Mensaje en la Fiesta de San Nicolás de La Rioja – La Rioja, Iglesia Catedral, 2018

 

 

Mis queridos riojanos,

Una vez más San Nicolás nos ha permitido compartir la experiencia de reconocernos Pueblo de Dios en camino en torno a Jesucristo, nuestro Niño Alcalde y buen Pastor. El Señor nos ha elegido para anunciar que es posible un Tinkunaco de hermanos que salen al encuentro de un Dios que se deja hallar.

  1. Jornada Mundial de la Paz.

Cada año el Santo Padre nos invita a vivir la Jornada Mundial de la Paz. Esta vez, en  2018, nos propone considerar el drama de migrantes y refugiados bajo el lema Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz  para abrazar con espíritu de misericordia y con una mirada de fe a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental.” (Mensaje, 1)

Recibir a los inmigrantes y refugiados, incluidas las víctimas de la trata de seres humanos, requiere en la perspectiva de Francisco, una estrategia que conjugue cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar (Mensaje, n. 4) a estos hermanos para que vivan una vida verdaderamente nueva como parte de una gran familia humana donde nos reconozcamos hermanos unos de otros, habitantes de la Tierra, nuestra Casa común, una Casa verdaderamente de todos (cfr. Mensaje, 6). El Señor nos convoca a ser verdaderamente artífices de paz, promotores de una paz verdadera sin exclusiones ni diferencias contrarias a las Bienaventuranzas del Reino de Dios.

Lejanos a la persecución, la intolerancia racial o el fundamentalismo religioso, también nosotros vivimos el fenómeno migratorio interno a partir del fenómeno del creciente urbanismo. Conocemos el dolor de los pueblos del interior que ven partir  irremediablemente jóvenes y familias en búsqueda de oportunidades para sus hijos. Pasan así del campo y las pequeñas poblaciones rurales a las ciudades para constituir nuevos barrios y asentamientos. Nos preocupan las tensiones y conflictos que se suscitan a partir de una insuficiente planificación urbana y la difícil situación económica general, todo ello agravado por el extendido drama de las adicciones.

Las nuevas generaciones nacidas en la ciudad se incorporan a su vida y no siempre alcanzan el progreso que sus padres vinieron a buscar.  Por eso, parece necesario abordar como sociedad la temática de las migraciones internas y el crecimiento poblacional de los barrios de nuestras ciudades, principalmente de la ciudad Capital, para poder vivir, crecer y alcanzar mejores condiciones de vida. Apelo a la buena voluntad de los distintos niveles de gobierno provincial y municipal para asumir esta problemática en una perspectiva generosa y amplia para la vida de las próximas generaciones de riojanos.

Como Iglesia, deseo ofrecer nuestro propio aporte con iniciativas de acompañamiento religioso y educativo, sea a través de una renovada Pastoral Rural que procure fortalecer la reflexión y organización de las comunidades del campo, sea por medio de una Pastoral Urbana que ayude a descubrir a Dios en la ciudad, un Dios compañero de sus habitantes, que sostiene sus vidas y quiere hacerlos crecer con dignidad de hermanos.

  1. Sínodo de los Jóvenes: La fe y la vocación.

También a instancias del Papa Francisco, la Iglesia universal reflexiona este año sobre la realidad del mundo juvenil, su vida de fe y su compromiso vocacional. Las consultas efectuadas a este fin ofrecen datos y características de la situación de los jóvenes de hoy[1], la compleja y desafiante realidad de quienes desean ser protagonistas de su propia realidad y piden ser tenidos en cuenta, escuchados y aceptados sin ser juzgados por su modo de ser o pensar.

Las nuevas tecnologías los ayudan a vincularse y empatizar con los otros. Sabemos de jóvenes dirigentes que participan en proyectos sociales, preocuparse por las problemáticas de la desigualdad, buscando el bien de todos, sensibles y atentos a espacios de encuentro con pares. Son jóvenes alegres, espontáneos, críticos de la realidad, solidarios, luchadores, presentes en barrios y ciudades de nuestra provincia.

Pero también vemos a muchos de ellos preocupados por no encontrar su lugar, incluso en sus propias familias, muchas disfuncionales o ausentes, carentes de afectos o de vínculos significativos; jóvenes que no terminan de definir su profesión, proyecto de vida o su vocación fundamental; en fin, jóvenes desorientados.

