGO DE PENTECOSTÉS

SOBRE PENTECOSTÉS Y LA LABOR CATEQUISTA HABLÓ ANGELELLI

El obispo diocesano, monseñor Enrique Angelelli, dedicó la homilía de la misa radial de ayer a destacar la significación del día de Pentecostés en que se conmemora la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia. A la vez, por ser iglesia misionera por naturaleza, instó a los hombres y mujeres de toda la diócesis que sientan el llamado de Cristo a ser catequistas en el medio en que actúan.

Comenzó citando el Libro de los Hechos de los Apóstoles: “Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés (50 días después de Pascua). De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían posándose encima de cada uno. Se llenaron todos del Espíritu Santo
y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu Santo les sugería…María estaba con los discípulos…”.
“En este día – prosiguió Angelelli – queremos hacer, como la Iglesia de Cristo permanentemente asistida y rejuvenecida por la presencia viva del Espíritu Santo, este acto de fe recitando el artículo del Credo que hemos aprendido desde niños: Creo en la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica. Y era impulsada y movida por el Espíritu Santo la confesión que hacía una mujer de nuestro pueblo antes de morir: ‘como madre que he engendrado a mis hijos, le pido a Cristo perdón por los posibles pecados de ellos, sí en la vida que llevan hubiesen ofendido e injuriado alguna vez a la Iglesia, que es también Madre de ellos…pido esto antes de morir a mi Madre la Iglesia; y les pido a ellos que
siempre les sean fieles…’. Confesar nuestra fe en la Iglesia, como lo hacía esta mujer antes de morir, es hacer nuestra confesión pública en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Iglesia es una obra estupenda de la Santísima Trinidad. Allí tiene su origen. Por eso, al pretender entenderla y comprenderla con las solas luces de la razón y equipararla a cualquier sociedad humana, corremos el riesgo de no comprender este regalo y misterio de Dios. Por eso, decimos: Creo en la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica”.
“Y cuando en el año 1962 los sucesores de los apóstoles que son los obispos, veníamos de todas las regiones de la Tierra con nuestra lengua, historia y raza, traíamos las esperanzas y los sufrimientos de cada pueblo, región y continente y junto a la tumba de Pedro recitábamos el Credo y el Padre Nuestro y celebrábamos la misma Eucaristía – explicó enseguida – vivíamos un Pentecostés
de la Iglesia y entregábamos al mundo la gran esperanza y respuesta a los más acuciantes problemas. Esto sucedía en el Concilio Vaticano Segundo. Y cuando Pablo VI peregrinó a las Naciones Unidas y en medio de esa gran asamblea de responsables de pueblos y razas, anunciaba el Mensaje de la Paz como fruto del Evangelio de Cristo, era hacer presente la presencia viva del Espíritu Santo por su muerte y resurrección. Pentecostés es el fruto de la Pascua”.
Más adelante puntualizó que, “por obra del Espíritu Santo, Dios se hizo hombre, tomando un nombre y se llamó Jesucristo. Y por obra de este mismo Espíritu Santo sigue encarnándose en la pobre carne humana. Por eso, a Dios se lo encuentra y a Dios se lo ha de amar en la carne de los hombres. Sólo así se entiende aquellos de San Juan: ‘Quien dice amar a Dios que no ve, y no ama
a su hermano a quien ve, es un mentiroso…”.

La Iglesia misionera
Indicó enseguida que “este Pentecostés nos debe hacer reflexionar muy seriamente en esa cualidad fundamental que tiene la Iglesia. Ella nació misionera.
Nuestra Diócesis de La Rioja será más fiel al Espíritu Santo si vivimos esta exigencia: somos misioneros todos los cristianos. Esto supone asumir una tarea recibida por Cristo y animada y asistida por el Espíritu Santo: ‘Así como mi Padre me envió, así Yo envío a ustedes…’. ‘Vayan por el mundo a predicar el Evangelio a toda criatura…’. Tener la fuerza y la gracia para cumplir esta tarea, es obra del Espíritu Santo. No solamente los sacerdotes y las religiosas tienen la misión de anunciar el Evangelio; la tienen todos los hombres cualquiera sea su condición”.

