MENSAJE A LA DIÓCESIS EN LA CELEBRACIÓN DE LA AUREOLIZACIÓN DE SAN NICOLÁS

2016-07 San NIcolás

MENSAJE A LA DIÓCESIS EN LA CELEBRACIÓN DE LA

AUREOLIZACIÓN DE SAN NICOLÁS

(Catedral y Santuario San Nicolás, La Rioja, 3 de julio de 2016)

Queridos hermanos,
Una vez más nos reunimos en torno a nuestro Santo Patrono, San Nicolás, convocados por la Palabra de Dios, pueblo de Dios en camino, presente en la historia para hacer visible el proyecto del Señor para los hombres.
Cuando iniciábamos el año en clima de Tinkunaco, les expresaba la triple significación de este 2016, Año de la Misericordia, Año del Bicentenario de la Independencia, Año del cuadragésimo aniversario de las muertes de los Padres Carlos Murias y Gabriel Longueville, del laico, trabajador y padre de familia, Wenceslao Pedernera y de Mons. Angelelli. Con un año tan denso de significación, asumíamos como comunidad eclesial que Dios nos estaba pidiendo una respuesta comprometida con la vida, con el amor, con el servicio a nuestro pueblo.

AÑO DE LA MISERICORDIA

El Papa Francisco nos enseñaba a propósito de este Año que “la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención. No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo.” (Francisco, Misericordia vultus, n.15)
El Año de la Misericordia nos desafía a concretar nuestra generosidad haciéndonos sensibles a las urgencias del momento que vivimos y dinámicos para responder del modo oportuno a las necesidades concretas de los hermanos. Las inclemencias del tiempo, con sus temporales de frío y lluvias constantes, unidas al impacto de las medidas económicas que dispararon las tarifas de servicios, son una llamada a la solidaridad de nuestras Cáritas pero también a cada uno de nosotros, a nuestras familias y comunidades, para estar atentos y compartir de corazón.
Este Año de la Misericordia nos regaló además, de parte del Santo Padre, un documento, “La alegría del amor” que animará la pastoral familiar de las próximas décadas y generaciones de familias. Allí nos invita a considerar que “en la vida familiar hace falta cultivar esa fuerza del amor, que permite luchar contra el mal que la amenaza. El amor no se deja dominar por el rencor, el desprecio hacia las personas, el deseo de lastimar o de cobrarse algo. El ideal cristiano, y de modo particular en la familia, es amor a pesar de todo.” (Francisco, La alegría del amor, n. 119)
Para una sociedad que privilegia el sálvese quien pueda, el arribismo a cualquier precio y la venganza como moneda corriente para zanjar sus dificultades, la familia cristiana como taller del hombre nuevo en Cristo, sigue siendo buena Noticia y propuesta permanente a los hombres por parte de la Iglesia. En ese marco, acompañar el proceso de crecimiento de las familias jóvenes y pobres, es un objetivo que debe impregnar la animación de nuestras parroquias y comunidades. No hay que conformarse con las que están entre nosotros o concurren a nuestras actividades, sino salir a buscarlos en los cruces de camino de la realidad cotidiana, donde claman por ser escuchados y atendidos en su dignidad y su sed de Dios.