En algunos sectores hay altos índices de deserción escolar y universitaria, por lo que hay muchos jóvenes que se quedan sin poder conseguir un trabajo digno y estable. Preocupa la extensión del consumo de alcohol, drogas y pantallas, la sexualidad prematura o irresponsable, violencia, suicidios, generados por una necesidad de visibilización, o sobre-exposición, de aprobación frente a los demás, en contraste con el sentimiento de orfandad, de soledad  y desorientación existencial.

Como Iglesia argentina, estos elementos de información y de análisis comprometen aún más nuestro acompañamiento del mundo juvenil. El próximo año, la ciudad de Rosario será sede de un encuentro nacional de jóvenes, el 2do organizado por la Conferencia Episcopal Argentina. Nuestra participación procurará expresar la necesidad de ampliar la mirada y fortalecer la amistad fraterna de los jóvenes de la patria.

En nuestra diócesis, la pastoral juvenil es uno de los grandes servicios que animan el andar de los jóvenes con entusiasmo y eficacia a lo largo del año con distintas actividades e iniciativas. Sin embargo, cuánto nos queda por hacer, cuántos barrios y comunidades del interior ven la problemática del mundo juvenil sin abordar. Animo pues, a sacerdotes y responsables de comunidades a procurar con empeño la articulación de las actividades de la pastoral juvenil con otras iniciativas provenientes de la sociedad. Trabajar en red junto a quienes buscan el bien de los jóvenes, desafía nuestra creatividad en materia de diálogo y aprecio por cuanto de bueno, noble y bello Dios ha comunicado a los corazones humanos.

Muchas veces me preguntan por la “estadística” de las vocaciones. El lugar común es la afirmación de la escasez de vocaciones al sacerdocio. En realidad, Dios nunca deja de llamar a vivir la vida y el amor como una entrega del corazón. No sólo hay menos vocaciones al sacerdocio o la vida consagrada, también hay menos vocaciones a la vida familiar sobre la base del sacramento del matrimonio. El miedo a equivocarse, la autopercepción de la propia fragilidad, la mezquindad del mundo adulto, la inseguridad laboral o el temor por el futuro así como la incertidumbre por las propias capacidades paralizan la entrega  consciente y libre de los jóvenes en el matrimonio, el sacerdocio y la vida consagrada.

Queridos jóvenes de La Rioja, en esta fiesta de San Nicolás los invito a responder de corazón a la llamada de Dios. Familieros y sensibles, querendones y creativos, Uds. son únicos e irrepetibles, portadores geniales de un sueño de Dios y de un sí libre y generoso, que sólo pueden dar personalmente, animándose con coraje y a pesar de las dificultades, a la vida y al amor en el matrimonio, el sacerdocio y la vida consagrada. Estamos con Uds. Los acompañamos en sus opciones. No teman hacerse preguntas, dudar, pedir…  Confíen en las Palabras del Señor: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.” (Mateo 7,7).

Concluyo con una hermosa invitación de Mons. Angelelli a los jóvenes: Ustedes son la primavera del pueblo, nunca rechacen la luz de Cristo para la inteligencia ni maten el corazón con el egoísmo. Si estudian, háganlo seriamente, porque lo necesitan ustedes mismos y lo necesitan quienes mañana dependerán de ustedes para que sepan dar razones de vivir, creer y esperar. Sean constructores de la verdadera PAZ que no se logra sin la JUSTICIA coronada por el AMOR fuerte” (Mons. Angelelli, Homilías, v. IV, pág. 25)

 3. Los desafíos de construir la Paz.

Como Iglesia en La Rioja estamos celebrando el 50° aniversario del inicio del ministerio pastoral de Mons. Enrique Angelelli en La Rioja. Aquel 24 de agosto de 1968, coincidente con el comienzo de la inolvidable Asamblea episcopal latinoamericana de Medellín, nos llegaba un pastor de tierra adentro destinado a dejar una huella indeleble en la historia de La Rioja, en su Iglesia y en su sociedad.

Hay una manera de sepultar un mensaje, de hacerlo parte del pasado y restarle vigencia: El mármol de los homenajes vacíos e inconsecuentes. Por eso preferimos recordar a Mons. Angelelli actuando en el barro de la historia, amasada y moldeada con el amor y la fuerza de todos los que queremos “pechar juntos” según él mismo nos enseñó en nombre de Jesús. En igual sentido Francisco nos llama a ser Iglesia en salida, que no teme accidentarse en su andar, antes que una comunidad temerosa y quedada por miedo a los desafíos de la realidad.

