ALOCUCIÓN RELIGIOSA DEL OBISPO MARCELO COLOMBO EN LA CELEBRACIÓN DEL 425° ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA RIOJA

Fundación de La Rioja

 

Queridos hermanos,

Estamos aquí reunidos para dar gracias a Dios por este nuevo aniversario de la Fundación de La Rioja. Nos alegra el corazón reconocernos miembros de una gran familia, convocados para dar testimonio de nuestros sentimientos de pertenencia y amistad social. Por eso, queremos traer a todos y a cada uno a esta celebración, tenerlos entre nosotros en un gran abrazo simbólico que una los llanos y los cerros, las grandes ciudades y las más pequeñas poblaciones, los centros urbanos y los barrios.

 Te damos gracias Señor

  • Por el pueblo riojano, generoso y creativo, capaz de grandes cosas.
  • Por las familias riojanas, corazón de esta sociedad, llamada a ser cada día más justa y fraterna según la Ley que grabaste en nuestro corazón.
  • Por los hombres y mujeres riojanos, especialmente por sus trabajadores, que diariamente construyen solidariamente esta provincia.
  • Por los jóvenes riojanos, animados de nobles ideales, desafiados a formarse y a soñar horizontes nuevos en justicia y paz.

 Te pedimos Señor

  • Por quienes padecen los rigores del tiempo y la zozobra económica de la falta de empleo y de oportunidades, por quienes transitan situaciones difíciles y dolorosas que angustian su corazón, y por nuestra Provincia, por sus necesidades más inmediatas.

 Te ofrecemos Señor

  • Nuestras energías al servicio del bien común.
  • Nuestros deseos y decisión de cuidar con todas nuestras fuerzas esta bella Casa Común que nos has confiado.
  • Nuestras luchas por alcanzar juntos a través del diálogo y el consenso social, La Rioja que soñaste para nosotros.

 ORACIÓN POR LA PATRIA

 Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.

Nos sentimos heridos y agobiados.

Precisamos tu alivio y fortaleza.

Queremos ser nación,

una nación cuya identidad

sea la pasión por la verdad

y el compromiso por el bien común.

Danos la valentía de la libertad

de los hijos de Dios

para amar a todos sin excluir a nadie,

privilegiando a los pobres

y perdonando a los que nos ofenden,

aborreciendo el odio y construyendo la paz.

Concédenos la sabiduría del diálogo

y la alegría de la esperanza que no defrauda.

Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,

cercanos a María, que desde Luján nos dice:

¡Argentina! ¡Canta y camina!

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.

Amén.

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