Pentecostés y el Año Santo
Expresó luego que “este Pentecostés nos invita también a repensar nuevamente todo lo que nos exige el Año Santo. Porque hablar de ‘año de la reconciliación’ es hablar de la obra que el Espíritu Santo realiza en nosotros. En el bautismo se nos convirtió en templos vivos del Espíritu Santo. Toda la comunidad cristiana es comunidad de testigos de las ‘maravillas’ que obra el Espíritu Santo en los hombres. Sólo así podemos entender lo que diariamente recogemos de personas de corazón sencillo y recto que, con el testimonio de sus palabras, nos están diciendo que en ellas hay una presencia viva de Dios”.
En la parte final de la homilía, el obispo expresó: “Decíamos que la Iglesia es, por naturaleza, misionera. Por eso hoy, día de Pentecostés, quiero hacer el mismo gesto que hizo Cristo a sus apóstoles. Lo quiero hacer especialmente con todos los catequistas de la diócesis. Hermanos catequistas, Cristo los ha llamado a cumplir una misión muy grande: anunciar el Evangelio a sus hermanos.
Esos hermanos son, concretamente, los niños que preparan para la comunión o la confirmación. Son los grupos que ayudan a reflexionar juntos el Evangelio. Son ustedes, hermanas maestras de pueblos, personas mayores o jóvenes, mujeres u hombres que sienten vivamente este llamado de Cristo para ser catequistas en el medio donde se encuentran. Reciban en nombre de Cristo, oficialmente, esta misión que el Obispo les confía en la diócesis. Les pido a los párrocos o a quienes presiden comunidades que hagan algún gesto concreto donde se destaque esta misión de ser catequista en la propia comunidad.
Que María nos ayude a vivir en la vida de Pentecostés”.

1 El texto de esta homilía corresponde al publicado en el diario El Independiente, lunes 3 de junio de 1974, pág. 10. Nuestro archivo no registra fotocopia del texto mecanografiado por el Obispo Angelelli.
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pag 82-84
La Rioja, 6 de Junio de 1971
DOMINGO DE LA TRINIDAD
Proverbios 8, 22-21 Romanos 5, 1-5 San Juan 16, 12-15

El domingo pasado centrábamos nuestra reflexión en la fiesta de Pentecostés. La venida del Espíritu Santo sobre el Colegio Apostólico reunidos sobre el cenáculo, con María, es el nacimiento visible de la Iglesia después de la resurrección de Jesucristo, es el nuevo pueblo de Dios, el cuerpo místico de Cristo.
Hoy centramos nuestra reflexión en la Fiesta de Santísima Trinidad. El Dios vivo y verdadero es Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, Unico Dios verdadero y tres personas divinas distintas. Así lo confesamos y lo creemos con toda la Iglesia y bendecimos y adoramos a la Santísima Trinidad que en la intimidad de nuestro corazón está presente como un templo: Así entendemos que somos hechos templos de Dios vivos.
En esa criatura recién bautizada, como en ese anciano que baja a la tumba ambos están marcados por el agua y el fuego del Espíritu Santo. Cada mañana al abrir los ojos a un nuevo día lo marcamos y lo empezamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo, cuando se derrama el agua en el recién nacido, cuando tomamos el pan de cada día, cuando se unen dos en matrimonio, cuando se ungen los sentidos del cristiano, cuando se proclama la palabra de Dios, cuando partimos el pan de la Eucaristía, cuando se invoca al Señor sobre las cosas, cuando cerramos la jornada para el descanso, cuando trazamos una cruz sobre nuestro cuerpo, cuando comprometemos la palabra en el juramento, cuando despedimos a un ser querido a la eternidad o cuando dejamos nuestra plegaria sobre la tumba, siempre lo hacemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Porque en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo existimos y nos movemos. Aquí, en la Santísima Trinidad, está la fuente y el centro de nuestra FE cristiana. En ella nace y tiene origen la FE, la esperanza y el amor. Cuando el Concilio Vaticano II invitó al mundo y convocó a los cristianos a un nuevo Pentecostés para la Iglesia, con actitud peregrinante y guiada por el mismo Espíritu de Dios, nos llevó como de la mano, para que volviésemos a encontrar el origen de la Iglesia. Sólo así los cristianos de hoy, que somos nosotros, descubriremos las exigencias de nuestra Fe personal y eclesial.
