Tiempo Ordinario -HOMILÍAS RADIALES DE MONS. ANGELELLI

 

MONS. ANGELELLI - copia

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pag. 89s
La Rioja, 20 de junio de 1971
DOMINGO 11 TIEMPO ORDINARIO C
2 Samuel12, 7-10.13 Gálatas 2,16.19-21 San Lucas 7, 36-8, 3

Hermanos y Amigos radioyentes de L.V. 14.

Escuchada estas lecturas que acabamos de leer, sacadas de la Biblia, en esta primera parte de la celebración, llamada celebración de la Palabra de Dios, tratemos de reflexionarlas, iluminando con ella los acontecimietos de nuestra vida personal y Diocesana. Los invito a que nos unamos espiritualmente como la gran familia diocesana; oremos juntos, ofrezcámosle a nuestro Padre del Cielo unidos a Cristo, toda la vida vivida durante esta semana.
La reflexión del domingo pasado estuvo centrada en la delicada y difícil misión sacerdotal, Obispo y sacerdotes, y en las exigencias que esta misión reclama por la doble fidelidad: a Jesucristo y a los hombres, destinatarios del mensaje del Evangelio, y la imperiosa necesidad que tenemos de ser sal y luz para nuestro pueblo. Las reflexiones de esta semana se centrarán en los temas más importantes que trató el Consejo Presbiteral, reunido dos días, en la semana que finalizó. Lo primero fue la Fe vivida corresponsablemente por toda la comunidad cristiana. El doloroso proceso que vive nuestra sociedad, y el mismo proceso que vive la Iglesia en las formas concretas de manifestar y vivir la Fe, nos están indicando que estamos saliendo de un
individualismo, egoísta, para irse concretando en un nuevo estilo de vida, más comunitario, más social en la vida entre los hombres. Están cayendo las barreras aunque con mucho sufrimiento, que impiden encontrarnos
a los hombres entre nosotros; descubrir mejor que todo hombre es mi hermano; que juntos debemos construir la felicidad de todos; que la dimensión de cuerpo comunidad, es la que nos lleva a seguir creándola para poder realizarnos como personas y cumplir mejor nuestras distintas responsabilidades. A todos nos cuesta vivir una
nueva tónica de encuentros fraternales, siempre tenemos alguna excusa para seguir siendo individualistas, somos cáusticos y duros para con nuestro prójimo, siempre tenemos un pero para añadir; nada está bien; frecuentemente lo que queremos es evadirnos de comprometernos.
Muy nuestro como Argentinos. Y si se trata de comprometernos con los que más necesitan de nosotros, apelamos a muchas razones que engañan y nos engañamos, la mayoría de las veces. Decimos, entre otras cosas: falta de prudencia, hay peligro de subversión o infiltración peligrosa; todavía no están cumplidas las normalidades legales para poder solucionar los problemas; que cada uno se las arregle como pueda; yo me encierro en lo mío lo demás qué me importa. Si alguien asciende en su status social o simplemente en un cargo, trata de humillar al de abajo; y quienes realmente buscan el bien de los demás, no su propio beneficio, son objeto de la crítica y hasta la burla, en la mesa del café, en el comentario superficial y a veces lastimoso de una oficina pública, mientras se toma una copa o no se sabe que hacer con la propia vida que ve que se le está frustrando. Así no andan las cosas, los problemas quedan sin resolver, cuesta mucho comprometerse no con las palabras sino con las obras. En la vida de todos los días fuera y dentro de la Iglesia ser co-rresponsables supone
mucha madurez, renunciar a muchas cosas, no esperar que se lo den todo hecho, sino buscar juntos y correr los riesgos de toda obra en que todos se sientan creadores. También a nosotros sacerdotes, religiosas y laicos. A la Iglesia Diocesana, como les decía en domingos pasados, la debemos ir haciendo, en cierta manera, creando, todos juntos. Esto es muy difícil. Por supuesto los perezosos, los establecidos, los resentidos, si los hubiere, no están interiormente en condiciones de construir juntos. También a ellos hay que asumirlos sin que signifique
detener la marcha. Nos cuesta vivir y asumir concretamente; no ver es signo de desintegración, de inoperancia, de anarquismo, de ruptura con lo que siempre se vino haciendo, mientras que para otros es signo de vida, de reencuentro con el Evangelio, de mayor autenticidad de vida, de mayor purificación y búsqueda de renovación según el Espíritu de Jesucristo. En esta tónica, se hace necesario seguir revisando toda nuestra pastoral concreta y la vida cristiana de nuestro pueblo.
Por eso, un segundo tema que se reflexionó, fue la vida litúrgica de la Diócesis. Cómo celebramos y vivimos las celebraciones Eucarísticas y las celebraciones de los sacramentos. Concretamente: Misas, Bautismos, Confirmación, Penitencia, Matrimonio, Unción de los Enfermos.
Qué preparación tenemos y cómo participamos en los mismos.
Partiendo de los valores Evangélicos y de la Fe de nuestro pueblo debemos seguir ayudándole a que crezca y se madure como cristiano. En la medida que logre esto, será un buen ciudadano para la patria.
Nosotros sacerdotes tenemos que revisar nuestra pastoral sacramental, nos lo exige el contenido revelado y la renovación pastoral en las celebraciones de nuestro pueblo. No se molesten si se les exige una adecuada catequesis antes de recibir los sacramentos, que son canales de la gracia de Cristo. Es necesario conocer mejor la Palabra de Dios. Ni nosotros sacerdotes debemos aceptar de nuestro pueblo aquello que es un desviación práctica de nuestra Fe, un abuso en la liturgia, un apropiarse de la Misa o los Sacramentos como si fueran
dueños, exigir ornamentaciones que son más por vanidad, por lucir, o desviar el sentido de la esperanza cristiana y el sentido de vida que tiene la muerte en el cristiano, cuando debemos celebrar funerales, ni ustedes amigos y pueblo cristiano deben sentirse molestos porque encuentran que en la liturgia se van realizando cambios. Todo esto lleva a que a veces, con pena, debemos constatar que después de muchos años de asistir a las misas o recibir los sacramentos aún no hemos descubierto el sentido que tiene la Eucaristía, qué es el Bautismo, la Confirmación o el Matrimonio, como celebración pascual. Debemos desterrar toda diferencia de clases sociales en la misa y el sacramento, especialmente en el matrimonio. Sé que estoy tocando un problema serio y de urgente solución un problema por otra parte odioso, el económico. Un arancel no puede ni debe hacer perder el sentido de la Eucaristía y de los sacramentos, en una palabra el verdadero sentido de la comunidad cristiana, ni debe hacer que un hombre consagrado para servir a su pueblo en la misión sacerdotal, deba sentirse
limitado en este odioso problema económico y sujeto a las más duras críticas, muchas de ellas fundadas, otras calumniosas. En la Iglesia, a la que pertenecemos todos, tenemos juntos que solucionar este problema. Pero no demoremos la renovación litúrgica por la necesidad de vivir en su aspecto económico.
Otro tema de reflexión fue el laicado: el laicado de la Iglesia es de fundamental importancia: no sería la Iglesia de Jesucristo sin una comunidad de Bautizados. De la comunidad de bautizados el Señor toma a los servidores en el sacerdocio, a las consagradas en la vida religiosa y la Iglesia encomienda misiones especiales a determinados laicos, Cuando nos referimos a laicos, queremos señalar especialmente al laicado asociado a las disposiciones tomadas pastoral mente hasta ahora, en un proceso rico para la reflexión, aunque con su cuota
de sufrimiento; esto nos lleva a evaluar toda la realidad presente en una tarea ya comenzada en esta nueva etapa, para concretar otras decisiones. Como criterio grande debemos tener presente siempre: Iglesia y mundo. No queremos un laicado asociado que esté divorciado de la Iglesia en su doble labor, Iglesia como misterio y como cuerpo organizado visiblemente; ni por un laico asociado divorciado del mundo, de la vida de los hombres de nuestra realidad riojana, con actitudes interiores de mente y corazón como lo quiere la Iglesia y lo exige el mundo de hoy. Además teniendo especial atención, no sólo a escuchar la voz del pasado que es aleccionador sino la voz de la juventud que ya desde el presente está dando brochazos grandes para la sociedad del futuro.
Otro asunto que quiero clarificar es para ustedes lo de la Costa: nunca faltan los que quieren romper la paz para lograr otros fines.
Se dice que el obispo quiere sacar al P. Virgilio de la Costa. Además de ser falso, hace poco que lo he nombrado delegado episcopal de todo el Decanato del Norte. Respeten a ese venerable hermano sacerdote
y no lo quieran hacer sufrir. La Costa le debe mucho. Hoy, cuando vemos que ese sueño se está concretando, es hacerle de cierta manera un homenaje a su visión de futuro. Esos jóvenes (1) del Movimiento Rural de Acción Católica no llevan otra misión que la de servir a los costeños. Es poco noble decir que al Padre Virgilio lo van a sacar y que estos muchachos son comunistas y peligrosos ¿Es que los cristianos no debemos ser sensibles ante el dolor del prójimo que es nuestro hermano, ante el progreso, ante los cambios sociales, ante las verdaderas transformaciones de nuestra sociedad? ¿Solamente todo esto es privilegio de quienes pensando de distinta manera, teniendo una concepción de la vida y el mundo, pueden realizarlo, si lo realizan?
¿Qué hacemos con los documentos sociales de la Iglesia que todos tenemos obligación en conciencia de llevarlos a la realidad?
Si los Cristianos de la Costa junto a todo hombre de corazón recto trabajan y se esfuerzan por el desarrollo integral del hombre costeño, no hacen otra cosa que cumplir con la Fe y con lo que la Iglesia quiere de sus laicos cristianos. La Fe no es alienante del hombre sino que lo compromete más y lo realiza según el modelo del hombre perfecto: JESUCRISTO.

——————–
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pags 109-112
La Rioja, 14 de junio de 1974
DOMINGO 11 TIEMPO ORDINARIO
HOMILÍA: Angelelli se refirió al Día del Padre

El obispo diocesano, monseñor Enrique Angelelli – que inmediatamente después de concluida la misa radial de ayer en la Iglesia Catedral se trasladó al distrito San Antonio (Arauco) para participar en sus fiestas patronales – dedicó la homilía a formular diversas consideraciones sobre la celebración del Día del Padre.

Comenzó señalando que “a todos nos toca muy de cerca esta celebración.
Quienes sentimos y tenemos esta responsabilidad y misión de ser ‘padres’ en el espíritu y en la carne, sentimos la necesidad de abrirle el corazón a nuestros hijos para decirles algo de lo que vivimos como padres. Sentimos la necesidad de comenzar la celebración de este día con alguna reflexión sobre todo lo que encierra este nombre – Padre – porque no queremos que pase como uno de los tantos días inventados por la sociedad de consumo para comercializar sentimientos tan grandes y sagrados como este Día del Padre o como lo es, también, el Día de la Madre”.

La Misión de ser Padre
“Esta reflexión – prosiguió – nos ayudará, también para hacer un exámen de conciencia porque no es fácil realizar en la vida la misión de ser ‘padres’ como lo quiere Dios. Amigos que, en nuestra comunidad riojana, tenemos esta responsabilidad, a unos Dios los llamó para ser padres en la carne y a otros padres en el espíritu o en la fe si hablamos en cristiano. La fuente de la Paternidad es la misma: Dios que es Padre. Esta misión que tenemos es profunda, estupenda y difícil. Para entenderla debemos meternos en el corazón de Dios para descubrir allí a un Padre que es la misma Vida y el mismo Amor. Necesitamos tener la misma actitud que le inculcamos a nuestros hijos cuando les enseñamos cómo deben dirigirse a Dios descubriéndolo Padre; la misma actitud con que
acompañamos al hijo cuando le enseñamos la oración que Cristo nos dejó: Padre Nuestro que estás en los Cielos”.
Monseñor Angelelli continuó diciendo: “Amigo y hermano, Ud. que es padre: no es suficiente para vivir plenamente esta paternidad poner un acto y un gesto biológico para que nazca una nueva vida a la que llamamos hijo. Si así fuere, le quitaríamos lo más grande, estupendo, responsable y casi misterioso que tiene la paternidad. Pensemos, cada uno de nosotros, que somos padres en el espíritu o en la carne. Es Dios quien nos ha llamado y nos ha convocado para esta misión. El es el Padre. Así se reveló en el Antiguo Testamento y así nos lo reveló Jesús en el Nuevo Testamento. Aprendamos de Jesús esa permanente relación cariñosa y filial que tuvo para con el Padre de los Cielos. Por eso nos dijo: ‘Cuando se dirijan a Dios díganle así: Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, que ven tu reino, que se haga tu voluntad, que no nos falte el pan de cada día, que perdones nuestros pecados como nosotros perdonamos, que no caigamos en el mal y en la tentación”.

La paternidad humana y divina
Más adelante puntualizó: “Hoy, a nuestra condición de padre la tenemos que iluminar desde esta oración que nos enseñó Jesús: Padre Nuestro. Necesitamos, nosotros padres, considerarnos hijos. El es el Padre Nuestro también. Recuperemos esta dimensión religiosa y filial por si la tenemos olvidada, perdida o la consideramos sin mayor importancia para la vida. Nuestra paternidad
adquiere todo su sentido en la paternidad de Dios. ¡Se dan cuenta! Dios, que es la Fuente de la Vida. Nos ha llamado a transmitirla en la carne o en el espíritu. Nos ha prestado su nombre de padre, para que nuestros hijos nos llamen padre. ¡Qué exigencias tiene la preparación para ser padre! ¡Qué responsabilidad debe tener quien debe cumplir esta misión de padre!. El hijo que nace como fruto de esa paternidad, ya sea en la carne como en la fe, es hijo de Dios y es hijo nuestro, juntos. Tanto en la carne como en la fe hacemos florecer la vida; hacemos que la vida crezca, que madure como maduran los frutos del árbol y que esa vida sea feliz y ayude a hacer felices a los demás. ¿No les parece que en esto hay mucho para pensar?”.

La relación Padre-Hijo
Por otro lado, precisó que “existen dos extremos que empequeñecen la paternidad y causan daño: una paternidad ejercida como ‘paternalismo’ y ‘autoritarismo’ volcando una superprotección en el hijo, y el otro extremo que llamaría: ‘papi bueno’ que, para no tener problemas o no saber cómo afrontarlos, le da al hijo todo lo que se le antoja, porque así se irá haciendo ‘hombre’.
Si en el primer caso es ‘superprotección’, en el segundo caso es ‘abandono’. Si lo analizamos bien, en ambos casos nos encontramos con dos respuestas que no son fruto de un Amor Verdadero. Debemos estar muy atentos a revisarnos como padres, porque debemos entregar a nuestros hijos en la carne o en la fe una imagen que refleje la imagen de Dios Padre. Si analizamos la formación
que vivimos cuando niños, encontraremos la raíz para comprender las reacciones o deformaciones que tenemos de Dios y de la Fe. Si somos cristianos, estamos llamados a ser educadores de la fe de nuestros hijos. No cumplimos nuestra misión con procurar que nuestro hijos ‘tengan más’, como la gran meta de la vida, sino cuando procuramos que ‘sean más’ hombres y más cristianos, si somos creyentes. De lo contrario, no habremos logrado moldear el fruto de la paternidad que tenemos como misión. Todo esto no es nada fácil. Debemos ayudarnos a caminar juntos y clarificar bien nuestra misión de padres”.

La misión del hijo
“Y siguiendo con nuestra reflexión – expresó posteriormente el obispo -, les quiero decir lo siguiente: Nadie pone en duda que el padre consciente de su misión, quiere lo mejor para sus hijos. Más aún, si en el hogar existen hijos que sufren más que otros, les prodigará los mejores cuidados con el mayor de los sacrificios. ¡Cuántas lágrimas y cuántos dolores escondidos están guardados en el corazón de cada padre por amor a sus hijos! Ustedes, hijos, sepan comprender y descubrir todo esto en esto que se llama ‘padre’. Ayúdenle a que pueda cumplir mejor su misión de ‘papá’. Usted amigo papá, déjese ayudar por sus hijos. Ellos lo quieren. Necesitan que usted realice su misión paterna con toda la riqueza que tiene de ser padre, que es entregar a los hijos todo eso que le ha dado Dios. Si todo eso es exigencia en la paternidad según la carne, lo es de la misma manera según la fe. Quienes fuimos llamados para cumplir esta misión sagrada y estupenda de ser padres en la fe, también queremos para nuestros hijos lo mejor. Y cuando existen hijos en nuestro gran hogar, que es la comunidad diocesana, que sufren y son rechazados por otros hermanos que son hijos nuestros también, no podemos quedarnos indiferentes y callar. Pablo VI, cuando dijo que la Iglesia es la ‘voz de los sin voz’, nos indicó que debemos ser el padre de los ‘hijos’ que en la sociedad y en la comunidad, no son tratados fraternalmente por el resto de sus hermanos”.

La Iglesia riojana
Afirmó que “esta celebración del Día del Padre debe iluminar a nuestra comunidad para comprender bien la misión de la Iglesia de La Rioja, nacida Ella de la paternidad de Dios Padre. Cuando llamamos a la ‘reconciliación’ en este Año Santo, es para ejercer y cumplir esta misión de padre en la fe. Cuando llamamos a nuestros hijos para que se renueven en sus mentes y en sus corazones,
es para que nuestro gran hogar diocesano sea más feliz. Cuando llamamos a que se viva más la justicia y el amor, es para que nuestro pueblo sea más feliz. Nada puede sernos indiferente en la vida de nuestra comunidad. Nada es ajeno a la misión de la Iglesia, que es cumplir la misión dada por nuestro Padre Dios por Jesucristo, el Señor”.

