HOMILÍA DEL OBISPO MARCELO DANIEL COLOMBO EN EL TEDEUM DEL 25 DE MAYO (Iglesia y Santuario de San Nicolás, La Rioja, 25-05-2016)

Manos y banderas

Lecturas: Eclesiastés 3,1-14 – Salmo 126,1-5 – Mateo 13, 24-29

 Nos encontramos para celebrar un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, punto de partida del dinamismo que llevaría a la Declaración de Independencia de 1816 y la gestación con trabajoso esfuerzo de la Nación Argentina en las décadas siguientes. Aquellos vecinos y miembros de la Primera Junta quisieron entonces celebrar una Acción de Gracias a Dios, un Tedeum, por el momento que se vivía. Reiterando aquel gesto primordial de la Patria naciente aquí estamos pueblo y gobierno de La Rioja, unidos en una oración común por la vigencia y el imperativo de nuestra Libertad.

Las lecturas que escuchamos tienen un hilo conductor: el tiempo. En la primera lectura, con tono sapiencial y sabiduría de vida, el autor sagrado evoca la diversidad de situaciones que atraviesa cada hombre y la humanidad en su conjunto. Con cadencia poética subraya la necesidad de saber esperar y dejar a la historia mostrar su trama secreta que se va desenvolviendo misteriosa e inexorablemente a partir del obrar humano bajo la mirada de Dios.

El Evangelio nos trae una escena de la vida rural donde a las buenas intenciones de un sembrador y sus peones, al sembrar su tierra con trigo del bueno, la picardía malévola del enemigo le arruinó el trabajo con la siembra de cizaña. Desde entonces “meter cizaña” o “poner cizaña” ha quedado como un signo del perverso obrar de quien quiere dividir y destruye los mejores proyectos. Aquí también, la paciente sabiduría del dueño del terreno impidió actuar de manera irreflexiva a los trabajadores difiriendo para una etapa posterior la separación de lo malo para quedarse con los frutos buenos. Otra vez el tiempo, la espera paciente, la madurez de quien tiene ante sus ojos el objetivo final, los sueños, y no se deja amilanar por los aparentes fracasos intermedios. Ni por el mal que acecha permanentemente.

El Papa Francisco enuncia un principio para “el desarrollo de la convivencia social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen en un proyecto común.” (EG, 221) Su análisis puede ayudarnos a captar la importancia de este momento de nuestra vida como comunidad para aquilatar los pequeños y cotidianos logros que nos lleven a crecer como sociedad. El Papa nos dice:

“El tiempo es superior al espacio.” (EG 222) para indicarnos que su comprensión y vivencia “(…) permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. Es una invitación a asumir la tensión entre plenitud y límite, otorgando prioridad al tiempo. Uno de los pecados que a veces se advierten en la actividad sociopolítica consiste en privilegiar los espacios de poder en lugar de los tiempos de los procesos. Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación. Es cristalizar los procesos y pretender detenerlos. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. El tiempo rige los espacios, los ilumina y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin caminos de retorno. Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. “(EG 223)

Lejos de desalentarnos ante las dificultades, estamos invitados a perseverar en el trabajo y la búsqueda de bien común; más allá de los circunstanciales fracasos y amarguras, no nos pueden distraer ni desanimar. Trabajar dura y seriamente por el bien de la Patria y de la Provincia, anteponiendo el interés social a los propios, cuidar la vida de todos sus habitantes, especialmente los más pobres y excluidos, crecer en un dinamismo político respetuoso de la ley, integrando las diferencias de opinión, asumiendo la complejidad de la realidad como una oportunidad más que como un problema, son algunas de las acciones que es necesario sostener en el tiempo si queremos hacer nuestro el ideario de mayo, la causa de la independencia, de la justicia y la paz. Nuestra condición de creyentes, de hombres y mujeres religiosos, así nos lo exige. Sabemos que es posible con la ayuda de Dios, Padre de todos.

La Conferencia Episcopal Argentina ha dado a conocer un documento con ocasión del Bicentenario de la Declaración de la Independencia. Se trata de un texto que desea recorrer con gratitud a Dios los doscientos años de nuestra Patria independiente. Al entregarlo a las máximas autoridades provinciales, el Señor Gobernador, el Señor Vicegobernador y el Señor Presidente del Superior Tribunal de Justicia, les trasmito el saludo de los Obispos argentinos a los riojanos y riojanas, esperanzado en que estas palabras sirvan como puente de unidad profunda entre todos los que habitamos esta bendita Provincia que Dios nos dio.

La Rioja, 25 de mayo de 2016.

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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