Somos la Iglesia de Cristo y Cristo en cumplimiento de la Voluntad del Padre inauguró en la tierra el Reino de los Cielos, nos reveló su misterio y con su obediencia hasta la Cruz realizó la redención de todos los hombres en sus Pascuas que es el triunfo sobre la muerte, la luz que disipa las tinieblas, la buena nueva, que es el Evangelio.
Toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y la esperanza que hemos recibido no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros.
Por eso el mismo acto de FE que hacemos en el Padre, Hijo y Espíritu Santo lo hacemos en la Iglesia que es el misterio de Dios revelado a los hombres en Jesucristo y que podemos decir, creo, por la virtud y la gracia del Espíritu Santo que misteriosamente obra en cada corazón humano.
Y cuando la Iglesia pecadora en sus miembros que somos nosotros, los hombres, busca limpiar y purificar su rostro, que es lo mismo que limpiar y purificar nuestras vidas personales, lejos de infundirnos miedo, nos debe regocijar y llenarnos de esperanza, porque los hombres de nuestro tiempo nos reclaman de nosotros cristianos que seamos la luz de Cristo, los hombres convertidos testimonial mente en los templos vivos de la Santísima Trinidad. Cuando a la Iglesia se la juzga fuera de la óptica de la Trinidad que es la óptica de la Fe, es imposible descubrir y asumir su rol en el mundo. Lo penoso es que a veces nosotros, el mismo cristiano, la juzgamos y la cuestionamos como si desconociésemos nuestro propio origen, nuestra propia cuna.
En la Trinidad se da plenitud de vida, se da plenitud de amor, plenitud de realización en cada persona divina, plenitud de acción y dinamismo, plenitud de comunión entre las tres divinas personas, plenitud de realización interpersonal, plenitud de fecundación, plenitud de comunidad. Los hombres por Jesucristo somos llamados para vivir y realizarnos a semejanza de esta familia trinitaria. Dios es vida, amor, dinamismo, fecundidad. Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que pienses en él, o el ser humano para que lo cuides tanto? A esto somos llamados todos los hombres, sin distinción alguna por la raza, el color, el dinero, el poder o la fuerza. Hoy más que nunca es necesario anunciarles a los hombres de la condición que sean, que es necesario tomar el sentido de nuestra existencia que nace en la Trinidad, en Dios, para que con su inteligencia creadora busque los caminos nuevos que sean según el plan y el proyecto de Dios, realizado por Jesucristo.
Nada escapa a la órbita trinitaria de cuanto existe en la tierra, en el cielo y en los abismos. Hoy más que nunca la Iglesia no debe renunciar a su misión profética y santificadora, como el atalaya debe anunciar a los hombres todo lo que aparta del proyecto trinitaria y ayudarle a realizarlo con la gracia de Cristo de la Pascua, fruto de la Cruz. Por eso esta Iglesia de Cristo, de ayer, de hoy y de siempre, seguirá ayudando a leer interiormente todos los acontecimientos que dejen la trama de la historia humana a la luz de la Trinidad; por eso la Iglesia nos vuelve a hablar en su magisterio universal sobre los graves problemas que aquejan al hombre de hoy, le habla al hombre de los medios de comunicación social, convoca a un sínodo universal para reflexionar la situación de la justicia en el mundo actual, replantearse desde la Trinidad, el ser, la misión y el rol de los sacerdotes. Asumen los candentes problemas que hoy se plantean: celibato sacerdotal, rol sacerdotal, tarea de los cristianos en el mundo de hoy, la pobreza como debe ser vivida en nuestra sociedad, la renuncia a todo privilegio que pueda ser imagen de todo factor de poder puramente humano, la violencia, las lacras sociales que hoy caracterizan a nuestra sociedad de consumo, las ideologías encontradas, las escandalizantes situaciones de los que no tienen nada y de los pocos que poseen mucho, el atropello que se hace de diversas maneras de la persona humana, convocada para ser el templo de Dios vivo.