Salutaciones
“En este Día del Padre – dijo Monseñor Angelelli – queremos dejarle a toda la comunidad nuestro mejor saludo y cariño, pero especialmente a quienes están más necesitados, no tienen lo suficiente para la vida, sufren por el egoísmo de sus hermanos, son tratados por sus mismos hermanos con la calumnia y la injuria. Queremos estar muy cerca de quienes tienen el papá en el Cielo.
Queremos sentir muy cerca esta paternidad en la fe y en el afecto de quienes, por esos caminos inescrutables de Dios, no conocen al papá para darle hoy un beso, o ese papá que, por razones que no debemos analizarlas, no están ahora junto a sus hijos. Les pediría a ustedes, hijos que viven este día en esas condiciones, que abran el corazón grande y no guarden ningún sentimiento que pueda hacernos perder la paz y lo lindo de la vida. Si no pueden descubrir en el rostro de papá, el rostro de Dios Padre, descubran que ese Dios Padre está muy cerca de ustedes y que tienen hoy el cariño y el afecto de quienes Dios ha puesto junto a ustedes para ser padre en la fe.”

Y concluyó señalando: “Amigos padres, hermanos. Muchas cosas podríamos señalar que les impiden ser, muchas veces, buenos padres. Permítanme que les diga esto: Que nada de lo que digan y sean, pueda, mañana, entristecer a sus hijos. Miren a esa mujer que tienen a su lado; ella es esposa y madre. Con ella caminen muy juntos en la vida. Ambos son llamados por Dios para hacer feliz a ese hogar. Pensemos todo lo que nos pide Dios Padre hoy para hacer de nuestra Rioja un Gran Hogar, donde todos nos sintamos hermanos e hijos de un mismo Padre que está en los cielos. No reaccionemos cuando volcamos nuestros esfuerzos para hacer de esta tierra, una tierra feliz; no una tierra resignada, porque existen hermanos que no tienen voz en su propio hogar, no pueden
comer el mismo pan en la mesa común y no reciben el mismo afecto y trato que otros hermanos.

Que San Nicolás bendiga a nuestros hogares riojanos.”

1. El texto de esta homilía fue publicado en el diario “El Independiente”, lunes 17 de junio
de 1974, págs. 6 y 8. No se cuenta con el original mecanografiado por el Obispo Angelelli.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 94-97
La Rioja, 18 de Julio de 1971
DOMINGO 16 TIEMPO ORDINARIO C
Génesis 18, 1-10 Colosenses 1, 24-28 San Lucas 10, 38-42

Amigos y hermanos radioyentes de L.V.14.
Alabado sea Jesucristo.
Después de escuchar atentamente las lecturas de la Biblia que acabamos de oír los invito a que juntos reflexionemos, tratando de que ellas nos ayuden a iluminar los acontecimientos vividos durante esta semana y saber descubrir en ellos la presencia y la voz de Dios que nos habla a nosotros los hombres de hoy.
Como siempre, será necesario que hagamos silencio interior para poder escuchar la voz de Dios que nos habla desde el fondo de nuestra conciencia. Tener la actitud del pobre, que recurre al Señor, diciéndole: Señor ten
compasión de nosotros que intentamos ver claro para no equivocarnos en las opiniones fundamentales de la vida, mientras caminamos hacia la Casa de nuestro Padre.
Dos hechos ocuparán la reflexión de este domingo: la consulta sobre LA JUSTICIA EN EL MUNDO,
Y la denominada toma del Arzobispado de Córdoba.
En cuanto a lo primero ya es por todos ustedes conocido el documento de trabajo que los obispos en el Sínodo
elaboraran con respecto a la justicia en el mundo. Con el documento publicado, se acompaña una guía que puede servir para guiar una reflexión personal o en grupos. ¿Qué hay que descubrir en esto? El hecho de una participación activa en la búsqueda en común de todas una comunidad en asunto tan grave y fundamental como es el hecho
del análisis, la reflexión doctrinal y los caminos de solución para instaurar una sociedad más justa y que esté de acuerdo a la condición de la persona humana y de hijo de Dios, y por tanto de acuerdo al plan de Dios en el mundo. Un llamado a nuestra conciencia para aportar nuestra reflexión, nuestros puntos de vista, lo que entendemos por caminos de solución. Un dejar de lado nuestro propio egoísmo, nuestros intereses personales o de grupo, para sentirnos que ante asuntos tan importantes, como lo es la justicia, nosotros cristianos, nos dejamos cuestionar interiormente por la palabra de Dios y por el análisis objetivo de la realidad local, nacional y mundial, para construir juntos una sociedad mejor, una sociedad nueva. El tomar en serio que todo hombre es mi hermano y que para poder decir que vivimos el amor cristiano y su correspondiente compromiso cristiano, es necesario vivir un
estado de justicia interior personal y social. Las actitudes originadas por el miedo a querer ver la realidad o a asumir las consecuencias que nos impone la FE, el refugiarnos en consideraciones engaños, condenaciones
calumniosas, no son las de un cristiano que desea vivir conscientemente su Fe cristiana, su compromiso cristiano, el ser hombre que vive la historia desde la dimensión de su Fe. Pablo VI habla en su carta apostólica con motivo de los 80 años de la Rerum Novarum que nace una nueva civilización; será preciso que para prepararnos a ser activos constructores de la misma, hagamos opciones fundamentales en la vida de cada uno de nosotros y en la vida de los pueblos.
No nos podemos sentir indiferentes a asuntos que nos atañen cuando está en juego nuestra misma existencia como personas y como pueblo. Será necesario que los cristianos y todo hombre de buena voluntad asumamos lo que la carta de Pablo dice a los cristianos de Colosas: para la liberación del hombre y de todos los hombres es preciso que aportemos la cuota de dolor que supone la redención de todo el cuerpo místico de Cristo, para que nazca el hombre nuevo creado en la justicia y en la santidad de la vida.
El tratar la justicia en el mundo significa asumir todo el dolor y el sufrimiento de personas y pueblo que se elevan al cielo gritando su propia liberación que es lo mismo que sentirse personas libres, creados por Dios para vivir la libertad según Dios y ser artífices de una nueva sociedad y civilización donde el hombre se constituya en el centro
de la creación, llámese cultura, economía, política y relaciones entre pueblos. Significa que cada día se acreciente el número de los hombres de la esperanza y comprometidos con la suerte de sus hermanos, especialmente de quienes se sienten doblegados por la fuerza bruta o por esclavitudes impuestas por esta sociedad que tributa culto al dinero a la fuerza o al poder. Ayuden a que los hombres disfruten la plenitud de la vida, alcanzada en Jesucristo. Mientras cada día aumentan los hechos que nos revelan la existencia de una sociedad gravemente enferma y caduca, no hagamos como el avestruz, que escondemos la cabeza, especialmente nosotros cristianos, para no analizar las causas que originan tanto desequilibrio ante el dolor físico y moral, tantas injusticias que claman al cielo. No podemos estar tranquilos cuando hermanos nuestros se debaten entre la vida y la muerte; no miremos solamente nuestro mundo local, miremos el país, Latinoamérica, el mundo entero. Con Pablo VI queremos vivir intensamente las esperanzas y los sufrimientos de nuestro mundo, tan necesitado del don de la paz. A la paz no se la recibe pasivamente, se la construye dolorosamente cada día en el lugar en que estamos, haciendo de nuestras vidas una verdadera acogida humana y cristiana como la que Jesús encontraba en casa de Marta y María en Betania. La Diócesis de La Rioja está convocada para hacer este aporte a la solución de la justicia en el mundo.
Lo segundo es la denominada toma del Arzobispado de Córdoba (1).
Sin pretender agotar este asunto, sin embargo por los informes directos que tengo deseo orientar a la Diócesis en este hecho que trasciende los límites de esta Diócesis hermana para convertirse en un problema eclesial argentino y rico para la reflexión. Queremos acompañar y estar junto a ellos, a su Arzobispo, a los sacerdotes, a las religiosas, y a la comunidad cristiana por el sentido Evangélico que los mueve aunque por el exacto conocimiento de los hechos se pueda no estar de acuerdo en el modo. Una vez más se ha pretendido entorpecer con la fuerza y con medidas arbitrarias de represión lo que era un encuentro de su pueblo con el Pastor de la Diócesis. Es un hecho que nos obliga a todos los cristianos del país a asumirlo y examinarlo desde el Evangelio. No puede constituirse como
norma de reflexión las anécdotas y el recurso ligero a la subversión.
Compartimos la actitudes del pastor hermano en el episcopado y la actitud de audiencia o encuentro con su pastor para ser tergiversado como toma violenta de la casa común de la comunidad cristiana y de todo Argentino que busca en la Paz encontrar acogida al drama de tantos hombres que piden el pan de Dios, el pan de la cultura y el pan material. Este hecho o acontecimiento vivido como original en el país debe servirnos de lección a nosotros Cristianos cuando con tanta ligereza juzgamos y condenamos sin detenernos ante la misma calumnia, los hechos y los acontecimientos que casi a diario se suceden en nuestra patria. Piensen nuestras autoridades la responsabilidad
que les cabe cuando proceden con la represión ante la clara advertencia de quienes con graves responsabilidades, también, en nuestro pueblo les indican y señalan que ése no puede ser el camino para solucionar hechos de la naturaleza del cual tratamos. No se debe recurrir a la represión para silenciar a pastores, sacerdotes y comunidad
cristiana cuando buscan que el Evangelio, la Fe Cristiana que profesaron nuestros próceres sea vivido con autenticidad en nuestro pueblo Argentino para que sea realmente fermento de verdad, paz, y justicia.
Obrando de esta manera seguiremos engendrando violencia y ahondando el desencuentro entre Argentinos. Debemos recordar, con profundo sentido constructivo, que el magisterio de la Fe cristiana no lo posee el poder civil sino quienes, puestos por el Espíritu Santo para guiar al Pueblo de Dios -significa guiar hombres, con todas sus debilidades y virtudes- poseen este irrenunciable derecho y deber. La Fe cristiana con todas sus consecuencias en la vida de cada persona y de las comunidades no la dan los hombres sino Dios mismo. El señalar todo atropello a la persona humana, sea de los cristianos o no, es prevenir el desequilibrio de las sociedades con la secuela de males, y es cooperar a que los hombres, ciudadanos de la sociedad temporal o civil, se constituyan en creadores y artífices de la propia patria.

Hasta el domingo, si Dios Quiere.

Nota
(1) Más de cien miembros de las comunidades cristianas de algunos barrios de Córdoba (Villa El Libertador, Comercial, Talleres, Mirizzi, Escobar, Los Plátanos, Arguello, etc.), se hicieron presente el 2 de julio de 1971, en la sede del Arzobispado para realizar una protesta contra la carestía de la vida, previamente acordada con el Arzobispo Raúl Primatesta. Luego de desplegar algunos cartelones desde las ventanas del arzobispado y de explicitar mediante altavoces los motivos del acto, los cristianos reunidos con el arzobispo rezaron y entonaron cantos litúrgicos. La protesta tuvo inmediata repercusión pública y el edificio del arzobispado fue rodeado por tropas del Tercer Cuerpo de Ejército, haciéndose presente su comandante el Gral. López Aufranc y el Jefe de la Policía Provincial Latella Frías. Luego de ríspidas tratativas con Mons. Primatesta se acordó el abandono de la sede por parte de las comunidades. Cuando esto se realizaba los laicos y sacerdotes presentes fueron introducidos en camiones celulares y trasladados a distintas dependencias policiales como detenidos, siendo liberados al día siguiente.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pags 135-138
La Rioja, 21 de Julio de 1974
DOMINGO 16 TIEMPO ORDINARIO

AMIGOS Y HERMANOS RADIOYENTES DE L.V. 14.-
Hay una oración de San Francisco, que es muy hermosa, bastante conocida, y que es todo un programa de vida. La oración dice así: “Señor, hazme un instrumento de paz: donde hay odio que siembre amor; donde hay injuria que yo ponga perdón; donde hay duda que yo ponga fe; donde hay desesperación que yo ponga esperanza; donde hay tinieblas que yo ponga la luz; donde hay tristeza
que yo ponga alegría. Maestro Divino: concédeme que yo no busque tanto ser consolado como consolar; tanto el ser comprendido, como el comprender; tanto el ser amado como el amar; porque dando es como recibimos; perdonando es como somos perdonados; muriendo es como nacemos a la vida eterna.”
Esta oración de San Francisco y las dos lecturas que acabamos de leer en la Misa nos iluminarán nuestra reflexión de este domingo. Las lecturas son, como saben: la carta de Pablo a los Colosenses (c.1, 24-28) y el Evangelio de Lucas (c.10,38-42).
Para mejor comprenderlas vamos a tomar dos hechos de la semana que nos ha tocado muy de cerca. El primer hecho es el siguiente: la muerte de Doña Honorata, venerable anciana de 96 años. Sanagasta es el teatro de su vida. Fue maestra: todos la conocieron fue esposa y madre; fue apóstol incansable y un testigo de fidelidad a su madre la iglesia y a su pueblo hasta que cerró sus ojos.
Su edad, casi centenaria, se fue cargando de sabiduría, de esa que nos habla la Biblia. Fue un testigo de madurez cristiana y un testimonio de servicio a sus hermanos. En ella se conjugó lo del Evangelio de hoy: la actividad de Marta con el alma contemplativa de María. Un testigo de la verdadera tradición y supo asumir el presente con sus cambios, tratándolos de iluminar con la Fe que la hizo cristiana allá en un lejano bautismo y que su madre la Iglesia se la fue alimentando hasta ungirle sus sentidos para despedirla a la Casa del Padre de los Cielos.
La Rioja y esta Iglesia de Cristo, recogen una vida cristiana madura, convertida en sabiduría para la comunidad que aún continuamos caminando. El segundo hecho es el siguiente: otra muerte: es la de una joven esposa y madre: tenía 36 años. Se llamaba Olga Ortiz Sosa de Teper. Le decían Negrita”. La muerte nos lleva a dos hermanas nuestras de la Comunidad. Una anciana y otra joven. Olga es sorprendida en la plenitud de su juventud y de su responsabilidad de esposa y de madre. Un hogar y una comunidad han vivido profundamente la partida de “Negrita” como la llamaban. Pero ante la dolorosa verdad de su muerte, brilló la gozosa verdad de la Fe cristiana. En ella la muerte fue el
signo de la vida y de la Pascua. El dolor, tan difícil para la comprensión humana, se hizo purificador, redentor, reconciliador. La de Olga, se convirtió en un anuncio de Buena Nueva, para todos los que vivieron el proceso de su dolorosa enfermedad y su partida a la eternidad. El testimonio de esta muerte se convirtió en una reflexión muy profunda para todos los que la vieron partir. La Eucaristía que diariamente la alimentaba, la convirtió en una misionera de su Evangelio desde la cama. Diría que su último sermón fue su muerte a su despedida de la comunidad parroquial. Un niño pobre, enfermo y muy cercano a su cama, estando casi agonizando, fue el mejor pedido para que se lo atendiera.
Después de su partida, no sólo queda un piadoso, cariñoso e inolvidable recuerdo, sino un evangelio hecho vida en una mujer joven, esposa y madre. Queda un regalo para su esposo, sus hijos, su madre, sus familiares y para la comunidad.
Así mueren los justos. Como murieron Doña Honorata y Olga. Así mueren tantos hermanos nuestros, en el silencio y en el olvido de los hombres, pero que sus vidas quedan como regalos de Dios para un pueblo. Así debemos mirar, en profundidad, el Año Santo y sus exigencias de reconciliación y renovación de la vida personal, familiar y como pueblo.
Nuestras hermanas Honorata y Olga, no lo dudamos, han sido instrumento de Dios para que muchos resentimientos se disipasen; muchas vidas se cuestionaran; muchos interrogantes surgieran cómo llevamos nosotros la propia vida. Si tocamos con las manos la carne dolorida por estas muertes, también hemos experimentados la presencia viva de Dios en su pueblo.
Nuestras hermanas, Honorata y Olga han tenido la misión de ser nuestros predicadores del Evangelio con el dolor y con la muerte. Muertes así, con gracias que Dios siembra en el camino para que reflexionemos y analicemos nuestras vidas y la escala de valores que tenemos.
San Pablo nos dice: “…Cristo es para ustedes la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo: amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez de la vida cristiana.” Si en nuestra hermana Honorata recogemos una vida madura, no sólo por los años sino por la madurez de la vida cristiana, también en Olga recogemos una vida en la plenitud de su juventud, madurada por el dolor y la fidelidad a su fe. Sus muertes son un testimonio.
Amigos: todos tenemos que acercarnos ante hermanos que mueren así, con la actitud acogedora de saber escuchar la voz de Dios que nos habla desde lo más hondo de nuestras conciencias. Somos administradores de la vida y no dueños. Bendecimos a Dios este regalo que nos hace a la comunidad riojana.
No lo dudo. Estas muertes se convierten en bendiciones y en signo de vida para nuestro pueblo. Advirtamos que estos son signos de este año santo. Hay que purificar la fe para poderlos comprender. Más allá de las debilidades humanas, brilla la esperanza cristiana. Esta esperanza no es una utopía ni una evasión de la vida y de los compromisos concretos que tenemos. Si San Pablo
urgía a sus comunidades a la “madurez cristiana”; ese mismo ministerio y esa misma misión tenemos para con nuestra comunidad diocesana. Si llamamos a la “reconciliación y a la renovación” no lo es como un simple deseo sin sentido de la realidad, sino como una tarea ineludible para todos. Que el Señor no nos tenga que dar una gracia fuerte como lo es el dolor para que superemos todo lo que divide y separa.
Si hacemos una reflexión partiendo de la muerte de dos hermanas nuestras, lo es para que asumamos la vida concreta y la ordenemos a una muerte que sea sellada como la muerte de los justos. Si urgimos a la acción y a trabajo responsable y creativo no lo queremos hacer sin el alma de esta acción que es la sabiduría de la vida.
Amigos, esto quiere ser solamente un puñado de reflexiones en torno a la muerte de dos hermanas nuestras, iluminadas por lo que acabamos de escuchar en las lecturas de la Biblia. Quieren ser una ayuda para que en la vida personal, en la vida familiar; en la vida de cada barrio o de cada pueblo, la Oración de San Francisco sea un programa de vida. Si las reflexionamos bien, exige de nosotros eso que el Año Santo nos viene repitiendo hasta el cansancio: “RECONCILIARSE Y RENOVARSE”. Pienso que si nosotros los adultos no concretamos esto en la vida de todos los días, nuestros niños recogerán una herencia distinta a la que dejan quienes mueren con el sello de la “muerte de los justos”.
Todavía tenemos muchas actitudes personales y grupales que son un antisigno evangélico y por tanto la carencia de una verdadera “madurez de vida cristiana”. Quien en la vida rinde permanente culto al dinero, al poder, a la superficialidad de la moda, a la lujuria y al desprecio de sus hermanos más necesitados, difícilmente logrará llegar a una muerte como signo de vida y de paz.
Mientras tengamos la vida para administrarla, vivámosla recta y cristianamente.
Si miramos así el último momento de nuestra existencia lo hacemos para sentirnos más comprometidos y responsables de cómo la vamos preparando personalmente y como pueblo.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pags 139
La Rioja, 28 de Julio de 1974
DOMINGO 17 TIEMPO ORDINARIO

