CARTA PASTORAL DE ADVIENTO: Un Adviento fraterno y solidario

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CARTA PASTORAL DE ADVIENTO

Un Adviento fraterno y solidario

 “Caminemos a la luz del Señor” (Isaías 2,5)

Queridos hermanos,

Con alegría les escribo en el comienzo del Adviento para invitarlos a preparar el corazón: ¡Viene el Señor! Es tiempo de poner nuestros corazones a tono con Aquél que viene para salvarnos. El color morado que tiñe la liturgia de este tiempo, los textos bíblicos y las oraciones litúrgicas lo expresan visible e incomparablemente.

  1. Adviento, tiempo de la Palabra

El tiempo de Adviento nos pide una mayor cercanía con la Palabra de Dios para conocer su voluntad. Se trata de aquella proximidad que nos ayude a entrar en el espíritu de la Navidad con un corazón verdaderamente cristiano. La Biblia siempre apela con sencillez a imágenes y conceptos que nos llevan a Jesús, el Niño Dios que se hace uno de nosotros. Cada una de sus páginas está impregnada del amor del Padre que desde la creación ha querido imprimir en el universo los signos de su amor. El Espíritu Santo, a través de las palabras de los profetas y de los escritos sapienciales, ha modelado la historia de Israel con el reconocimiento de la ternura y de la cercanía de Dios, a pesar de la infidelidad del pueblo.” (Francisco, Misericordia et misera, 7). Por eso nos resulta necesario transitar este ciclo litúrgico abordando sus lecturas bíblicas, celebrar la Palabra en reuniones y comunidades y descubrir su propuesta de amor, manifestada en Cristo su Hijo que viene para salvarnos.  La Palabra de Dios nos preservará del individualismo y de toda superficialidad ante la gran fiesta del Amor de Dios que nace y se hace todo nuestro.

“En la proclamación de las lecturas bíblicas, se recorre la historia de nuestra salvación como una incesante obra de misericordia que se nos anuncia. Dios sigue hablando hoy con nosotros como sus amigos, se «entretiene» con nosotros, para ofrecernos su compañía y mostrarnos el sendero de la vida. Su Palabra se hace intérprete de nuestras peticiones y preocupaciones, y es también respuesta fecunda para que podamos experimentar concretamente su cercanía.” (Francisco, Misericordia et misera, 6).

  1. Adviento solidario y fraterno.

Apenas concluido el Año de la Misericordia, el Papa Francisco nos invita a seguir abriéndonos a la acción de Dios que nos ama, todo ternura y fidelidad al hombre, su hijo amado. La situación de tantos hermanos y sus familias que transitan tiempos duros, de fragilidad e incertidumbre laboral, compromete nuestra capacidad para discernir los signos de los tiempos y buscar cómo repechar juntos estas dificultades. El camino de la misericordia es el que nos hace encontrar a tantos hermanos y hermanas que tienden la mano esperando que alguien la aferre y poder así caminar juntos.” (Francisco, Misericordia et misera, 16).

En esta perspectiva de un Adviento fraterno y solidario, pido a sacerdotes y fieles un esfuerzo especial en esta última parte del año. Con los equipos parroquiales de Cáritas, los catequistas, los animadores de la liturgia y quienes tienen algún servicio pastoral, traten de detectar aquellas familias más afectadas por la actual emergencia económica para ayudarlos con alimentos que puedan recogerse en las celebraciones litúrgicas de Adviento, en las reuniones de grupos y comunidades, en la conclusión de actividades de movimientos y asociaciones de fieles. Si hay cenas de grupos que despiden el año, prevean una contribución especial para ayudar a aquellas familias que Uds. mismos hayan podido reconocer que están en la peor situación. Si bien es cierto que ya pasó el invierno con su rigor climático, este tiempo de fiesta golpea adicional y afectivamente al corazón de una familia que la está pasando mal. ¡Hagamos nuestra la cercanía del Dios que viene!

Si en las parroquias, comunidades y movimientos pudieran organizarse para una mesa navideña abierta a los más pobres, este signo coronaría un Adviento fraterno y solidario. “Aunque no llega a ser noticia, existen sin embargo tantos signos concretos de bondad y ternura dirigidos a los más pequeños e indefensos, a los que están más solos y abandonados. Existen personas que encarnan realmente la caridad y que llevan continuamente la solidaridad a los más pobres e infelices. Agradezcamos al Señor el don valioso de estas personas que, ante la debilidad de la humanidad herida, son como una invitación para descubrir la alegría de hacerse prójimo. (Francisco, Misericordia et misera, 17).

Que una laboriosidad solidaria en tiempo de Adviento sea como esos verdes brotes y las flores que alegran nuestro paisaje. Aquí y allá expresan la fuerza incontenible de la vida.

  1. Júbilo cristiano y sensibilidad fraterna

Todavía quiero pedirles un gesto más en este tiempo de Adviento fraterno y solidario. Me refiero al uso de fuegos artificiales en nuestras fiestas religiosas. Culturalmente estos elementos expresarían alegría con su estruendo. Sin embargo, la utilización de pirotecnia en general tiene consecuencias graves que se traducen en daños a la salud auditiva y otros trastornos en la población (niños, ancianos, enfermos en general). La hermana naturaleza también lo padece, especialmente en los animales domésticos. Muchas organizaciones solidarias me han pedido que trasmita la necesidad de no utilizar pirotécnica, de reemplazarla por otros signos que trasmitan nuestro júbilo sin dañar a nadie ni a nada.

Concretamente pido a las comunidades cristianas que no utilicen fuegos artificiales en las fiestas patronales y religiosas. Incluyo en este pedido y con bastante anticipación, al Tinkunaco y la procesión de San Nicolás, el primero de enero. En un Adviento fraterno y solidario, ese enorme gasto podría sustituirse con iniciativas efectivas de caridad cristiana hacia quienes sufren esta crisis económica. La mayor, la más importante tradición en la Iglesia es el amor.

Mis queridos hermanos, caminemos juntos en la presencia de Dios mientras esperamos a Jesús. Sea Él, el corazón de nuestra esperanza en estos tiempos duros y llenos de desafíos que nos interpelan como sociedad.

Los abrazo en nuestro Niño Alcalde y buen Pastor, a quien aguardamos atentos, llenos de alegría y deseos de fraternidad solidaria.

La Rioja, 25 de noviembre de 2016.

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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