Si la Iglesia se compromete con el hombre, hombre concreto no imaginario, es porque antes la Trinidad Santísima se ha bajado hasta él para convertirlo en su templo. Todas las profanaciones que hacemos al hombre son profanaciones que hacemos a Dios.
La Trinidad es el modelo de la Iglesia que debemos seguir construyendo en cada riojano y en toda la Diócesis. Toda una tarea, los invito.
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pag 103 a 107
La Rioja, 9 de junio de 1974
FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Amigos y Hermanos Radio oyentes de L.V. 14
Celebramos, hoy, la festividad de la Santísima Trinidad. Este es el Misterio fundamental para el Cristianismo. Es el alma de todo el Evangelio de Cristo y la VIDA o REINO de Dios que se revela y se desarrolla en todo el Nuevo Testamento. Es el adorable misterio de Dios: Padre, Hijo, Espíritu Santo. Para ayudarnos a esta reflexión dominical relataremos un hecho muy significativo y
cargado de sugerencias para la meditación. El hecho es el siguiente: un hombre de pueblo acababa de bautizar a su hijito recién nacido; luego del bautismo regresa a su casa; la esposa recibe al hijo, y juntos se dirigen a la habitación matrimonial; una vez allí, colocan al niño en la cama matrimonial; luego ambos esposos se ponen de rodilla; descubren el pechito del hijo y con mucha piedad besan al niño en el pechito. Unos amigos que los acompañaban, al contemplar esta escena se sonríen con algún gesto de sorpresa. El padre del niño los mira y con mucha delicadeza les dice: ustedes no entienden lo que acabamos de hacer con mi esposa… por eso se ríen. Acabamos de dar un beso a la Santísima Trinidad porque por el bautismo ha elegido a nuestro hijito para convertirlo en su propio templo para siempre. Nuestro hijo es un cristiano, y acaba de ser hijo, también, por este bautismo de la Iglesia…
Esta pareja había entendido bien lo que dice Cristo en el Evangelio: “…y vendremos a él (el hombre) y pondremos nuestra morada en él…”. Es decir: vendremos el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y convertiremos esta criatura en nuestra casa.
Por eso nuestra actitud interior deberá ser en esta reflexión la misma que la de estos esposos: la de adoración al Dios vivo y presente en cada hombre, porque allí está el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo habitando en su propia casa por las aguas regeneradoras del bautismo. Esto sucede cada vez que derramamos el agua bautismal en cada niño o adulto que bautizamos. Casi diría que esta actitud la queremos hacer de rodillas, como la de estos padres. Porque sabemos que en Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo existimos y nos movemos.
Y para nuestra reflexión es útil recordar que en nombre de la Trinidad bautizamos; en nombre de la Trinidad ungimos la frente del joven cuando lo confirmamos para hacerlo Testigo de la Vida que le ha regalado Dios al Hombre por Cristo; en nombre de la Trinidad trazamos la cruz en el sacramento de la reconciliación cuando confesamos nuestros pecados; en nombre de la Trinidad
consagran el amor los novios en el sacramento del matrimonio; en nombre de la Trinidad imponemos las manos sobre las cabezas de los nuevos sacerdotes para consagrarlos; en nombre de la Trinidad celebramos la Eucaristía y en su nombre consagran sus vidas las mujeres y los varones que asumen la vida religiosa; en nombre de la Trinidad ungimos los sentidos de los enfermos; en nombre de la Trinidad ponemos una cruz en cada sepulcro de nuestros muertos;
en nombre de la Trinidad bendecimos todo cuanto hace el hombre y toda criatura o cosa de la creación para servicio del hombre y glorificación de Dios.
En nombre de la Trinidad iniciamos el día, bendecimos los alimentos que comemos y cerramos cada jornada por la noche antes de entregarnos al descanso.
La misma Iglesia nace de la Trinidad: del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia es hija de la Trinidad. El cristiano es hijo de la Trinidad. Esta verdad del nacimiento de la Iglesia en la Trinidad es fundamental para comprenderla y comprender su misión en el mundo. Desde aquí comprenderemos
mejor toda la obra colosal llevada a cabo por el Concilio Vaticano Segundo.