Amigos y hermanos radioyentes de L.V. 14.-
Antes de hacer esta reflexión dominical, quiero hacer una despedida. La siento como un deber de conciencia y hacer pública la gratitud de la diócesis.
Quiero despedir al Padre Francisco D’Alreroche – o como le decimos, Padre Paco -. Desde su llegada a la diócesis está entregando su vida sacerdotal en Chilecito. Un deber de piedad filial le pide viajar a su Patria, Francia. Tiene a la mamá en estado muy delicado, y el hijo está lejos; está con nosotros; aquí en La Rioja. Con nosotros vivió hondas alegrías y también hondos sufrimientos.
Más allá de su tierra y de su afecto familiar, sintió un llamado de la Iglesia que lo pedía venir a nuestra tierra Argentina. Públicamente le queremos reconocer y agradecer su profunda vida sacerdotal; su entrega sin medida a nuestro pueblo; su permanente actitud de hermano y amigo fiel. Antes de su partida, que esperamos que no sea definitiva – sólo Dios lo sabe – le queremos decir: Padre Paco: la diócesis de la Rioja te agradece todo lo que eres y hiciste sacerdotalmente en La Rioja. Nuestro Padre Dios, sabe medir mejor los años que viviste entre nosotros. Nosotros te decimos: ¡Gracias! Te pedimos que le lleves a la mamá nuestro saludo cariñoso; la gratitud por habernos dado al hijo sacerdote y la oración de esta Iglesia riojana que rezará por tu mamá; por ti y tus hermanos; por tu diócesis de origen y por el Obispo que generosamente te envió a nuestra Tierra. Esperamos que vuelvas a esta tu casa. Esta despedida es también un motivo de reflexión para todos nosotros. No está desconectada de esta reflexión dominical.
San Pablo en su carta segunda a los Corintios nos dice esto: que debe brillar la luz en medio de las tinieblas, esa luz debe brillar en nuestros corazones para que en nosotros se irradie la gloria de Dios, como brilla en el rostro de Cristo. Y después de decirnos esto, añade: “con todo llevamos este tesoro envasos de barro para que todos reconozcan la fuerza soberana de Dios y nos parezca como cosa nuestra.” Luego en el Evangelio, Cristo mismo nos dice cómo debemos orar… nos enseña el Padre Nuestro…
Hoy, creo, que es muy importante y necesario descubrir todo lo que nos dice el Padre nuestro. Meditarlo en un clima de Año Santo y con una gran sinceridad de corazón. Se comienza con una actitud de relación con Dios como la de Padre e hijo de entada afirmamos un Padre Único de todos y una familia, una fraternidad, una comunidad. El papá que reza el padre nuestro debe sentir algo muy especial al saberse que Dios le ha regalado su mismo nombre: PADRE; y los hijos al rezar el padrenuestro deben sentir, también algo muy especial al decirle a Dios PADRE y a los demás hermanos. Si al padrenuestro lo rezamos como pueblo, nos hace pensar que otras deben ser las relaciones que debemos tener entre nosotros, los hombres. Porque no podemos decir: PADRENUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS… y ser injustos; negarlo a Dios en la vida de cada día; romper toda relación de hermanos; rechazar todo gesto de verdadera reconciliación; usar a otros hombres, que son hijos de Dios Padres, como “cosa” y para provecho propio. Es decir; esta primera petición que hacemos del padrenuestro nos debe hacer pensar mucho a todos. Habría mucho por decir, pero creo que no es necesario… es suficiente volcar nuestra mirada hacia nuestra conciencia y hacia nuestra misma realidad riojana para darnos cuenta si somos fieles o no a lo que rezamos, cuando decimos: PADRE NUESTRO. ¿No les parece que cuando miramos nuestra realidad caemos en la cuenta de lo que nos dice San Pablo… llevamos un tesoro en vasos de barro…?
Y sin embargo en este vaso de barro que somos nosotros, porque somos débiles, Dios ha colocado su misma fuerza; su misma vida; la “luz” que ilumina y ensancha los horizontes; la Fe, la Esperanza y el Amor. Nos sentimos que somos, como persona y como pueblo que somos criatura; hijos, necesitados; queridos por Dios y al mismo tiempo lo sentimos que está muy cerca; camina con nosotros; va tejiendo la vida con nosotros; se asoma en cada rostro; en cada amanecer y en cada atardecer; en los ojos de nuestros niños y de nuestros ancianos; en el rostro de nuestro pueblo; en cada celebración que hacemos como pueblo y en cada esfuerzo por ser más hermanos y concretar entre nosotros la justicia y el amor. Sentimos que este Dios Padre que está en los cielos, se nos acerca tanto que nos hace hijos; nos entrega su misma vida; nos da sentido a la vida nuestra; nos empuja para que construyamos un pueblo feliz como una gran familia. Nos habla de muchas maneras; nos da la certeza de ser salvados con la Cruz de Su Hijo Divino; nos regala la estupenda dignidad de poder decirle a Cristo: nuestro HERMANO MAYOR, amigo, Camino, Luz, Verdad, Vida, Esperanza y certeza en quien creemos y esperamos. Sentimos que todo eso que nos acaba de decir San Pablo en la Segunda carta a los corintios en el capítulo cuarto, es verdad, es estupendo, es capaz de hacernos tomar en la vida opciones profundas.
A veces tenemos la vida tan tensionada, tironeada por muchas cosas, que se nos escapa de la mano sin darnos cuenta que no es posible tener una experiencia religiosa profunda sin una experiencia adorativa en la vida. Sólo así se comprende a un pueblo que a pesar de sufrir las más duras injusticias y las marginaciones más grandes; y sin embargo, guarda celosamente esa actitud sabia y religiosa de saberse pueblo, hijo de Dios y solidario entre hermanos, a pesar de sus debilidades, fragilidades y aún pecados. Parecería que Dios quiere enseñarnos cómo construir un verdadero proyecto que haga feliz a un pueblo, sólo cuando le ponemos en serio el oído a ese mismo pueblo. Parecería que Dios no sólo hace de su pueblo un protagonista sino un maestro para que quienes se dicen ilustrados y “sabios” según los criterios puramente humanos, aprendan la verdadera sabiduría de la vida. Como ven, esta sola primera petición del padrenuestro se convierte en un verdadero programa de vida para un pueblo.
Dios nos da la vida; nosotros solamente somos administradores de ella, decíamos el domingo pasado. Por tanto debemos rescatar esa capacidad de sorprendernos cada día, como se sorprende el padre ante el hijo que acaba de nacer.
Debemos rescatar todo lo que hay de vida en cada hombre en cada pueblo; hacerla crecer, hacerla madurar; respetarla; agradecerla a Dios y hacerla feliz como la pascua en cada mujer y en cada hombre de nuestro pueblo. Saber descubrir y rescatar el grito de vida que está escondido en cada dolor y alegría de pueblo; en cada silencio, en cada oración o en cada esfuerzo por vivir de cada
hombre que lucha por ser feliz, él y los suyos.
Me decía un hombre de nuestro campo esto que lo creo, además de hermoso, una gran lección: cada mañana que me levanto, saludo a la vida que nace… rezándole un Padrenuestro para que Dios me la cuide y cuide la de todo mi pueblo. Este hombre es un sabio y un fiel intérprete de nuestro pueblo. Pretender querer imponerle otra alma a nuestro pueblo, además de ser infieles a Dios
somos infieles a nuestro pueblo. Creer que esto es alienación es no haber comprendido qué es el hombre y qué es la vida. Desde esta óptica sentimos que siendo vasos de barro, en nosotros hay una presencia viva de un Dios que es Padre que nos hace jugar la misma vida por los demás hasta la muerte si es necesario.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 98-102
La Rioja, 25 de Julio de 1971
DOMINGO 17 TIEMPO ORDINARIO
Génesis 18, 20-32 Colosenses 2, 12-14 San Lucas 1 1, 1-13

Mis buenos hermanos y amigos, radioyentes de L.V.14.

Acabamos de escuchar las dos lecturas de la Celebración de la Palabra de este domingo.
Los invito, como siempre a que juntos, con alegría de corazón, descubramos lo que nos dice hoy el Señor. Aparece inmediatamente en la carta de Pablo que en Jesucristo fuimos hechos por el Bautismo, hombres nuevos. Solamente la Fe puede hacernos descubrir esta realidad en toda su plenitud y como hombres nuevos
debemos ser hombres llamados a ser Luz y no tinieblas, y Jesús en el Evangelio de Lucas nos enseña cómo debemos orar.

“Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos
cada día tu pan cotidiano, perdona nuestros pecados, porque nosotros
perdonamos a los que ofenden, y no nos dejes caer en la tentación …

y nos sigue diciendo: también les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá … porque ustedes que son malos saben dar cosas buenas a sus hijos, cuanto más el Padre de los Cielos enviará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan”.

No tenemos tiempo para reflexionar detenidamente sobre la oración y la necesidad de orar.
Hoy los hombres por nuestra autosuficiencia y nuestro egoísmo, creemos que ser hombres de oración nos disminuye y nos aliena en cierta manera, creemos que es perder un poco el tiempo. Y sin embargo entrar en diálogo con Dios, presente en nosotros mismos, en la creación en cada acontecimiento de la vida, es lo que nos hace hombres verdaderos, hombres de paz interior, hombres re-encontrados con nosotros mismos porque descubrimos nuestra condición de necesitados de Dios, y que en Él nos movemos, vivimos y actuamos.
Necesitamos ser hombres que experimentemos la experiencia personal y comunitaria de la presencia de Dios entre nosotros.
Una comunidad Diocesana que no ora, es una comunidad empobrecida, que languidece su vida como comunidad de hombres nuevos. Nos hace falta tener alma de pobres para descubrir, sentir y transmitir las maravillas que Dios hace en el hombre. Cuánta sabiduría encontramos en vida sencillas de nuestro campo, de nuestro barrio o en el ruido de nuestra ciudad. Cuánta transparencia de Dios descubrimos en el rostro de tantos hermanos nuestros que viven en el silencio, la vida dura y difícil de cada día, con un gran sentido de Dios-
,de la misma manera que a diario, comprobamos que la vida de tantas personas que se mueven en el mundo del egoísmo, de la envidia, del dinero, de la mentira, de la ambición, son dignos de misericordia y de lástima. El autosuficiente, el que cree ser dueño de la vida, de las cosas, de sus semejantes, pretende que sus cálculos y los planes de Dios coincidan con los suyos; dominador de las cosas y de los hombres, pretende tenerlo a Dios a su disposición. En cambio el que tiene alma de pobre es sencillo, extremadamente delicado; en constante tensión ante el mundo y hacia los otros, para descubrir distintas maneras de servicio, desde una sonrisa hasta entregar la vida por un amigo. Tal actitud permanente, como Samuel, para responder a Dios: “habla Señor que tu siervo escucha”. Cuando hablamos del rico y del pobre debemos hacerlo desde la perspectiva de la Biblia; no nos debemos equivocar, sería un gravísimo riesgo. “Alabó a los humildes y rechazó a los soberbios” nos dice el Cántico de María.
A la luz de estas lecturas bíblicas y en este contexto de lo que debe ser nuestra Diócesis para que vaya creciendo con toda la riqueza de lo que significa ser una comunidad orante, que experimenta, siente y vive de los frutos del encuentro con Jesucristo a través de una vida con apertura a todos, voy a tomar una realidad de nuestra Diócesis y provincia de La Rioja, que la estamos viviendo y es necesario clarificarla a la luz de la Fe. El tener que tocar estos tipos de problemas no es para alarmar a nadie, no es tomar actitud negativa o pesimista,
es simplemente cumplir con un grave deber pastoral de orientar a mi Diócesis. El problema son “LAS INFORMACIONES” que se trasmiten a nivel local y nacional, tocando personas, juzgando hechos, calificando ideologías supuestas y manoseos a una Iglesia Particular, como lo es la Iglesia en La Rioja. Después de un prolongado análisis, de haber reflexionado con personas que entienden directamente en el asunto y buscan clarificar bien lo que es verdad de lo que es mentira, a nivel local o nacional, de haberle pedido al Señor las luces necesarias y la firmeza, si fuera necesario, por este asunto por cierto ingrato, ésta es la reflexión que les hago.
No nos llama la atención que este tipo de problemas periódicamente aflore a la superficie. Ya a comienzo del año debí denunciarlos públicamente en las celebraciones de San Nicolás. Hoy también lo debo hacer público para que no se dejen sorprender.
Una campaña organizada de querer desprestigiar a la iglesia del País y en nuestra Diócesis buscar un silenciamiento de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos; una propaganda innoble, baja, utilizando cualquier medio ilícito parecería que pretende cobrar carta de ciudadanía, con pretextos de nobles ideales de argentinistas y cristianos. No me limito a los que son creyentes; lo extiendo a toda persona que es tocada calumniosamente en su buen nombre. Parecería que se están multiplicando supuestos informantes de los “Servicios de
Información” que posee el estado, que para lograr sus fines, que ciertamente no engrandecen a la Argentina, ayudan a crear una especie de caos, desconfianza desencuentros entre patriotas. Mientras nuestro pueblo, noble y cristiano, busca afanosamente resolver los problemas que le trae a diario la vida, algunos hermanos nuestros, locales y venidos de afuera, para adquirir un Status social más elevado, dinero, mayor poder, o simplemente obsecuencia, no trepidan en tirar lodo por donde pasan, a personas dignas, familias, grupos humanos, obras, a sus mismos hermanos riojanos y en la Fe. Lo lamentable es que, hasta para lograr sus fines, llegan a utilizar su misma condición de cristianos o de haber tenido alguna responsabilidad en la misma Diócesis. Se vende al hermano, se traiciona, se es infiel. Se busca crear la división, como ya se lo hizo antes, en grupos de personas y con personas constituidos en autoridad. Ciertamente que son dignos de lástima y de misericordia. En este sentido les hago un llamado a quienes, sintiéndose hijos de la iglesia, que no continúen haciendo daño es hora de que recapaciten si no son o no se encuentran capaces de asumir otras actitudes de verdadero servicio a
los demás, pidan al Señor que les ayude a cambiar de vida. Aunque no les parezca, también ustedes serán juzgados un día por Dios. ¿No han pensado que la vida no la tienen comprada? ¿que la intranquilidad
interior en que viven es fruto de la mala conciencia que tienen … gracias a sus conciencias?
Si no se sienten movidos por la Fe que un día recibieron en el Bautismo, por lo menos háganlo por esta Rioja a la que hay que entregarle tiempo, fuerza físicas y morales, el grado de capacitación que se tenga, y sobre todo un gran amor y respeto para que deje de ser la cenicienta dentro del país. Todos los esfuerzo para hacerla grande no los obstaculicemos. No es hora de sacar resentimientos, frustraciones personales, egoísmos. Con esto no se construye ni la ciudad nueva de los hombres ni la comunidad cristiana engendrada por Cristo.
¿Será posible que nuestra Rioja deba seguir castigada y no pueda lograr su desarrollo humano y cristiano? Creo que es alentador, que a este problema en que vive nuestra provincia se lo haya visto a niveles donde se concretan decisiones; me refiero también a nivel nacional. Parecería que los que buscan sembrar la cizaña y dividir a nuestro pueblo gozan de cierta impunidad, y quienes con un verdadero sentido Argentino y cristiano van dejando sus vidas para lograr soluciones a los problemas de nuestro pueblo, son controlados, considerados
sospechosos, amigos de ideologías especiales y de subversiones peligrosas.
Además ya llevamos mucho camino andado con una concepción, de la vida y especialmente de la Iglesia que responde a esquemas liberales. Si para Marx la religión era el opio del pueblo, para el liberal la religión es para el templo. Ambos en sus extremos se encuentran.
Es signo hasta de ignorancia el considerar que un cristiano por solo el hecho de serio, ya sea en forma individual u organizada, no le competa y no tenga el grave deber de estar metido en la construcción de la sociedad. Como Argentino y como obispo de esta Iglesia de La Rioja, me permito decirle a las autoridades nacionales y a toda autoridad competente en el uso de las “Informaciones”, que no puede estar dependiendo la vida de un pueblo como lo es el de La Rioja, en el mayor o menor volumen de “informaciones” originadas de algunos que las connotan con una creatividad subjetiva digna de mejor causa.
¿Esto, vale más que el esforzarnos en repartir mejor los recursos económicos para que nuestro pueblo no carezca de fuentes de trabajo? ¿A eso se le da más importancia que a la acción misionera y apostólica
de sacerdotes, religiosas y laicos que desde el Evangelio, trabajan por un desarrollo integral de la Provincia, dentro de la competencia irrenunciable de la Iglesia?
A ustedes hermanos sacerdotes, religiosos Diocesanos, a ustedes religiosas y laicos que buscan ser cada día más fieles y comprometidos con la Fe, como lo acaba de pedir el Santo Padre Pablo VI, les pido no sean sorprendidos con actitudes aparentemente cristianas. No dejemos de Ser los misioneros de la Luz, lo necesita nuestro pueblo.
Concluyo diciéndoles que si en lo humano pueda traer algún sufrimiento, lo debemos considerar, como Iglesia, un llamado de Dios para un mayor purificación y una mayor conversión personal y Diocesana.