Más recientemente, los obispos argentinos hemos exhortado a un diálogo abierto y responsable como único camino para afrontar la realidad compleja y dolorosa de la Patria, la necesaria creación de amplios consensos en los temas que nos atañen a todos, sobre todo si ve afectada la vida de los más pobres y frágiles. La responsabilidad de quienes gobiernan y quienes ejercen la oposición los hace constructores del bien de todos y de cada uno de los argentinos. Todos los sectores y actores sociales estamos igualmente llamados a ponerle el hombro a la Patria, contribuyendo generosa y consecuentemente con nuestra importante misión social. Nos decía Mons. Angelelli un día como hoy en 1975:

“Acabamos de comenzar un nuevo año. Lo hemos hecho con el tradicional TINKUNACO de San Nicolás y el Niño Alcalde. Es aquí donde debemos seguir rastreando las huellas de nuestra alma riojana, para seguir construyendo el futuro de nuestra Rioja con una doble fidelidad: a Cristo, y al pueblo, del que nos sentimos parte, y que viene fatigosamente y con inquebrantable esperanza trabajando desde hace cuatro siglos su propio Tinkunaco. “(Mons. Angelelli, Homilías, v. IV, pág. 183) Los cristianos de La Rioja, encontramos en estas palabras una invitación a profundizar desde la fe nuestra respuesta a las obligaciones y desafíos del tiempo que nos toca afrontar.

Es por todo esto que vengo exponiendo, que quiero en esta tarde hablarles a las máximas figuras de la función ejecutiva de la Provincia y el municipio de la Capital aquí presentes, con todo respeto y valorando cabalmente cuanto vienen haciendo en favor de nuestra gente.

No tengo dudas de la hombría de bien que los anima y de la capacidad que están poniendo al servicio de La Rioja. Son creyentes y los guía la fe cristiana de sus mayores. Los alientan sueños y proyectos que son compatibles más allá de diferentes visiones políticas de corto plazo. Últimamente se han mezclado conflictos propios de la gestión y sobre todo de la coyuntura, pequeños y grandes errores propios de los que hacen cosas y que por tanto se equivocan, límites propios y ajenos. No habrán faltado presiones de terceros e intereses mezquinos que agregan conflictividad a nuestra compleja realidad.

No me meto en política ni interfiero en sus respectivas actuaciones si en este día sagrado de San Nicolás, en nombre de nuestro pueblo, les pido desensillar los sentimientos de enojo y rencor que pudieran embargarles, fruto de los desencuentros de tiempos recientes. El abrazo de ayer al mediodía urge nuestra fraternidad y promete la alegría del camino recorrido con amor y coraje. Tinkunaco es tiempo nuevo, oportunidad para volver a empezar, tiempo de Dios y de los hombres en esta bendita Rioja que amamos y a la que queremos entregarle todo lo que somos.

Como les he dicho en forma personal, pongo a disposición de Uds. mi propia misión de pastor diocesano, para ayudarlos a escucharse, dialogar y establecer canales de comunicación estable y sincera que evite daños.

Tengan la seguridad de que el horizonte no lo constituyen las elecciones de 2019 sino el día de mañana y cada uno de los días siguientes de los riojanos, especialmente de los más pobres. Para ellos Uds. han sido elegidos. No hay futuro, ni política, ni proyecto posible sin ellos. Estoy seguro de que honrarán su mandato institucional de la mejor manera, con inteligencia, realismo y voluntad de sanar lo que ha sido herido, de reparar lo que en apariencia se ha roto. Encuentren junto a sus colaboradores y equipos de gobierno aquellos caminos que parecieran haberse esfumado, las palabras y decisiones justas que permitan el reencuentro y la tarea común de gobernarnos. Gobernar es acordar, consensuar, discutir, confrontar, aceptar, reconocer, sumar….

Concluyo con unas palabras del Papa Francisco que pueden aplicarse a los tiempos que vivimos en la Provincia y en la Patria: “Ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y así la unidad se vuelve imposible. Pero hay una tercera manera, la más adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso. « ¡Felices los que trabajan por la paz!» (Mt 5,9).” (Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 227)

¡Viva San Nicolás! ¡Viva Jesús, nuestro Niño Alcalde y Buen Pastor!

 

La Rioja, 1 de enero de 2018, en la Fiesta de San Nicolás

+ Marcelo Daniel Colombo, Padre Obispo de La Rioja

 

[1] CEA, Respuestas al cuestionario enviado por la Secretaría General del Sínodo, oct. 2017.

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