Más aún, toda la creación; todo cuanto nos rodea está marcado y sellado por la presencia de Dios Trinitario. El que tiene alma contemplativa podrá descubrir las huellas de Dios Padre que crea y saca de la nada a la existencia todo cuanto existe. Descubriremos que el Hijo, Jesucristo es quien reconcilia, redime, salva, libera, lleva a toda la creación a la armonía rota por el pecado del hombre. Es el Espíritu Santo que purifica, reúne lo disperso, santifica, convoca a los hombres a vivir en fraternidad y comunión entre sí para hacer un pueblo nuevo que sea santo, sacerdotal y señor de las cosas. Nos hace verdaderamente el Pueblo de la Trinidad.
Esta presencia viva de la Santísima Trinidad en el corazón del cristiano es el secreto que hace fuerte a los mártires; que le da fuerza a todos los que trabajan por la justicia y el encuentro entre los hombres; es quien le da sabiduría y fortaleza para que los pueblos luchen para ser respetados y considerados como templos vivos de la Trinidad; es aquí donde encuentran sentido la vida de los
consagrados que entregan totalmente la vida al servicio de sus hermanos; es aquí donde se mantienen frescos y permanentes los valores eternos escondidos en el corazón del Pueblo.
Todo lo abarca y todo lo llena la presencia y la acción del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Frecuentemente encontramos hermanos nuestros que se sorprenden o no entienden todos estos gestos que acabamos de señalar. La respuesta es fácil: existe la presencia de ALGUIEN que es la Trinidad que infunde VIDA, FORTALEZA, ESPERANZA, LUZ y un profundo y operante AMOR para que se lleven a cabo las más profundas transformaciones. En pocas palabras; es aquí donde estaba el secreto de esos padres que besaban el pechito del niño. Ellos habían comprendido todo esto. Con un gesto simple nos enseñaban una profunda lección para la vida.
Jamás podrá arrancarse del corazón del hombre cristiano o de corazón recto, a este Dios Trinitario que misteriosa y eficazmente obra en el corazón de cada hombre y en el corazón de cada pueblo. Comprender y explicar en sentido profundo, la historia y los gestos de nuestro pueblo riojano, sólo lo podremos hacer si lo sabemos ver con ojos iluminados por esta realidad: El Dios Trinitario que camina con su pueblo. Podemos decir que nuestro pueblo riojano es hijo de la Trinidad, porque fue bautizado en su Nombre que es: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Qué pobres somos y cómo, a veces nos equivocamos, cuando pretendemos juzgar a la Iglesia de la Trinidad con razones puramente humanas o considerarla como simple Institución humana. Más allá de lo que los hombres podemos equivocarnos como fruto de la limitación humana o de nuestros pecados personales, sin embargo nos debe alentar y darnos una serena paz interior el saber con certeza que existe una presencia viva y verdadera del Espíritu Santo que anima y asiste permanentemente a la Iglesia como Cristo la fundó, para que la VIDA TRINITARIA traída al mundo por Cristo, sea cada vez más abundante y plena en el corazón de los pueblos. cumplimiento de su misión, para que los hombres y los pueblos sean siempre templos vivos de Dios y tratados como a tales. Aquí debemos ubicar el gran servicio que presta a la humanidad cuando señala todo aquello que atenta contra la dignidad del hombre y de los pueblos y que no los hace libres y felices sino
desgraciados y esclavos. El hombre no ha sido creado, redimido y santificado por la Trinidad para ser esclavo sino libre; para ser feliz y no oprimido; para ser protagonista de su propio destino y no obsecuente. Solamente adorarás a Dios y a Él sólo servirás nos enseña el primer gran mandamiento; con toda tus fuerzas, con tu mente y corazón y el segundo, semejante a éste; esto mismo harás con tu hermano, que es todo hombre.