A María le ratificamos la Consagración que un día le hicimos a la Diócesis.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pag 143s4
La Rioja, 4 de agosto de 1974
DOMINGO 18 TIEMPO ORDINARIO C

Amigos y hermanos radioyentes de L.V. 14.-
En este domingo tenemos dos acontecimientos gratísimos para celebrar y que nos van a ayudar para hacer la reflexión que habitualmente hacemos. Uno más universal: El DIA DEL NIÑO, el otro más restringido y que dice directamente a la comunidad de la Iglesia: El DIA DEL PÁRROCO.
De las lecturas que hemos acabado de escuchar: la primera del Libro del Eclesiastés (c.1 y c.2), la segunda de San Pablo a los Colosenses (c.3, 1-5 y 9-11) y San Lucas (c.12, 13-21) podríamos sintetizarlos así: Dios nos enseña cuál debe ser la escala de valores que debemos tener en la vida; en otras palabras: cuáles son las verdaderas razones y motivaciones que debemos tener para vivir
y ser verdaderamente felices y cuáles son las cosas que nos engañan y nos autoengañamos.
1. “Vanidad de vanidades y todo es vanidad…”
2. “Despójense de la vieja condición humana, con sus obras; y revístanse de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo.”
3. “Necio: esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de qué te servirá? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.”
Pero para poder comprender bien esto es necesario comenzar por algo que es fundamental tener presente, lo que dijimos el domingo pasado: “Dios es mi Padre y nosotros somos sus hijos, todos nos debemos sentir necesitados los unos de los otros, así se construye la fraternidad y la felicidad. Pero, también es bueno aclararlo, esto no significa que debemos cruzarnos de brazos; ni considerar
que la creación que Dios ha puesto en nuestras manos es mala; ni que debemos ser unos evadidos y alienados de la realidad en que vivimos. Lo importante es ir haciendo opciones en la vida de la que mañana no tengamos que arrepentirnos; esas opciones en la que se juega el sentido y el destino de
la vida.
San Marcos en su Evangelio en el c.10 nos dice: “…dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que se parecen a los niños. Les aseguro que quien no reciba el Reino de Dios como ellos, no entrará en él…y bendecía y ponía sus manos sobre las cabezas de los niños…”.
Hoy todos nos sentimos necesitados de brindarle algo al niño. Puede ser el hijo; los chicos del barrio o del pueblo; los chicos más abandonados y solitos… el chico enfermo, o el ahijadito… Pareciera que nosotros los adultos necesitáramos reflejarnos en ellos; necesitamos acariciarlos y abrirles el corazón para descubrirles “eso” que llevamos adentro… sentimos necesidad de hacernos un poco niños… nos hace bien. Por eso es bueno reflexionar sobre este personaje que es el niño. Le vemos inocente… frágil… limpio en sus ojos y en su corazón… lo vemos inacabado… es el signo de la esperanza… del futuro… de la sencillez… de la sorpresa… es el hijo… el fruto del amor… es también un poco misterio.
No nos ponemos sentimentales… nos damos cuenta que ese niño a quien hoy festejamos es también un cuestionador de nuestra vida… él es el que siempre pregunta: ¿por qué…? y algunas veces le sabemos responder y otras evadimos la respuesta de muchas maneras. Hoy ese niño, a lo mejor es como el ángel enviado por Dios para reconstruir un amor y un vínculo resquebrajado de sus padres a quienes quiere mucho… a lo mejor arregla tantas situaciones que para nosotros los adultos nos es casi imposible. El lo hace con una pregunta que nos deja sin palabra… con una mirada triste que interroga mucho… con un beso y una caricia… con una linda nota traída del colegio… con un
gesto o una respuesta que nos hace repensar nuestra fe cristiana o nuestra relación con los demás. Me parece que es un canto el que dice esto: “…mientras los adultos se matan con cañones y destruyen la felicidad de los hombres… se juntan los chicos y robándoles los cañones los llenan de pan y de flores para que los hombres mayores sean felices”. Creo que no es una simple poesía, es
mucho más… hace pensar mucho.
Estos chicos nos enseñan cuál debe ser la escala de valores que debemos tener en la vida. Por eso Jesús nos dice: “debemos dar acogida al Reino de Dios con la sencillez y limpieza interior de un niño…” A ese niño Dios lo asemeja al pobre, al débil, al desvalido, al hombre frágil, al recto de corazón. En esta óptica están las llamadas Bienaventuranzas. El secreto de la verdadera grandeza
está en “hacerse como niño”, tal es la verdadera “humildad, sin la cual no se puede ser “hijo del Padre celestial”. Los verdaderos discípulos son precisamente los “pequeñuelos” a quienes el Padre ha tenido a bien revelar sus secretos ocultos a los “sabios“. Le llama bienaventurado a quien acoja a estos “pequeñuelos”.
En esta óptica hay que reflexionar sobre las llamadas “Obras de Misericordia”, que no significa “compasión” ni “lástima” sino compromiso con quienes están allí descriptos y señalados. No son los valores ni la óptica de la sociedad de consumo la que Jesús señala como el camino que hace felices a los hombres ni construye fraternidad entre ellos. Es otra la mirada, la actitud y la conducta a seguir. “Necio, nos dice hoy en el evangelio: esta noche te van a exigir la vida… lo que has acumulado ¿de qué te sirve?”.
Si hoy insistimos en todo esto, no significa que hayamos renunciado a ser vigilantes y servidores de nuestro pueblo; todo lo contrario; pero sí es oportuno repetirlo: hay enfoques y contenidos que es bueno recordarlos para que no nos sorprenda esa admonición demasiado dura: “necio”.
Por eso chicos que me escuchan… o a lo mejor no… porque tienen derecho a seguir durmiendo… pero quiero en este día decirles a todos los niños de La Rioja que aquí desde el Santuario de San Nicolás, estamos pidiendo por ustedes para que en la vida sean siempre felices. Especialmente quiero hacerles llegar a ustedes, niños del campo que están solitos con sus familiares, a ustedes
chicos de nuestros barrios que a lo mejor no les llega un juguete, a ustedes los chicos del hospital de niños, a ustedes chicas del hogar del Carmen, a ustedes chicos que más necesitan de un cariño y de un recuerdo de amigo de ustedes y de padre… recíbanlo ahora que se los hago llegar con todo el corazón. Les pido que recen por La Rioja y por la Patria… lo necesitamos mucho… por los que los hacemos sufrir a ustedes sin darnos cuenta del mal que les hacemos… recen por el papá y la mamá… aprovechen lo que les enseñan en la escuela y hagan felices a sus padres… cuando el papá o la mamá andan tristes… acérquense y denle un beso… lo necesitan y cuiden ustedes para que ellos siempre se quieran mucho…
El otro hecho es: El DIA DEL PÁRROCO. Los dos acontecimientos tienen mucha relación. Padre de una gran familia y el niño es el hijo que recibe en esa gran familia, que es la parroquia, la vida de Dios a través de la Palabra de Dios, el que hemos hecho, peregrinando, desde la ciudad hasta estos cerros esta mañana.
Nacimos de esta Madre la Iglesia; somos sus hijos y seremos sus hijos hasta llegar a la casa de nuestro Padre Dios. Este Niño Alcalde, que es el Cristo de la Cruz y de la Resurrección, es el que nos marcó en el bautismo para siempre, como pueblo enviado a construir la justicia entre los hombres para que la paz pueda ser el fruto que nos haga felices a todos. Hoy, aquí, en Las Padercitas, sentimos la necesidad de llamarnos hermanos y de darnos un abrazo de reconciliación y de paz. Pero este abrazo no puede ser fingido ni cerrando los ojos a todas las cosas que nos separan.
En el corazón de cada mujer y de cada hombre; en cada hogar; en cada barrio y en cada ciudad y pueblo de nuestra Rioja debe hoy renacer la necesidad de seguir trabajando ese TINKUNACO que hace cuatro siglos se comenzó, aquí en Las Padercitas con la proclamación del Evangelio por San Francisco Solano. Pero no construiremos el ENCUENTRO anunciado e iniciado por San Francisco Solano si lo pretendemos construir con criterios mezquinos y sectarios; con resentimientos y ambiciones personales, egoístas; con la postergación de la juventud y de los pobres; con la calumnia y la injuria; con el silencio ante las reales necesidades y problemas de nuestro pueblo.
La celebración de Las Padercitas que hoy estamos viviendo en este Año Santo, nos reclama que es hora de decir ¡basta! al lodo que se viene sembrando sobre el rostro de la Rioja. Nuestras actitudes deberán ser muy evangélicas para impedir que se siga enlodando a personas e Instituciones; pero, a la vez, muy firmes. A quienes utilizan sus vidas en esta triste tarea les sugerimos que recapaciten porque esa manera de obrar es una grave ofensa a Dios; es un grave agravio al pueblo y una injuria a la FE CRISTIANA a quien dicen defender.
Es hora de que los ojos vigilantes sean puestos más sobre quienes enlodan a La Rioja que sobre quienes están entregando sus vidas para servirla leal, generosa y noblemente para que ella brinde la felicidad que le reclaman sus hijos.
Que lo que hoy está viviendo La Rioja en las Padercitas, lo podamos vivir todo el año en toda su extensión geográfica.
Le pedimos a San Francisco Solano que él nos ayude a seguir construyendo lo que él comenzó, aquí en las Padercitas.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 103-105.
La Rioja, 8 de agosto de 1971
DOMINGO 19 TIEMPO ORDINARIO C
Sabiduría 18, 6-9 Hebreos 11, 1-2 . 8-19 San Lucas 12, 32-48
Eucaristía en las Padercitas, en la fiesta de San Francisco Solano

Mis hermanos y Amigos radioyentes de LV 14

Después de una semana de ausencia de la Diócesis por haber participado en la Reunión de la Comisión Permanente del Episcopado Argentino, nos encontramos nuevamente reunidos en esta Misa Radial en la que nos sentimos la gran familia Diocesana que juntos escuchamos la Palabra de Dios, juntos rezamos, juntos ofrecemos nuestra vida, unidos a Jesucristo en esta celebración del Sacrificio Eucarístico.
Aunque la distancia física nos separa, sin embargo queremos estar muy unidos a todos ustedes, los de la ciudad y los del interior, especialmente ustedes los más lejanos y que viven solos en las quebradas, en nuestros cerros, o en las llanuras de nuestros montes y obrajes.
Nos une la misma Fe, el mismo Bautismo, el mismo Señor.
Nos une el afecto a todos, creyentes o no creyentes, si los hubiera. Nos une la misma búsqueda común para ayudarnos mutuamente en la solución de los problemas que a diario nos trae aparejada la vida en las presentes condiciones. Nos une a todos nuestros hermanos sacerdotes que sellados por el común sacerdocio sacramental de Jesucristo somos constituidos por el mismo Jesucristo para ser pastores y servidores de nuestro pueblo. Nos une a ustedes, religiosas que, como miembros de consagrados en la vida religiosa son eficaces colaboradoras de los ministerios pastorales del Obispo. Nos unimos a ustedes, cristianos, laicos que con la luz y el conocimiento de la Palabra de Dios, con el testimonio de vida y con la acción eficaz de cada uno de ustedes, caminamos juntos para que la comunidad riojana crezca según la voluntad del Señor.
Aunque no es mi intención tocar detenidamente este punto, sin embargo anoche, viendo algunos acontecimientos de la marcha de la Diócesis quiero expresarme y hacer referencia a la actitud asumida por el párroco de Olta, Padre Ruiz (1). Hermanos de Olta, deseo que sepan que el Obispo respalda la acción pastoral del Párroco y lo considera con las condiciones personales y sacerdotales para ser Pastor y presidir esa Comunidad.
Así como respaldamos el ministerio sacerdotal de nuestros sacerdotes en la vida de la Diócesis, deseamos vivamente que en la Diócesis el Ministerio de la Palabra, que es participación del ministerio pastoral del
Obispo, sea ejercido para la edificación del Pueblo de Dios.
Y antes de celebrarles la Eucaristía en las Padercitas, hermanos peregrinos, en la fiesta de San Francisco Solano, los invito a que acompañemos espiritualmente a quienes en este momento peregrinan a la Quebrada.
Caminemos con verdadero espíritu de Fe. Cada uno de ustedes llevan guardado en el corazón alegrías y sufrimientos; siéntanse verdaderos peregrinos, recemos juntos, siéntanse con el que va al lado de todos y con todos, hermanos. Todos hacemos el mismo camino: este peregrinar es símbolo de la peregrinación que estamos haciendo en la vida hasta llegar a la Casa de Nuestro Padre del Cielo. La imagen del Santo es un llamado a una
vida Santa como la de San Francisco, es un llamado a la Fe, es una permanente respuesta de la propia vida del Señor, es un permanente convertimos, es un estar unidos a Dios y a nuestro Hermano, es ir dejando en el
camino todo aquello que nos hace egoístas, individualistas, hombres sin esperanza.
La Fe cristiana, nos hace, como al Patriarca Abrahám, salir de nuestro individualismo, de nuestra comodidad, de nuestro pecado, para aventuramos a otro tipo de vida que sea imagen de la vida de Jesús. Nos invita el Señor a seguirlo, dejando todo lo que responde al hombre interiormente viejo, nos invita a ser hombres que vivamos la resurrección de Jesús.
Escuchemos su Palabra, es el Evangelio que nos invita insistentemente a ser levadura, a ser luz, a ser sarmientos vivos unidos al tronco que es Jesús. Es vivir las llamadas obras de misericordia, es vivir las bienaventuranzas, es sentir cada día que sin el Señor y sin su ayuda, nada podremos hacer. Como el ciego, digámosle: ¡Señor, que vea! Señor, no soy digno de que entres en mi casa, di una sola palabra y seremos salvados. Es sentir el llamado como el Hijo Pródigo. Como la Samaritana del pozo de Jacob. Es detenemos en el camino de la vida para tenderle la mano a tantos Samaritanos que se encuentran postrados en el camino. Pidamos al Señor ser Samaritanos en la vida; que nuestro caminar de hoy nos enseñe a construir una verdadera comunidad entre todos los riojanos. Es sentirnos indicados por el Señor que nos dice: “el que se encuentra sin pecado que tire la primera piedra”. Y en esta peregrinación se une la oración de la juventud con la oración de nuestros ancianos y de nuestros padres, la oración del sacerdote y de la religiosa con la de los laicos. Todos somos la Iglesia, todos construimos el Reino, todos somos el Pueblo de Dios; y mientras caminamos,
pensemos en los que sufren en los que en este instante mueren, en los que están en nuestros hospitales postrados en su lecho enfermos; pensemos en ese padre que no sabe llevarle el pan a sus hijos, en los que están solos esperando la mano amiga de un hermano; recemos por los que hieren a sus hermanos con las calumnias, con la amenaza; recemos por la paz, por los que están sufriendo en las cárceles, los que padecen persecución por la justicia; recemos porque la Iglesia sea fiel, cada vez más a Jesucristo.
Seguimos caminando con la esperanza en el alma y con la plegaria en los labios; nos sentimos pecadores, incapaces de ser mejores sin la ayuda del Señor. Recemos por los que tienen miedo de vivir la Fe con mayor
autenticidad, recemos por los chicos, por los que trabajan por los demás; recemos por quienes tienen la responsabilidad de conducir las provincia, por los que administran justicia; recemos por los que tienen la responsabilidad de los medios de comunicación social, recemos por la patria.
¡Peregrinos! que este ir a las Padercitas no sea un paseo, que la alegría de este encuentro sea imagen de la Pascua del Señor. Hoy tiene mucho sentido el Padre Nuestro, recémoslo despacio y como rumiando cada palabra. Recemos por la gente del interior, por ustedes amigos de los pueblos y de los puestos de nuestras provincias; recemos por los Riojanos que están lejos, alla en Buenos Aires o en el Sur. ¿No les parece que cuando regresemos a nuestras casas, a nuestros barrios, algo nuevo debe comenzar a vivirse?
Hay tanto por hacer. Existen resentimientos que quemar. Hoy es el encuentro de la familia, de la ciudad.
San Francisco Solano nos ayude desde el cielo a que el pueblo Riojano, siendo Fiel a su Fe y a sus verdaderas tradiciones, siga construyendo el presente y mirando el futuro con imaginación creadora, con verdadero
sentido de lo nuestro, acrecentando las virtudes escondidas en nuestro pueblo.

Nota
(1) El Obispo Angelelli respaldó al Párroco de Olta, el Capuchino Eduardo Ruiz, ante el ataque en la prensa del intendente del Dpto. Gral. Belgrano, Nicolás Ochoa, dueño de las canteras de laja “La Candelaria”,a raíz del apoyo brindado por el párroco a los dirigentes despedidos del sindicato minero; que al fundarse el 21 de junio de 1971, tenía su sede en una habitación de la casa parroquial.
Nicolás Ochoa acusó al padre Ruiz de “intranquilizara los obreros”y lo exhortó a que “se dedique a organizar la iglesia… en vez de sindicatos. El Cura Párroco, a su vez, respondió en una declaración pública que “la Iglesia es la gente, el pueblo, no las paredes del templo”.
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pag. 147s
La Rioja, 11 de agosto de 1974
DOMINGO 19 TIEMPO ORDINARIO C
– Las Padercitas 10:30 horas desde el mismo lugar.

