BEATO GREGORIO MARTOS MUÑOZ, MÁRTIR Y CHILECITEÑO (1908-1936)

 

Queridos hermanos,

En estos días hemos recibido una muy hermosa noticia. El papa Francisco ha beatificado el pasado 25 de marzo a  GREGORIO MARTOS MUÑOS, sacerdote del clero granadino, nacido en la ciudad de Chilecito el 3 de abril de 1908. Forma parte de una legión de mártires caídos bajo la violencia de la Guerra Civil Española. Como Iglesia nos hacemos eco de esta buena nueva que nos invita a considerar la obra de Dios en uno de sus hijos nacido en esta bendita tierra riojana.

Hijo de inmigrantes

Gregorio, hijo de inmigrantes españoles procedentes de Válor, Granada, fue bautizado pocos días después de su nacimiento en la Iglesia Parroquial del Sagrado Corazón, hoy Santuario de Santa Rita, en Chilecito. Todavía era pequeño cuando regresaron al pueblo natal de los padres. Las crónicas hablan de un carácter bondadoso y piadoso que recibió de su madre, doña Josefa, la formación cristiana.

Vocación y ministerio sacerdotal

Ingresó muy joven al Seminario de Granada donde cursó con brillantez sus estudios.

Ordenado sacerdote fue destinado a la Parroquia de San Isidro Labrador de El Ejido donde desempeñó su ministerio caracterizado por la ternura de buen pastor a lo largo de tres breves e intensos años. Particularmente preocupado por los más pobres, los socorría en sus necesidades más elementales.

Quiso vivir a fondo la pobreza por el Reino de Dios con una vida austera y dejando a sus hermanos su parte en la herencia paterna. Así lo refieren los testimonios familiares vertidos en la causa. Procuraba alcanzar a todos con su ministerio. Los testimonios concuerdan en destacar su invitación y acogida cordial de las familias que llevaban a bautizar a sus hijos, inclusive de la comunidad gitana, muchas veces excluida en los ambientes de la época. Se sabe además de su corazón ardientemente mariano y su devoción al rosario cuya oración diaria alentaba.

Mártir

En el marco de la violenta Guerra Civil Española, las autoridades locales lo apresaron con cargos inventados, el 21 de julio de 1936, luego de saquear la casa parroquial. Trasladado a distintas prisiones sufrió la tortura física y los apaleos de sus captores en la cárcel de El Ejido.

El 19 de agosto, junto con otros detenidos, fue conducido a la Albufera de Adra. En la inminencia de la muerte, confesó sacramentalmente a sus compañeros de prisión. Su cuerpo torturado, fue acribillado a balazos y luego quemado. Al concluir la Guerra Civil, su familia trasladó sus restos mortales al Cementerio Municipal de Válor. Su madre le hizo prometer a todos sus hijos que nunca vengarían la muerte de su hermano para vivir consecuentemente con su bondad y entrega cristiana y sacerdotal.

Declaración de martirio

Perseguidos por su fe, no empuñaron armas y no eran de ningún bando político; los 115 mártires de Almería fueron declarados tales por el Cardenal Angelo Amato el pasado 25 de marzo en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Aguadulce.

Integran el grupo 20 laicos (18 hombres jóvenes o padres de familia y dos mujeres, una de ellas de etnia gitana), además de 95 sacerdotes, de ellos 92 diocesanos, 1 franciscano y 2 operarios diocesanos.

Esta causa, iniciada el 11 de abril de 1995 en la Catedral de Almería, se integró con la declaración de más de 500 testigos. Su abundante documentación, 10.000 páginas, permitió concluirla en Almería el 21 de mayo de 1998. Desde febrero de 1999 fue estudiada en la Congregación para la Causa de los Santos, en Roma. El 14 de junio de 2016 el Papa Francisco firmó el Decreto que reconoció el martirio de todos ellos y autorizó su Beatificación, la cual tuvo lugar este 25 de marzo. Un día después, en el rezo del Angelus, el Papa Francisco se refirió a los Mártires de Almería, calificándolos de “testigos heroicos de Cristo y de su evangelio de paz y de reconciliación fraterna”.

Una invitación de parte de la Iglesia

Ciertamente Gregorio vivió intensamente su vida y lo apostó todo al Señor para servirlo en el gozo del ministerio sacerdotal. No podemos presumir de su precoz y brevísima riojanidad ya que la mayor parte de su vida transcurrió en Válor, Granada, aunque bien sabemos que nada en casual. Por eso nos alegramos de que sea un riojano al que la Iglesia ha reconocido con toda claridad que ha derramado su sangre por el Reino de Dios.

En tiempos donde la inmigración atraviesa una verdadera crisis humanitaria, su recuerdo nos remite al hogar que nuestra Patria ha sido para tantos hermanos y hermanas procedentes de otras latitudes. Como riojanos nos sentimos bendecidos porque nuestra tierra, laboriosa y humilde, ha sido el Belén de Gregorio.

Pidamos por su intercesión nuestra propia fidelidad al Señor. Si el heroísmo del martirio nos puede parecer lejano y extraordinario, que el ejemplo del beato Gregorio aliente la consagración diaria y entusiasta a nuestra propia misión.

 

Hermanos los saludo y abrazo con afecto en Jesús, nuestro Niño Alcalde y buen Pastor.

 

La Rioja, 31 de marzo de 2017.-

 

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

 

 

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