Por eso, también, todo esto nos recuerda que la Iglesia no puede ni debe reducir su misión a los templos materiales; allí deberá cumplir su gran misión litúrgica; pero no acaba allí su misión, sino que comienza y termina donde se juega la vida de cada hombre y de cada pueblo, que va más allá de los muros del templo. Todo esto nos debe hacer reflexionar ante hechos dolorosos que son fruto de confusiones e intereses egoístas que están en juego. Bendigamos al Dios de la Trinidad que todas las cosas y realizaciones que se vienen haciendo para que nuestro pueblo sea feliz y hermanado, pero con actitud crítica positiva y constructiva; por tanto, ayudemos a que en el seno de nuestra comunidad riojana, como lo debe ser de toda la comunidad argentina, desaparezcan
situaciones y realidades que nos deben avergonzar como pueblo y es ofensa grave a Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Miremos la vida y todo nuestro proceso con ojos sencillos y corazón recto para que no nos autoengañemos. Convenzámonos que Dios Trinitario es quien y en quien fuimos marcados por el bautismo haciéndonos un pueblo nuevo, es el Dios de la Verdad, de la Luz, de la Vida, de la Justicia, de la Esperanza, de la Misericordia y del Amor. No es el Dios que nos llama a construir con lo que es fruto de la mentira, de la injuria y de la explotación del hombre por el hombre.
Nuestro Dios Trinitario es Padre celoso de su Pueblo. Pero seguimos creyendo firmemente y esperando serenamente que en este Año Santo, más allá de nuestras pequeñeces, florecerá un nuevo amanecer para la vida de nuestro pueblo riojano. El Espíritu Santo sopla donde quiere y cuando quiere. Esto me da certeza para afirmar que en el corazón de nuestro pueblo, aunque lentamente, el Espíritu Santo ya viene realizando “hechos” y “gestos”, que preanuncian
acontecimientos felices.
Finalmente Amigos: la más estupenda prueba de AMOR del Dios Trinitario ha sido regalarnos
a los hombres a CRISTO, la Segunda Persona de la Trinidad. Este Cristo sigue presente entre nosotros como Señor de la historia. Una de las presencias de Cristo entre los hombres, la más estupenda, es su presencia en la EUCARISTIA.
Allí está real y verdaderamente presente bajo las apariencias de pan y vino. También los cristianos celebramos de una manera especial la festividad del Santísimo Cuerpo de Cristo; la llamamos, también la fiesta del “Corpus”. Será el próximo jueves. Este año queremos darle un sentido especial. En la Eucaristía los hombres nos encontramos como comunidad fraternal y desde ella salimos para construirla con nuestros demás hermanos. En la Eucaristía celebramos el gran encuentro fraternal; es la Pascua de la reconciliación. Además, como argentino, celebraremos un Congreso Eucarístico Nacional en Salta. Todos esperamos que este Congreso sea para la Argentina lo que fue el
Congreso del 1934 para la Argentina de entonces. Por eso les indico lo siguiente:
1. Traten todas las comunidades parroquiales de tener un Triduo preparatorio a la celebración del Corpus, de la manera que ustedes lo juzguen mejor.
2. En el Día de Corpus, jueves próximo, en la ciudad de La Rioja, celebren las misas solamente por la mañana. Por la tarde, este año haremos la Procesión con el Santísimo Sacramento en torno a la Plaza 25 de Mayo finalizando con la gran concelebración en la Catedral.
3. Pidamos a Cristo Eucarístico para que en la Argentina y en La Rioja se realicen los grandes objetivos del Año Santo, así como lo quiere Dios. Pidamos también, para que el próximo Congreso Eucarístico no sea una manifestación solamente externa, sino el punto de partida para una Patria que se reencuentra como pueblo en la construcción de una Argentina que sea capaz de hacer
felices a todos los argentinos. Pidamos, finalmente, por aquellos hermanos nuestros, que pudiendo estar ofuscados y enceguecidos por otros intereses, vean la luz y se sumen a la construcción de una Rioja de la que todos nos debemos sentir protagonistas.
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 85-88
La Rioja, 13 de junio de 1971
CORPUS CRISTI
Génesis 14, 18-20 1 Corintios 11, 23-26 San Lucas 9, 11-17

Cuando reflexionábamos, el domingo pasado, acerca de la Fiesta de la Santa Trinidad, decíamos que en el Padre, en el Hijo, en el Espíritu Santo, debíamos buscar el centro y la fuente de nuestra Fe Cristiana; la fuente y el origen de la Iglesia, como Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo.