Gracias a nuestra Radio, L.V. 14 puede toda La Rioja vivir este acontecimiento religioso, cargado de historia y de mensaje evangélico, desde aquí: LAS PADERCITAS. Porque también Las Padercitas no es una celebración folclórica ni un día en que la ciudad de La Rioja vive sólo un día de sol y de cerros.
Revivimos un hecho histórico y Evangélico. Aquí tiene su raíz histórica nuestro ENCUENTRO o TINKUNACO que cada año celebramos el día 31 de diciembre, frente a nuestra Catedral y frente a la Casa de Gobierno. En Las Padercitas se puso el fundamento para construir en nuestro pueblo riojano el verdadero “Encuentro” fraternal y como pueblo. Es un fraile franciscano, San Francisco
Solano, quien como sacerdote de Cristo anuncia por primera vez el Evangelio como la Buena Nueva para que nuestra raza conociera al Hombre-Dios que puso “su casa entre nosotros”; sintiera como el anuncio del Evangelio el llamado a la Fe cristiana y a reconocer en Cristo vestido de Niño Alcalde a su verdadero Dios, a su Señor y Creador; a su Salvador y Liberador; y en Quien todos los hombres, de diversas razas y lenguas; de diversos colores y culturas se reconocieran hermanos, hijos de un mismo Padre y llamados a construir un permanente TINKUNACO entre los hombres.
Es necesario redescubrir que aquí en Las Padercitas se anunciaron los fundamentos para que un pueblo sea feliz, al anunciar la justicia, el amor y la paz del Evangelio. El Evangelio que hoy anunciamos en esta celebración de Las Padercitas es el mismo que anunció Francisco Solano. Ese mismo Evangelio, el de San Francisco Solano y el que ahora celebramos en esta Misa Radial es el
que nos exige que el ENCUENTRO no está acabado y que debemos seguir construyéndolo entre nosotros, con toda la riqueza de nuestra tradición que llega hasta nosotros como mensaje de nuestra historia, con la mirada puesta en el futuro.
Volvemos hoy a esta fuente de nuestra historia para reconocernos que somos el mismo pueblo que fatigosamente venimos haciendo un camino como el que hemos hecho, peregrinando, desde la ciudad hasta estos cerros esta mañana.
Nacimos de esta Madre la Iglesia; somos sus hijos y seremos sus hijos hasta llegar a la casa de nuestro Padre Dios. Este Niño Alcalde, que es el Cristo de la Cruz y de la Resurrección, es el que nos marcó en el bautismo para siempre, como pueblo enviado a construir la justicia entre los hombres para que la paz pueda ser el fruto que nos haga felices a todos. Hoy, aquí, en Las Padercitas, sentimos la necesidad de llamarnos hermanos y de darnos un abrazo de reconciliación
y de paz. Pero este abrazo no puede ser fingido ni cerrando los ojos a todas las cosas que nos separan. En el corazón de cada mujer y de cada hombre; en cada hogar; en cada barrio y en cada ciudad y pueblo de nuestra Rioja debe hoy renacer la necesidad de seguir trabajando ese TINKUNACO que hace cuatro siglos se comenzó, aquí en Las Padercitas con la proclamación del Evangelio por San Francisco Solano. Pero no construiremos el ENCUENTRO anunciado e iniciado por San Francisco Solano si lo pretendemos construir con criterios mezquinos y sectarios; con resentimientos y ambiciones personales, egoístas; con la postergación de la juventud y de los pobres; con la calumnia y la injuria; con el silencio ante las reales necesidades y problemas de nuestro pueblo. La celebración de Las Padercitas que hoy estamos viviendo en este Año
Santo, nos reclama que es hora de decir ¡basta! al lodo que se viene sembrando sobre el rostro de la Rioja. Nuestras actitudes deberán ser muy evangélicas para impedir que se siga enlodando a personas e Instituciones; pero, a la vez, muy firmes. A quienes utilizan sus vidas en esta triste tarea les sugerimos que recapaciten porque esa manera de obrar es una grave ofensa a Dios; es un
grave agravio al pueblo y una injuria a la FE CRISTIANA a quien dicen defender. Es hora de que los ojos vigilantes sean puestos más sobre quienes enlodan a La Rioja que sobre quienes están entregando sus vidas para servirla leal, generosa y noblemente para que ella brinde la felicidad que le reclaman sus hijos.
Que lo que hoy está viviendo La Rioja en las Padercitas, lo podamos vivir todo el año en toda su extensión geográfica.
Le pedimos a San Francisco Solano que él nos ayude a seguir construyendo lo que él comenzó, aquí en las Padercitas.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pag 149s
La Rioja, 18 de agosto de 1974
DOMINGO 20 TIEMPO ORDINARIO C
MAS POR MENOS

Una de las cosas de la que debemos dar gracias a Dios es este encuentro dominical que hacemos cada semana, como diócesis y como Pueblo de Dios, en torno a esta mesa del altar de este Santuario de San Nicolás y Catedral Riojana. Aquí y desde aquí, oramos como pueblo; reflexionamos juntos la Palabra de Dios; iluminamos con Ella los principales acontecimientos de cada semana y celebramos la Eucaristía, como la Gran Acción de Gracias, que La Rioja tributa a Dios, Nuestro Padre, como pueblo.
Si destacamos este hecho del encuentro dominical a través de esta Misa Radial, lo hacemos para que cada vez cobremos mayor conciencia de este regalo de Dios, especialmente para quienes están alejados de los centros parroquiales, o por diversas razones no se sientan aún participar de la Eucaristía en el templo con la comunidad cristiana. Y no es la palabra de los hombres la que
escuchamos y celebramos, sino la Palabra de Cristo que nos revela el Plan de Dios padre a nosotros los hombres. Esta Palabra de Dios, cada semana llega a nuestras vidas, penetrando en ella como una espada, como dice San Pablo para enfrentarnos con la voz de Dios y la realidad de nuestra conducta diaria.
Sabemos bien con cuánta alegría es recibida esta Palabra de Cristo y con que recogimiento interior es participada desde los más lejanos lugares esta celebración de la Misa. Ustedes sienten, como sentimos nosotros, el bien que nos hace y cómo va orientando nuestra vida. El Evangelio que anunciamos cada domingo es la semilla que se siembra en el corazón de nuestro pueblo riojano por el ministerio pastoral, teniendo Dios, Nuestro Padre, la tarea misteriosa de hacerla germinar en cada hombre que la acoge religiosa y humildemente para que fructifique en buenas obras. Quizás pueda aparecer para algunos como inoportuna o inoperante, pero esto es no saber cómo Dios obra en cada hombre y cuál es la eficacia de esta Palabra por sí misma.
Si el Pueblo de La Rioja es capaz, en los momentos difíciles en que vivimos, de ser lúcido, sereno, humilde y digno para afrontar las soluciones a sus problemas, ello es debido a que permanentemente alimenta su vida con el Evangelio de Cristo y nutre su vida con la gracia de Cristo a través de los sacramentos.
Solo el pueblo riojano vive y manifiesta espíritu solidario, dignidad como pueblo, sencillez de corazón y esfuerzo constante por realizar su encuentro como pueblo, ello es debido, también, a su Fe cristiana que la lleva enraizada en su alma.
Por eso, esta misión irrenunciable y fundamental de la Iglesia de ser Evangelizadora y santificadora de los hombres no la puede renunciar jamás, porque para esto fue enviada por Cristo y porque en el Evangelio que anuncia logrará concretar, la fraternidad, la justicia, la paz. Esta paz tan difícil de lograrla y que seguirá siendo permanente tarea de todos hasta que ella florezca en cada corazón humano, en cada hogar desgarrado; en cada barrio dividido; en cada pueblo que no se ama y no camina junto a los otros y con los otros. Para todo esto hemos venido haciendo un permanente llamado en este Año Santo, aunque pueda, hasta fastidiar el tanto repetirlo.
En este contexto de Año Santo y como deber de la misión que el Obispo tiene con la diócesis, debo comunicarles que próximamente debo peregrinar a Roma para llevarle al Santo Padre Pablo VI la vida y la marcha de nuestra Iglesia Riojana; la “comunión” en la fe católica de nuestro pueblo, como Iglesia Particular al Sucesor de Pedro, Vicario de Cristo y Cabeza del Colegio Episcopal, del cual este servidor, como Obispo de La Rioja forma parte del mismo. Además, con un sentido profundo y evangélico, venerar junto a la tumba de Pedro y Pablo la tradición apostólica de la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica.
Me tocará llevarle al Santo Padre las alegrías y los sufrimientos de esta Iglesia, que esforzándose por ser fiel al Evangelio de Cristo y a su Pueblo, tiene marcados, en su propia carne, los signos de la Cruz y de la Pascua del Señor.
En este encuentro con el Santo Padre estarán presentes en la persona de su obispo, los sacerdotes de la diócesis con su misión pastoral; las religiosas con su consagración al servicio de nuestro pueblo; el laicado y todo el pueblo riojano que ha nacido a la fe católica desde sus mismos orígenes, por la misión evangelizadora de los primeros misioneros.
En esa tumba de Pedro y Pablo, el CREDO del Obispo será el Credo del pueblo riojano.
Otro asunto quiero reflexionar con ustedes. Me refiero a la COLECTA NACIONAL MAS POR MENOS. Puede aparecer como fuera de lugar y hasta odioso su enunciado. Pero si sólo y principalmente se redujera a recolectar dinero sería el primero en silenciarla. No es ésta la finalidad principal. Están en juego los POBRES Y NECESITADOS de nuestra Patria. En Argentina, a pesar de
los esfuerzos que se vienen dando para salir al encuentro a tantos problemas sociales y morales de muchos hermanos nuestros, aún hay mucho por hacer. Y si en el orden oficial se arbitran medios y se prodigan esfuerzos para solucionarlos, no es sólo tarea oficial sino exigencia de todos nosotros. Porque aún siguen existiendo niños que padecen de raquitismo por falta de alimentación adecuada; existen hermanos nuestros argentinos que no tienen techo adecuado, trabajo, y medios para curar sus enfermedades. El señalarlos, no es una actitud negativa sino un llamado de alerta para que todos volquemos nuestros esfuerzos, nuestras posibilidades económicas y fundamentalmente nuestro amor operante para que salgamos urgentemente a buscar las soluciones que a grito reclaman.
Es una exigencia como conciudadanos y como cristianos que abramos el corazón y concretemos los medios materiales que hacen falta para que las generaciones futuras no nos señalen con el dedo como insensibles, egoístas e infieles a las exigencias del Evangelio de Cristo que confesamos creer y hacerlo vida. Nuestra Provincia de La Rioja, que está puesta entre las provincias pobres tiene, aún, hermanos que reclaman con urgencia que nos acerquemos a ellos como se acercó el samaritano al herido en el camino. Sabemos que muchas soluciones que podamos dar son incompletas. Son soluciones inadecuadas.
Pero mientras debemos seguir buscando las soluciones de fondo, concretemos aquellas que son respuestas a problemas inmediatos de supervivencia y de respeto a la dignidad de personas y de hijos de Dios. Esa Palabra de Dios de la que hablamos al comienzo, nos urge a que la pongamos en práctica, todos, desde quien les habla hasta el último hermano nuestro riojano. Con todo, aunque seamos pobres, dividamos lo poco que tenemos para que otros que no tienen nada puedan sentirse un poco más felices porque desde esta tierra riojana les llega, con cariño y con generosidad, una ayuda como el óbolo de la viuda de que nos habla el Evangelio.
Este año, esta Colecta – MÁS POR MENOS – se llevará a cabo el primer domingo de setiembre en toda la diócesis. Los párrocos y quienes presiden comunidades la organizarán haciendo conocer bien el sentido y la finalidad de la misma. Ese mismo domingo se hará en todo el país. Con todo, si por razones especiales no se puede hacer ese domingo, podrán disponer de todo el mes de setiembre para realizarla. Deberá ser enviada al Obispado para que desde aquí la remitamos a la comisión central. La Rioja, con la colecta del año pasado se benefició con el monto de nueve millones que fueron invertidos en solucionar distintos problemas de hermanos necesitados. Cáritas, Dios mediante, por las gestiones que realizó este obispado, podrá dentro de poco distribuir más de quince mil kilos de víveres y ropa a las parroquias de la diócesis.
Hermanos, tienen ustedes la respuesta.
Finalmente: no lo podemos silenciar, nuevamente ha vuelto a correr sangre en nuestra patria. Aún no logramos construir la fraternidad entre argentinos. Aún no logramos que la verdadera justicia se corone con la paz. En estos momentos en que vivimos, necesitamos serenidad de espíritu; lucidez para discernir, con criterios extraídos del evangelio, las causas profundas que nos hace vivir desencontrados a los argentinos. Ni con valores ajenos al alma de nuestro pueblo se construirá una paz sólida y verdadera, ni con injusticias irritantes se logrará la felicidad de nuestro pueblo. Hoy, también, la Iglesia tiene que cumplir su misión irrenunciable para que los caminos que se elijan para construir la paz sean los que nos señala Cristo en su Evangelio y no otros que la cimentaría sobre arena.
Sabedores de la eficacia de la oración, oremos por la Patria. A la vez no escatimemos esfuerzos para que la paz sea siempre fruto de la justicia vivida y practicada con amor, no con odio ni con la violencia ejercida de distintas maneras.
San Nicolás proteja siempre a su pueblo riojano.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 4 pag. 153 s
La Rioja, 25 de agosto de 1974
DOMINGO 21 TIEMPO ORDINARIO C
6 AÑOS EN LA DIÓCESIS

Amigos y hermanos:
El domingo pasado reflexionamos acerca de estos tres puntos: 1. La importancia de la Palabra de Dios. La Visita del Obispo al Santo Padre y la Colecta Nacional: “MAS POR MENOS”. Hoy la reflexión será una especie de meditación personal, a propósito de seis años en la diócesis. En estos últimos días he tenido posibilidad de conversarlo mucho, a esto, con el Señor, en la oración.
Recordaba dos preguntas que nos hicimos al comenzar a caminar juntos como responsables de esta Iglesia Riojana. Las preguntas fueron: Iglesia de la Rioja ¿qué dices de ti misma? Iglesia de La Rioja ¿cuál es tu misión hoy?
A la luz de esta dos preguntas fundamentales comenzamos a hacer el camino juntos; comenzamos a revisarnos; a cuestionarnos; a ser creativos y a la vez descubrir mejor todo lo que nos entregaba la tradición. Empezamos a mirar el futuro sin ser infieles al pasado. Empezamos a recoger las lecciones de nuestro pasado histórico y construir nuestro presente con la mirada puesta en el futuro. Unos vieron y otros no vieron. Unos acogieron gozosos la invitación y la convocación y otros, explicable, dolorosamente no comprendieron el camino que la misma Iglesia les señalaba para seguir caminando y construir este futuro que lo estamos haciendo ahora. Unos se quedaron al comienzo del camino; otros a mitad del camino y otros en este poco andar que llevamos.
Con mirada iluminada por la fe, encontramos perfectamente las explicaciones de todas estas actitudes. Sólo Dios juzga las conciencias de los hombres.
Seguimos convocando a todos para que nadie se quede en el camino. Pero la fidelidad a Cristo que viene misteriosamente construyendo la historia de los hombres, no nos permite que volvamos atrás ni que nos sentemos junto al camino. Porque experimentalmente, también, hemos aprendido, en este andar, lo siguiente: “sabemos en QUIEN hemos puesto nuestra confianza”: CRISTO.
Nuestro pueblo viene realizando una marcha que no la detiene. Será con distintos ritmos, pero caminando siempre. Dios, que es Padre de todos, camina con él. Es como el camino del desierto; fatigoso y a veces, como con mucha arena; pero la meta es clara; hay que llegar a la “tierra prometida”, es decir hay que llegar a ser un “pueblo feliz” que será pleno cuando nos encontremos con Él, en el término de nuestra vida mortal.
Por cierto que detenernos un poco a pensar en estos seis años no significa ni quiere publicitar hechos y realizaciones, ni quedarnos en lamentaciones. Es abrir el corazón como niños y poderle decir a Cristo: te damos gracias Señor por todo lo que hiciste con nosotros; y a la vez con el “publicano del evangelio” decirle: perdón Señor porque somos pobres pecadores aún.
Fueron seis años vividos intensamente. Amasados con grandes alegrías y purificados, también, con dolores. Como argentinos y como riojanos hemos vivido y sentido en carne propia, crisis y problemas de diverso orden. Como Iglesia que quiere y debe compartir la vida con su pueblo su vida pastoral ha sido, gracias a Dios, marcada por estas crisis y estos mismos problemas. No podía ser de otra manera si verdaderamente queremos caminar “desde nuestro pueblo”.
Más aún, cuando esta Iglesia Riojana era probada por el sufrimiento, que era sufrimiento de pueblo, descubríamos mejor la necesidad de mayor purificación interior; se robustecía más evangélicamente; sentíamos la urgencia de mayor fidelidad al Evangelio y al pueblo a quien debe servir; comprendimos mejor hasta donde puede llegar el pecado en el hombre y las estructuras que el pecado en el hombre construye. Experimentamos la presencia de Cristo muy presente y operante en medio de nosotros; las exigencias que tenemos de ser una Iglesia cada vez más libre de ataduras que le impiden ser fiel a Cristo y a su pueblo; más pobre; más metida en el corazón de nuestro pueblo y más misionera. Comprendimos mejor que cuando una Iglesia es fiel a la misión confiada por Cristo, debe ser perseguida y ser signo de contradicción; porque así, también, lo enseña la fecunda tradición que Ella tiene y viene viviendo desde la Cruz de Cristo. Así comprendemos mejor cuánto cuesta hacer de un “hombre viejo interiormente” un “hombre nuevo según Cristo”. Con un caminar así, la Esperanza crece y se fortalece, puesto que su fundamento es el mismo Señor Jesús.
Y si en estos seis años ha sido permanente el anuncio del Evangelio de diversos modos, también es verdad que este mismo pueblo nuestro a quien le anunciamos el Evangelio y lo convocamos a la Vida en cada Sacramento que celebramos y especialmente en cada Eucaristía nos ha ido enriqueciendo a medida que hemos ido descubriendo su alma llena de esa sabiduría de que nos
habla el evangelio. El pueblo, también se convierte en maestro, cuando sabemos ponerle nuestro oído y escuchar lo que Dios va haciendo en él. Y precisamente en este Año Santo, esta reflexión de los seis años de vida que llevamos en la diócesis, nos ayuda a ahondar todo lo que supone llevar a
cabo aquella reconciliación y renovación que necesitamos. Este Año Santo nos ayuda a encontrar las verdaderas respuestas a las dos preguntas que hicimos al principio: “Iglesia quién eres y cuál es tu misión hoy en la Rioja”.
Estas dos preguntas que nos hicimos nos ha obligado a anunciar el Evangelio con mucha claridad y sencillez ante las distintas situaciones que hemos vivido; fue motivada, no con la sabiduría humana, sino con la sabiduría que brota de la cruz de Cristo; si hemos debido corregir, amonestar, aconsejar,
animar, oportuna e inoportunamente, fue buscando, que la reconciliación y la renovación querida por Cristo en el Concilio, fuesen verdaderas y no fingidas; si debimos ser en algunas ocasiones la “voz de los sin voz”, que son los pobres, ello fue debido a que ellos deben constituir los privilegiados para toda la comunidad, como lo es para Cristo; si tocamos “asuntos delicados” y, a veces enojosos, no fue otra cosa que hacer cambiar una escala de valores en la vida; vale decir: es más importante ser más plenamente humanos que ser poderosos por el dinero o el placer desordenado.
Si han sido dolorosas algunas infidelidades, bendecimos al Señor todo lo que nos ha dado a la diócesis en estos seis años en el orden sacerdotal, en las religiosas y en el laicado. Además, agradecemos al Señor todo lo que nos ha permitido sembrar, para que mañana otros hermanos puedan recoger aquellos frutos que el mismo Señor quiera hacer germinar.
También agradecemos al Señor que en este Año Santo podamos, llevar, como dijimos, el domingo pasado, al Santo Padre y Vicario de Cristo, la fidelidad en la Fe: una, santa, católica y apostólica, de esta Iglesia Riojana. Que podamos ratificarla en la tumba de Pedro; que podamos sentirnos hermanos de aquellos primeros mártires y confesores de la fe. Agradecemos al Señor porque hace seis años, también, en este mismo día América Latina era iluminada en la fe con los Documentos de Medellín; y, así, tomábamos mayor conciencia del proceso en que vive toda América Latina, reclamando soluciones audaces y evangélicas.
Junto con este profundo agradecimiento que hacemos con la Eucaristía de esta mañana, le pedimos a Cristo que no tenga en cuenta las infidelidades que hayamos tenido.
Al renovarle a María Santísima la consagración que hicimos de la diócesis en aquel primer día, también le pedimos a San Nicolás, quiera bendecir este encuentro apostólico del Obispo de esta Iglesia de La Rioja con el Sucesor de Pedro.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 108-111
La Rioja, 19 de Septiembre de 1971
DOMINGO 25 TIEMPO ORDINARIO C
Amós 8, 4-7 1 Timoteo 2, 1-8 San Lucas 16,1-13

