Homilía en la Misa de Evocación de Mons. Angelelli (La Rioja, Catedral de San Nicolás, 4 de agosto de 2017)

HOMILÍA DE LA MISA EN EL

41° ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE MONS. ANGELELLI

Iglesia Catedral y Santuario de San Nicolás (La Rioja, 4 de agosto de 2017)

 Queridos hermanos,

En esta Iglesia y Santuario de San Nicolás, volvemos a encontrarnos para dar gracias a Dios por la vida y la entrega de Enrique Angelelli, pastor de esta Iglesia particular, testigo valiente de Jesucristo.

En la Providencia de Dios este día celebramos la vida y el ministerio de los sacerdotes como servidores de la Iglesia. Queremos rezar por ellos para que el Señor les siga inspi-rando la entrega al pueblo encomendado. Y con nuestra oración queremos agradecerles su sí al Señor y a su Iglesia.

Estas semanas con sus celebraciones, nos permiten volver sobre aquellos dramáticos días de 1976 en que el Terrorismo de Estado tronchó la vida de cuatro hombres que jugaron su vida por el Evangelio de Jesucristo queriendo acallar la voz de Dios y la fuerza imparable de su Palabra. Hemos celebrado sucesivamente la Pascua de Carlos, Gabriel y Wenceslao, recorriendo sus pasos con profundos momentos de oración y en cada Eucaristía, el Señor nos habló al corazón pidiendo nuestra propia fidelidad a la misión del bautismo. Hoy nos encontramos en esta Iglesia Catedral donde la voz de Enrique Angelelli proclamó el Reino de Dios y en nombre del Buen Pastor congregó a su rebaño para enseñar las verdades de Dios.

 

1ra. Lectura (Romanos 12, 3-13)

La Palabra de Dios nos invita en la Primera Lectura, en esta ocasión, a considerar una vez más la realidad de la Iglesia como la de un Cuerpo. En él, los distintos miembros cumpli-mos funciones diferentes en el ejercicio de los dones recibidos de Dios.

En las Orientaciones pastorales dirigidas a toda la Diócesis, el 3 de marzo de 1976  Mons. Angelelli decía sintética y enfáticamente:

SE RECOMIENDA ENCARECIDAMENTE:

– Ser animadores de esperanza y de paz.

– “Informarnos” siempre bien e “informar” bien y a tiempo. Hagamos todos, un esfuerzo.

-Profundizar el signo evangélico de la UNIDAD ECLESIAL, a todo nivel. “En esto conocerán que son mis discípulos”. Saber ser siempre “muy solidarios” con la riqueza de opiniones y sentires diversos. Enriquecer siempre al Cuerpo Eclesial, nunca debilitarlo, ni dividirlo; sería herirlo de “muerte”.

-Enriquecer todo el CUERPO ECLESIAL -especialmente nosotros- “agentes de evangelización y de pastoral”, con un mayor espíritu de oración y de “actualización” teológico-pastoral.

-Dada las “características especiales” que vivimos: medir y reflexionar nuestros juicios, actitudes, gestos, procederes concretos y opciones individuales.”

No resulta difícil advertir el contexto crítico que atravesaba el país y la persecución que asolaba a nuestra Iglesia diocesana. Aunque no había comenzado el Proceso Militar, ya se padecían los ataques paramilitares y de los sectores que anticipaban el terrorismo de Estado. Pero las enseñanzas que se desprenden de estas Orientaciones conservan su vigencia inalterable. La percepción de la emergencia y sus signos, ponía en el corazón del pastor la necesidad de alertar sobre las exigencias de vivir, pertenecer y servir a este Cuerpo en clave de esperanza y paz, con atención a la dimensión comunitaria de nuestras vidas, en clima de oración y formación permanente.

  1. Evangelio (Juan 15, 9-17)

El Evangelio ubica las enseñanzas de Jesús de hoy “a la hora de pasar de este mundo al Padre”. Hora dramática en que nos invita a considerar la amistad fraterna como signo grande del amor de Dios y a pedir que ella prevalezca en la prueba.  Nunca hubo tiempos fáciles para la Iglesia; siempre la prueba martirial rubricaría la fidelidad de los discípulos para permanecer en el amor y el desafío de perseverar en el seguimiento de las enseñanzas de Jesús, para permanecer en el Padre, como el mismo Señor nos lo había puesto de manifiesto.