No partir desde aquí nos desubicaría y no entenderíamos qué es la Iglesia. No entenderíamos quién es el hombre.
Durante esta semana que pasó, la Eucaristía fue el centro de nuestra meditación descubriendo en Ella, la meta de la comunidad cristiana y, a la vez, la que engendra la comunidad. Y como prueba del amor que el Padre tiene con los hombres, celebramos el viernes próximo, la fiesta del corazón de Cristo.
Así se juega Dios por los Hombres.
Se hace difícil tener que iluminar permanentemente con el Evangelio la vida y los acontecimientos que teje la vida de los hombres.
Reflexionar diariamente con las páginas de la Biblia y en los documentos del Magisterio de la Iglesia, desentrañando la sabiduría que. ayude a orientar la vida de un pueblo, en todas sus manifestaciones,· constituye hoy, el deber más grave y difícil en la misión pastoral. “Se torna cada vez más difícil de cumplir la misión profética de la Iglesia, imitando a Cristo Profeta, Maestro. Y sin embargo no lo podemos eludir porque estamos atados a un ministerio por la responsabilidad de Pastor de Pueblo de Dios, confiado por el mismo Espíritu de Cristo.
Una doble fidelidad debemos tener siempre presente: fidelidad a Dios que nos habla de distinta maneras y fidelidad a los hombres, a quienes tenemos que anunciarles el mensaje de liberación y salvación. Ambas fidelidades, hecha la opción de ser pastores de la Comunidad, nos ata, nos exige renuncias, nos hace ser pastores de la comunidad; nos hace libres interiormente y a la vez nos crucifica; nos exige que antes seamos imitadores y realizadores de la Palabra de Dios en nuestras propias vidas y a la vez que antes obedezcamos a
Dios que a los hombres. Nos exige el obsequio de la obediencia racional apoyados en la Fe y nos lanza a ser testigos del hombre nuevo realizados en Cristo.
Proclamadores de la muerte y de la Resurrección de Cristo con todas las consecuencias que implican morir y resucitar. Este delicado y grave misterio del Obispo, es participado por quienes son consagrados sacerdotes de Jesucristo y son enviados por el Obispo a presidir las distintas comunidades de la Diócesis para que anuncien
el Evangelio y celebren la Eucaristía, ayudando a los hombres nuestros hermanos, que se liberen del pecado y la consecuencia del pecado, en lo personal y en lo comunitario. Y cuando esos sacerdotes faltan en la comunidad, el Obispo deberá encomendar a laicos penetrados por el conocimiento y por el testimonio de Vida, de la palabra
de Dios y de la vivencia de la Iglesia, presidan la comunidad de acuerdo a la competencia que les da su condición de cristianos, unidos a su Obispo y a sus hermanos. Lo importante en la vida es que Jesucristo sea anunciado, conocido, vivido y testimoniado con la acción de cada día. Tenemos obligación de hacer fructificar los dones que el Espíritu Santo ha distribuido en los miembros del Pueblo de Dios para que la liberación traída por Cristo a todos los Hombres se realice en todo nuestro pueblo.
Por eso esta celebración dominical, en esta Iglesia Catedral y que puede ser participada gracias a L.V. 14, es una bendición de Dios para La Rioja, porque en ella, se irá ahondando cada vez más el sentido diocesano y el encuentro semanal de quienes nos sentimos confraternizados en la Eucaristía de Señor. El hacer fructificar los dones, de que nos habla San Pablo en su carta, significa que deberemos ponerlos siempre en común para que la comunidad crezca y madure en su Fe, en la esperanza y en el amor.
Nosotros sacerdotes de Jesucristo puestos por el Señor para servir y ayudar a caminar y madurar a nuestras comunidades, nos urge el grave deber pastoral como cristianos y como pastores, el conocer cada vez más en profundidad las Sagradas Escrituras, la abundante doctrina expuesta por la Iglesia en su Magisterio, la reflexión
teológica basada en la Palabra de Dios y en la vida concreta de los hombres, el conocimiento y el análisis sereno y hondo de los acontecimientos que a diario van tejiendo la historia humana, para ser buenos pastores de nuestro pueblo. El tomar cada día la Cruz, como nos invita el Señor, significa para nosotros y para el laicado que quiere ayudar a seguir construyendo el reino de Dios, al tener que actualizarnos permanentemente como nos pide insistentemente la Iglesia y lo reclama el mundo en que vivimos. Todo esto constituye, muchas veces,
una cruz pesada, renuncias a nuestros gustos, aún legítimos, y una permanente actitud interior de conversión de mente y corazón.