Amigas y hermanos radioyentes de L.V.14

En esta misa Diocesana, me uno a todos los hermanos sacerdotes que con el Obispo tienen la misión de anunciar la Palabra de Dios a nuestro pueblo. Hace tres domingos que no he podido presidir esta Eucaristía y lo ha hecho el Párroco de la Catedral. A los que están presentes en el templo de la Catedral y a los que se unen por la radio, los invito a que juntos meditemos el Evangelio de Jesucristo, juntos oremos y nos sintamos como la gran familia Diocesana de La Rioja.
En esta ausencia de la Sede he andado durante estos 25 días por los pueblos de la Diócesis.
Juntos debemos seguir caminando. Me hace recordar una canción: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Veinticinco días caminando con ustedes, con distintas comunidades, desde el Divisadero hasta Jagué. Mientras andaba, sentía interiormente el peso de la vida de ustedes, las esperanzas y los sufrimientos de la vida de ustedes. Descubría mejor mi misión de apóstol y de Misionero de Jesucristo; de hermano en la Fe y en el afecto, para ir juntos construyendo una comunidad humana y cristiana como la quiere Dios, nuestro Padre. Aprendiendo más que enseñando; compartiendo; más que caminar solo, reflexionando juntos; participando
de la vida de cada día de ustedes: el que está solo en el rancho esperando que venga el hijo de Buenos Aires o de otro lugar; con el que espera la lluvia para que no se pierda la cosecha, con usted que cuida las pocas cabras, unos animalitos; con ustedes amigos que trabajan o que no tienen trabajo; con ustedes que atienden sus negocios y sus responsabilidades en los pueblos, con ustedes jóvenes, y ustedes adultos y ancianos. Con ustedes chicos. Entregándoles aquello que Jesucristo me entregó para que lo distribuyera a la comunidad: La Palabra
del Evangelio, la gracia en los Sacramentos, el encuentro de cada Eucaristía. Con ustedes sacerdotes, las religiosas y los grupos laicales.
Y pensaba: siempre debemos tener presente la realidad y la situación en que vivimos para irla confrontando con el Evangelio, con la Palabra de Dios. Esto también me hacia pensar que existen quienes tienen buena voluntad para hacer esta confrontación y quienes, prevenidos y prejuiciados, están en la actitud de ver y descubrir segundas intenciones. En este segundo caso, debemos saber comprenderlos por la situación y actitud en que se encuentran; debemos orar para que se les abra el corazón y vean la luz. Quizás creyendo ser fieles en sus conciencias, no advierten que con sus actitudes están viviendo una infidelidad; primero a sí mismos y consecuentemente para con el resto de la comunidad. Pero éste es también el andar de un pueblo y de una comunidad que camina; que peregrina; que busca; que manifiesta sus debilidades, sus egoísmo, sus pecados, sus virtudes. Pensaba también que en la medida en que sigamos confrontando esta cruda realidad de las vidas de nuestro pueblo con el Evangelio y asumamos sus consecuencias, deberemos hacer opciones duras,
difíciles, verdaderas rupturas interiores. “EI que quiera ser mi discípulo que tome la cruz y que me siga”. Es un lenguaje duro. A la vez nos dice el Señor: “Hombres de poca Fe ¿por qué tienen miedo?” De qué distinta manera se ven los problemas y las dificultades cuando los vemos desde el corazón mismo de la vida real y del Evangelio. La voz de Dios que grita desde Él. Esa familia que sola en el campo, no tiene un balde de agua para tomar; desde aquel que tiene mucho, vive esclavizado por su angustia y desesperación, le falta lo único importante en la vida: en el encuentro consigo mismo, con sus hermanos, con su Dios vivo que le ha dado la vida para que le administre y no sirva a dos señores. Le falta la paz. Desde aquel que lucha entre la vida y la muerte porque es tratado como un esclavo y no como un hombre. La voz de Dios también grita y se manifiesta en aquél que usando la voz del pobre, no quiere que cambien las cosas, porque le obligaría a cambiar la vida. Ese grito nos dice que sepamos descubrir la debilidad humana, la soberbia, el endurecimiento del corazón de que es capaz el hombre cuando piensan sólo en sí mismo o en un pequeño grupo que se utiliza para los propios. intereses.
Amigos: La Rioja vive un acontecimiento para el que es necesario hacer una reflexión.
Se trata de la creación de la Universidad Riojana. Con nosotros está el Ministro de Educación y Cultura de la Nación. Después de largos y esforzado años de espera, hemos oído en la plaza, frente a la Casa de Gobierno, “el queremos una universidad se convierte en tendrán una universidad riojana”. De esta decisión, en cierta manera
histórica para nuestra provincia, fue depositario el pueblo de La Rioja con la participación activa, dinámica y juvenil de nuestra juventud. Gestos de este tipo es bueno que lo siga haciendo La Nación para que La Rioja sea lo que debe ser entre las provincia argentinas. Si agradecemos este gesto no lo hacemos como una dádiva que se le da sino como algo que es justicia y se le da por derecho.
El comienzo es promisor. Entre otros conceptos se ha dicho que la Universidad de La Rioja debe servir al hombre riojano con todo lo que él es y tiene de historia, de tradición, de presente y de sueño para su futuro. Una Universidad que sea dinámica, abierta, no clasista y servidora del desarrollo integral de nuestro pueblo. Una universidad que, sin perder su identidad riojana en su ser propio, esté abierta a toda la Patria y a los valores universales. Hubo un gesto de la juventud presente, no preparada por ningún adulto, que se convierte en signo.
Mientras se levantaba la copa para brindar, nuestra juventud, consciente, en cierta manera, de toda la realidad de nuestra provincia, irrumpió en la Catedral para agradecer a Dios, nuestro Padre, esta decisión tomada. Un Padre Nuestro y un canto juvenil y el Himno Nacional fue el momento intensamente vivido junto al patrono de la Diócesis.
Pensaba: aprendamos también los adultos, con responsabilidad de gobierno o no, que algo nuevo nace y que es preciso descubrir todo su significado para no frustrar a nuestra juventud riojana. A la Universidad de La Rioja la debemos hacer todos. No termina con un decreto oficial sino que comienza ahora la gran tarea de un pueblo. Si se insistió que debe ser servidora de un hombre concreto, que es el riojano, ese hombre es el que está en el centro de la ciudad capital, en los barrios, en el norte, en el oeste, en los llanos. Es el hombre del interior y el de la ciudad. Es el hachero y el profesional, el agricultor y el empresario, el sacerdote y el laico, el gobernante y el pueblo, el hombre y la mujer, el adulto y el joven, el ilustrado y el que tiene la sabiduría de la vida.
Nuestra Universidad, entendemos que deberá a ayudar a articular una comunidad creadora y artífice de su propio destino, que asuma todos los valores del pueblo riojano, que no le haga perder su identidad histórica, abierta al progreso y a la técnica para que el hombre riojano sea más y no un objeto de sistemas que despersonalizan.
Una Universidad con capacidad de diálogo con la vida de nuestro pueblo en todas sus manifestaciones. Una Universidad que serena, valiente y sabiamente ayude a nuestro pueblo a leer los signos de los tiempos. Una Universidad capaz de ir creando los condicionamientos y los recursos humanos y técnicos para que La Rioja no simplemente subsista sino que viva y cree dentro de la Argentina. Una Universidad que sepa darle a nuestra juventud razones para vivir y razones para esperar. Una Universidad que no tema ensuciarse con el hombre de
rancho, que cultiva la vid el olivo o las hortalizas, que cría ganado, trabaja en las canteras, en una oficina publica o sirve en un hospital en el foro o en la empresa o en la cultura. Una Universidad que ayude a nuestro pueblo en su proceso de liberación y plena realización, en su vocación cristiana para hacer efectiva una auténtica justicia cuyo fruto será la verdadera Paz.

Amigos, le pedimos a Cristo Nuestro Señor que bendiga el comienzo de esta tarea de todo el pueblo riojano.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 112-116
La Rioja, 26 de Septiembre de 1971
DOMINGO 26 TIEMPO ORDINARIO C
Amós 6, l. 4-7 1 Timoteo 6, 11-16 San Lucas 16, 19-31

Amigos y hermanos radioyentes de L.V.14

Constituye para mi una verdadera alegría el poder dominicalmente unirme a todos ustedes, a toda la comunidad Diocesana en esta misa o celebración Eucarística, a través de los Medios de Comunicación Social, porque nos unimos en la oración litúrgica, en la búsqueda común del Evangelio para buscar la luz y los criterios cristianos necesarios para la vida.
Pero debo confesarles, también que este ministerio pastoral de la palabra, que de distintas maneras debo ejercer en la Diócesis, especialmente éste, de la celebración dominical radial, constituye un difícil ministerio por la doble fidelidad que exige: fidelidad a la palabra de Dios, que es el Evangelio, y fidelidad a los hechos y situaciones que semanalmente marcan la vida de la Diócesis, de la Nación o con característica mundiales.
Es una exigencia de confrontación del Evangelio con la vida manifestada en los acontecimiento personales y públicos. En cada celebración dominical, la Palabra de Dios es sembrada en el corazón de un pueblo; en unos encontrará acogida y tierra fértil, en otros indiferencia, en otros rechazo porque exigiría un cambio de vida privada y publica. Entonces las excusas nunca nos faltan, tenemos o creemos encontrar siempre razones para rechazarla como inoportuna. Este Evangelio que anunciamos, no es de los hombres sino del Señor y dirigido a los hombres y Dios se vale de nosotros los hombres para anunciarlo. Anunciamos la salvación y la liberación traída por Cristo. Es para todos y la respuesta será de acuerdo a la acogida que le demos o al rechazo que hagamos a la iniciativa de Dios. Fíjese, mi amigo, usted que escucha desde la cocina, desde la cama donde tiene todo derecho a prolongar su descanso o andando por las rutas de nuestra provincia, es Dios quien habla a usted y a mi, para que nos sinceremos a fondo adelante de Él. No tema, porque nuestra vida, así como la llevamos, es cuestionada, es interpelada por ese señor que es amigo, es hermano, es padre. A la vida suya y a la mía la vamos tejiendo juntos con Él. A lo mejor no nos damos cuenta, sin embargo Él es un caminante que hace camino con nosotros, las veinticuatro horas del día. Su presencia, su imagen, su voz, la debemos discutir en cada acontecimiento de la vida diaria; en cada hombre porque es mi hermano y hermano suyo, aunque nos cueste aceptarlo; en cada dolor y en cada alegría, en las Sagradas Escrituras, en el Magisterio de la Iglesia, en la celebración litúrgica o en el silencio de nuestra meditación a solas, cuando estamos juntos buscando el por qué de los interrogantes de la vida.
Hoy como todos los domingos, las lecturas que hemos escuchado nos deben ayudar a descubrir lo que Dios quiere de nosotros.
En la oración de la misa hemos pedido que nos enseñe a vivir como Él quiere que vivamos; no le pedimos cosas, sino vivir dignamente como hijos suyos. Todo el Evangelio es dirigido al hombre y a la Iglesia.
En el Concilio nos enseña que es el hombre el valor que más ha estimado, como dice Pablo VI, reconstruir una mentalidad autentica y cristiana sobre el hombre, o lo que es igual, sobre nuestra vida, sobre nuestros derechos y deberes, sobre nuestro autentico destino. Solo la Fe nos develará los últimos e indispensables secretos. A la dignidad del hombre, nunca la apreciaremos y la honraremos bastante en su doble aspecto: el originario, podemos decir positivo que nos descubre en el rostro humano la imagen y semejanza de Dios, y el negativo donde la pequeñez, la enfermedad, la degradación misma del hombre dejan entrever la semblanza divina y doliente de nuestro hermano Jesús, el Redentor de todos los hombres.
Si buscamos redescubrir al hombre, es porque Dios mismo ha salido a su encuentro en su Hijo Divino, Jesucristo, el Señor. Así entenderemos mejor, que lo que importa” es ser más “y no tener más”. No es más importante el dinero, el poder, las riquezas sino el hombre que debe usarlos de tal manera, para que todos logremos ser felices en una comunidad fraternal. Es un ideal, pero no es un sueño, para esto trabajamos y debemos luchar.
Acerca de dos acontecimientos o hechos importantes quiero detenerme este Domingo. El Sínodo de los Obispos en Roma y los sacerdotes detenidos en la ciudad de Rosario. El jueves próximo comenzará el Sínodo. Dos asuntos importantes serán tratados: el sacerdocio en la Iglesia y la Justicia en el mundo. Es toda la Iglesia que, como en
el Concilio, debe volver su mirada hacia lo interior de su vida y es la Iglesia la que debe volcar su atención hacia el mundo donde se juega el destino de los hombres. Es ahondar una vez más la misión de la Iglesia como anunciadora del Evangelio y Santificadora de los hombres de hoy, y es asumir e iluminar la vida concreta de las relaciones entre los hombres y entre los pueblos para que las causas que ocasionan las injusticias sean removidas. “A las comunidades Cristianas -dice Pablo VI- toca discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, en comunión con los obispos responsables, en diálogo con los demás cristianos y todos los hombres de buena voluntad, las opciones y compromisos que conviene asumir para realizar las transformaciones sociales políticas y económicas que aparezcan necesarias con urgencia en cada caso ..”
“En esta búsqueda de promover cambios, los cristianos deberán, en primer lugar, renovar la confianza en la fuerza y en la originalidad de las exigencias evangélicas” (Pablo VI- en la Carta del Cardenal Roy).
El Sínodo de los obispos en Roma constituye un gran acontecimiento para la vida de la Iglesia y del mundo actual. Al final de esta Homilía indicaré lo que debemos hacer como Diócesis. El otro acontecimiento es la detención de más de cuarenta sacerdotes en Rosario. Como Obispo de la Iglesia Católica en la Argentina, guiado por la carta
que hemos leido dirigida por Pablo a Timoteo, quiero decir una palabra. Lo considero un hecho grave. Uno más de los que se vienen sucediendo en nuestra patria. Callarme seria infidelidad a la responsabilidad que el Señor me ha confiado; más aún, como argentino, hijo de esta tierra y como pastor, servidor de la comunidad eclesial, elevo mi protesta y mi desaprobación. No lo hago porque se ha tocado a hermanos en el sacerdocio solamente -aunque también por ello- sino porque es un signo más de una campaña de intimidación y silenciamiento que se quiere hacer de la Iglesia cuando ella quiere ser fiel a la misión confiada por Jesucristo. No tiene autoridad para discernir auténticamente el Evangelio, la Autoridad Civil. Ella, si se dice cristiana, debe adecuar sus actos a lo que el Evangelio dice. Existen muchos hermanos Argentinos y hermanos de la Fe que están padeciendo toda clase de atropellos a su dignidad de persona humana y de hijos de Dios. No se construye una nueva sociedad con las torturas, con la delación, con la calumnia y con el difundir miedo. Todos sabemos que vivimos momentos difíciles pero no pretendamos construir un orden ficticio y una paz mentirosa. Me pregunto: se ha llamado a un Acuerdo
Nacional (1), se hace propaganda para que “todos juguemos el mismo partido”, que es el país ¿Estos son los caminos para el tan mentado acuerdo?
También necesitan los que tienen la responsabilidad de gobierno recordar que su autoridad le viene de Dios; que son servidores del pueblo y que les urge atacar las causas profundas de este desencuentro y este estado de violencia en que vive nuestra patria. ¿Los “Epulones ” seguirán teniendo franquicias y serán considerados salvadores de la Patria y los “Pobres Lázaros” los considerados peligrosos, indeseables u objetos de atropello? Se podrán presentar pruebas de ilegalidad o actitudes de romper el orden. ¿No será el caso de preguntarnos si la legalidad que defendemos es servidora del hombre o lesionadora de él, si el orden que buscamos es más bien conectar el desorden? Y no buscamos ni queremos que el camino sea la violencia.
Cristianos de la Diócesis ¿qué nos hace discernir el Evangelio ante tales hechos? No seamos ligeros y superficiales en los juicios; seamos consecuentes en la Fe. Somos conscientes que la Fe nos urge cornprometernos más y exigiría opciones que en la propia vida disgustan y lesionan nuestro egoísmo. ¿Esto lo quiere Cristo?
No buscamos la subversión, ni es perniciosa la acción de la Iglesia en La Rioja como se ha delatado. Oramos por quienes tienen la responsabilidad de gobernar para que el Señor los ilumine para ver la real situación de nuestro pueblo y el sufrimiento en que vive. Que el colorido y la fiesta de la Chaya en la Plaza de Mayo no nos haga perder
la dimensión de los problemas de nuestro pueblo.
Amigos: Si buscamos servir al hombre, es para que él, sea quien sea y de la condición que sea, busque ser un hombre nuevo, convertido en su corazón y en su mente, comprometido con la suerte de sus hermanos, que descubra mejor a Cristo porque en Él descubrirá el camino para ser más hombre y que su destino no está en el dinero o en el poder o en la fuerza, sino en el encuentro con Dios Padre para lo que ha sido creado y ha sido constituido en Señor de la creación.
Con respecto al Sínodo les pido:
1- Durante su duración: en todas las parroquias y en todas las comunidades se haga oración y se organicen celebraciones especiales.
2- Que se haga oración por nuestra Patria para que el Señor nos ilumine y nos dé la fuerza para encontrar los caminos verdaderos que lleven a una autentica y verdadera paz.