Enrique Angelelli con su entrega final nos invita a un amor grande que da la Vida en clave de amistad fraterna, fiel al Señor y a los hermanos. Junto a Carlos, Gabriel y Wenceslao siguen iluminando nuestra vida eclesial en nombre de Cristo y alentando nuestro seguimiento confiado de Aquél que nos amó primero.  En su último San Nicolás, en julio de 1976, en su propia “hora de pasar de este mundo al Padre”, nos enseñaba:

“En esta hora difícil y decisiva, nos hace falta a todos, la fortaleza del Espíritu Santo que habita en nosotros para que las CRISIS no nos asusten, para que las TENTACIONES no nos desequilibren, para que los RIESGOS no nos paralicen. Esperamos del Espíritu Santo la fortaleza que nos asegura la esperanza. Esperamos de Él la Luz beatísima que nos haga ver claro en un horizonte oscuro y nos lleve a hablar con precisión divina en un momento confuso, para que nos enseñe a hablar con audacia.”

No faltan voces que piden que nos hagamos los distraídos, que no miremos las crisis, que no hablemos, que esperemos. Sin embargo, el dramatismo del tiempo que vivimos nos pide que como Iglesia señalemos los riesgos de algunas decisiones de política económica que ignoran el precio concreto y dramático de su implementación: la vida de los pobres, el futuro de nuestros jóvenes, la situación de nuestros ancianos… Cuando hablamos, cuando decimos lo que sentimos, cuando pedimos rectificaciones en los planes económicos en acto, no estamos pensando ubicarnos en una u otra parte de la llamada grieta. Como Iglesia queremos estar de parte de los pobres y es con ellos que decimos nuestra verdad que desea ser siempre la verdad del Evangelio. Es nuestro modo de dar vida. Y de comprometernos con la transformación evangélica de la realidad.

  1. AÑO DEL CINCUENTENARIO DEL PASTOR

El próximo año, el 24 de agosto de 2018 se cumplirán cincuenta años del comienzo del ministerio pastoral de Mons. Angelelli en esta provincia de La Rioja. Mirando hacia atrás, la extraordinaria significación de ese acontecimiento para nuestra Iglesia particular no podemos sino advertir que marcó un momento de particular intensidad. Cercana la culminación del Vaticano II y el mismo día del comienzo de la Asamblea episcopal latinoamericana de Medellín, nos llegaba un Pastor de tierra adentro dispuesto a darlo todo por el Señor y por su Pueblo.

El camino de la evocación del cincuentenario invita a dar gracias a Dios por la ejemplaridad de su vida y por la elocuencia de su entrega, culminación de un ministerio vibrante de justicia y paz. En el contexto de la causa de canonización que recorre ahora su etapa romana en vistas a la declaración de martirio de nuestros cuatro testigos eclesiales, Carlos, Gabriel, Wenceslao y Enrique, les propongo en este día comenzar el AÑO DEL CINCUENTENARIO DEL MINISTERIO PASTORAL DE MONS. ANGELELLI, como una oportunidad para evocarlo con distintas acciones eclesiales que expresen nuestra voluntad de vivir y ser una Iglesia en salida, samaritana y misionera, Casa y Escuela de Comunión.

En el comienzo de este Año del Cincuentenario, la llamada del Papa Francisco a nuestro querido Padre Quique como Obispo Auxiliar de Santiago del Estero, constituye un momento feliz y fecundo de nuestra pobreza llamada a dar vida y a expresar la fraternidad de la comunión misionera de la Iglesia. Encomendamos al P. Quique al Señor. En su mochila de viaje, llevará la intensidad de esta experiencia eclesial, los años vividos como buen pastor en las parroquias de la diócesis a las que fue enviado por mis predecesores y por mí mismo. Querido Quique, tendrás en la memoria del corazón los paisajes y rostros de nuestra provincia, de sus cuatro puntos cardinales, de sus horizontes que invitan a desandar los caminos de la Luz. Desde su nueva presencia, Mons. Angelelli te estará desafiando con amor paterno: “¡Hay que seguir andando nomás!”

Que este Año sea para nosotros la oportunidad de profundizar en la Misericordia, la Justicia y la Paz, dones que el Señor nos ha confiado para vivir como hermanos “con pasión por el bien.”

 

La Rioja, 4 de agosto de 2017

+Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

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