AÑO DEL BICENTENARIO DE LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA

En el marco del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional, con los obispos argentinos, deseo “dar gracias por el legado que nos dejaron nuestros mayores, interpretar nuestro presente a la luz de nuestra fe y decir una palabra esperanzadora, siempre iluminada por el Evangelio, que desde aquella Magna Asamblea de Tucumán inspiró a los legisladores la virtud de abrir el futuro para una Argentina fraterna y solidaria, pacificada y reconciliada, condiciones capaces de crear una Nación para todos.” (CEA, Bicentenario de la Independencia, n. 2) ¿Cómo hacer nuestros aquellos esfuerzos, valores y definiciones de los fundadores de la Patria? ¿Cómo honrar nuestra condición de argentinos asumiéndonos parte de un proyecto en camino, donde todos somos necesarios e importantes, donde nadie puede mirar para otro lado con indiferencia y desconsideración hacia los demás?
«Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución, cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social». Para que la democracia sea efectiva y real, debe darse no solo a nivel político, sino también a nivel social y económico, asegurando la protección de la dignidad de la persona humana.» (CEA, Bicentenario de la Independencia, n. 116
En su último Mensaje en la Fiesta de San Nicolás, el 4 de julio de 1976, Mons. Angelelli nos invitaba “Oramos por nuestra Patria para que la sangre derramada con generosidad y heroísmo se convierta en ofrenda SUPLICANTE ante nuestro Padre Dios y podamos lograr la verdadera y ansiada paz (…) Nos duelen los dolores de La Rioja y nos alegran las alegrías de La Rioja. Como argentinos, nos alegran sus alegrías y nos duelen sus dolores.” (Mons. Angelelli, Mensaje en la Fiesta de San Nicolás, 4 de julio de 1976) Así anticipaba dramáticamente la entrega de su propia sangre por amor a este pueblo riojano, pero además nos pedía superar cualquier forma de individualismo y falta de compromiso. Hoy como entonces, nuestra condición de creyentes nos urge a ser solidarios y construir juntos la sociedad justa y fraterna que queremos ser.
Saldremos adelante sólo con sensibilidad y cuidado extremo de la vida de los pobres. “(…) Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.” (Francisco, Evangelii Gaudium, n. 54)
La Patria del Bicentenario nos pide buscar de todo corazón el bien de todos, especialmente de los sectores más débiles. Es dramáticamente peligroso poner en práctica medidas de gobierno a acierto o error. Si rectificar las propias equivocaciones es una actitud noble del que se equivoca, es imprescindible tomar todos los recaudos y evitar consecuencias dañinas que agraven la situación de los frágiles y excluidos.
Nuestra Provincia tuvo en Pedro Ignacio de Castro Barros un sólido representante que dio lo mejor de sí mismo en pos de la independencia nacional. Muchos jóvenes de La Rioja de hoy, tienen talentos y condiciones para ser considerados dignos herederos de quien anticipó en la letra y el espíritu el texto de la Declaración de la Independencia. Pero lo mejor que podemos hacer por ellos es acompañarlos para que trabajen duro, con perseverancia y rigor, facilitando las oportunidades y evitando los atajos que seducen pero desvían del camino emprendido. No los privemos de incorporar para sí aquella gran disciplina que fortalece actitudes y sostiene en el tiempo los mejores esfuerzos.
La Patria profunda que habitamos, este Noroeste Argentino que vio flamear triunfante la enseña patria en Salta y Tucumán y que con Güemes cuidó las espaldas de la libertad mientras San Martín iniciaba su gesta liberadora, tiene mucho que dar para el bien de la Patria. La verdadera independencia nacional une a los pueblos libres a partir del gran proyecto de amor que Dios le infundió en sus almas. Por esa independencia vivió y murió Pedro Ignacio y como él tantas generaciones de riojanos. No hay provincias ricas portadoras del progreso y provincias económicamente inviables destinadas a la mera extracción y consumo; hay pueblos con dignidad, sujetos históricos con su cultura y su desarrollo pendiente que esperan se les aseguren las mismas posibilidades.

CUARENTA AÑOS DEL ASESINATO DE MONS. ANGELELLI

Dentro de un mes estaremos en esta misma Catedral evocando la figura de ese gran pastor que fue Mons. Angelelli, obispo de La Rioja desde 1968 hasta su muerte en 1976. Un mes antes, en Buenos Aires, un cuatro de julio, habían sido brutalmente asesinados un grupo de sacerdotes y seminaristas palotinos. Sabemos que fueron golpes crueles asestados a la comunidad cristiana comprometida con la plena dignidad de los hombres, la renovación suscitada por el Concilio Vaticano II y la participación de los cristianos en política. La Patria sangraba la vida de muchos de sus hijos. El terrorismo de estado los suprimía aplicando los presupuestos de la ideología de la Seguridad Nacional. El “por algo será” comenzaba a instalarse sembrando dudas sobre la recta intención y el obrar de los apóstoles del Señor, inocentes de aquellas acusaciones armadas por los mandantes de los sicarios que les arrebataron la vida. Los tribunales de la democracia ya se han expedido. Y está muy encaminado el reconocimiento eclesial del martirio, semilla de nueva vida para nuestras comunidades.
La Diócesis está organizando un intenso programa de actividades para evocar con memoria agradecida y compromiso renovado a los Padres Carlos Murias y Gabriel Longueville en Chamical, al laico trabajador Wenceslao Pedernera en Sañogasta y a Mons. Angelelli en Punta de los Llanos y esta ciudad capital. Ellos iluminan hoy nuestro camino eclesial para que no olvidemos el precio pagado por la fidelidad al Evangelio del Reino de Dios y en el día a día de nuestra historia sepamos darnos por entero a la causa del Señor Jesús que nos envía. “Que sus gritos sean nuestros” (Francisco, Misericordia vultus, n. 15)

Mis queridos riojanos, Dios nos conceda seguir creciendo en su seguimiento como pueblo de Dios, peregrino en la historia. Con San Nicolás, prodiguémonos para cuidar los dones de Dios, la vida de las familias, de nuestros niños, jóvenes y ancianos y especialmente nuestra Casa Común, la Creación, el Medio Ambiente. ¡Viva San Nicolás! ¡Viva la Patria! ¡Viva La Rioja!

La Rioja, 3 de julio de 2016.-

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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