Nota
(1) El Gran Acuerdo Nacional (GAN) fue la maniobra política pergeñada por el Gral. Lanusse, que como Comandante en Jefe de las FFAA, había desplazado al Gral. Levingston, asumiendo la presidencia de la Nación. A
través del GAN, las Fuerzas Armadas pretendían dar continuidad democrática al proyecto oligárquico-imperialista que expresaban, ante el crecimiento de la oposición que se generalizaba en las movilizaciones populares en todo el
país.
Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 117 a 122
La Rioja, 10 de Octubre de 1971
DOMINGO 28 TIEMPO ORDINARIO C
2 Reyes 5, 14-17 2 Timoteo 2, 8-13 San Lucas 17, 11-19

A migas y Hermanos Radioyentes de L.V.14.
Como es habitual, después de escuchar estos pasajes de la Biblia, los invito a que juntos reflexionemos, iluminando los hechos más sobresalientes de la Semana. Pablo que le recuerda a su discípulo Timoteo que Cristo resucitó, nosotros morimos y resucitamos con Cristo en el Bautismo.
Este es el Evangelio de la Buena Nueva. Este Evangelio o Palabra de Dios no está encadenada o ligada al silencio por intereses humanos, anunciarla y vivirla supone rupturas, conversión, sufrimiento. El sufrimiento que trae aparejado el anuncio y compromiso con la Palabra de Dios por amor a los elegidos, es decir a los cristianos y a todo hombre de corazón recto, es exigencia del ministerio de todo enviado a predicar el Evangelio para que todos encuentren la salvación o liberación traída por Cristo.
La limpieza de la lepra es la imagen del nuevo nacimiento obrado por el Evangelio que provoca la Fe y la vida nueva que recibimos en el bautismo, sentido de la gratitud y disposición interior para con Dios y sentido de la comunión, en la Iglesia como comunión eclesial visible. Redescubrir lo que exige ser un pueblo nuevo y los ministerios que en el mismo se ejercen como servicio.
Esta semana esta marcada con varios hechos que nos llaman a la reflexión a la luz de esta Palabra de Dios. El Sínodo de los Obispos, el llamado del Papa a los hermanos del Pakistán, el día de las Misiones, la reciente situación de la Patria. Una especie de enfermedad o epidemia moral en nuestra comunidad.
SINODO DE LOS OBISPOS: diariamente tenemos noticias por la prensa. Aparece como si el único y gran problema fuese el celibato de los sacerdotes (1).
Nos ayudará a ver el Sínodo si tenemos estas tres actitudes:
1- Una actitud de Fe: se trata de un hecho religioso o acontecimiento de salvación. Su proyección mira a toda la Iglesia en su vida interna y hacia afuera, o sea en el mundo entero. Está como enraizado en la palabra de Dios y en marco histórico del mundo actual. No se lo puede descubrir en su mejor sentido desde una perspectiva puramente humana, como todo lo que se refiere a la Iglesia. Exige ser interioridad desde la Fe. Porque está el Sínodo dentro de un contexto histórico (el mundo actual) los temas que se tratan -SACERDOCIO y JUSTICIA- interesan no sólo a los cristianos sino al hombre de hoy, creyente o no. La Fe sólo nos hará captarlo como exigencia escrutadora dé los signos de los tiempos.
La segunda actitud es la ESPERANZA: Porque no son los hombres (aunque sean Obispos) los que en definitiva hacen el Sínodo, sino el Espíritu de Pentecostés, que es el Espíritu Santo. Claro que cuentan mucho los instrumentos libres humanos, que son los hombres. Cuentan las fallas y limitaciones de los hombres que intervienen, cuentan la mayor o menor fidelidad al soplo del Espíritu Santo de quienes son actores. Pero el momento es demasiado decisivo como para no contar con la efusión misteriosa de Dios, que es Espíritu de Luz, de coraje y de amor. Lo mismo pasó en el Concilio y en Medellín. Lástima que después los hombres, que somos nosotros, no nos dejamos transformar por la fuerza interior del Espíritu de Pentecostés, que es el soplo del Espíritu de Dios sobre toda la Iglesia y el corazón bueno de cada hombre. Cada uno nos debemos sincerar delante de Dios y ante nuestra comunidad porque no acabamos de asumir lo que Dios nos manifiesta a través del Magisterio de la Iglesia. Aquí encontraremos la gama, muchas veces, de nuestras excusas. Aparece nuestro
hombre viejo que no se resigna a cambiar de vida, a ser un hombre nuevo.
La otra actitud es la ORACION: Nos hemos acostumbrados a examinar las cosas “desde afuera”, aplaudimos o rechazamos. Pero las cosas de la Iglesia merecen ser vividas “desde adentro”: con dolor, como quien da a luz un nuevo ser, con fidelidad a nuestra propia identidad de cristianos; con la oración de todos los que formamos la
Iglesia. Es toda la Iglesia la que está reunida en el Sínodo y participa interiormente de su gracia. Un cristiano no puede simplemente “esperar” lo que salga. Esta es tarea de todo el Pueblo de Dios. Lo hacemos con la palabra dicha con sinceridad, rezando con intensidad y comprometiéndonos con generosidad. A veces constatamos con qué ligereza y superficialidad tratamos y juzgamos estas dos realidades: LA MISIÓN SACERDOTAL Y LA JUSTICIA ENTRE LOS HOMBRES.
Aún nosotros mismos sacerdotes, parecería que a veces perdiéramos nuestra propia identidad sacerdotal o cristiana. Ambos temas se relacionan íntimamente. El problema sacerdotal, que debe ser clarificado en sus fuentes Bíblicas y en el Magisterio de la Iglesia, debe ser analizado desde el compromiso Evangélico; la Iglesia con las aspiraciones legítimas del pueblo hacia su total liberación del pecado y de sus consecuencias personales y estructurales y los anhelos fundamentales de justicia. Especialmente en nosotros sacerdotes de nuestro continente, el ministerio sacerdotal se inscribe en la línea de la misión liberadora de la Iglesia. Pero de una liberación completa que nos trajo Cristo desde su donación de la Cruz, la que supone el nacimiento nuevo y la nueva creación en el agua y en el Espíritu Santo; la que será definitivamente consumada cuando vuelva el Señor. La crisis de celibato, que no es el problema fundamental, debe ser examinada desde un contexto más amplio; en la relación de la Iglesia en el mundo de hoy más que en el deseo de formar un hogar. Nuestra Iglesia
que es signo, instrumento y manifestación y presencia de Cristo resucitado, siente hoy con mayor intensidad que debe ser fiel al Espíritu Santo que la consagró, como a su divino Fundador, Jesucristo: “Para llevar la Buena Nueva a los pobres; anunciar la liberación de los cautivos; dar la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos”(Luc 4).
En esta misma línea de Jesús, cuya misión prolonga, la Iglesia debe ofrecer y comunicar a la totalidad del hombre y de todos los hombres, la salvación integral, quitar el pecado del mundo y formar cotidianamente, en la historia que vamos haciendo los hombres, al hombre nuevo.
Hoy ser sacerdote, como ser cristianos, no es fácil ni cómodo. Nunca lo ha sido y hoy menos. Pero nuestra comunidad como el mundo necesita del cristiano comprometido. Necesita al sacerdote como presencia viva de Jesús resucitado. Necesita de su Palabra y de su Eucaristía. Necesita su oración y su cruz. Necesita el gozo de su inmolación, la fuerza de su presencia como testigo de lo definitivamente nuevo y la fecundidad de su servicio sacerdotal en el pueblo y desde el pueblo. Porque nuestra provincia y Diócesis necesita urgentemente hombres nuevos; hombres capaces de limpiar todo aquello que es engendrado por el pecado de los hombres y por las consecuencias de ese pecado; hombres que no vivamos de euforia ni de pasividad; hombres que vivan intensamente esta “hora” atormentada y difícil Y cargada de esperanzas; esta “hora” providencial para nuestra provincia y nuestra patria; “hora” de esperanza y de compromisos; “hora” de no dormirnos sino obrar y actuar con clarividencia según el Espíritu de Dios.
Desde esta perspectiva deberemos seguir buscando juntos y concretando cada día la acción pastoral de esta Iglesia Diocesana, a nivel de pequeñas comunidades, de parroquias, de decanatos; a nivel humano en los distintos sectores, en las variadas forma de trasmitir el Evangelio a nuestro pueblo y en la participación más consciente, activa y eficaz, en las celebraciones litúrgicas, para que se vivan más intensamente la Fe y la madurez de la misma, llevándola a un auténtico, verdadero y eficaz compromiso temporal, en lo cultural, en lo social, en lo político y en lo económico.
Uniendo el llamado del Santo Padre por las víctimas de los siniestros de Pakistán- suman seis millones de refugiados -con el Día y colecta por las Misiones, les hago un llamado y una invitación a que nos sintamos solidarios con toda la Iglesia que es fundamentalmente MISIONERA. Es por vocación cristiana el ser misioneros. Que nuestra Diócesis, sintiéndose llamada a vivir su ser misionero en nuestro propio territorio, nos sintamos unidos y comprometidos con quienes en otras partes del mundo viven y trabajan porque el Evangelio de Cristo sea una realidad en el mundo, entre los hombres. En nuestra pobreza queremos ser generosos y compartir lo poco que tenemos de nuestra colecta. El Señor bendice al que se brinda a los demás. Oremos especialmente por estos hermanos de Pakistán. El Santo Padre, mientras está absorbido por el Sínodo no deja de proyectar su mirada y su corazón de padre por quienes sufren en el mundo, Las comunidades Parroquiales y las otras comunidades religiosas concretarán la forma de hacerlo.
Otro hecho significativo acaba de protagonizarse en nuestra Patria. No lo podemos juzgar como un episodio más, nos obliga a todos, autoridades y pueblo, a analizar profundamente las causas; nos preguntamos en el Señor ¿qué pasa? ¿por qué se dá? ¿cuáles serían, para quiénes nos llamamos cristianos, los caminos urgentes de
solución extraídos del análisis de la situación y de la Luz del Evangelio?
Porque creemos firmemente que nuestro Padre del Cielo es también Padre de nosotros los Argentinos, oremos para que nos ayude a alcanzar los verdaderos fundamentos de la tan anhelada Paz.
Les hago llegar una inquietud que mira el bien de nuestra Rioja.
No quisiéramos concretarla en una decisión pastoral. Cuando alguna persona siente síntomas de alguna enfermedad, grave, urge aplicar los medicamentos eficaces. Cuando un pueblo, sufre las consecuencias de una epidemia, es urgente tomar medidas severas para contrarrestarlas -por ejemplo la poliomielitis. No prestarnos a la campaña para contrarrestarla sería obrar pésimamente.
También cuando una comunidad esta afectándose por una especie de epidemia espiritual o moral, es necesario aplicarle medicina eficaz para el bien de la misma comunidad.
Después de una prolongada observación, detenida y buscando sus causas, creo que urge hacer un llamado de atención para contrarrestar el mal: me refiero a la CALUMNIA- DIFAMACiÓN y DELACiÓN que se está constituyendo como el pan nuestro de cada día. Urge hacer tomar conciencia de este mal que toca a todos, creyentes y no creyentes, a todo el Pueblo de Dios. No decir una palabra y si es preciso no aplicar una medicina fuerte sería traicionar nuestra misión de Obispos y de conciudadanos. Es también un mal en todo el país.
Va desde el insulto hasta el comentario ridículo; va desde la publicación oficialmente amparada hasta la agresividad; va desde el manoseo de personas y valores de nuestra comunidad hasta el uso del anónimo. ¿No les parece que es necesario ponerle remedio a esta epidemia moral?
De esto somos responsables los adultos ¿ésta es la herencia que le dejamos a nuestros niños y a nuestra juventud? ¿Por qué la envenenamos con esta epidemia moral? Todos debemos sentirnos responsables de este mal. Adelantaría la medicina espiritual que pondría de no encontrar enmienda en la comunidad diocesana. Tocaría a los católicos que saben y viven la eficacia de la absolución sacramental en el sacramento de la Penitencia. Reservaría este tipo de pecado, de suerte que la absolución sacramental no la podrían dar los sacerdotes a no ser que tengan especial delegación de su Obispo -supuestas condiciones especiales para absolver sacramentalmente-. Comprenderán que el buscar el mejor bien de la comunidad nos lleve a este tipo de medicina espiritual. Amigos, no podemos hacer la Eucaristía si en nuestro corazón hemos roto la comunión con
mi hermano. No podemos participar del Cuerpo y Sangre de Cristo si le he robado a mi hermano su buen nombre. El sufrimiento moral de muchos hermanos nuestros, creyentes o no, es un clamor ante Dios, por la consecuencia de este pecado. Amigos, que esta reflexión nos ayude a vivir mejor aquello que decimos siempre: Todo hombre es mi hermano. No podemos decir que amemos a Dios a quién no vemos, aunque asistamos al templo, si no amamos al hermano con quien compartimos la vida ciudadana.

Nota
(1) Sin dejar de ser el celibato un tema de debate, la postura de Mons. Angelelli reflejaba que el centro de la problemática sacerdotal en América Latina -tal como había surgido en los documentos de consulta del Sínodo estaba más referida a la proyección social y política, acorde con el camino de compromiso de buena parte de la Iglesia Latinoamericana. La centralidad en el debate sobre el celibato, del que se hacía eco la prensa, respondía a la preocupación del clero europeo por el tema.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 123-126
La Rioja, 31 de Octubre de 1971
DOMINGO 31 TIEMPO ORDINARIO C
Sabiduría 11, 23-12, 2 H Tesalonicenses 1, 11-2, 2 San Lucas 19, 1-10

AMIGOS y HERMANOS RADIOYENTES DE L.V. 14.

