Ordenación diaconal de dos jóvenes seminaristas en La Rioja

HOMILÍA EN LA ORDENACIÓN DIACONAL DE LOS SEMINARISTAS

EMMANUEL VARAS y PABLO DELGADO

(Iglesia Catedral y Santuario de San Nicolás, La Rioja, 20.12.2016)

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Queridos hermanos,

Hoy es un día de fiesta para nuestra Iglesia en La Rioja. Dos jóvenes seminaristas, Emmanuel y Pablo, recibirán la ordenación diaconal, ministerio del servicio y la entrega generosa al Señor con toda la vida. En el contexto de la venida del Señor, esta celebración constituye un verdadero regalo que Él nos hace para que nos alegremos con Emmanuel y Pablo del don de la vocación y nos sintamos una vez más invitados a considerar la naturaleza más honda de la Iglesia, su condición de servidora de los hombres.

La primera lectura se refiere al signo que el Señor da a los hombres. Así, Isaías nos anuncia la llegada del Emanuel, Dios con nosotros, en el seno virginal de una joven. La vida nueva que nos viene del Señor nos desconcierta y sacude nuestra inercia para reclamarnos ojos y corazones atentos. Arrecian los ataques contra Judá y Ajaz persevera en su confianza en Dios. El signo es elocuente y conmueve: la vida es más fuerte y no tenemos que asustarnos. Afrontar desalientos y temores, los vendavales más intensos si fuera necesario. Viene el Señor y Él nos llama a confiar y creer.

El Evangelio es de los más hermosos textos que pudiera proponernos la liturgia. El encuentro de María, esta pequeña y frágil mujer con el ángel Gabriel mensajero del proyecto de Dios; el sí libre y generoso de la Virgen a una invitación grande  y potente: ser la Madre del Hijo de Dios, ponerle el hombro y la vida entera al Señor para que Él cumpla la promesa que animaba el andar del Pueblo de la Alianza.

Cuando evocamos este momento podemos recorrer los distintos sentires de María desde la sorpresa inicial, el estupor ante la invitación y la convicción interior que se hace un sí confiado, audaz y lleno de fuerza. Podríamos decir que esta escena evangélica constituye para todos nosotros la primera foto de familia. En el sí de María comenzamos a asomarnos a la Vida de Dios en nosotros. En su entrega confiada, nació nuestra salvación, nuestra libertad, nuestra esperanza.

Todo llamado vocacional tiene elementos que nos remiten a esta Anunciación. Quienes una vez recibimos la invitación de Dios a seguirlo y a servirlo en los hombres, también fuimos tomados de sorpresa por esa voz que comenzó a resonar en nuestro interior: “Ven y sígueme.” “¿Quién, yo?” “¿Me decís a mí?” Experimentamos la perplejidad de una llamada que nos superaba, frente a la que nos sentíamos chiquitos e incapaces. Dijimos que sí confiados en que Él es quien llama y quien da los medios y ayudas para crecer mientras nos vamos haciendo fuertes y conscientes de la decisión final, de la entrega al Reino de Dios en su Pueblo fiel.

La ordenación de Emmanuel y Pablo nos encuentra precisamente en el momento en que frente a la comunidad eclesial, ellos le dicen a Dios: “Somos servidores del Señor, que se cumpla en nosotros lo que dices.” También Emmanuel y Pablo, como María están invitados a creer que “no hay nada imposible para Dios.” María anticipa en esta Anunciación la identidad diaconal de la Iglesia y de sus ministros: “Yo soy la servidora del Señor.”

Queridos Emmanuel y Pablo, Uds. como María, son a partir de hoy portadores de una vida nueva que les viene del Señor, la comunicarán a sus hermanos, especialmente los más pobres y pequeños. Así, la proclamación de la Buena Noticia, las celebraciones sacramentales en que participen, las bendiciones que impartan, serán signo de esa Vida que han recibido y que no pueden ocultar, ni acallar.

En estos años que hemos compartido he podido ver en Uds. un gran amor a La Rioja, a su Iglesia, a su gente. Y este signo que ambos comparten, cada uno con su original personalidad, me ha conmovido y alentado. Quienes los han acompañado en esta etapa final me han confirmado esta apreciación. Uds. vibran con las expresiones y signos de la riojanidad. Por eso, a partir de esta hermosa disposición, los invito a incrementar este amor para que vaya más allá de nuestras ricas tradiciones y expresiones religiosas, nuestros paisajes e historia. Busquen al Señor en nuestro Pueblo riojano, búsquenlo entre sus pobres, sus jóvenes, las familias y los desafíos de este tiempo nuevo del que Uds. son junto a ellos protagonistas. Seguro lo encontrarán allí, invitándolos a renovar su sí diaconal de hoy. Aunque los años pasen y un día sean presbíteros, siempre serán servidores, diáconos de los hombres y del Misterio de Dios que su Palabra viene a iluminar. Como obispo los he venido siguiendo y puedo testimoniar que han crecido, que se han animado a dejarse interpelar por el Señor que viene para poder decir su sí ante nuestra comunidad. Y eso me alegra y me llena de esperanza.

Agradezco de corazón a quienes han contribuido con su oración y su testimonio para que lleguemos a esta fiesta en La Rioja: A sus familias y comunidades de origen, a sus párrocos, al Seminario de San Juan, sus formadores y comunidades durante los años de apostolado como seminaristas, a los sacerdotes que, aquí en La Rioja, en San Juan y en Córdoba les han estado cercanos y los han ayudado a caminar seguros de las promesas de Dios a sus servidores.

Hermanos, los invito a acompañar con su oración a estos jóvenes para que sean servidores buenos y fieles, testigos del Señor Jesús en esta Iglesia de La Rioja, discípulos de Aquél que nos amó primero para que tengamos Vida en Él.

 +Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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