Sobre esto no nos cansaremos de seguirlo anunciando e invitando. No lo permitamos nunca en la vida, el dejar de ser luz y sal para nuestro pueblo. ‘Esto nos toca a todos sacerdotes, religiosas y laicos. Pero especialmente a los pastores del Pueblo de Dios. Sería lamentable que después de cinco años de un Concilio, como el Vaticano Segundo, aún no lo conociéramos, ni lo hubiésemos leído por lo menos una vez; no lo analizáramos y lo reflexionemos personal y comunitariamente; no lo estemos rumiando para que se interiorice nuestra vida
eclesial. Dios, a quién le dio mucho, le pedirá mucho, cuando seamos juzgados en nuestra vida por el Señor. Los hombres podemos engañar y engañarnos, pero el Señor, no, porque Él lee lo secreto de nuestro corazón.
Si hemos optado pastoralmente para que la Diócesis camine hacia una renovación conforme con el Concilio, no es un capricho, no es una opinión más, ni es optativo; no podemos ni debemos detenernos en el esfuerzo que se viene realizando para lograrlo; sabemos que su concreción seguirá teniendo el precio de toda autenticidad: el
sufrimiento. También será bueno ponernos en la presencia de Dios y preguntarnos si las resistencias que podemos poner en la renovación querida por la Iglesia y exigida por el mundo actual, no es fruto de una
ignorancia culpable, de la comodidad, del aburguesamiento de la vida, de la resistencia del Soplo del Espíritu Santo que nos sacude interiormente a todos: sacerdotes, religiosas y laicos. Los esfuerzos realizados por todos, en el dolor y la alegría, nos indican que el Espíritu Santo sigue moviendo a nuestra comunidad, de diversas maneras, para que no nos detengamos en el esfuerzo emprendido.
No quisiéramos que nadie se quede en el camino; convocamos nuevamente a todos para que vayamos construyendo a nuestra Iglesia Diocesana diariamente hasta que logre madurez y adultez en todos sus miembros.
La Iglesia es suficientemente clara e indicativa en su abundante documentación emanada del Magisterio, para asumir la hora en que vivimos con sereno coraje, puesta la confianza en el Señor, porque la acción nos urge con características de dramatismo. No podemos perder el tiempo en mezquindades y encerrados en nuestro egoísmo; hay demasiado dolor, miseria, problemas de los hombres para resolver. Después de cinco años de Concilio la misma Iglesia que lo convocó universalmente ahora convoca de nuevo a los pastores de todo el mundo en sus representantes, para reflexionar dos grandes temas: EL SACERDOCIO (que no es sólo si el sacerdote se casa o no) y la JUSTICIA en el MUNDO. Los acontecimientos y el cambio vertiginoso de la sociedad hace que la Iglesia esté permanentemente como un vigía en la noche, no por táctica sino para damos la Luz de Dios en el camino nuevo que a diario emprendemos los hombres.
Amigos Oyentes: Los dones que el Espíritu Santo derramó en nosotros, volquémoslos en la acción inmediata para resolver tantos problemas de nuestros hermanos, de nuestro pueblo en la ciudad y en el interior. Los que estamos en la ciudad y en el centro, ¿por qué no les damos todos juntos una manita a los del interior, especialmente a los más abandonados, antes de que se vayan a otras partes? No nos rindamos ante la magnitud de los problemas y ante la superficialidad de críticas e impresiones. Con la fuerza de Dios y el esfuerzo de nuestra acción comprometida seguiremos adelante ayudándonos los unos con los otros. Lo importante es quitar de nosotros todo aquello que impide que los otros sean felices y que hagamos una Rioja Mejor y una Diócesis como la quiere el Concilio, que es lo mismo, como la quiere Dios.

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