En la Carta Apostólica que el Santo Padre, Pablo VI, enviara al Cardenal Roy, en uno de sus párrafos dice: “Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión según las enseñanzas de la Iglesia tal como han sido elaboradas a lo largo de la Historia. A estas comunidades cristianas toca discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, en comunión con los obispos responsables, en diálogo con los demás hermanos cristianos y todos los hombres de buena voluntad, las opciones y los compromisos que convienen asumir para realizar las transformaciones sociales, políticas y económicas que aparezcan con urgencia en cada caso. En esta búsqueda de cambio a promover, los cristianos deberán renovar su confianza en la fuerza y en la originalidad de las exigencias del Evangelio”. Como ven, qué responsabilidad y qué lucidez debemos tener las comunidades cristianas, como exigencias del Evangelio, de nuestra Fe, para asumir el discernimiento de las situaciones actuales y juzgarlas según Dios, y no según nuestros criterio personales o grupales que frecuentemente están viciados de egoísmo. Por eso, San Pablo, en la Carta que acabamos de escuchar, dirigidas a los de Tesalónica, nos dice: “Hermanos, rogamos constantemente por vosotros, a fin de que Dios os haga dignos de su llamado y que Él, con su poder, lleve a término en vosotros todo buen propósito y toda acción inspirada en la Fe. Así el Nombre de Cristo será glorificado en ustedes y ustedes en Él”.
Nuestra Comunidad Riojana está viviendo con intensidad problemas que la tensionan, la dividen, le hacen tomar opciones de fuerza, vive problemas que tocan a su convivencia serena y constructiva. Se siente afectada en su propia dignidad humana; busca todos los caminos que le hagan posible el encuentro con las soluciones necesarias para que no le falte el pan de cada día, materializado en un salario que lo juzga justo en sus reclamos.
Urge, por tanto; que todos, deponiendo todo aquello que es fruto del egoísmo, analicemos serenamente esta situación como tantas que se vienen planteando para que salgamos al encuentro con las soluciones que miran al bien de todos y dentro de las posibilidades concretas de realización en las presentes circunstancias. Si la Iglesia
se aboca a estos problemas, lo hace porque está en juego la realización armónica e integral de nuestros hermanos los hombres. Si no es competente en soluciones técnicas, Ella sí es competente en darle al hombre y a la comunidad de los hombres el aporte, como servicio, de la visión integral de salvación y realización traída por Cristo; para que los hombres estructuren la sociedad temporal en su variados aspectos culturales, sociales, políticos, económicos. Si la Iglesia vive intensamente y con esperanza, las “crisis” de maduración de su ser como Pueblo de Dios, es porque la sociedad actual está viviendo el proceso de intensos cambios que -como dice Pablo VI- estamos en el amanecer de una nueva civilización. Ella, que es la presencia viva de Jesucristo, en el mundo, por fidelidad debe asumir y compartir todo el proceso de liberación del pueblo, ayudándole a quitar el egoísmo y el pecado del corazón del hombre para que no falte el pan en todas las mesas, y a la vez señalarle que no sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios. Vale decir: que su
realización definitiva la encontrará cuando este pueblo llegue peregrinando a la Casa de nuestro Padre Celestial. Éstas, si las creemos verdades pasadas de moda, no lograremos las soluciones integrales a nuestros problemas humanos, como personas y como comunidad de hombres.
Para ser una Comunidad Cristiana que puede discernir, es necesario que todos quienes nos honramos con el nombre de cristianos no nos quedemos en lo superficial del conocimiento y de la vivencia de nuestra Fe. Nos obliga a ahondar más la Palabra de Dios, el Evangelio nos obliga a ser hombres de oración, estudiar, buscar en profundidad en la sabiduría de la vida; comprometernos con la suerte de nuestros hermanos y ayudar a construir juntos una sociedad distinta y nueva. Todo esto supone exigirnos, personal y comunitariamente, iluminados
y alimentados por la presencia viva de Cristo en su Palabra y en su Eucaristía; ayudar al que padece opresión y al que oprime para que salga de la esclavitud que margina, frustra y engendra toda una gama de males que va hasta la violencia en sus diversas manifestaciones.
La huelga de la A.T.P., la huelga de los docentes, y el lastimoso hecho de Aminga, nos debe a todos, autoridades y pueblo, llevar a hacer una reflexión serena, objetiva, seria y constructiva. Existen soluciones
que dependen de nosotros en el ámbito provincial y otras que escapan a lo provincial y habrá que buscarlas con urgencia en lo nacional. Nos ha tocado vivir el proceso de la huelga de la A.T.P. No nos podemos sentir ajenos y permanecer indiferentes cuando están en juego valores que hacen a la felicidad de nuestro pueblo. El impás vivido en las partes en conflicto hoya vuelto a la mesa de conciliación, gracias a la buena voluntad de las partes ya que no somos, como pueblo riojano, hechos para vivir el desencuentro entre hermanos sino para apurar las soluciones y seguir compartiendo la misma mesa fraterna La cordura, la reflexión, la riqueza humana de quienes están en juego, hace posible que el camino de solución llegue a feliz término. Hemos debido dialogar largamente con las autoridades y con el gremio; cuarenta y dos instituciones del medio se han hecho presentes
para escuchar los pasos de un proceso y brindarse para solucionar el problema. Este hecho, creo que debe ser puesto en evidencia porque dice a la nobleza de nuestro pueblo y es un ejemplo que debe ser continuado cuando en la comunidad se plantean situaciones que afectan a la vida de La Rioja. Lo importante es que en éstas, como en similares circunstancias, no utilicemos el dolor y la angustia de un vasto sector de la comunidad riojana para otros fines, que pudiendo ser nobles en otras circunstancias, en las presentes no lo son. Por cierto que si hubiese otros fines que ni ahora ni después pudiesen ser aprobados por toda persona honesta y de sano criterio, no es preciso ni señalarlo. Habría que condenarlo. Por otra parte todos los que seguimos el proceso histórico de la humanidad, vivimos en un sistema de vida que adolece de gravísimos defectos, y sistemas de sociedades que se
preocupan más en el Tener más que en el Ser más, o donde la dignidad de las personas y el respeto a la libertad del hombre es una utopía; así nunca podremos hacer un mundo nuevo y hombres nuevos.
Por eso todos entendemos que tanto el Gobierno como el Gremio deben agotar todas las instancias para conseguir soluciones justas.
Si fuese preciso que el pueblo de La Rioja acompañe el reclamo justo de la Provincia, creo que no dudaríamos de acompañar este gesto y este servicio a la comunidad. Si hace poco recreamos a los de la capital con la Chaya Riojana y el Gobierno Nacional gustó de algo típicamente nuestro, creo que en la misma Plaza, los mismos actores de la Chaya y quienes quedamos aquí podemos representarles la realidad de nuestra provincia en sus angustias y necesidades; que la Rioja es Argentina también y que para nosotros el presupuesto en las actuales circunstancias sigue siendo vital. Por cierto que no es un reto sino el no renunciar a ninguno de los pasos que fuere necesario para que, de una vez por todas, este tipo de conflicto encuentre eco en lo Nacional en todo aquello que tiene de justo.
Una Palabra para lo sucedido en Aminga: ¿qué intereses son los que están en juego para tomar tal actitud ? Lo he manifestado a quienes corresponde. La Diócesis no pretende hacer de Aminga un centro de subversión, ni esos jóvenes del Movimiento Rural de Acción Católica han renunciado a vivir las comodidades de otra vida para echar a perder a nuestro pueblo y pervertirlo ideológicamente. Lo quiero decir claro, porque les pido a ustedes, los del Movimiento Rural de Acción Católica que sepan perdonar y pensar que ese tipo de actitudes no es del pueblo riojano; no se desanimen, sigan hasta dónde les sea posible servir a sus hermanos. Sepan que todo esfuerzo y entrega noble y desinteresada en bien de nuestra gente más sufrida y necesitada trae aparejado desde la calumnia hasta la bomba. Felices los que padecen persecución en pos de la justicia, dice Jesucristo el Señor; comprenderán mejor esta bienaventuranza.
Amigos radioyentes: Estamos en vísperas de fijar nuestro pensamiento en el término del camino de la vida, el paso definitivo, y para todos, de la muerte, en la conmemoración y celebración de los fieles difuntos y en la contemplación del término feliz del camino en la celebración de nuestros hermanos que han llegado a la Casa de nuestro Padre del Cielo: los dichosos que gozan de Él. Que la meditación de estos días nos ayude a reubicar el sentido de la vida nuestra de cada día y nos haga ser más hermanos, ya que todo hombre es mi hermano.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 127-129
La Rioja, 8 de Noviembre de 1971
DOMINGO 32 TIEMPO ORDINARIO C
2 Macabeos 7, 1-2 . 9-14 2 Tesalonicenses 2, 15-3, 15 San Lucas 20, 27-38

Amigos radioyentes de L.V.14

Acabamos de escuchar del.Apóstol San Pablo, en la carta que les dirigió a los cristianos de Tesalónica, lo siguiente: “Hermanos: que N.S. Jesucristo y Dios nuestro Padre que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, os reconforte y fortalezca en toda buena obra y en toda palabra buena” (Tes 2,15). Y así es; “yo sé en Quien creo y en Quién he puesto mi confianza”, nos dice el mismo Pablo en otro pasaje de la Escritura. Hoy necesitamos los hombres, poder decir esto de Pablo; poder apoyarse en quien no puede fallar; necesitamos descubrir la dimensión del amigo y lo que significa el amigo en la vida; necesitamos estar seguros que nos apoyamos en una Roca y no en arena que se la lleva el viento y es escurridiza.
Vivimos situaciones en la vida, donde la palabra parecería que ya no tiene valor; en que el “otro” no sé si es digno de confianza o un delator; vivimos el desencuentro entre hermanos, entre compatriotas, entre grupos; entre hermanos en quienes nunca creíamos encontrar la infidelidad o la traición. Y Pablo, en su vida, como innumerables hombres sellados por el bautismo, pueden decir: “Yo sé en quién creo y en quién he puesto mi confianza”. Sé por qué he jugado mi vida y he renunciado a valores humanos para servir mejor a mis hermanos. Y porque a veces no podemos hacer esta afirmación de sabernos seguros en Quién, en la vida, nos apoyamos, porque hasta Cristo ya no es el Señor y el Amigo de la mente y el corazón nuestros, destilamos con nuestras palabras, con nuestras actitudes, con nuestras acciones, la inseguridad, el miedo y la frustración de nuestra vida. Recuerdo que una tarde el Papa Juan XXIII – Juan el Bueno- le decía a un intelectual francés, mientras le enseñaba el Observatorio Astronómico de Castelgandolfo: “Mire, le decía, esos sabios astrónomos, para guiar a los hombres se sirven de instrumentos complicadísimos; yo no los conozco; me contento, como Abrahám, con
avanzar en la noche, un paso tras otro, a la luz de las estrellas, a la luz de la estrella de la Fe”. Ésta era la transparencia del alma de Juan el Bueno. El mismo que nos cuenta que una noche no podía dormir agobiado por los problemas de su misión universal. De pronto, se pregunta: pero bueno … ¿quién es el gobierno de la Iglesia? ¿Eres tú, Juan, o es el Espíritu Santo? .. Como es el Espíritu Santo … duerme Juan.
Como ven, lo importante es ser lúcido y dóciles al Espíritu de Dios para percibir lo que Él realiza en el corazón de cada hombre y de todos los hombres, en el corazón de la comunidad cristiana y en el mundo.
y un 25 de Enero de 1959, impulsado por el Espíritu Santo, convocaba a todos los cristianos a un Concilio Universal.
He traído estos hechos porque nos ayudarán mejor a comprender lo que dice el apóstol Pablo: “Sé en Quién creo y en Quién pongo mi confianza”.
Acaba de clausurarse un Sínodo Universal en la Iglesia. En el mismo, dos elementos han intervenido: Dios y los hombres cargados con una misión de servicio del Evangelio. Hace cinco años se clausuraba ese Concilio convocado por el Papa Juan y se lo lanzaba al mundo que busca afanosamente su identidad, el verdadero sentido de la vida, “razones para vivir y para esperar”. En cinco años, cuántas cosas vividas en la Iglesia y en el mundo; cuántos acontecimientos alegres y dolorosos; cada día parecería que las “angustias y los dolores, las alegrías y las esperanzas” de toda la humanidad le dan un lanzazo al costado de la Iglesia, le dan un lanzazo al corazón de cada cristiano, para que le aseguremos lo del apóstol Pablo: “Sé en Quién creo y en Quién puse mi confianza”. Cristo es el Liberador y Salvador en el sentido bíblico, y es Quién le dará a cada hombre el sentido de su vida; pero ese Cristo habla por la voz o en los silencios de cada hombre, de cada uno de nosotros, de ustedes que están solos en el interior de La Rioja.
Amigo, Éste es el Amigo que no falla; Éste es el Dios hecho carne en su carne. Éste es el Cristo crucificado mientras usted y yo, nos llamemos opresores u oprimidos, buscamos dolorosamente el día de nuestra resurrección, de nuestra pascua. No crea que es sin importancia lo que le sugiero; píenselo. Aquí, en Él, debemos buscar las soluciones para confraternizar, para construir la paz.
Con el Concilio se ha cerrado definitivamente una época y se ha abierto otra.
Un nuevo Pentecostés sacude a la Iglesia y al mundo; todas las esclavitudes y todo dolor busca el camino de una “nueva tierra y nuevos cielos”. Son sistemas que caen definitivamente abriéndose paso a otros nuevos que exigen la creatividad nuestra. Se hará con mucho dolor porque el pecado y las estructura de pecado seguirán obstruyendo el paso a una nueva comunidad de hombres que nos amemos y juntos construyamos la felicidad de todos. No crea que les digo frases bonitas para los hombres de esperanza; no es una utopía, es la gran tarea exigida de cada cristiano, de cada hombre que no renuncia a tener un corazón recto y limpio. A usted y a mí nos exigirá ojos limpios para ver, manos limpias para construir, corazón limpio para amar, lengua limpia para anunciar la Buena Nueva de Salvación, oídos abiertos para escuchar el clamor de Dios en cada riojano que ha
sido creado por Dios para participar de la misma mesa donde no falte ni el pan que alimenta los cuerpos, ni la Eucaristía que da vigor a la vida y estrecha a los hombres en hermanos.
El domingo pasado decíamos que toca a las comunidades cristianas discernir a la luz de la Fe, los hechos y los acontecimientos de la vida diaria y buscar las soluciones culturales, sociales, políticas y económicas que cambien el actual estado de cosas. Cuando en repetida veces, dijimos que hemos optado por una pastoral liberadora de nuestro pueblo, no es más que tratar de hacer realidad lo que el Magisterio de la Iglesia nos exige a todos los cristianos. Comprendemos las distintas reacciones que un cambio cada vez más profundo va reclamando de todos nosotros si queremos ser fieles al Evangelio. Todos sabemos que lo que se hace en la mentira, en el aprovechamiento de posiciones o factores de poder mal ejercido, no construye, destruye y ahonda el dolor de un pueblo. Ayudemos a que todos los esfuerzos sanos, honestos, rectos y desinteresados para solucionar los problemas de nuestro pueblo, sirvan para ir construyendo una sociedad según el Plan de Dios. Como cristianos, jugarnos para construir una Rioja nueva, no es ajeno a la Fe; es una exigencia; es un deber y un desafío de la hora histórica en que vivimos.
Me pregunto: ¿por qué se hace tan difícil y casi un Vía Crucis conjugar el sufrimiento de nuestro pueblo al buscar soluciones que den respuestas a los problemas graves en que vive? ¿Solamente son factores naturales? ¿Están en juego otros intereses que detienen la marcha? Si cada día vamos perdiendo cada vez más la confianza en el hombre, y se convierten en el pan de cada día la delación y la represión, pensemos a tiempo, que por este camino no construiremos; ahondaremos un sentido de frustración que puede tomar cualquier camino.

Hasta el domingo.

Enrique Angelelli.
Misas Radiales. Editorial Tiempo Latinoamericano, Córdoba. Tomo 2 pags 106 s
La Rioja, 15 de Agosto de 1971
ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Apocalipsis 11, 19; 12, 1~6 . 10 1 Corintios 15, 20-27 San Lucas 1, 39-56

Hermanos y amigos Radioyentes de L.V.14-
Celebramos hoy la Festividad de la Asunción de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma a los cielos.
Era el 1 de noviembre de 1950. El Santo Padre Pío XII en la fachada de la Basílica de San Pedro, ante una asamblea de más de un millón de cristianos venidos de todos los pueblos, del oriente y del occidente, de todas las razas o lenguas, definía con su magisterio infalible, como verdad de Fe la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos. El mundo de los creyentes exultaba de gozo y cobraba su profundo significado eclesial el canto de María a la casa de Isabel, su prima y madre de Juan el Bautista “Mi alma canta dichosa al Señor y mi Espíritu exulta en mi Dios Salvador, porque miró la humildad de su esclava, por eso me llamaran dichosa todas las naciones, abatió a los poderosos y exaltó a los humildes”
La esperanza cristiana, regalo de Dios para todos los que peregrinan hacia la Casa de nuestro Padre, se hacía la realidad viviente y llegaba a su término en una hija de nuestra raza, escogida para ser la Madre de Dios y madre de los hombres, MARIA, por haber sido FIEL. “He aquí la esclava del Señor, que se haga en mí según Tu Palabra”, le respondía al Arcángel Gabriel, a la proposición de ser la Madre del Hijo de Dios, Jesucristo, el Señor. “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Porque en María le ofrecimos al Hijo de Dios, Cristo, nuestra carne y nuestra condición humana para que en El, en Jesucristo, los hombres, nos liberáramos del pecado y de las consecuencias del pecado, constituidos en hijos de Dios, en un pueblo Nuevo, en una comunidad de hermanos por la fe, la esperanza y la caridad, en un pueblo servidor y Misionero de Jesucristo, para que convocados en su Iglesia, fuéramos el signo de la liberación, querida y traída por Jesucristo, de todo el hombre, de todos los hombres y de toda la creación. “Todas las cosas son vuestras, vosotros sois de Cristo y
Cristo es el Padre”.
La Iglesia contemplando la profunda Santidad de María, e imitando su caridad y fiel cumplimiento de la voluntad de Padre de los Cielos, se hace, Ella también, madre mediante la Palabra de Dios, aceptada con fidelidad, pues por la predicación y el Bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios.
Es igualmente virgen, porque guarda integralmente la Fe prometida de Cristo, y a imitación de la Madre de su Señor, por la misma virtud del Espíritu Santo, conserva virginalmente una Fe íntegra, una esperanza sólida y una Caridad sincera. Mientras la Iglesia, que somos nosotros, hemos alcanzado en María, perfección, virtud, de lo cual se puede decir que no tiene manchas, ni arrugas, como dice Pablo a los Efesios, nosotros, que aún luchamos y peregrinamos, para crecer en la santidad de vida, venciendo enteramente al pecado y a las consecuencias del pecado, levantamos los ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda comunidad de los elegidos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.